miércoles, 25 de septiembre de 2019

CAMINO DE SANTIAGO DEL NORTE EN SEPTIEMBRE (2ª Entrega)

...Continúa de la primera entrega.

Día 8 de septiembre de 2019 (De Santander a Mogro)
Abandonamos Santander
               La llegada a Santander, embarcados en la Pedreñera, resultó de lo más agradable, por el contrario partir de la ciudad resulta menos atractivo, pues lo hacemos por la N-611, muy transitada y acompañada por parques industriales.
        Afortunadamente, en Peñacastillo dejamos el asfalto para tomar senderos y caminos más tranquilos. Además la presencia del popular FEVE le da cierto atractivo al recorrido de hoy; un tren que cabalga entre verdes praderas, surcando el norte, abriéndose paso en esta difícil orografia por angostos caminos, señoriales villas, palacios y aldeas que se esconden a las orillas de su estrecha vía.
Las vías del "Camino"
Divertida conversación.
            Como casi todos los días, la mañana luce espléndida. Caminamos con el humor que nos caracteriza, una buena señora nos aborda: nos cuenta que ella camina todos los días; nos cuenta, también, lo agradecida que estaba de los favores de sus nietos, a los cuales les recompensaba con creces;  que había estado ingresada; que la cuñada... ––bueno, señora, muy agradecidos por esta conversación, pero a nosotros nos queda tajo––. Son cosas que tiene el Camino, en cualquier lugar te encuentras con gentes así de abiertas.
Santa Cruz de Bezana.


               Llegados a Santa Cruz de Bezana nos detenemos a la sombra de su iglesia parroquial, es la hora de "darle al plátano". Un ciclo-peregrino alemán se detiene e intercambiamos algunas experiencias.
                El camino sigue, unas veces mirando al tren, otras a algunas casas de construcción humilde, o de indianos construidas por aquellos que hicieron caja en las Américas, otras veces mirando a los muchos templos que jalonan el recorrido, como el de Mompía, dedicado a la Virgen del Rosario. 
En Mompía
ESperando al tren.
            Alcanzado Boo de Pielagos nos acercamos al apeadero del FEVE; nuestro destino, Mogro, se encuentra en la otra orilla de la ría del Pas y para llegar habría que dar un rodeo de 8 kilómetros; otra opción es cruzar por el puente de la vía, con el riesgo que eso conlleva, o esperar la llegada del tren y cruzar a lomos del bicho de hierro. Como algunos otros mochileros elegimos la última de las opciones y no tardamos en llegar a Mogro.
           En nuestro destino, la posada "Condado de la Mota", Ana y Ángel nos reciben con un saco de amabilidad y unas copas de buena "Estrella" para acompañar nuestras provisiones, a la sombra de un gran árbol.
A las puertas de la "posada".
A la sombra.
En la playa de Usil.
           Tomamos posesión de nuestras confortables habitaciones, descansamos un rato para, posteriormente, darnos una caminata hasta la playa de Usil. La valerosa Maite se da un baño mientras nosotros nos alojamos bajo alguna sombra, el sol calienta de lo lindo.
            Ya de vuelta en la "posada", entre baño y cena, echamos una partida al rummykub (estamos enganchados).
                Con las tareas cumplidas nos dejamos caer en la cama, los sueños se apoderan de esta noche alumbrada con una luna que anda en fase de crecimiento. Mañana... zzzzzzz

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Día 9 de septiembre de 2019 (De Mogro a Santillana del Mar)
Dejamos el Condado de la Mota.
              Horrorosa etapa que habría que borrar de los mapas, un recorrido que transita por carretras nacionales, locales, comarcales, todas de gran densidad de tráfico, tuberías, industria química y escasa... ¡birra!.
               Pero "estamos aquí porque hemos venido" y hay que estar a las crudas y a las maduras. Así que ¡a caminar!.
              El comienzo es agradable, nos despedimos de Ana y Ángel y tras adquirir algunos víveres dejamos Mogro pasando por la iglesia de San Martín, construida en el siglo XV sobre los restos de un templo del siglo XII. Las casas están adornadas con hermosas flores. En las afueras, dos paisanos recogen agua en la fuente de la Cuela.
Mirada canina.
               El primer tramo discurre por grandes prados en los que las vacas pacen al frescor de la mañana; a lo lejos el Cantábrico se deja querer.
               Atravesamos Miengo; un perro sentado en el banco de la casa del amo nos mira con tristes ojos. Pasada la población de Polanco, a las puertas de un florido albergue construido sobre un antiguo lavadero,  nos detenemos a comer los famosos frutos canarios de cada día.
            Por carretera, como no, descendemos hasta Requejada. A partir de aquí, como decía, nos sumimos en el mundo de la gran industria química de Solvay de Torrelavega. En la carretera N-611, el ir y venir de camiones se convierte en un suplicio de trayecto.
Una pausa de reposo.
En el camino.
             Dejamos este mundo de tuberías, chimeneas, vías... por el puente que cruza el río Saja, para tomar otras carreteras con un asfalto que echa humo.
            Va siendo hora de comer, en Camplengo tenemos esperanzas de encontrar algún garito que nos refresque el gaznate y... ¡nada!. Pues seguimos por una y otra carreteras hasta Santillana del Mar sin haber pisado ni un centímetro de tierra. Allí comeremos, bajo la sombra de un árbol de gran porte ubicado en un parking. Lo del gaznate, viene a continuación.
             Solo nos queda tomar posesión de nuestro alojamiento y, como de costumbre, descansar pues habrá que visitar esta bella villa.
Palacio de los Infantes.
                 Las empedradas calles de Santillana se encuentran muy concurridas, es lo que tienen estas ciudades tan atractivas.
             Callejeando, nos detenemos en uno de los establecimientos en el que probamos la quesada acompañada de un vaso de leche, leche de esa que sabe a leche, leche que revive en nuestras mentes aquellos tiempos en que los sabores no eran adulterados con fines comerciales.
              Nos acercamos hasta la Colegiata de Santa Juliana (S. XII) en la que se mezclan los estilos románico y gótico. Ya antes, en el siglo IX, existía un monasterio que daría paso a esta joya cántabra.
Ante la Colegiata de Santa Juliana.
Palacio de Velarde.
Ábsides de Santa Juliana.
En el lavadero.
                  En torno a la colegiata y su bello claustro, de finales del XII-principios del XIII, se desarrolló un núcleo de población que vivió épocas de gran esplendor económico, como evidencia la riqueza de las numerosas casonas y palacios que conforman esta villa.
                Nuestra cena coincide con la entrada de la DANA o "gota fría" que posteriormente se instalaría en el sudeste de la península ocasionando graves daños materiales y humanos. Aunque por aquí, por el Cantábrico va de paso, está jarreando a cántaros.
               Ya en las habitaciones, procedemos al recogimiento que esta revuelta noche requiere. Ya veremos mañana.
                 Buenas noches

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Día 10 de septiembre de 2019 (De Santillana del Mar a Comillas)
Santillana del Mar. En la parada del autobús.
             Como era de suponer, la DANA anda de lo más activo. ¿Decisión?: la más sabia, es decir, abortar la etapa.
         Nos acercamos a una pastelería a desayunar, dejamos el alojamiento y nos vamos a la parada del autobús que nos acercará a Comillas. No sé de donde han salido pero ¡por fin!, por fin vemos que no estamos solos que sí, que hay más caminantes, solo que hoy vamos todos juntos montados en el carro de hierro. En las sucesivas parada del trayecto van accedindo más peregrinos. No es cosa de pillar una pulmonía antes de llegar al final del "Camino", el santo no nos lo perdonaría.
               Llegados a Comillas, nos acercamos al hostal. Las habitaciones no están todavía disponibles, así que dejamos las mochilas y, ¡hale!, a dar un garbeo por la ciudad.
Comillas. Al fondo el palacio de los Duque de Almodovar.
                  Difícil resulta pasear por Comillas sin palpar la huella del Marqués Antonio López, hombre de buena bragueta y mejor ojo para los negocios, principalmente del transporte marítimo (de todo tipo).
                 El marqués, "jubilado y con buena pensión", se daba algunos garbeos por Comilla dejándose los cuartos contratando a arquitectos y artistas catalanes (de allí era su familia política), que además de engalanar el pueblo, pusieron el germen del modernismo catalán en la villa, a través de la construcción de edificios monumentales como el Palacio de Sobrellano, la Capilla-Panteón o la Universidad Pontificia.
Capilla-Panteón y Palacio de Sobrellano.
El Capricho.
            No son los únicos edificios, en 1883, Máximo Díaz de Quijano (cuya hermana era cuñada del marqués) encargó a Gaudí la ejecución de un chalet de veraneo junto al palacio de Sobrellano: El Capricho.
           Pero no solo de palacios y seminarios vive el hombre, paseando por las calles empedradas de Comillas y por sus plazuelas, descubrimos algunos rincones de la villa como el Corro de San Pedro; la plaza de la Constitución con el antiguo ayuntamiento y la iglesia de San Cristóbal, así como varias casas con una arquitectura de carácter popular; el palacio de los Duques de Almodovar; el Corro Capíos que a espaldas de la iglesia era un lugar de encuentro y ocio, que hoy alberga algunos restaurantes fáciles de conquistar. ¡Qué bien hemos comido!
Plaza de la Constitución.
Arquitectura popular.
           Afuera cae un buen chaparrón. Volvemos al hostal y la tarde la empleamos para seguir pateando la villa, subir al palacio de Sobrellano, pasar frente a la Fuente de los Tres Caños, echar un taco y...
              Buenas noches

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Día 11 de septiembre de 2019 (De Comillas a Villanueva de Colombres)
Hacia Asturias.
                Parece que ha escampado, el cielo, poco a poco, se va abriendo. Nosotros amanecemos con ganas de andar, un día de inesperado descanso nos ha dejado algo agarrotadas las tabas.
                   Arrancamos a caminar al mismo tiempo que el correo que se lleva nuestros equipajes, pasando por el centro de Comillas; a la salida de la ciudad que comienza a despertar, el Palacio de Sobrellano nos despide con todos los honores.
             Caminamos por un tranquilo carril bici-peatón cubierto de plátanos de paseo centenarios. A un kilómetro pasamos junto a Rubárcena, nombre que le viene de Río de la Bárcena por el terreno inundable que forma el recodo del río.
Esperando mejores tiempos.
           Atravesado el puente que salva la ría de la Rabia, entramos en el Parque Natural de Oyambre. En la ría, ahora con bajamar, descansan las barcas sobre el limo esperando que el agua vuelva a ponerlas a flote. En tierra, vacas y caballos pacen en la fresca y húmeda hierba que la lluvia regó.
              Son paisajes que, a quienes somos de tierras áridas, nos enamoran; son esos paisajes del alba casi otoñal, de campos verdes perlados, paisajes protagonistas de esa obra del tiempo, que el sol iluminará para engrandecer a los personajes de la tierra y del mar.
Protagonistas...
...del espectáculo...
...de la vida.
Junto al arroyo Banansa.
              Pronto llegamos a la iglesia de Santa María del Tejo (S. XIII). Al encontrarse cerrada, tan solo podemos apreciar su exterior con una espadaña con dos troneras y campanas rematadas con dos bolas y un pináculo central. Unos contrafuertes refuerzan el sustento del templo que se corona con un techo a dos aguas.
                El paisaje va cambiando, el asfalto va dando paso a caminos y senderos con densa vegetación que se acentúa al alcanzar las proximidades del arroyo Banansa del que se alimenta el campo de golf Santa Marina en cuyo interior se encuentra una capilla del siglo XVII.
San Vicente de la Barquera
                 Próximos a la población de La Revilla nos detenemos a descansar y darle caña al plátano, junto a la iglesia de San Pedro
             Pronto alcanzamos a divisar el Puente de la Maza, puente de 28 arcos que se construyó a finales del siglo XVI sobre otro de madera. El puente, que ahora cruzamos, es la antesala de San Vicente de la Barquera villa marinera por excelencia, una de las más bellas estampas de la costa cantábrica. En su ría, algunos pescadores aprovechan la bajamar para echar la caña.


Puente de La Maza.

Una de las puertas de la iglesia.
              Ascendemos por las empinadas calles de la "Puebla Vieja de San Vicente" para contemplar la iglesia  de Santa María de los Ángeles construida entre los siglos XIII y XVI que presume de tener cuatro puertas.
            Hoy, cerrada al público, cumple una buena función de balcón hacia la ría y hacia los Picos de Europa que, lástima, se esconden bajo las nubes.
          Descendiendo, pasamos junto al castillo y los restos de la muralla. Abajo, la oferta gastronómica parece atractiva, cosa que, poco después, estamos en condiciones de afirmar.
San Vicente de la Barquera y su castillo.
Muchos barqueros para tan poca barca.
Entrando en Asturias.
           Como nuestro alojamiento dista unos kilómetros de Colombres, cogemos un autobús hasta Unquera. Son los últimos metros del "Camino" por Cantabria, cosa que aprovechamos para adquirir unos sobaos pasiegos y una "corbatas" típicas del lugar.
Con las mochilas a tope, cruzamos el puente sobre el río Deva para adentrarnos en Asturias. No sé, pero tan solo caminar por una carretera vecinal de poco tráfico, a las orillas del caudaloso río, para acercarnos hasta la aldea de Vilde, se siente el paisaje con sabor asturiano, con olor a monte y mar, con la cercanía de unos caminos que, ahora sí, ahora son más atractivos de andar. Bueno, si exceptuamos la subida de un desnivel de 120 metros que nos llevan hasta nuestro destino, Villanueva de Colombres.
Verdes prados.
En la Quinta de Villanueva.
              Estamos en tierras de indianos y no podíamos descansar mejor ambientados que en la "Quinta de Villanueva", alojamiento alejado de cualquier aglomeración en el que Begoña y Paula consiguen que en cada rincón del hotel nos encontremos verdaderamente confortables. Incluso cenamos las viandas que nos han sobrado en una mesa del jardín, acompañadas por un concentrado de cebada que, caray, nos lo hemos ganado.
              Estamos en una edificación construida por el indiano  Joaquín Ibáñez Pría, que hizo fortuna en Méjico, mezcla de elegancia y bella presencia que, ya solo acceder por la escalinata, te transporta a aquellos años de abundancia forjada por los que marcharon a "hacer las Américas".
El lugar es de lo más idóneo para hacer una jornada de "pausa peregrina" y descubrir la huella indiana de Colombres. 
                    Pero eso será mañana, ahora toca echar la vista hacia el poniente, hacia donde el sol  agota su último paso escondiéndose tras las nubes que cubren los picos, hacia donde marcharemos al alba de pasado mañana siguiendo la luz del astro.
                     Buenas noches.
Ocaso.


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 Día 12 de septiembre de 2019 (Colombres "La Huella Indiana")
             Aunque hace un par de días la lluvia nos obligó a descansar, por razones de logística, hoy repetimos, hoy nos quedamos por estas tierras de Ribadedeva. Lo mismo que en Santander, lo de descanso es teórico, qué sí, que "nos va la marcha".
            Nos acercamos a Colombres con la intención de descubrir la huella de aquellas gentes que, muy jóvenes, hubieron de emigrar a países como México o Cuba huyendo del hambre y del servicio militar (esto me suena). Aunque algunos lograron triunfar y enriquecerse, la nostalgia creció en ellos soñando regresar y retirarse con las rentas en su patria. Esos sueños incluían construirse una confortable y lujosa residencia, principalmente en el concejo de Ribadeva.
           Colombres se vio favorecida por la entrada de grandes sumas de dinero con el que se construyeron escuelas, se arreglaron las calles, se llevó el agua, etc., transformando la pequeña aldea de Colombres en lo que es hoy: "La Huella Indiana".
             Vamos a visitar la práctica totalidad de esa casas llamativas, de arquitectura colorista y exótica, de las que dejo algunas fotografías:
Casa Roja: La densidad del arbolado impide fotografiar el conjunto de esta casa en la que se rodaron algunas escenas de la serie "La Señora". Eduardo Sánchez, que había hecho fortuna en Santiago de Cuba, decidió construir su casa en el barrio alto, llamado El Redondo, donde disfrutaba de una situación privilegiada. El resultado fue una elegante villa rodeada de jardín.
Casa de Piedra: Fue la propiedad de otro emigrante enriquecido, en este caso Pío Noriega, y está situada casi frente a la Casa Roja, acentuando el efecto visual de este barrio. Es un edificio de gran calidad, con un interesante proyecto que une elementos procedentes de la arquitectura montañesa, bien visibles en la torre con gran alero y arquería alta, con otros de distinto origen, como el cuerpo en chaflán. La torre, muy apreciada en esta etapa de los años veinte, viene a ser un símbolo de poder y un gran mirador hacia el paisaje.
Quinta Guadalupe: Recibió su nombre en honor de la esposa del “segundo conquistador de México”, como se hacía llamar el poderoso Iñigo Noriega Laso. Este imponente palacio fue mandado construir en 1906. se trata de una construcción escalonada en altura, con cuatro fachadas independientes y originariamente se llamó “El Elefante Blanco” por estar pintado de ese color. Con un gran patio en su interior y dos pisos de arquerías de madera policromada y de gusto árabe, fue en su momento el símbolo más claro de la riqueza y el poderío de D. Iñigo Noriega. En la actualidad es la Sede de la Fundación Archivo de Indianos y Museo de la Emigración.
Patio interior de la Quinta Guadalupe.
Ayuntamiento de Ribadedeva: El arquitecto santanderino Casimiro Pérez de la Riva, proyectó en 1895 la plaza y el edificio del Ayuntamiento a instancias del Conde de Ribadedeva, que hizo el encargo y costeó todos los gastos. La iniciativa tenía como fin, mejorar la localidad de Colombres que adquiría así un carácter más urbano y señorial.
La Casa de las Palmeras: Es obra del maestro Manuel Posada, fechándose en torno a 1.890. Desde fuera destaca su avenida de palmeras vislumbrándose al fondo la casa.

La Quinta: La Quinta Ibáñez fue proyectada por el maestro Manuel Posada Noriega. Es un gran palacete que se sitúa dentro de una extensa finca en el pueblo de Villanueva. Tiene una gran superficie construida y desarrollada en semisótano y tres plantas. El deseo de evidenciar lujo y riqueza, lo entendía su proyectista llenando las fachadas de trasuntos clásicos, barrocos o regionalistas. Cuatro columnas en la entrada principal sostienen una amplia galería de madera y sobre él una terraza con barandilla de hierro. En el interior se ve el importante desarrollo alcanzado por los pintores decorativos. La decoración es modernista, con guirnaldas florales, líneas látigo, puertas vidrieras etc. En la actualidad acoge el establecimiento hotelero en el que nos hemos alojado.
                  Es tan solo una muestra del patrimonio indiano que aquellas gentes dejaron, no solo en el concejo de Ribadedeva, sino en buena parte de la cornisa cantábrica.
                  Hasta mañana.

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                Aquí concluyo la segunda entrega de este caminar por un "Camino" que día a día nos depara sorpresas y buenos ratos. Solo nos quedan cuatro etapas, el buen tiempo nos va a acompañar permitiendo concluirlas con resultado positivo. Pero, tranquilos, descansemos un rato antes de acometer la recta final.
Continuará...

2 comentarios:

  1. José Luis, muchas gracias por el buen rato que he pasado acompañándoos por estas etapas del Camino. Yo me he cansado un poco menos que vosotros, por eso espero que hayas descansado y publiques cuanto antes la 3 entrega.

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  2. Maite, tu fiel compañera,siempre con el semblante sereno, no se aprecia el cansancio en su rostro.

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