viernes, 21 de junio de 2019

PUNTA DE BURRAMBALO (por las Tierras del Sobremonte)

Día 15 de junio de 2019
Mirando al Burrambalo.
           La primavera, arrullada por el tiempo, va cerrando los ojos, se duerme; nos acercamos al solsticio de verano. Hay que aprovechar los últimos frescores y disfrutar del bello rostro que este año lucen las montañas.
            Nos vamos a las Tierras del Sobremonte, tierras de extensos prados y bosques de pinos, tierras que albergan tres núcleos urbanos enmarcados en un paisaje pintoresco, aislado entre montañas, las unas de consumado poderío y las otras, algo más humildes como esta de Burrambalo en plena Sierra de Limes, ofreciéndose a esta veintena de mozos y mozas de Esbarre para ser encumbrada con el más grande de los ánimos.
Iglesia de Betés.
             Tras la consabida parada en el garito de Senegüé, con el santo fin de echarle combustible al cuerpo, un animado autobús encara la serpenteante carretera del Sobremonte, abriéndose paso entre la espesura del bosque. Abajo va quedando la Val de Biescas surcada por el río Gállego, río amado por unos y violado por otros, río que recoge las aguas del barranco de Aso, aquel que un día dijo: "mi camino es este".
           El vehículo nos descarga en Betés (1280 m.), pequeña aldea con algunas casas que conservan los tejados de losa de piedra; sobre ellas destaca la iglesia parroquial de Santa Bárbara. En origen fue un templo románico, del cual tan solo se conserva el ábside. Junto a este se eleva la pequeña torre del campanario, donde todavía podemos observar las aspilleras defensivas.
Primeros pasos entre la niebla.
            El cielo está nublado, lo que propicia que la temperatura sea ideal para encarar la subida que tenemos por delante.
          Desde el primer metro, el camino tira "p´arriba" cruelmente; una fuente, la del Oso, nos ve dejar las afueras de Betés y perdernos entre niebla, pinos y abetos. Perder, lo que se dice perder, no nos perdemos aunque un pequeño despiste nos lleva a retomar la "buena senda".
             Alcanzamos la Mallata de Betés (1820 m.) que, carente de ganado, nos acoge para el primer descanso. Aunque en alguna otra ocasión lo he explicado, aclaro que en aragonés mallata es un lugar en mitad del campo o de la montaña que sirve como refugio al ganado y los pastores en las noches que se dedican al pastoreo o la trashumancia, en zonas al aire libre (la traducción aproximada de mallata es “majada”). 
Mallata de Betés.

Entre flores.
Entre nubes.
             Echamos una mirada atrás. Con permiso de las nubes adivinamos la sierra de Icún; bajo nuestros pies, el camino recorrido hasta aquí se dibuja entre la verde vegetación.
             Pero toca mirar hacia arriba y abandonar los restos de la mallata, dejar esas piedras que nos podrían contar mil historias de los pastores que aquí se refugiaron, y seguir nuestro camino.
             La senda se esconde entre otras varias dibujadas por los rebaños, el desnivel que nos separa hasta alcanzar la Punta Facera (2036 m.), lo realizamos al más depurado estilo "sarrio". Un amplio cordal con valla eléctrica incorporada, nos sube (más todavía) a la cumbre de la jornada: la Punta Burrambalo (2146 m.). 
¡P´arriba!
Cordal hacia Punta Burrambalo.
           Aupados aquí arriba, toca respirar aire puro, echar al cuerpo algo sólido, apretar el cuero de alguna de las varias botas de vino y ¡abrir los ojos!. Las nubes van y vienen, tras ellas se esconde, como avergonzada, Peña Telera; pero el resto de la sierra de La Partacua nos muestra picos y hermosas paredes que emergen sobre barranco del Puerto. Como jugando a la "gallinita ciega", "ahora veo, ahora no veo, ahora...": Peña Oroel, Tozal de Guara, Oturia, Canciás, Tendeñera, Erata, Pelupín, Leta, Bacún, Punta Espata...

Sierra de La Partacua.
Peña Oroel.
A lo lejos, Guara.
En la cima del Burrambalo.
Descendiendo.
             Descendemos del atracón por el cordal que recorre las Peñas de Aso hasta las proximidades de  la Collada de Foyas Llacunas, ahora toca el "regalo del día"; es algo así como consumir esos puntos que te dan en tu tienda favorita para premiar tu fidelidad: como auténticas cabras perdemos altura por un prado cuya inclinación pone a prueba las tabas del personal "esbarrecabrío", el agarre del dibujo de las suelas de las botas y la resistencia de los bastones.
            Alcanzado el nacimiento del barranco de Aso, antesala del bosque de Sobradillo, la cosa se pone algo más amable al confluir en la GR.15.
Hacia el barranco de Aso.
         Finalmente el cielo se ha despejado, el sol comienza a calentar pero, afortunadamente, van apareciendo pinos que nos protegen de los rayos de nuestra amada estrella. 
        Algunas construcciones, muros y fajas agrícolas nos advierten de que ya estamos alcanzando nuestro punto final en el tranquilo pueblo de Aso que, junto con Betés y Yosa componen los tres núcleos del Sobremonte.
            Aunque Aso de Sobremonte ha crecido gracias a una urbanización, el pueblo posee  encanto. En el conjunto destaca la iglesia de San Juan Bautista edificada durante el siglo XVII construida de una sola nave sobre la que se eleva la torre del campanario, de tres cuerpos, rematada con un tejadillo a cuatro aguas.
Aso de Sobremonte.
              Pero, amigos, Aso tiene un Ayuntamiento que en una de sus estancias alberga un modesto bar cuyo regente posee la cantidad de treinta quintos de cervezas frías, a dividir entre una veintena de almas sedientas, lo que toca a...
      ––Todos al autobús, que arrancamos.
       El viaje de regreso al la Caesaraugusta es de lo más variopinto: diecinueve par de ojos mirando hacia los adentros de sus dueños y, hacia afuera, oídos amables atentos a la, siempre amena, conversación del más grande de los grandes.
        Hasta pronto


Datos técnicos:
Recorrido
Perfil:
11,5 Km.
Desnivel de ascenso, 930 m.
Desnivel de descenso, 936 m.

martes, 18 de junio de 2019

CAMINO DE SANTIAGO DEL NORTE O DE LA COSTA EN JUNIO

           Los que me conocéis, parafraseando la canción de Burning popularizada por Loquillo, os preguntaréis: ¿qué hace una gente como vosotros en un sitio como este?.
               Algunos amigos me comentaban –– JL ¿pero aún no has hecho el Camino de Santiago? –– habitualmente les contestaba, jocosamente –– ¡cuando sea mayor!––  Pues ya ha llegado la hora, lo reconozco, ya somos mayores (no es cosa nueva).
             Pues nada, Maite, María Ángeles, Alfredo y un servidor decidimos comenzar por el Camino de Santiago del Norte (Donejauke Bidea en euskera),  en el tramo que une San Sebastián y Bilbao, alejados de la parte espiritual; eso sí, caminando en pos de una experiencia nueva en la que, una vez concluida, descubrimos la gran diversidad de sentimientos que lleva a las gentes a darle al calcetín, caminito de Compostela.
         Aunque nuestro cuarteto ha caminado con una escasa carga espiritual, en algunos momentos la sensibilidad (esa sí que la llevamos en la mochila) se hacía notar al respirar ese aire puro que el Cantábrico, ese mar amable y cruel a la vez, nos regalaba en cada palmo de los más de cien kilómetros recorridos.
         Por senderos, pistas, carreras, bosques, bancales, subidas, bajadas, puentes, ríos, aldeas, ciudades... corre el camino. Camino que coquetea con playas, acantilados y pueblos del litoral; por él se respira a mar y a heno, por él suenan los cánticos de mil pájaros, en él se pintan multitud de colores, en él se comparten emociones con el viajero y, es en él, que la amistad con tus compañeros caminantes adquiere el más elevado de los niveles.
             No va a ser largo el relato, intentaré bañarlo con material fotográfico, pues son tantas las emociones, que solo de revivirlas se me aturrullan las ideas.
              Partiendo de Zaragoza, el tren nos acercó a San Sebastián (o Donostia, elíjase lo que más plazca), punto de partida para la primera de las etapas. En la capital donostiarra pudimos sentir en nuestras carnes el dulce placer de callejear por su Concha y Casco Viejo en pos de algún que otro "pintxo".
Preparados en Donostia.

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Día 3 de junio de 2019
Abajo queda Donostia.
            ¡Allá que vamos!. Así es, vamos camino de Zarauz comenzando con el ascenso del Monte Igueldo, esa colina que nos enseña sus dientes, pero pronto amansa la fiera cuando nos regala una bella panorámica de San Sebastián.
       Un primer y buen calentamiento para atravesar todo el cordal de Mendizorrot. Es el primer contacto con el bosque, con algunos ejemplares de ganado vacuno, equino, ovino; incluso alguien ha realizado un montaje en el que no falta ni la torre Eifel.
              Abundan densos bosques de abedules, castaños, robles, escaramujos, achicoria o margarita azul, hayas, pinos, etc.
              La calzada de Aganduru, de fuerte desnivel y piedra bien conservada, nos deja en las proximidades de la villa pesquera de Orio que atravesamos de norte a sur pasando por su iglesia de San Nicolás de Bari. Las empedradas calles de la población están desiertas, sus casas solariegas pugnan por conseguir el rincón más bello, marcado siempre entre serpenteantes cuestas
Orio.
Ermita Done Paulo.
            Cruzada la ría, pasamos frente a la ermita "Done Paulo" (san Pablo), aquí nace un sendero que nos lleva a ascender el último repecho al Talaimendi desde el que se ve una bella estampa de Zarauz y su larga playa. Más allá, asoma el "Ratón de Guetaria" pero de eso ya hablaremos en la próxima.
           Ahora toca ducha y paseo por una ciudad que, aunque ya la conocíamos, no deja de gustarnos.  
            ¡Ah!, no se nos ha olvidado tomarnos una caña en la orilla del mar con la vista mirando al horizonte, en un Cantábrico en el que los practicantes del surf andan en la ardua tarea de buscar la mejor de las olas.

Una selección
Los senderos del apóstol.
La yegua y el potrillo.
Debajo está la oveja.
Esta cara me recuerda a alguien. ¿Trump?.
Orio
Torre de Zarauz.
El Ratón de Guetaria.
Construcción popular.

Día 4 de junio de 2019
Mercado de Zarauz.
                   Hoy nos vamos camino de Deba, no sin antes pasar por su centro histórico para cargar las mochilas con algunas provisiones, lo que aprovechamos para echar un vistazo a la torre-iglesia de Santa María la Real, la torre Lucea, el mercado y el palacio de Narros que nos ve alejarnos de la Villa de Zarauz.
            En los primeros kilómetros, hasta Guetaria, hay dos opciones: una por la costa y otra por el interior. Como el interior ya lo conocemos decidimos respirar los aires del Cantábrico y llegar a la ciudad del "ratón" por el paseo que recorre la orilla del mar. De lejos divisamos la iglesia de San Salvador, pero Guetaria no aloja monumentos, que los hay muy dignos, aloja también historia de su ilustre navegante Juan Sebastián Elcano, aloja historia de la moda de su insigne Cristobal Balenciaga y, finalmente aloja el aroma del famoso "txacolí de Guetaria".
Puerto de Guetaria.
San Martín de Askizu.
          Dejamos la villa marinera por sus empinadas calles camino de Askizu, aldea de la que dicen es la madre de Guetaria; puede ser, su magnífica iglesia de San Martín lo atestigua, y las vistas sobre la desembocadura del río Urola te deja boquiabierto. Además, en este lugar, a los citados olores de mar y heno, se suma el de las viñas del txacolí, sus granos comienzan a brotar para formar esos jugosos racimos.
          Allá abajo nos recibe Zumaya que duerme a las orillas del Urola, la baja marea deja las barcas en tierra de nadie, ya vendrá la marea alta y las pondrá en su sitio. Bien en tierra, la parroquia de S. Pedro domina las alturas de la ciudad como queriendo aupar al santo en pos de las llaves que se debió olvidar en las puertas del garito celeste.
Vista de Zumaya.
Ermita de San Telmo.
Entre viejos robles.
          Abandonamos Zumaya contemplando la ermita de San Telmo, colgada sobre los acantilados del Cantábrico,  famosa, más que por su santo, por el rodaje de la película "Los ocho apellidos vascos".
            El camino, poco a poco va abandonando la ruta costera de los "flisch" de los que ya di cuenta en aquella ocasión, que terminamos en un bar, jarra en mano, de la aldea de Elorriaga.
          Buen sitio para comer pero en esta ocasión el garito se encuentra cerrado. No pasa nada, el porche de una peña, creo gastronómica, nos acoge y nos sirve unas cervezas para acompañar este bello momento del mediodía.
             El camino sube y baja por un bello recorrido que se adentra por la espesura del bosque cántabro, agradecido con el caminante y con la lluvia que lo riega, lluvia que comienza a caer a nuestra llegada a Itziar, población en la que pasaremos la noche.
Bajamar.
El Cantábrico.
Entre Zarauz y Guetaria.
Casa en Guetaria.
Plaza en Guetaria
Zumaya.
¿Peregrino?
En el camino.

Día 5 de junio de 2019
Por las calles de Markina Xemein.
              Dicen que la de hoy la denominan "etapa reina" pero la climatología debe de ser "republicana", pues jarrea con ganas y la previsión anuncia que "pa´rato". Como ya comentaba en la introducción, no somos caminantes puros, si acaso manamos impureza de espíritu,  así que cambiamos las zancas por ruedas (no somos los únicos) y nos trasladamos a Markina Xemein, bonita ciudad por la que, impermeabilizados, recorremos su casco de origen medieval.
          Entre su inmenso patrimonio encontramos joyas arquitectónicas e históricas como el Convento e Iglesia de la Merced, Santa María de la Asunción de Jeméin, el Conjunto monumental del Carmen y numerosos palacios, como el de Solartecua, o el Palacio de Mugartegui, el Palacio Andonaegi o el Palacio Patrokua o Villa Gaytán.
Casa palacio de Andoanegui, con escudo de Murga en la fachada.
Casa Satzu.
           Nuestro alojamiento, Casa Rural Satzu, se encuentra en las afueras y, por eso de gastar suela y lloviendo de lo lindo, decidimos alcanzar caminando, guiados por el amigo "Maps de Google". ¡Cagüen el google y la madre que lo parió!. Pues que acabamos en una casa cerrada a cal y canto, con el agua cayendo a cántaros, que nada tenía que ver con nuestro destino; eso sí, en el camino vimos los restos de una construcción invadida por la densa vegetación, que luego sabríamos que había sido casa de la Duquesa de Alba. "No problem", telefoneo a Miguel de la Satzu y nos viene a recoger y a regalarnos un montón de esfuerzo para que nos sintamos confortablemente en la casa.
              Por la tarde, el bueno de Miguel nos acerca a Markina para que no nos perdamos de ver la curiosa ermita de San Miguel de Arretxinaga construida en el siglo XVIII. Las tres grandes rocas que alberga en su interior son lo más llamativo de la ermita. Se sujetan entre sí, creando una especie de pequeña capilla. En el centro está la figura del Arcángel San Miguel. Las rocas tienen más de 40 millones de años. Según la leyenda popular: "los mozos que se quieran casar antes de un año deberán pasar tres veces por debajo de las rocas". No pasaremos entre las rocas, pero sí por un garito para echarnos al cuerpo unas birras en compañía de algunos otros caminantes.
Ante las rocas de la ermita.
               Miguel y su encantadora hija pequeña nos viene a recoger para regresarnos a su hermosa casa y tras la cena, pasar a... zzzzzzzzzzz
Pescadería.
Estos de la casa de la duquesa.
El número 13 de...

Día 6 de junio de 2019
         Si la etapa de ayer, abortada, era la reina, la de hoy es "consorte real", pues su distancia y desniveles la convierten en "palaciega", aunque algo amortiguada por Miguel que nos acerca a Iruzubieta para iniciar esta jornada que nos adentra en lugares cargados de alto simbolismo, máxime a nuestro paso por la villa de Cenarruza-Bolivar, pueblo ancestral del liberador venezolano cuya historia se recoge en muchos de los rincones de la villa y en su museo.    
           La iglesia de Santo Tomás preside una acogedora plaza que debemos abandonar, queda mucho tajo que cortar.
Santo Tomás
El camino sigue su curso.
             El camino discurre por un bonito y empinado sendero que, empedrado en algún tramo, nos acerca al monasterio de Zenarruza o Ziortza que, a los pies del monte Oiz, se asienta en un paraje idílico y callado donde unos pocos monjes cistercienses continúan, como desde antiguo, acogiendo peregrinos. 
           Visitado el interior de su iglesia y claustro abandonamos el monasterio por sendas sombrías e intrincadas descendiendo, en compañía de una pareja argentina, hasta Gerrikaitz y Munitibar, municipio, como tantos otros, heredero de las populares anteiglesias, en el que un bar y su sombrilla (hoy hace calor) nos acogen para darle caña a la mandíbula. La cerveza nos la sirve una mujer cubana con la que intercambiamos alguna charrada de Santiago (la de Cuba) recordando los días pasados por aquella isla.
En el claustro del monasterio Zenarruza
El monasterio.
Punte Artzubi.
          Tras este merecido descanso, proseguimos la marcha hacia los municipios de Aldaka (con su ermita de Santiago), Mendata y Arratzu. Aquí, en los verdes rincones de la Reserva Natural de Urdaibai, emergen ermitas, torres,  ferrerías, calzadas ocultas del medievo y robledales milenarios que hacen olvidar por momentos las densas repoblaciones de pino.      
               Remontando por Marmiz y la falda del Burgonana comienza el descenso hasta la portentosa iglesia neoclásica de Ajangiz y alcanzar la villa de Gernika-Lumo, inmortalizada gracias a Picasso.          
Casa de Juntas.
Escultura de Chillida.
           Guernica fue devastada completamente por el bombardeo que inspiró al pintor malagueño en el que muchos civiles perdieron sus vidas. Visitamos los dos símbolos más importantes de la ciudad,  la Casa de Juntas y el Árbol de Guernica, monumentos que sobrevivieron al bombardeo nazi-fascista que apoyó al dictador Franco. 
             La iglesia de Santa María se encuentra cerrada, tras echar un vistazo a su imponente exterior nos acercamos a dar un paseo por el Parque de los Pueblos de Europa en el que se erigen las esculturas de Eduardo Chillida y Henry Moore.
            Caña, cena y "a ñoñón" que mañana hay que madrugar.

Una selección
Ferrería de Olazarra.
Caminata primaveral.
Posando en Iruzubieta.
Verde paisaje vasco.
Quedan las gallinas.
La digitalis adorna los caminos.
Iglesia de Ajangiz
Ayuntamiento de Guernica.

Día 7 de junio de 2019
Ermita de Santa Lucía.
           Tras visitar un panadería y un supermercado abandonamos Guernika ante la presencia de la ermita de Santa Lucía para, por una pista,  salvar un desnivel de 260 metros en pos de Gerekiz y echar un vistazo a la ermita de San Esteban. En esta ermita juradera se han hallado los restos más antiguos del municipio: tres lápidas funerarias de época tardo-romana, que son uno de los escasos vestigios que certifican la presencia romana en tierras vizcaínas. Las lápidas originales se encuentran en el Museo Diocesano de Bilbao, sus réplicas están colocadas en un muro de la renovada ermita.
Replica de lapida romana.
Por aquí se debió perder el santo.
¿O aquí?
Ayuntamiento de Larrabetzu.
             Poco a poco, el camino va descendiendo hasta alcanzar un pista asfaltada que, a la sombra de grandes robles, nos desciende hasta el valle de Asúa en el que se asienta Goikoelexalde con su iglesia de San Emeterio y San Celedonio, así como unas mesas y bancos de piedra que se metamorfosean  en improvisado restaurante de cuatro plazas.
              En Goikoelexalde no encontramos bar pero, poco más adelante, en Larrabetzu, la oferta es increíble. En una de sus plazas, en la que reconocemos a algunos caminantes, calmamos nuestra sed, visitamos el exterior de la iglesia de Santa María y cargamos las pilas para el último tramo que discurre por carretera hasta Lezama. Nos alojamos en la Casa Madarian, ubicada en las afueras de la ciudad y regentada por la amable Ibone.
Iglesia de Santa María en Lezama.
          Tras el aseo nos acercamos al centro en donde cenaremos, aunque antes visitamos la iglesia de Santa María que esta sí, esta la vamos a ver en su interior ya que una amable señora, portadora de las llaves, nos abre y nos introducimos en el interior del templo construido en el siglo XVI. Cuenta la improvisada guía que desde entonces ha sufrido varias remodelaciones. En su interior encontramos bóvedas, cinco altares y un hermoso atrio corrido, originalmente utilizado como lugar de enterramiento. Los estilos gótico y barroco son los que identifican la arquitectura del templo. Dentro del pórtico se encuentra la Mesa de la anteiglesia, cuya antigua función era la de espacio de reunión de la comunidad municipal. El interior se divide en tres naves y a sus pies destaca el coro en alto sobre arco carpanel. La capilla mayor completa plenamente su imagen con la presencia de un retablo barroco.
                  Tras la cena, vuelta a la casa de Ibone para dejarnos arrullar en los brazos de Morfeo.


Una selección
n familia.
Mirando al cielo.
Goikoelexalde 
Santa María de Lezama (interior)
Mesa de la anteiglesia de Lezama.

Día 8 de junio de 2019
En la Casa Madarian, preparados para la última.
              Estamos en pleno "Gran Bilbao", poco a poco las sendas se van tornando en pistas y estas en carreteras y estas en calles, en plazas, en ría; pero no corramos que, aunque la etapa de hoy es más corta, aún no hemos llegado.
              Nos despedimos de Ibone y tomamos la carretera de Asua a Erletxeque que no por ser carretera la voy a ignorar, pues en sus primeros metros alberga la ermita humilladero de Santa Cruz (El Cristo) de pequeñas dimensiones pero de larga historia pues aquí ya existían un hospital y un beatería. Tuvo como principal función la humillación de los forasteros ante la cruz.
Ermita humilladero de Santa Cruz.
Iglesia de San Martín en Zamudio
         Pronto alcanzamos otra ciudad, Zamudio, punto en que abandonaremos la carretera, no sin antes visitar el exterior de la Iglesia de San Martín y la Torre Zamudio. De la primera diré que se trata de un antiguo templo fundado en la Alta Edad Media. Sufrió numerosas modificaciones hasta su reconstrucción en la segunda mitad del siglo XVII, con un marcado estilo renacentista.
          La Torre de Zamudio situada junto a la iglesia, está construida en piedra de sillería en el siglo XV. Fue propiedad de los marqueses de Malpica, patronos de la iglesia de San Martín. Sustituyó una anterior, destruida por los Butrón durante las luchas de banderizos. Una puerta de medio punto asoma al patín, que ocupa toda la parte baja de la fachada este. Encima del patín hay un escudo. En la fachada de mediodía hay otra puerta de medio punto. Aspileras, ventanas antiguas y modernas y troneras ocupan las diferentes fachadas.
Torre de Zamudio.
Hacia el Monte Avril.
           Abandonamos Zamudio para atacar el último de los obstáculos, el Monte Avril, cuyo punto más alto lo alcanzamos tras superar más de 300 metros de agradable subida por una pista sombreada por altos eucaliptos, algunos pinos y fuertes robles. De vez en cuando echo la vista atrás, para divisar el paisaje que nos enseña una panorámica más humanizada: aeropuerto, antiguo seminario de Derio convertido en complejo empresarial, etc.
              Coronamos el Monte Avril encontrándonos con algunos otros caminantes con los que hemos ido coincidiendo. En la otra vertiente, la que hemos de bajar, se aprecian algunos edificios de ese Bilbao que en las últimas décadas ha sufrido una gran transformación.
Ya se adivina Bilbao.
           Esta modesta cima (382 m.) recibe su denominación tradicional del general Jean-Jacques Avril, gobernador de Bizkaia durante la ocupación francesa. Hoy es un lugar de esparcimiento plagado de multitud de rutas senderistas.
              Este es un buen lugar para realizar un breve pero gratificante descanso, charlando con el resto de mochileros.
              El descenso lo realizamos tranquilamente, abajo divisamos la titánica silueta del museo Guggenheim y, ya en las calles de la capital vizcaína, alcanzamos la basílica de Begoña. En el interior se celebra una boda por lo que, simplemente nos asomamos.
El museo Guggenheim desde el Monte Avril (zoom)
Esto se acaba.
              El camino nos introduce en el casco viejo de Bilbao, ese corazón de la ciudad, ahora abarrotado de gente entre la que nos introducimos algunos mochileros para alcanzar la ría del Nervión, cruzar el puente del Arenal y alcanzar nuestro "refugio" para asearnos y salir a palpar el ambiente y brindar, birra en mano, por la conclusión de esta nuestra primera experiencia que ¡habrá que darle continuidad!. La comida responde a los méritos adquiridos por estos "impuros caminantes de limpia credencial" del denominado "Camino de Santiago del Norte o de la Costa".

         Nos quedaremos tres días más en Bilbao para empacharnos de la oferta que nos brinda la ciudad, pero esto es otra historia.
              Hasta pronto
Una selección
Seminario de Deusto.
En la sombra.
Basílica de Begoña
Basílica de Begoña (interior)
Teatro Arriaga.
El Nervión.
Hacia el Casco Viejo de Bilbao.