jueves, 27 de agosto de 2015

ALPES - TOUR DEL MONTE ROSA (Y IV)

Día 13 de Agosto de 2015
Huella de Esbarre.
    Describo esta última entrega con la confianza de que has tenido paciencia para llegar hasta aquí, un pequeño esfuerzo y ya habremos terminado.
    Ya estamos a jueves, a estas alturas del trekking, ¡ya nos pueden echar cuestas!, y hoy, "me da a mí", las vamos a tener. La primera es madrugar más que ningún día y la segunda de las cuestas, difícil de superar, es la ausencia de Luis Casao, se queda haciendo compañía a Dani, no ha dormido bien. Son decisiones estas, que un veterano sabe, en cada momento, cuando hay que tomarlas. "Te echaremos de menos". 
     Tras el desayuno, con el permiso de Mateo, dejamos una pegatina de Esbarre, aun aquí, no olvidamos que somos socios de ese club.
Preparados.




















Paisaje alpino.
     Nos despedimos de Dani y Luis, durante un par de días perderemos el contacto con ellos.
      Salimos algo más abrigados que otros días, la mañana es fresca y vamos a subir a bastante altura.
También la mochila va más cargada, hoy no hay "fragoneta" y portamos el material de alta montaña.
      Pero lo de subir, será más tarde, ahora bajamos en dirección a Saint Jacques, el caballo de hierro está aparcado en el pueblo y debemos de recoger el pan (y algo más) que compró ayer Dani. Ya sabemos, a todo se acostumbra uno, menos a no comer.

Por las calles de Sain Jacques.
      Además, a este bonito pueblo, bien merece echarle un vistazo. En su plaza destaca la iglesia, los balcones y ventanas muestran el colorido de las bien cuidadas flores. Incluso, el colorido de la ropa tendida, el acopio de leña y el paso de media docena de "estalentaos" que transitan sus calles, le añaden un puntito de ambiente rural.
        La localidad es cruzada por el torrente Evancon (pedazo de río sería en mi pueblo), principal arteria fluvial del valle D´Ayas.
  Ahora sí, ahora llevamos las mochilas al completo y como hemos descendido unos 370 metros, pues "a recuperar tocan".
Torrente Evancon.
    Caminamos por la margen izquierda del Evancon, hasta que atravesamos un puente para alcanzar la contraria.
     Comienza la primera de las subidas por un bosque, -¿qué tipo de árbol predomina?- una vez más, el alerce es el rey del bosque alpino.
    Sube mucho personal con mochilas de día, un extensa red de senderos llevan a uno y otros lugares (lagos, ríos, etc).
    Poco a poco, conforme vamos ganando altura, caminamos solos, la mayoría de la gente, ha ido quedando en otros lugares.
   El día es bochornoso, la humedad del entorno arranca de nuestros poros las primeras gotas de sudor.
Dejando el valle D´Ayas.
     Atravesamos un pequeño núcleo de casas, Fiery se llama. Un viejo y vetusto cartel, anuncia la oficina  regional de turismo. 
      La dureza de la etapa, nos exige prescindir de realizar las habituales paradas y, como en nuestro destino no encontraremos agua, vamos echando tragos de los diverso torrentes que encontramos en nuestro camino.
    A nuestra izquierda, adivinamos unas construcciones, es otra pequeña aldea, Ventina, pequeña pero da nombre a montañas, lagos y glaciares.
   Ahora, el sendero pica hacia arriba con ganas, queda mucho y lo tomamos con calma.
Por el arroyo.
    A cada cuesta, le sigue un valle y luego otra cuesta, a cada valle una cuesta y otro valle y luego...
     En uno de los valles, realizamos la única parada de la jornada, echamos un trago de agua del fresco arroyo y un bocado.
     Seguimos andando, a nuestra derecha, arriba, cuelga el glaciar Ventina, las nubes comienzan a cubrir las altas cimas de la zona.
   Una y otra vez, cruzamos las aguas del torrente Cortox que llega desde la Cime Bianche(2973 m). A la izquierda vamos dejando el Grand Turnalin (3379 m.) y de frente, bajo una gran pedrera, observamos lo que queda de un viejo refugio.
Sobre dura roca.
   Y aquí comienza una nueva subida, Maite, por eso de la resistencia, va cronometrando cada una de las fuertes pendientes que salvamos. Me dice -esta, 25 minutos, la anterior...
    Y como aquel que no quiere, estamos ya en la cota 2600 m, se va notando el fresco de la altura y que el tiempo está cambiando. ¿Será por eso que una pequeña rana sale a nuestro encuentro?.
   A cada paso que damos, el paisaje va cambiando, los glaciares están más cerca, la roca va apareciendo a nuestros pies. Al fondo, se encuentran las paredes que cierran el circo de Ventina.

La rana Gustavo.
Circo y lagos de Ventina.
     Aún tenemos que superar una fuerte pendiente, lo hacemos poco a poco, las mochilas van pesando cada vez más (o cada vez sentimos más, el peso).
     A la derecha aparece el primero de los lagos, el Gran Lago (2808 m.), poco más arriba, descubrimos el segundo, el de la Punta Di Rollin (2920 m.) y aún vemos otro más pequeño a la altura de nuestros ojos,  de este no sé su nombre.
     Y, encima de nosotros, por fin vemos nuestro objetivo (de momento) al que alcanzamos en pocos minutos. Hemos llegado al Collado Superior de Cime Bianche (2982 m.).

Con Luis L., antes de alcanzar el collado.
Intentando ver el paisaje.
       No solo nos la hemos ganado, sino que la hemos porteado hasta aquí, y sin protestar, pero digo yo que ¡ya esta bien!, tengo un hambre de demonios que, creo, es compartido con el resto, así que a sacar la comida y poner a trabajar las navajas.
       Nos colocamos algo más de ropa y nos sentamos al abrigo del frío viento. De nuestras mochilas, extraemos los habituales productos que hoy nos saben a gloria.
       Se está bien aquí, pero hay que seguir el camino que ahora desciende unos pequeños metros. Pero primero echamos un vistazo al paisaje que se divisa desde esta inmejorable atalaya:
Glaciar del Cervino.
     Al fondo, casi al alcance de nuestra mano, tenemos la cara italiana del Cervino, pero las nubes nos tapan la contemplación de esa maravilla de montaña.
      Abajo, el valle de Cervinia, un espacio que empieza a los 1.524 metros de Valtournenche, abraza Breuil-Cervinia, sube a los 3.480 metros de Plateau Rosà, roza los más de 4.000 metros del "Piccolo Cervino" y trepa hasta los 4.478 metros del Cervino. Un espacio que continúa infinitamente blanco en Suiza hasta Zermatt. Se trata de el paraíso italiano del esquí, y se nota por la gran cantidad de remontes que pueblan esta zona.
Teleférico hacia Testa Grigia.
      Descendemos, cerca de 300 m. para alcanzar el moderno y rápido teleférico con el fin de salvar una pared de unos 900 m.
     El aparato es enorme y corre que se las pela, lo usan los esquiadores para ascender al Plateau Rosà, la gran meseta de hielo y nieve esquiable en verano.
    A la mitad de subida, nos introducimos en las entrañas de las nubes, no se ve un carajo.
       En diez minutos, llegamos a Testa Grigia (3468 m) que en italiano quiere decir "cabeza blanca", esto me recuerda el símil del Moncayo, "monte cano". La similitud es solo en el nombre, el resto es otra cosa.
Calzando crampones.
      En pocos minutos hemos pasado de verano a invierno, afuera hay una niebla que no se ve a pocos metros. Estamos sobre el glaciar de Teodulo y nuestro destino es alcanzar el refugio del mismo nombre.
      Nos ponemos los crampones y arneses, vamos a encordarnos para salvar la distancia que nos queda, toda ella por un agrietado glaciar.
    Una vez formada la cordada, iniciamos el descenso, atrás va Benito, en la cabeza voy yo, la visibilidad es nula y como llevo el GPS, voy guiando al grupo.
Preparados.
      Está, supongo que será la enésima vez que Benito hace esta ruta, sabe hacia donde hay que dirigirse, vemos un cable que debe de llevar la energía al refugio, pero este 1,2 km., nos lo guía el GPS. Si me enrollo con el tema es para dar un pequeño toque de atención para aquellos experimentados montañeros y senderistas que menosprecian la tecnología moderna, incluso, en ocasiones, quienes vamos siempre con el instrumento colgado en la mochila, tenemos que soportar las ironías de los "prepotentes".
En el Teodulo. Al fondo el Klein Matterhorn.
      Y ahora que me he quedado bien prosigo: Con una mano en el bastón, y la otra sujetando el navegador, voy viendo en la pantalla que el camino que llevamos es el correcto, solo alguna grieta, nos hace girar un poco. Atrás "no se oye ni una mosca".
          De pronto, el fuerte viento mueve una nube y, encima de una roca, en la que está martilleando una máquina, vemos el Refugio Teodulo (3468 m). Justo debajo de él, se encuentra el collado del mismo nombre, lugar idóneo para que el viento alcance fuertes ráfagas. Allí mismo, nos desencordamos y subimos una rampa que nos deja dentro del garito. ¡Hace una tarde de perros!.
Testa Grigia.
   Nos reciben las guardesas (o como se diga aquí) Olga e Irene que nos indican el dormitorio y resto de instalaciones que tenemos a nuestra disposición. Tan solo pernoctaremos una docena de personas en un garito enorme y moderno. En el mostrador del bar, entre otras cosa, un gran jarrón alberga unos cuantos litros de grapa con aràndanos.
    Salimos a una acristalada terraza a intentar ver, entre nube y nube, el impresionante entorno con el Klein (pequeño) Matternhorn; junto a nosotros, Testa Grigia; se adivina, también, el Breithorn (4164 m). Pero pronto nos refugiamos en el interior, corre un frío viento y afuera no sirven cerveza, Lola se toma un chocolate caliente. Algunos, aprovechamos que hay wifi para conectarnos con el resto del mundo, otros juegan a "la escoba", otros escribimos en el libro de visitas algún mensaje, no olvidamos hacer referencia a Esbarre, Stadium Casablanca y como no, al amigo que ha quedado abajo "el buen Casao". Miramos por la ventana y ¡está nevando!, trece de Agosto y nevando.
      Cenamos en unas mesas del bar que Irene ha preparado, el comedor está muy frío para que doce almas lo calentemos. Tras la cena, le pedimos a Irene, nos sirva "unas gotas" del líquido del jarrón" y,  bien abrigados, pronto nos dormimos.
Buonanotte.
Haz clic aquí para ver las fotos.
El track para GPS, haz clic aquí.
Datos técnicos:
Recorridos. 
Perfil 1º
Distancia:12,4 Km.
Desnivel positivo: 1331 m.
Desnivel negativo: 557 m.
Perfil 2º.
Distancia: 1,2 Km.
Desnivel positivo: 40 m.
Desnivel negativo: 168 m.
Día 14 de Agosto de 2015.
Preparados a superar el "mal de altura".
     Lola, como todos los días, es la primera en despertar y adquirir posición vertical, es decir, se incorpora en la litera para proceder a realizar las tareas matinales con prontitud ¿lo conseguirá?. Los demás lo hacemos inmediatamente, somos disciplinados en eso de las obligaciones.
      Hoy es el último día de trekking y afuera ¡jarrea a cántaros!. El termómetro del refugio marca "ni frío, ni calor", o sea, ningún grado centígrado.
       Desayunamos tranquilamente por ver si amaina, pero nada, sigue lloviendo. Mientras tanto, nos vamos poniendo los arneses e, incluso, nos atamos a la cuerda bajo techo.
Glaciar Teodulo.
    Parece que afloja un poco, así que nos despedimos y, ya en el exterior, nos ponemos los crampones y, aprovechando que ha dejado de llover, comenzamos a caminar.
   Hemos decidido, descender hasta Trockener Steg (2920 m.) y, como sigue la amenaza de lluvia, coger la telecabina para bajar a Zermatt.
    Una vez formada la cordada, más solos que la una y en un entorno semi-lunar, vamos descendiendo por el duro hielo del Glaciar Teodulo. Aprovechamos la pista de esquí, que ha debido dejar de funcionar recientemente, para bajar por ella, seguro que las máquinas la habrán dejado muy compacta y el riesgo de grietas es mínimo. Como ayer, el GPS, es un buen aliado del grupo.
        Bajo "los hierros" de unas fantasmales instalaciones de esquí, lo mágico del glaciar hace mella entre "os estalentaos", lo que en otras ocasiones es jarana y bullicio, hoy es un misterioso silencio que se puede palpar en el aire.
Vaca con cachirulo.
     Ya estamos, de nuevo, en Suiza, pronto llegamos a Trockener, centro, no solo de estación del teleférico hasta Klein Matterhon y telecabina a Zermatt, sino que también alberga un restaurante, tienda y no se cuantas cosas más. Lo que más gracia nos hace, es una vaca a la que bautizamos de baturra colocándole un" cachirulo en la testa".
  Finalmente, acudimos al telecabina. Por el precio creí que nos quedábamos con una de las cabinas, pero no, hemos pagado tan solo el viaje. "¡Asi ye a vida, pleve a mars!"



Zermatt desde el telecabina.
    Realmente se trata de un largo trayecto que nos ha quitado muchos metros de descenso y una buena mojadina, el día está lluvioso.
   Como, arriba, el paisaje se encuentra tapado con el telón de las nubes, nos conformamos con disfrutar de lo que vemos bajo nosotros: Zermatt, un puente colgante similar a los que cruzamos en Nepal, incluso en algunos momentos llegamos a ver parte de Las Gorgas de Gorner que la lluvia nos impide visitar. Habrá que volver.
  Ya abajo, en Zermatt, nos vamos tranquilamente hacia el albergue del primer día, allí nos esperan Dani y Luis Casao, con la mesa tan elegantemente preparada que por un momento he pensado que nos habíamos equivocado de garitos, ¿estamos en el "Palace"?. Y en el centro de la mesa, así como queriendo ser atacada,  una botella de un buen vino riojano. Un buen hombre coreano, nos pide probar tan exquisito caldo, "accedemos". No sé como le supo, pero ponía cara de..., hasta servilletas tenemos, ¡que lujo de picnic!
      Por la tarde, nos acercamos al centro de la ciudad a adquirir algo de queso y otros productos que nuestro poder adquisitivo es capaz de soportar.
     Al regreso al albergue y ante la actitud del personal del establecimiento de pretender separar al grupo y repartirlo en camas con otros clientes, Benito se transforma en auténtico aragonés y, tras una fuerte y tozuda negociación, logra solventar positivamente el conflicto.
     El refugio se encuentra muy ocupado por gentes de aspecto oriental que junto a nosotros, pasan a recoger la cena en el auto-servicio con las bandejas hasta los topes. Se ve que queman muchas calorías.
     La última noche la pasamos como la primera, es decir, durmiendo como niños, zzzzzzzzz.
Buenas noches.

Datos técnicos:
Recorrido.
Perfil:
Distancia: 3,7 Km.
Desnivel positivo: 25 m.
Desnivel negativo: 340 m.
Día 15 de Agosto de 2015. Vuelta a casa.
El Matterhorn, entre nubes.
   El Matterhorn, amanece entre nubes, nosotros, tras el desayuno, iniciamos la vuelta a casa.
    El río Ródano y lago Lemán, son el camino que, como el día 7, nos guía, esta vez de regreso, entre viñedos y albaricoques, nos lleva hacia Ginebra, en donde tomaremos el avión hacia Barcelona.
    De Ginebra, poco que decir, salvo que se encuentra en las orillas del lago, que, junto con otras ciudades suizas, es sede de organismos internacionales y, receptora de grandes fortunas mundiales, algunas de dudosa procedencia.
    Damos un paseo por la zona antigua en la que destaca la catedral de San Pedro, perteneciente a la Iglesia Reformada Suiza. Fue comenzada en el siglo XII, e incluye una mezcla de estilos. Es conocida sobre todo por ser la iglesia madre adoptada por Juan Calvino, uno de los líderes de la Reforma Protestante. En la fachada se adivinan varios estilos, entre los que predomina el neoclásico (con andamio).
     Dani y Benito, nos acercan al aeropuerto y el resto, ya se sabe: Vuelo a Barcelona, transfer a la estación Norte de autobuses y viaje a Zaragoza.

Haz clic aquí y verás el resto de fotos de los días 14 y 15.

      Creo haber contado nuestro pasos por el Tour de Monte Rosa sin haber dejado muchas cosas en el tintero, aunque ciertamente no encuentro las letras adecuadas en el teclado con la que pueda describir las sensaciones vividas, esas miradas de unos a  otros en los momentos más complicados, las carcajadas producidas por los chistes de José Antonio; la sorprendente espontaneidad del "Spielberg" L. Lasala; las humildes levitaciones de Lola; el esfuerzo de Maite y, la cercanía de L. Casao.
      De Benito, nuestro guía, poco más que sumar en esta tercera experiencia con su compañía. Tan solo añado que esta vez ¡se lo ha currado!, sí, nos hemos percatado de que no nos esperaba en Ginebra con la mochila cargada de improvisación, llevaba la lección bien aprendida.
    Solo me queda Dani, el niño que todos hubiéramos querido tener para que nos transportara de un lugar a otro, para que echara una mano en ayudar a mover el pesado equipaje, para que nos comprara el pan...¡ah!, ¡pero si lo hemos tenido!.
    Y, como no, hemos echado de menos a los habituales que esta vez no han podido acompañarnos por una u otra razón: Javier Lacadena, Fernando, Piedad, Javier Lamiquiz, Maribel, Chema, Sara, Benjamín y resto de "estalentaos" que en estas y otras aventuras compartimos caminos y sonatas nocturnas.
Hasta pronto

 Dejo aquí, haciendo clic, un pase de diapositivas como prueba gráfica de lo acontecido.


L´equipo:

lunes, 24 de agosto de 2015

ALPES - TOUR DEL MONTE ROSA (III)

Día 11 de Agosto de 2015
El Monte Rosa.
  ¡Fuera legañas!, estamos recogiendo el dormitorio, hay que dejarlo como lo encontramos.
      Abro la puerta, salgo al exterior y ¡milagro!, ¡ha escampado!. Ni una nube en el cielo y por fin, "ahí está". Por mucho que digan las wikipedias del mundo, se muestra rosa como una flor, imponente como un castillo, mágico como "la madonna", sí, ahí está el Monte Rosa, con sus Puntas Giordani, Parrot, Gnifetti... Todo un espectáculo que hasta ahora, no habíamos podido contemplar.
Monte Rosa desde el refugio Pastore.
Luis C., J. Antonio y Lola con el Rosa a sus pies.
      Nuestras cámaras disparan una y otra vez, teníamos hambre de Monte Rosa.
    Y hambre es lo que tenemos ahora, así que pasamos a desayunar con la buena gana que caracteriza a estos "estalentaos". Tengo que apuntar que el desayuno que nos sirven, está a la altura que merecemos, o sea, "de c...".
     Y tras desayunar, dejamos los pesados petates en el elevador (ahora ejercerá de descendedor). Cargamos las mochilas en nuestras espaldas y comenzamos a descender en dirección al puente de S. Antonio, allí nos encontraremos con Dani y la "frago".
Hacia el puente de S. Antonio.
    El sendero desciende fuertemente hacia el cauce del río Sesia, cuyas aguas las ha parido el glaciar bajo el que hemos dormido. Sus aguas bajan con fuerza, liman con paciencia la fuerte roca que sustenta esta gran montaña.
     Pasamos por alguna pequeña construcción pastoril, el alerce nos proporciona una sombra que a estas horas no necesitamos, pues la mañana ha salido fresca.
      Allá abajo se ve el puente al que no tardamos en llegar, al mismo tiempo lo hace Dani. Este chico, me parece que, al paso por Suiza, se le ha pegado eso de la puntualidad de los relojes helvéticos.
      Montamos en el vehículo para un pequeño transfer hasta Alagna, lugar en que comenzaremos la etapa con más desnivel del trekking, ¡ya veremos!.
¡Como pica p´arriba!
      Antes de comenzar a andar, nos detenemos en una tienda a comprar pan, plátanos y chocolate, el resto lo llevamos en las mochilas.
     Nada más comenzar a caminar, ya se adivina lo que nos toca: la senda zigzaguea una y cien veces por un bosque de alerces y hayas.
   Así y como el que no quiere, bajo una agradable sombra, nos hemos cepillado unos quinientos metros de desnivel.
       En la cota 1660, desaparecen los árboles, dando paso a una extensa pradera en la que el ganado vacuno pasta a sus anchas.

Follu.
    En pleno Valle de Otro, estamos alcanzando una zona que la llaman "de los cinco pueblos", en realidad tan solo son unas aldeas de construcción tradicional, las viviendas disponen de una zona protegida por unos listones de madera, como si fuera una galería, para guardar el maíz y la paja.
     La primera que alcanzamos es Follu y, como en el resto de aldeas, una fuente nos ofrece su chorro de agua para calmad la sed.
Vivienda tradicional.
    La parada es rápida, hoy no nos podemos "dormir en los laureles".
    Uno tras otro: Follu, Dorf, Scarpia, Weng y Pianmisura, los atravesamos con comodidad, aquí el camino se comporta con el cariño que merecemos. En el último de los pueblos, una familia acompaña a una anciana que a mí, me gustaría saber como llega hasta aquí, si lo hace por el mismo camino que nosotros, ¡yo dimito!, hasta aquí no llega ninguna pista transitable con vehículo.
    Mi ignorancia me lleva a proseguir y no dimitir, así que los siete continuamos dándole al calcetín. Frente a nosotros vemos la pared que tenemos que subir para llegar al primero de los collados.
Valle de Otro.
    Pero lo mejor es no mirar hacia arriba, atrás van quedando aldeas, vacas, valles, metros y metros de desnivel que ya hemos superado.
    Algunas flores cubren el pastizal por el que caminamos, los arroyos nos proporcionan agua fresca, hoy hace calor y sudamos de lo lindo. Poco a poco, palmo a palmo, estamos ganando altura y ya se adivina el collado pero, como siempre ocurre, ¡el collado está más allá!.
    Un último trago y ¡aúpa!, ya estamos en el collado, cuyas vistas son increíbles.
   En realidad no es un collado puro y duro, el de la jornada está por llegar.
Clase de geografía.
    Benito nos indica, con todo detalle, el collado que ayer hubiéramos superado, el de Turlo, de no ser por la lluvia.
     Delante de nosotros, al norte, el Valle D´Olen, atravesado por un moderno teleférico.
    Y 1240 m. más abajo, el punto donde hemos arrancado: Alagna.       Aún nos queda tajo, así que tras tomarnos el plátano, algún fruto seco y una porción de chocolate, retomamos la marcha que, en principio, desciende unos pocos metros por una ladera, algo descarnada en algún punto, que pasamos con cuidado. A la derecha tenemos un buen patio que no debemos medir, ¡digo yo!.
Por la senda, abajo el patio del valle D´Olen.
Collado en el que hemos descansado.
A por la última cuesta.
    El próximo objetivo no está lejos, pero, ¡leches!, la naturaleza lo ha colocado bastante arriba, así que, nada, a mover las garras se ha dicho y, dale que te dale, poco a poco vamos superando la cuesta, no sin sudar lo nuestro. Que caray, para eso hemos venido y con cara de chicos buenos y cuerpo jotero, llegamos al Collado D´Olen (2887 m.). En el terreno predomina un tipo de roca muy vistoso, la andesita, de origen volcánico.
   En los últimos metros, he descargado a Maite de su mochila y a mi paso, he llegado antes que el resto, lo que me permite recibirlos con el cariño que se merecen.
Andesita
       Aquí nos detenemos un rato, no mucho pero el paisaje bien vale la pena.
     Delante de nosotros se encuentra el valle de Lis. Como diría Benito, "el valle se encuentra bastante cargado de hierro", que es como lo describe cuando hay estaciones de esquí con sus postes, cañones, remontes, etc.
     No nos podemos detener mucho, tenemos que utilizar algunos de "esos hierros" y el horario de cierre no es muy tardío.
        Así que nos dejamos caer por una senda para desembocar en una pista en obras y acceder al funicular que se encuentra junto al lago Gabiet (2400 m.). Como andamos justos de tiempo, lo utilizamos para bajar hasta Staffal (1800 m.).
Junto al albergo de Sittel.
       Con las prisas, todavía no hemos descargado la metralla comestible en la mochila, así que nos sentamos en una terraza, sacamos la comida y pedimos unas buenas jarras de cerveza, que hoy sí, hoy nos las hemos ganado (brindamos).
         Un nuevo teleférico (este sí estaba programado) nos quita unos cuantos metros, que no todos, de subida hasta el albergo de hoy, el de Sittel (2297 m.).
        En su exterior, una especie de menhir sirve de plató para fotografiarnos con el Monte Rosa de fondo.
       Por tratarse de un "albergo", también de invierno, sus instalaciones son de calidad, incluso nos ofrecen utilizar un jacuzzi, ¡para jacuzzis estamos!. Una buena ducha, una charrada en la cafetería, grandes cristaleras nos dejan ver y contemplar desde la mesa, el impresionante macizo que nos ha traído hasta aquí. A Luis Lasala, le recuerda (guardando las distancias) a aquel hotelito de Baguerge en el valle de Arán: -desde un parecido mirador, se observan las Madaletas.
Cenamos algo más tarde que en los refugios y, sin tardar, nos vamos retirando a nuestros nidos: Maite y yo, le cedemos a J. Antonio "la turca".
Zzzzzzzzzzzzz.
Ha sido una etapa dura por sus desniveles, pero el tiempo, en esta ocasión, se ha aliado con nosotros y el buen rollo, persiste en las entrañas del grupo.
Haz clic aquí y verás el resto de fotos de esta jornada.
El track para GPS, está haciendo clic aquí.
Datos técnicos:
Recorridos

Perfil (incluidos, descenso de Re. Pastore a Puente de S. Antonio y ascenso desde teleférico a Sittel):
Distancia, 14,2 Km.
Desnivel positivo: 1993 m.
Desnivel negativo: 801 m.

Día 12 de Agosto de 2015 
Primeros pasos.
    Bueno amigo, ya teníamos todos ganas de disfrutar de una etapa "normal", de esas que te las tomas con tranquilidad, parando de vez en cuando a disfrutar del paisaje en toda su magnitud y, de paso, recuperar algo de la energía que estos últimos días hemos gastado.
     Para empezar, nos levantamos una hora más tarde que la mayoría de jornadas. Desayunamos tranquilamente, disfrutando de los sabores de los productos alpinos. Incluso, Maite y yo, tenemos tiempo de adquirir un par de camisetas para nuestros nietos Noah y Yaiza. Vamos, que así se apunta cualquiera, pero no creo que esto dure mucho.
Abajo, refugio Sitte. Arriba el Monte Rosa.
     Si bien la ruta normal del tour, para el día de hoy, transita por el collado de Bettaforca, por eso de evitar "los hierros", nosotros lo hacemos algo más al sur, concretamente por el collado de Rothorn, algo más alto pero mucho más tranquilo.
     Algunas nubes se agarran al Monte Rosa, lo que no impide echarle un tempranero vistazo.
    Ascendemos suavemente por una senda bien marcada, abajo va quedando el refugio y el valle de Gresoney. Sttafal ya queda fuera de nuestra vista,
      Lo que sí vamos viendo, conforme ganamos altura, es el collado D´Olen, que superamos ayer.
Reflejados.
     De vez en cuando, debemos ascender alguna rampa pero nada importante, como he dicho, es un tranquilo día.
      En algún momento, el prado se torna en piedra pero no es ningún problema, el tour está perfectamente cuidado en su trazado e indicaciones.
    Un par de pequeños lagos, son la antesala para, cuarenta metros más arriba, coronar el collado Rothorn  (2689 m.).
       Aquí nos detenemos a ¿descansar?, echar un trago de agua y contemplar el paisaje. Unas banderas de oración tibetanas, nos trasladan por un momento a otras latitudes.
En el collado Rothorn.
Descenso.
   Al Este, hemos dejado el valle de Lis, delante de nosotros, al Oeste, aparece un nuevo valle, el D´Ayas, pero aún queda descender y la bajada es más larga que lo caminado hasta aquí.
     En principio, descendemos por unas bien colocadas piedras, pronto tomaremos una senda que transita por amable prado.
     Comenzamos a ver más gente, la mayoría da la impresión de que, aprovechando la bondad climatológica, han subido en uno de los múltiples teleféricos, a pasar un día apacible. El entorno lo acompaña, máxime cuando llegamos al lago Ciarcierio (2370 m.), que se encuentra bastante concurrido.
Lago Ciarcierio
Flores entre las flores.
     Nos parece un buen sitio para comer: buen paisaje, grandes montañas y glaciares, limpias aguas...pero, alguien ha visto un cartel que anuncia "Restaurante La Mandría a 15 minuti".
      No es que vayamos a comer de menú ni a la carta pero el calor que hace, parece pedir algo de zumo de cebada. Tampoco es que estemos enganchados a la cerveza, pero fuentes consultadas en el ámbito de la medicina deportiva, ¡la aconsejan!, eso sí, tras el esfuerzo y con moderación (hoy, ni esfuerzo ni moderación). Como no consumimos ningún sólido, nos la sirven en el exterior de La Mandría.

Maite, en el balcón del refugio Franchey.
     Aunque nos queda poco camino, reemprendemos la marcha, poco a poco, el bosque (de alerces) nos va protegiendo del agresivo sol.
        Y allí, en medio del bosque, divisamos unas casas de madera, una de ellas es nuestro refugio: el Franchey (2066 m) que lo regenta Mateo, un zagal muy amable. Su ubicación permite disfrutar de unas vistas panorámicas sobre el valle D´Ayas.
     Tomamos posesión de las literas correspondientes, nos damos una ducha (la necesitamos), nos asomamos al balcón del refugio para disfrutar de las vistas, una pequeña siesta y, a las cuatro de la tarde, "con la fresca", cogemos arneses y crampones y nos vamos a un prado, bajo la sombra de un árbol (como no, alerce).
Sugerente posición.
   Mañana habrá que empezar a usar "los pinchos" y procedemos a ajustarlos y, de paso, a realizar sugerentes pasos y posturas, siempre dirigidos por el director de la orquesta: el maestro Benito. Con los arneses, interpretamos una nueva sinfonía: "la sujetata di santocorpore".
      Fuera de bromas, Benito insiste, principalmente, en la seguridad pues en el hielo todo es previsible hasta que deja de serlo.
      Con la lección medio aprendida, volvemos al refugio, recogemos los trastos y bajamos al comedor a probar la calidad de la cerveza del establecimiento: "estuvo bien".
      En un rincón, algo me llama, acudo hacia ella y acaricio su cuerpo, estudio su templanza y comienzo a tocarla... La guitarra está perfectamente afinada y pronto se unen las "voces cantoras de los Alpes". No queda nada mal, pues el poco público que asiste en la mesa de al lado, queda prendado, bueno, se ve que no son muy entendidos, musicalmente hablando.
       Al concierto le sigue la cena y no tardamos en subir al dormitorio, mañana volveremos a sentir en nuestras carnes, la dureza  y gratitud de la montaña.
Buenas noches.

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El track para GPS, está aquí.
Datos técnicos:
Recorrido.

Perfil de la etapa:
Distancia: 7,5 Km.
Desnivel positivo: 567 m.
Desnivel negativo: 715 m.
Continuará.