lunes, 30 de septiembre de 2013

CAMINO NATURAL DE LA HOYA DE HUESCA


      Hace unos días, la sección de montaña del Stadium Casablanca presentaba, entre otras cosas, un calendario de etapas a realizar por el Camino Natural de la Hoya de Huesca. Organizado para que sus132 kilómetros se hagan en varias etapas, mezclando el senderismo con visitas a ermitas, monasterios, castillos, etc. Así se mezclan dos bonitas actividades a las que la mayoría de personas, se pueden apuntar.
Agüero y sus mallos.
     Ya hace poco más de un año que a iniciativa de la comarca, se puso en marcha esta ruta que discurre por las sierras exteriores o prepirenaicas y los somontanos de la comarca de la Hoya de Huesca.
     El Camino Natural comienza en Agüero y llega hasta el azud de Bierge, donde enlaza con el Camino Natural del Somontano de Barbastro, también a presentar cuando se complete este primero.
  Atraviesa los términos municipales de Agüero, Murillo de Gállego, Las Peñas de Riglos, Loarre, La Sotonera, Arguís, Nueno, Loporzano, Ibieca, Casbas de Huesca y Bierge.

Día 28 de Septiembre de 2013
Cartel de principio y final de etapa

Lugar de comienzo y final de la jornada.
     Hoy, más que una etapa, se trata de una especie de bautismo con la zona, en la que el camino tiene su comienzo. Lo del bautismo es en sentido figurado, el día amenazaba con mojarnos la azotea, pero quedó en eso, en una amenaza.
     Cerca de la Puerta del Carmen que con tanto valor defendieron los aragoneses, hace más de 200 años, sale el autobús cargado con 38 benditas almas, destino a Agüero, pintoresco pueblo de unos 180 habitantes, con sus calles de trazado medieval y protegido por los impresionantes "mallos".

La expedición.
Por las calles de Agüero.
    La autovía, la de Huesca, nos lleva en un  agradable viaje hasta Murillo de Gállego, como el trayecto es corto, la conversación es el entretenimiento más practicado por los viajeros. Tomamos "un café con leche" (famosa frase) en un establecimiento de la villa y en pocos minutos, ya con las botas bien atadas, comenzamos a patear las, todavía, húmedas calles de Agüero.
     Dirigen el cotarro "los jóvenes" de la sección de montaña y a marcha tranquila, tomamos el camino que nos lleva hasta San Felices.

Madroño.
   Pinos, carrascas, gabarda (tapaculos), madroños, alguna lavanda y romero, endrinas, entre otros, componen la vegetación que a uno y otro lado del camino, lucen con más intensidad que otros años sus variados tonos verdes. Pero la planta de más éxito es la zarzamora. Los andadores (no confundir con el aparato que el rey está usando para moverse por la suite del hospital), repito, los andadores nos afanamos a coger el sabroso fruto que la planta nos ofrece con tanto cariño, "la mora". La higuera, también es víctima de las ansias recolectoras del personal, solo que los frutos maduros se encuentran a una altura no alcanzable por estos individuos depredadores. El camino gira una y otra vez, el desnivel es ligero y el personal va animado.
San Felices.
     Llevamos poco más de una hora, cuando allá a lo lejos, una chimenea, dos abetos y una torre nos anuncian que llegamos a San Felices, pequeño pueblo que alberga una iglesia románica del s. XII, dedicada a Santa María, que fue reformada en los ss. XVI y XVII. La torre fue originalmente un torreón defensivo, situado en un promontorio rocoso, a modo de proa, en la confluencia de dos barrancos, el de Artaso y el de Novillano, dominando el camino de entrada a la villa y cubriendo las casas del pueblo que quedan a sus espaldas.
Hay quien no se ha dado cuenta de que, aparte de moras, hay una iglesia.

   El pueblo lo conforman 6 o 7 casas, varios corrales y parideras, un horno de cocer pan, una herrería y los huertos próximos.
     El Campo Santo, adosado a la iglesia, presenta un estado algo abandonado y son muchas las construcciones que están en ruinas.
     Pero el sitio tiene su encanto, incluso un perro se nos acerca a olfatear las mochilas por ver si de sus interiores, se pierde alguna vianda.



Perro platanero.
     El perro no, pero el resto de animales allí presentes, nos echamos al cuerpo alguna que otra pequeña ración de reconstituyente, tampoco hemos gastado muchas energías.
     Por el estrecho sendero, abierto entre zarzas, por el que hemos accedido al lugar, iniciamos la vuelta de regreso a Agüero pateando la misma pista que hemos caminado a la ida. Allí tomaremos el camino de la "Vuelta a los Mallos"
Antes, disparamos las cámaras de fotos a los grupos de unas y otros con el bello fondo de la población.


Las damas ante Agüero y al fondo "Os Infanzones"...

...y nosotros.

El "joven Félix", nos guía por la buena senda.

Tras varias dudas del camino a seguir. tomamos la senda correcta, abajo a nuestra izquierda vamos viendo el barranco de la Rabosera, a nuestra derecha se alza, imponente, la Peña Sola. mallo que con 907 m. alberga multitud de nidos de buitres. Nos sobrevuelas varios de ellos con su característico planeo en círculo, aprovechando las corrientes calientes de aire y oteando si alguno de nosotros tiene trazas de ser plato del día. Nada de eso, estamos muy vivos.

Subiendo la cuesta
Abajo vemos una pequeña central eléctrica, al fondo, en una curva, una antigua tejería y a nuestra derecha una cuesta que en fuerte desnivel, nos sube en un momento  más de 200 metros, todos llegamos a la coronación de este caminito con más brillo en la frente que el ferrari del Alonso antes de  competir.
El sitio se llama la Collada de Pedro, nos reagrupamos y ahora, por una senda que baja por el este de los mallos, descendemos camino de Agüero.
A nuestra derecha vemos Os Infantones, conjunto de conglomerados en el que destaca Peña  Rueba de 1161 m.
La entrada al pueblo la abordamos, si dejar de ver la iglesia románica de San Salvador. Se encuentra cerrada pero el exterior es impresionante. La portada del S-XII es lo más destacable, con una suntuosa decoración escultórica muy bien conservada, que incluye cuatro arquivoltas adornadas con ajedrezado jaqués y el Pantócrator rodeado de los tetramorfos-símbolos de los evangelistas. La torre es rectangular, de tres cuerpos, se levantó entre los siglos XVI y XVII, es el referente del paisaje de Agüero.


Portada de San Salvador.

Flores del bar.

Dejamos, por unos momentos, el arte románico y tras asearnos a pié de autobús, nos vamos al bar del pueblo. Unos, por miedo a una nubecita, que por el cielo de la Hoya campa, pasan al interior ubicado en la planta superior del edificio, otros nos quedamos en la florida terraza del establecimiento público, dando buena cuenta de lo que el perro de San Felices no ha podido probar. Como siempre, la cerveza, el vino y los cherrys, son los protagonistas de este ágape.
Recogemos los bártulos y levantamos la sesión que aún nos queda el postre.
Y, efectivamente, el postre es de lujo. Una pista (fuera de datos finales), nos lleva a la iglesia de Santiago (s. XII), una impresionante construcción que, por razones que se desconocen, no se llegó nunca a terminar, a excepción de la nave del crucero y los tres ábsides, llegando a nuestros días tal y como la encontramos. Algunos de los historiadores que he consultado, creen advertir detrás de semejante y colosal proyecto, la intención de retiro de un rey, Ramiro II, que se caracterizó por su acusada religiosidad, hasta el punto de llegar a ser conocido con el sobrenombre de el Monje. Otra hipótesis para explicar su construcción es acercar la orden de San Juan de la Peña a la capital, Zaragoza, antes había sido Huesca, para que los reyes aragoneses pudieran visitar el monasterio más fácilmente. 
Portada de Santiago.
        La portada (obra del Maestro de Agüero) representa en el tímpano una epifanía de los reyes magos. El tímpano está sujetado por dos canecillos, en los que se ven dos animales andrófagos de los que salen un hombre en el derecho y una mujer en el izquierdo. Las cuatro archivoltas presentes en la portada se sustentan en nueve capiteles, con variadas representaciones, fieras, caballeros cristianos y musulmanes luchando, y una bailarina en acrobática postura. 

Detalle de un capitel lateral.


      Bajo el alero del tejado de la portada hay seis canecillos, que debieran ser siete, al perderse uno para dar espacio a una columna estructural a la izquierda de la portada.
En el interior, Caco que ha conseguido las llaves del garito, nos explica, guía en mano, los detalles de tan colosal edificio de tres ábsides.





Pange Lingua Gloriosi...

     En las redes podemos encontrar múltiples páginas que describen, desde varios puntos de vista del historiador de turno, los detalles de esta, que los habitantes de Agüero llaman "la ermita de Santiago".

    Yo describo lo que vi. Unos mirando  las impresionantes medidas de las tres  naves, otros disparando los flases y alguno, no se si por efecto de las moras y higos o por alguna transformación espiritual, de pie y con el cuerpo en tensión, se puso a cantar el "pange lingua" en latín. A fecha de hoy, fuentes consultadas, me informan de que el individuo en cuestión, ha asistido a su puesto de trabajo en perfectas condiciones






Marca de cantero.
   
   

     Ya en el exterior, nos detenemos en la observación de las múltiples  marcas que encontramos en muchos sillares, que fueron adoptadas por los maestros y sus familias como una firma personal de su trabajo. Estas señales eran utilizadas para calcular con exactitud el trabajo de cada operario, aunque también se sabe que algunas de ellas servían para colocar las piezas en sus respectivos lugares o como guía para el corte de las piedras. De entre todas las marcas que aparecen en los muros de Santiago, una de las más repetidas y más elaboradas es la representación de una llave.



     Volvemos al autobús que nos regresa a casa. Ya cerca de la imperial Caesaragusta, una cortina de agua cae del cielo como si los ángeles hubieran roto a... La ciudad huele a fiestas, ya queda poco y la noria gigante que han colocado junto al Ebro gira como giran las manecillas del reloj que con gran rapidez se nos ha comido el tiempo. Esto me recuerda que hace un año, para estas fechas, algunos las celebramos por tierras nepalesas, cantando más de un jota por "ris" (montañas)  y "las" (collados) del Himalaya.  Ya tenemos un años más.
Hasta pronto

Trayecto realizado.

Perfil: 13,8 Km. Desnivel acumulado subida y bajada: 607 m.
MÁS FOTOS DE LA JORNADA

NOTA DE ÚLTIMA HORA: El último parte médico informa de que no se ha producido ningún problema gastrointestinal de los asistentes que en esta jornada se pusieron lasa botas de comer moras.
También me ha llegado la información de que en los últimos siete días, Juancar no ha sufrido ninguna lesión.

lunes, 23 de septiembre de 2013

BORREGUIL DE LA CUCA

El vuelo del buitre sobre nosotros.
No hace falta romperse la mollera para acercarse a algún que otro pico y hacer un poco de ejercicio; desconectar con las noticias de cada día; ver, allá abajo, la profundidad de los valles; allá arriba el vuelo majestuoso de rapaces y carroñeras; en el horizonte, ciento y una montaña habitada por sarrios, corzos y marmotas, que al paso del humano, sueltan un chillido ensordecedor avisando a sus parientes del peligro de tan agresivo ser. Aunque no sea más que para pasar el día, ¡hay que ir!.


Cima del Borregui de la Cuca.
Ya en la primavera pasada, el grupo Esbarre programó esta bonita excursión que hubo que recortarla por la impresionante nevada que estaba cayendo (Relato).
El Borreguil (no tiene nada que ver con ninguna sede parlamentaria) de la Cuca (2096 m.), es un pico, hermano del de El Águila (1972 m.).
Hoy, desde Canfranc Estación, salimos media docena de "jóvenes promesas", concretamente desde la cafetería en la que nos hemos tomado un ligero desayuno.


La cabeza del grupo.

Ya, saliendo de Zaragoza, la luna (casi llena), nos anuncia que va a ser un día espléndido el de hoy. Así es, algunas nubes (altocúmulos) que dan una pincelada blanca a un cielo azul, alegran los rostros de lo que, por un bosque de abetos, pinos y alerces, caminamos por una suave y cómoda senda.
Maite, que parece ir dopada, marca un ritmo impropio de su acostumbrada marcha diesel. Eso sí, Luis (Estalentao 71), como de costumbre, le cubre las espaldas.



En la Fuente del Burro
Estamos ascendiendo por el barranco de Estibiellas, ahora ya van apareciendo las hayas, agradecemos la sombra que nos regalan.
Una ligera parada en la Fuente del Burro para descanso de nuestros cuerpos y para hidratarnos (esta vez es agua).
Seguimos por el bosque en un continuo y agradable zig-zag. Pasamos uno de los varios desvíos que se encuentran en esta ruta, vemos el que nos sirvió de descenso en Mayo y que pasa por encima de una protección antialudes.

Piedad mira hacia la cascada, casi seca.
Estos diques tienen una longitud creciente en sentido ascendente. El superior, y de mayores dimensiones, se destruyó por el alud de 1986. Los diques son de mampostería de piedra, Se puede transitar por la parte superior de los mismos, en los tres inferiores. Desde la parte superior de los diques tenemos muy buenas vistas del canal de aludes de Estibiellas. Como ya he dicho, este canal sufrió en el año 1986 un gran alud de nieve polvo que eliminó la masa de pinar establecido y donde prospera actualmente el bosque descrito.
Muro protector de la senda.

Poco a poco, y sin darnos cuenta, vamos ganando altura por la senda (también protegida con mampostería), que de alguna manera también cumple la función de mantener la ladera libre de erosión. Tan solo algún atajo rompe la uniformidad del camino y aquí llamo la atención de los "piernasfuertes", para que respeten el monte y transiten por las sendas marcadas. Hay una frase popular que dice algo así: ¡el atajo cuesta trabajo", al menos a quienes tienen que mantener los caminos.


A nuestra izquierda, bajo la Punta de Tortiellas (2359 m.), vemos la lazada  que sube (o baja, depende), hacia el Paso de los Sarrios.
El camino se empina un poco pero sigue siendo cómodo. Llegamos al cruce con la senda que lleva al pico del Águila y el collado que a él conduce.
Nosotros tomamos la senda hacia la izquierda y antes de seguir, hacemos una parada para "cargar combustible". Y como no, para echar un vistazo hacia el imponente Collarada (2886 m.)  y la Pala de Ip (2779).

Ante el árbol muerto, José Luis (o sea, yo), Luis (Estalentao 71), Piedad, Mª Jesús, Maite y agachado, José Luis Martín (el hortelano)
Collarada.
En la cima del Borreguil de la Cuca.
En cuatro zancadas, llegamos a la cima del Borreguil de la Cuca, cima que prácticamente pasa desapercibida pero que una vez encaramados en ella, los 360 º de paisaje te sujetan al suelo y no te dejan abandonar el lugar sin echar la vista alrededor del mirador. Picos tan míticos como el Aspe, el Sombrero, Tuca Blanca, La Zapatilla, el Middi D´Ossau, Anayet (visitado hace 6 días)..., abajo el ibón colmatado de Tortiellas y el tejado de la histórica estación de Canfranc.
Una moza, que "sola anda por la montaña", nos retrata a los seis jóvenes (de espíritu).
Mirando el Anayet y el Vertice. ¡Allí estuvimos hace 6 días!

Comienza el descenso.
Con las mochilas cargadas de energía y de viandas, abandonamos el lugar para, una vez en la sombra, aligerarlas de peso. Antes, en el Collado de Estibiellas, Luis nos dice que la ruta prevista en Mayo, bajaba por la otra vertiente. Nosotros lo hacemos por parte de la que hemos subido.
Efectivamente, encontramos un sitio acogedor en el que, a la sombra, dejamos caer nuestras posaderas sobre el suelo para dar cuenta de la intendencia gastronómica.

Sendero del Corzo
Variados bocadillos, tomate de la huerta de los de Alberite y vino de Longares, caen en nuestros cuerpos de mil maravillas. Seguimos bajando, unos jóvenes nos preguntan por la fuente del Centenario y les contestamos- "estar, está pero verla, no la hemos visto"-. Pues nada, nos despedimos y seguimos bajando hasta un cruce en el que un cartel nos dice que es el camino de los Ayerbe y que más abajo otro nos indica que también vamos por la GR 1.3 (Sendero del Corzo). Es una senda que nos lleva por un denso bosque de hayas en el que tan apenas entra la luz.

Se lo han ganado.
Intento fotografiar al personal, pero la oscuridad me lo impide. Estalentao 71, baja como un sarrio e incluso, lo perdemos de vista. Tras una buena carrera, lo alcanzo y esperamos al resto para, una vez en Canfranc, tomar unas birras que bien ganadas están. Corrijo, Los dos José Luis, tomamos café, somos los conductores y hay que volver a casa.
Otra más sin ningún percance. Y es que la montaña hay que disfrutarla con mucha precaución que si nos rompemos algún hueso, no podremos disfrutar de un "gran equipo médico dirigido por un eminente traumatólogo americano" y pagado por los contribuyentes  de siempre. Eso solo le ocurre a la nobleza. Dejo, para quien quiera leerlo, un articulo de David Torres. Yo me despido, hasta pronto.

Más fotos, aquí.

jueves, 19 de septiembre de 2013

PICO ANAYET


 No puedo comenzar a aporrear las teclas de mi anciano ordenador, sin antes pedir disculpas por este vacío producido desde la vuelta de Eslovaquia. Un pequeño descanso y varios días de vacaciones con Maite y los nietos, han suplantado con nota alta, las actividades propias de estas páginas. Tras un mes de reposo físico-mental, abro los ojos y me encuentro con más de lo mismo: Ordenadores cuyos discos duros se borran por arte y gracia del espir..., perdón, de secretarias de ex-tesoreros; pongo la tele y escucho hablar a una afamada y no electa alcaldesa en spaninglis invitando a todo el planeta a tomar café en la Plaza Mayor; veo, también, a una izquierda nacionalista aliarse con la derecha para segregarse del resto del suelo que me vio nacer (me apunto a pedir la independencia de los ciudadanos contra banqueros corruptos, políticos mentirosos, presidentes con sueldos millonarios de sociedades públicas y privadas y de toda fauna, cada vez más abundante, que se enriquecen a costa de sangrar al pueblo). Mientras un reciente premio Nóbel plantea si atacar o no Siria, allí siguen muriendo diariamente cientos de civiles, etc.
¡Ale! ya me he desahogado y lógicamente ya es hora de oxigenar el cerebro y mandar este cuerpo saleroso al monte. 

Día 15 de Septiembre de 2013
Las previsiones de los meteorólogos son variadas y parece que puede caer alguna gota por el Pirineo. Me asomo al balcón de casa y veo el cielo estrellado, la única precipitación, es la de una zagala que entre dos coches desagua lo consumido en toda la noche, el chirripapier (como llamaría la alcaldesa al pañuelo de celulosa), queda depositado en la calzada. Saco a pasear a Atos (ya está mayor para acompañarnos) y efectivamente, la madrugada es espectacular, así que al monte.
Casi sin pensarlo, Maite, Piedad y yo (¡vaya trío!), estamos pasando Zuera, el sol lucha por asomarse entre unas pequeñas nubes que el astro tiñe de rojo intenso. Los aspersores de riego de los campos de La Violada, lanzan grandes nubes de agua sobre la alfalfa que aún se resiste a morir antes del último corte de la temporada, el maíz duerme a la espera de desprenderse del verde de verano para ser cosechado en los próximos fríos. Más despacio que la cosecha más larga, van las obras del Monrepós que espero verlas concluidas alguna vez. Paramos a tomar un café en Senegüé, mismo establecimiento que de costumbre pero inusualmente vacío.
Rana madrugadora.
A las 9:20 h., con algo de fresco todavía, partimos desde el Corral de las Mulas (1620 m.) por la pista asfaltada que lleva hasta las instalaciones de las pistas de esquí de Anayet. Un autobús cargado de fuerzas galas nos anuncia que no vamos a estar solos. En el camino, una diminuta rana calienta su piel en el sol que ya  comienza a caer sobre mi poblada cabellera.
Tomo un atajo por la senda que transcurre por detrás de una nave, pero de atajo nada, Maite y Piedad llegan antes que yo a la zona mencionada. Estamos en un mar de hierro, asfalto y hormigón.

Maite y Piedad (compañía de lujo).
En las primeras cuestas por el barranco de Culibillas, las gotas de sudor comienzan a humedecer nuestra dermis. Ellas, compañeras de lujo, se paran de vez en cuando a coger arándanos, abundantes en estas praderas regadas por las limpias aguas del arroyo.
A nuestra izquierda el pico Culibillas (2509 m.) nos indica el camino a seguir. A la derecha el pico O Garmet (Garganta) (2145 m.) muestra su cima mirando al cielo, nosotros miramos al suelo que ya se va empinando.
La inactividad de todo este tiempo se nota en el cansancio del personal.
Genciana.
Un descanso, adornado por un genciana que se resiste a hibernar, nos acoge para que recuperemos la respiración adecuada y atacar la última cuesta que nos dejará en el más grande de los ibones de Anayet.
Aquí me viene el recuerdo de hace un año y medio que con los viejos amigos de natación, subimos hasta estos bonitos ibones y Conchita queriendo ver de cerca una rana, se dio un baño sin neopreno (crónica).
Al fondo, se adivina el collado.



Ya asoma el Anayet.
Ya por el barranco de Anayet, llegamos a uno de los lugares más impresionantes y hermosos que se puede uno encontrar, tan solo las descripciones idílicas del paraíso podrían superar semejante panorámica.
El Pico Anayet (2575 m.) reflejado en el espejo de las aguas de uno de sus ibones. Si miras al norte, también se refleja una de las montañas más bonitas del Pirineo, el Midi D´Ossau (2884 m.), con el Peyraget (2488 m.) delante, que en alguna ocasión hemos visitado.
Nos tomamos un descanso y recojo con la cámara fotográfica el momento.

Ibón y Pico Anayet.
Ibón, cuello y pico Anayet.

Piedad, Maite y el Midi D´Ossau al fondo.
Paso de cadenas.
Aparece el grupo de franceses que comienzan a acercarse a la base del pico por delante de nosotros.
Piedad nos señala el lugar en el que tendremos que agarrarnos a las cadenas y la chimenea previa a la cima (es una enciclopedia).
Con paso lento pero firme vamos ganando altura hasta alcanzar el Cuello de Anayet (2400 m.). A la izquierda, por el sur, algunos suben al Vértice, nosotros giramos en dirección norte con la vista puesta allá arriba, en la subida que tenemos que salvar.



Todo técnica.
En un momento, estamos agarrados a la cadena que asegura el paso por este tramo. Maite y Piedad hacen gala de sus conocimientos adquiridos en los variados puntos que, similares a este, pasamos en los Altos Tatras: "una persona por tramo" "la cadena siempre tensa". Y así lo hacemos, mantenemos la cadena más tensa que las noticias del telediario. A una muchacha gala que detrás de un servidor anda temblando, le tengo que decir: -¡S'il vous plaît une personne par section!. Y obedece, así da gusto.-
Atacando los últimos metros de la chimenea.



No hacemos más que alcanzar el último peldaño y ¡zas!, otro paso de los de pensar, es la chimenea previa a la cima. El ejercito galo, que ha subido por delante, está bajando por este estrecho paso y de nuevo, con voz enérgica les digo:- ¡S'il vous plaît préférence à l'escalade! (preferencia a los que suben)-
Piedad, que ha subido la primera nos espera al final de la chimenea y ya juntos hacemos cima en el Pico de Anayet, tras salvar unos 1000 metros de desnivel.


Cima del Anayet
Una vez despejado de gente, el lugar solo está ocupado por tres personas con las que intercambiamos las cámaras para retratarnos.
Si en el ibón, el panorama era paradisiaco, aquí nos encontramos en un mirador de lujo, Al norte, como si surgiera de entre las nubes, el middi D´Ossau destaca entre otras cimas, más cerca se encuentran algunas de las que ya hemos pateado en alguna ocasión, el pico de Canal Roya, Peyraget, Peña Blanca...; girando nuestro cuerpo salerosos hacia el oeste: el Aspe, la Zapatilla, Bisaurín, Castillo D´Acher...; al sur, la sierra de la Partacua coronada por Peña Telera y ¡anda pues! ¿que es aquello que se ve al fondo por encima de las nubes?, "es el Moncayo"; último giro, ahora se nos abre al este un conjunto de espectaculares picos, muchos de ellos de más de 3000 metros. Garmo Negro, Infiernos, , Bachimaña, Balaitus, Palas..., ¡todo un espectáculo!
Con Maite y Piedad, en la cima, con el Middi D´Ossau al fondo.
P´abajo.
Nos quedamos solos, el silencio es total, ni tan siquiera los pájaros de hierro que surcan el cielo dejando tras de sí una estela blanca, rompen la paz que reina en este maravillo lugar. Piedad saca unos frutos secos (los hemos currado) y tras cargar las mochilas de energía, comenzamos a descender. Lo hacemos con mucha prudencia, pues a estos años los huesos sueldan peor que cuando eran mas tiernos.
Frente a nosotros, observamos algunas personas en el Vértice, Piedad me anima a que lo suba pero lo dejaremos para otra ocasión (si aún sigue allí), los cuerpos están cansados y aún queda descender hasta el aparcamiento. Antes de llegar al collado, observamos, allá abajo, una tremenda marmota con una de sus crías, ya crecidita.
Siempreviva (sempervivum montanum).
Paramos a comer en el prado del ibón grande de Anayet, las sardinas con tomate rosa de Barbastro, están de rechupete y con el vino de garnacha de Longares, tenemos ya el cuerpo con la energía suficiente para desandar lo que queda. Para no hacer la bajada monótona, lo hacemos por otro lugar, concretamente por una senda que  nos lleva por encima de la margen izquierda del barranco de Culibillas, esta vez el Garmet lo pasamos por su cara norte. Paramos en un chiringuito que en invierno es frecuentado por esquiadores de travesía y raqueteros.

Vista parcial de la estación de esquí de Anayet.
Seguimos bajando, ya adivinamos las pistas de esquí, el paisaje es desolador, ¿de verdad es necesario tal desastre para esquiar?. Y menos mal que el final de la burbuja inmobiliaria ha frenado las ansias especulativas, sino el paisaje sería aún más deprimente..
Cuando ya pisamos hormigón y asfalto, unos franceses nos preguntan por el camino a seguir hasta los ibones, me miro el reloj y aclaran que es para otro día, "menos mal".
El tiempo está cambiando, hace fresco y con paso ligero, llegamos al Corral de las Mulas en donde damos por finalizada la jornada montañera. En el bar que habíamos desayunado, paramos a tomar unas cervezas, bueno ellas, porque yo conduzco y me conformo con un café con hielo.
Se nota el cansancio propio de haber estado más de un mes sin mover las tabas, pero el día ha sido gratificante y con esta pareja se puede ir a cualquier piquito, valle o barranco, ¡es un placer!.
Recorrido

Perfil de la jornada: Recorrido 14,8 Km.  Desnivel acumulado  1016 m.

Hasta pronto.

FOTOS PARA VER
Y ESTAS, PARA DISFRUTAR