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lunes, 24 de agosto de 2015

ALPES - TOUR DEL MONTE ROSA (III)

Día 11 de Agosto de 2015
El Monte Rosa.
  ¡Fuera legañas!, estamos recogiendo el dormitorio, hay que dejarlo como lo encontramos.
      Abro la puerta, salgo al exterior y ¡milagro!, ¡ha escampado!. Ni una nube en el cielo y por fin, "ahí está". Por mucho que digan las wikipedias del mundo, se muestra rosa como una flor, imponente como un castillo, mágico como "la madonna", sí, ahí está el Monte Rosa, con sus Puntas Giordani, Parrot, Gnifetti... Todo un espectáculo que hasta ahora, no habíamos podido contemplar.
Monte Rosa desde el refugio Pastore.
Luis C., J. Antonio y Lola con el Rosa a sus pies.
      Nuestras cámaras disparan una y otra vez, teníamos hambre de Monte Rosa.
    Y hambre es lo que tenemos ahora, así que pasamos a desayunar con la buena gana que caracteriza a estos "estalentaos". Tengo que apuntar que el desayuno que nos sirven, está a la altura que merecemos, o sea, "de c...".
     Y tras desayunar, dejamos los pesados petates en el elevador (ahora ejercerá de descendedor). Cargamos las mochilas en nuestras espaldas y comenzamos a descender en dirección al puente de S. Antonio, allí nos encontraremos con Dani y la "frago".
Hacia el puente de S. Antonio.
    El sendero desciende fuertemente hacia el cauce del río Sesia, cuyas aguas las ha parido el glaciar bajo el que hemos dormido. Sus aguas bajan con fuerza, liman con paciencia la fuerte roca que sustenta esta gran montaña.
     Pasamos por alguna pequeña construcción pastoril, el alerce nos proporciona una sombra que a estas horas no necesitamos, pues la mañana ha salido fresca.
      Allá abajo se ve el puente al que no tardamos en llegar, al mismo tiempo lo hace Dani. Este chico, me parece que, al paso por Suiza, se le ha pegado eso de la puntualidad de los relojes helvéticos.
      Montamos en el vehículo para un pequeño transfer hasta Alagna, lugar en que comenzaremos la etapa con más desnivel del trekking, ¡ya veremos!.
¡Como pica p´arriba!
      Antes de comenzar a andar, nos detenemos en una tienda a comprar pan, plátanos y chocolate, el resto lo llevamos en las mochilas.
     Nada más comenzar a caminar, ya se adivina lo que nos toca: la senda zigzaguea una y cien veces por un bosque de alerces y hayas.
   Así y como el que no quiere, bajo una agradable sombra, nos hemos cepillado unos quinientos metros de desnivel.
       En la cota 1660, desaparecen los árboles, dando paso a una extensa pradera en la que el ganado vacuno pasta a sus anchas.

Follu.
    En pleno Valle de Otro, estamos alcanzando una zona que la llaman "de los cinco pueblos", en realidad tan solo son unas aldeas de construcción tradicional, las viviendas disponen de una zona protegida por unos listones de madera, como si fuera una galería, para guardar el maíz y la paja.
     La primera que alcanzamos es Follu y, como en el resto de aldeas, una fuente nos ofrece su chorro de agua para calmad la sed.
Vivienda tradicional.
    La parada es rápida, hoy no nos podemos "dormir en los laureles".
    Uno tras otro: Follu, Dorf, Scarpia, Weng y Pianmisura, los atravesamos con comodidad, aquí el camino se comporta con el cariño que merecemos. En el último de los pueblos, una familia acompaña a una anciana que a mí, me gustaría saber como llega hasta aquí, si lo hace por el mismo camino que nosotros, ¡yo dimito!, hasta aquí no llega ninguna pista transitable con vehículo.
    Mi ignorancia me lleva a proseguir y no dimitir, así que los siete continuamos dándole al calcetín. Frente a nosotros vemos la pared que tenemos que subir para llegar al primero de los collados.
Valle de Otro.
    Pero lo mejor es no mirar hacia arriba, atrás van quedando aldeas, vacas, valles, metros y metros de desnivel que ya hemos superado.
    Algunas flores cubren el pastizal por el que caminamos, los arroyos nos proporcionan agua fresca, hoy hace calor y sudamos de lo lindo. Poco a poco, palmo a palmo, estamos ganando altura y ya se adivina el collado pero, como siempre ocurre, ¡el collado está más allá!.
    Un último trago y ¡aúpa!, ya estamos en el collado, cuyas vistas son increíbles.
   En realidad no es un collado puro y duro, el de la jornada está por llegar.
Clase de geografía.
    Benito nos indica, con todo detalle, el collado que ayer hubiéramos superado, el de Turlo, de no ser por la lluvia.
     Delante de nosotros, al norte, el Valle D´Olen, atravesado por un moderno teleférico.
    Y 1240 m. más abajo, el punto donde hemos arrancado: Alagna.       Aún nos queda tajo, así que tras tomarnos el plátano, algún fruto seco y una porción de chocolate, retomamos la marcha que, en principio, desciende unos pocos metros por una ladera, algo descarnada en algún punto, que pasamos con cuidado. A la derecha tenemos un buen patio que no debemos medir, ¡digo yo!.
Por la senda, abajo el patio del valle D´Olen.
Collado en el que hemos descansado.
A por la última cuesta.
    El próximo objetivo no está lejos, pero, ¡leches!, la naturaleza lo ha colocado bastante arriba, así que, nada, a mover las garras se ha dicho y, dale que te dale, poco a poco vamos superando la cuesta, no sin sudar lo nuestro. Que caray, para eso hemos venido y con cara de chicos buenos y cuerpo jotero, llegamos al Collado D´Olen (2887 m.). En el terreno predomina un tipo de roca muy vistoso, la andesita, de origen volcánico.
   En los últimos metros, he descargado a Maite de su mochila y a mi paso, he llegado antes que el resto, lo que me permite recibirlos con el cariño que se merecen.
Andesita
       Aquí nos detenemos un rato, no mucho pero el paisaje bien vale la pena.
     Delante de nosotros se encuentra el valle de Lis. Como diría Benito, "el valle se encuentra bastante cargado de hierro", que es como lo describe cuando hay estaciones de esquí con sus postes, cañones, remontes, etc.
     No nos podemos detener mucho, tenemos que utilizar algunos de "esos hierros" y el horario de cierre no es muy tardío.
        Así que nos dejamos caer por una senda para desembocar en una pista en obras y acceder al funicular que se encuentra junto al lago Gabiet (2400 m.). Como andamos justos de tiempo, lo utilizamos para bajar hasta Staffal (1800 m.).
Junto al albergo de Sittel.
       Con las prisas, todavía no hemos descargado la metralla comestible en la mochila, así que nos sentamos en una terraza, sacamos la comida y pedimos unas buenas jarras de cerveza, que hoy sí, hoy nos las hemos ganado (brindamos).
         Un nuevo teleférico (este sí estaba programado) nos quita unos cuantos metros, que no todos, de subida hasta el albergo de hoy, el de Sittel (2297 m.).
        En su exterior, una especie de menhir sirve de plató para fotografiarnos con el Monte Rosa de fondo.
       Por tratarse de un "albergo", también de invierno, sus instalaciones son de calidad, incluso nos ofrecen utilizar un jacuzzi, ¡para jacuzzis estamos!. Una buena ducha, una charrada en la cafetería, grandes cristaleras nos dejan ver y contemplar desde la mesa, el impresionante macizo que nos ha traído hasta aquí. A Luis Lasala, le recuerda (guardando las distancias) a aquel hotelito de Baguerge en el valle de Arán: -desde un parecido mirador, se observan las Madaletas.
Cenamos algo más tarde que en los refugios y, sin tardar, nos vamos retirando a nuestros nidos: Maite y yo, le cedemos a J. Antonio "la turca".
Zzzzzzzzzzzzz.
Ha sido una etapa dura por sus desniveles, pero el tiempo, en esta ocasión, se ha aliado con nosotros y el buen rollo, persiste en las entrañas del grupo.
Haz clic aquí y verás el resto de fotos de esta jornada.
El track para GPS, está haciendo clic aquí.
Datos técnicos:
Recorridos

Perfil (incluidos, descenso de Re. Pastore a Puente de S. Antonio y ascenso desde teleférico a Sittel):
Distancia, 14,2 Km.
Desnivel positivo: 1993 m.
Desnivel negativo: 801 m.

Día 12 de Agosto de 2015 
Primeros pasos.
    Bueno amigo, ya teníamos todos ganas de disfrutar de una etapa "normal", de esas que te las tomas con tranquilidad, parando de vez en cuando a disfrutar del paisaje en toda su magnitud y, de paso, recuperar algo de la energía que estos últimos días hemos gastado.
     Para empezar, nos levantamos una hora más tarde que la mayoría de jornadas. Desayunamos tranquilamente, disfrutando de los sabores de los productos alpinos. Incluso, Maite y yo, tenemos tiempo de adquirir un par de camisetas para nuestros nietos Noah y Yaiza. Vamos, que así se apunta cualquiera, pero no creo que esto dure mucho.
Abajo, refugio Sitte. Arriba el Monte Rosa.
     Si bien la ruta normal del tour, para el día de hoy, transita por el collado de Bettaforca, por eso de evitar "los hierros", nosotros lo hacemos algo más al sur, concretamente por el collado de Rothorn, algo más alto pero mucho más tranquilo.
     Algunas nubes se agarran al Monte Rosa, lo que no impide echarle un tempranero vistazo.
    Ascendemos suavemente por una senda bien marcada, abajo va quedando el refugio y el valle de Gresoney. Sttafal ya queda fuera de nuestra vista,
      Lo que sí vamos viendo, conforme ganamos altura, es el collado D´Olen, que superamos ayer.
Reflejados.
     De vez en cuando, debemos ascender alguna rampa pero nada importante, como he dicho, es un tranquilo día.
      En algún momento, el prado se torna en piedra pero no es ningún problema, el tour está perfectamente cuidado en su trazado e indicaciones.
    Un par de pequeños lagos, son la antesala para, cuarenta metros más arriba, coronar el collado Rothorn  (2689 m.).
       Aquí nos detenemos a ¿descansar?, echar un trago de agua y contemplar el paisaje. Unas banderas de oración tibetanas, nos trasladan por un momento a otras latitudes.
En el collado Rothorn.
Descenso.
   Al Este, hemos dejado el valle de Lis, delante de nosotros, al Oeste, aparece un nuevo valle, el D´Ayas, pero aún queda descender y la bajada es más larga que lo caminado hasta aquí.
     En principio, descendemos por unas bien colocadas piedras, pronto tomaremos una senda que transita por amable prado.
     Comenzamos a ver más gente, la mayoría da la impresión de que, aprovechando la bondad climatológica, han subido en uno de los múltiples teleféricos, a pasar un día apacible. El entorno lo acompaña, máxime cuando llegamos al lago Ciarcierio (2370 m.), que se encuentra bastante concurrido.
Lago Ciarcierio
Flores entre las flores.
     Nos parece un buen sitio para comer: buen paisaje, grandes montañas y glaciares, limpias aguas...pero, alguien ha visto un cartel que anuncia "Restaurante La Mandría a 15 minuti".
      No es que vayamos a comer de menú ni a la carta pero el calor que hace, parece pedir algo de zumo de cebada. Tampoco es que estemos enganchados a la cerveza, pero fuentes consultadas en el ámbito de la medicina deportiva, ¡la aconsejan!, eso sí, tras el esfuerzo y con moderación (hoy, ni esfuerzo ni moderación). Como no consumimos ningún sólido, nos la sirven en el exterior de La Mandría.

Maite, en el balcón del refugio Franchey.
     Aunque nos queda poco camino, reemprendemos la marcha, poco a poco, el bosque (de alerces) nos va protegiendo del agresivo sol.
        Y allí, en medio del bosque, divisamos unas casas de madera, una de ellas es nuestro refugio: el Franchey (2066 m) que lo regenta Mateo, un zagal muy amable. Su ubicación permite disfrutar de unas vistas panorámicas sobre el valle D´Ayas.
     Tomamos posesión de las literas correspondientes, nos damos una ducha (la necesitamos), nos asomamos al balcón del refugio para disfrutar de las vistas, una pequeña siesta y, a las cuatro de la tarde, "con la fresca", cogemos arneses y crampones y nos vamos a un prado, bajo la sombra de un árbol (como no, alerce).
Sugerente posición.
   Mañana habrá que empezar a usar "los pinchos" y procedemos a ajustarlos y, de paso, a realizar sugerentes pasos y posturas, siempre dirigidos por el director de la orquesta: el maestro Benito. Con los arneses, interpretamos una nueva sinfonía: "la sujetata di santocorpore".
      Fuera de bromas, Benito insiste, principalmente, en la seguridad pues en el hielo todo es previsible hasta que deja de serlo.
      Con la lección medio aprendida, volvemos al refugio, recogemos los trastos y bajamos al comedor a probar la calidad de la cerveza del establecimiento: "estuvo bien".
      En un rincón, algo me llama, acudo hacia ella y acaricio su cuerpo, estudio su templanza y comienzo a tocarla... La guitarra está perfectamente afinada y pronto se unen las "voces cantoras de los Alpes". No queda nada mal, pues el poco público que asiste en la mesa de al lado, queda prendado, bueno, se ve que no son muy entendidos, musicalmente hablando.
       Al concierto le sigue la cena y no tardamos en subir al dormitorio, mañana volveremos a sentir en nuestras carnes, la dureza  y gratitud de la montaña.
Buenas noches.


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El track para GPS, está aquí.
Datos técnicos:
Recorrido.

Perfil de la etapa:
Distancia: 7,5 Km.
Desnivel positivo: 567 m.
Desnivel negativo: 715 m.
Continuará.

jueves, 20 de agosto de 2015

ALPES - TOUR DEL MONTE ROSA (II)

Día 9 de Agosto de 2015
Preparativos en "la fragoneta".
     El desayuno en Saas Fee, es tan impresionante como lo es la población que vamos a abandonar.
Trasladamos el equipaje hasta la "frago", que Dani acerca hasta el punto más cercano del parking que se encuentra fuera de la ciudad.
     Nos vamos a trasladar hasta el embalse de Mattmark, lugar de inicio de la etapa de hoy.
   La carretera pasa por la población de Saas Almagell. Este pueblo ha conservado su idiosincrasia a lo largo de los años: viejos graneros, un apacible silencio, rincones idílicos, un pequeño lago. Ningún alboroto, pocas prisas, mucho tiempo, gente entrañable.
En el embalse de Mattmark.
     Unas fuertes curvas que Dani ataca con gran maestría, nos dejan en la presa del embalse Mattmark (2200 m.).
     El cielo está cerrado, comienza a llover, hay que taparse, sacamos las prendas impermeables.
    Recorremos de cabo a rabo, la orilla oriental del embalse, por un agradable y suave camino que es usado por varios ciclistas de BMT que rodean por completo la orilla.
    Algunos ejemplares de negras vacas pastan por la zona, se trata de la raza Hérens y, aquí me detengo:  Esta vaca robusta tiene la particularidad de ser un luchador natural a fin de establecer la jerarquía dentro del rebaño. En este valle, Valais, se organizan varios festejos entre los que destaca la "lucha de vacas".
Reina Pelea.
     Estos combates tienen lugar sin ningún tipo de provocación. En primavera, cuando los animales son liberados de sus graneros de invierno y durante el viaje hasta los pastos alpinos, se desafían entre sí para ver quién será su líder. Esta lucha entre vacas es un evento tradicional suizo. Y a diferencia de la corrida de toros como en España, en donde los humanos se enfrentan a estos animales, en Valais, las vacas luchan entre ellas.
       Cabe anotar que estas peleas de vacas es conocida como los “combates de reinas” (“reina pelea”), que comenzó en la década de 1920 y logra reunir a 60.000 espectadores en cada temporada. La ganadora se llama La Reine des Reines y aumenta considerablemente su valor.
Por el embalse
    Prosigo, a lo nuestro: Poco a poco, la lluvia va arreciando, me da la sensación de que va a ser una jornada pasada por agua.
     Así es, superado el recorrido del embalse, cuando vamos a tomar la senda que nos ascenderá al paso de Monte Moro, cae tanta agua que nos acercamos a una cabaña de pastor que aunque cerrada, un alero de ella, nos protege del chaparrón. Antes hemos visto como el pastor cerraba las puertas y hacía mutis por el foro con un todoterreno (creo que no cayó al embalse)
      Poco a poco, van llegando más montañeros al improvisado refugio. Afloja por un momento, cosa que aprovechan la mayoría para abortar la marcha, solo quedamos nosotros y una pareja de franceses.
¿Parará?
     Se trata de una señora de edad, algo mayor que nosotros (que ya es decir) que junto con un joven, se han dado la vuelta por no poder atravesar las aguas de un crecido barranco que hay que atravesar.
   Entre nube y nube, seiscientos metros más arriba, observamos el paso de Monte Moro con su enorme "Madonna" esperando que vayamos a visitarla.
      Se abre una ventana, decidimos tirar "p´arriba", las vacas que hasta ahora han permanecido quietas y con el cuerpo apuntando hacia Saas, nos miran con extrañeza como queriendo decir -¡ande van estos!.

Senda acuática..
   Y qué razón tienen estos animales, conforme vamos ganando metros, la lluvia arrecia, ¿que digo yo?: ¡jarrea a mares!. Se escuchan truenos, recogemos los bastones y apagamos los móviles, guardamos, prudencialmente, unos metros entre uno y otro. La pareja de franceses, se han unido a nosotros y cuando llegamos al barranco que les ha echado para atrás, ponen una extraña cara: uno a uno, con Benito haciendo de puente y con el agua hasta la rodilla, vamos salvando el primer obstáculo de la ascensión.
    Deja de tronar, que no de jarrear, sacamos un bastón, la senda, por cierto muy bien trabajada, es un auténtico río.
Ducha natural.
     Vamos por una rocosa pared, de sus alturas, la lluvia y el glaciar, sueltan verdaderas cascadas y, algunas de ellas sobre nuestro camino. A estas alturas no es cosa de retroceder, seguro que el barranco que hemos cruzado, habrá aumentado su caudal, así que "todos callados", testa baja y con resignación, procedemos a ducharnos un par de veces, la segunda cae con tanta fuerza que casi nos dobla. ¡Hay quien paga por una sesión de estas en un balneario!.
     A cada paso, en el interior de las botas, se escucha el típico ¡chash, chash! de inundación podo-acuática.
Madonna.
   Poco a poco, la lluvia va tornando en niebla y viento, hemos ascendido bastante y se nota.          Miramos hacia arriba y, entre nubes, aparece y desaparece como si fuera milagrosa, la Madonna que corona el paso de Monte Moro (2846 m.).
     Más calados que un besugo, con un viento que" tira p´atras" y con ganas de hacerlo, llegamos a los pies de la santa, una dorada imagen de más de dos metros, alzada en un pedestal de piedra.
     La visibilidad es casi nula, sabemos que estamos rodeados de grandes montañas y glaciares pero nada, no se ve ni un...
     Ya a sus pies, nos hacemos un rápido retrato, la climatología no invita a grandes adoraciones.
A los pies de la Madonna.
¡P´abajo!
   Iniciamos el descenso hacia Macugnaga, 1500 m. más abajo, pero ya las hemos pasado suficientemente canutas, así que nos acercamos hasta un funicular que hay unos cien metros más abajo.
     En el transporte viajamos solos, no hay ni un alma por aquí. En pocos minutos, sin mojarnos, y sin dolor de piernas, nos presentamos en Macugnaga, población que se encuentra a los pies de la punta Dufour que con sus 4638 m., corona el Monte Rosa. Es una imagen que nos sorprendería sino fuera porque las nubes lo tapan todo.
    Dani, siempre puntual, con la "fragoneta" nos recoge para trasladarnos a un pequeño y encantador hotel.
       Como no ha habido posibilidad de comer y todavía estamos en esa bendita hora en que uno siente un gran vacío dentro de sí, nos reunimos en una de las habitaciones para proceder a dicha obligación humana.
Lola y Maite en Macugnaga.
     Una vez terminada la función gastronómica y descansados, nos damos una vuelta por la población para conocer, una vez más, la belleza de estas poblaciones alpinas y realizar algunas compras para familia, amigos, así como para la despensa, ya hemos entrado en Italia y se nota en los precios.
   En particular, la ciudad es famosa por estar delante de la cara este del macizo del Monte Rosa, la pared más alta de los Alpes. Este muro, de 2.600 metros de alto y 4 km de ancho, es un verdadero monumento de la historia del alpinismo y es apodado "El Rostro del Himalaya de los Alpes".
Así vimos la Punta Dufour desde Macugnaga.
Así lo hubiéramos visto, de no llover, desde el paso de Monte Moro.
      Otra vez será, afortunadamente la montaña siempre está allí, pero hay que seguir. En la vuelta hacia el hotel, realizamos un "alto en el camino", para certificar que la cerveza en Italia, está tan apetecible como en Suiza.
       La cena que nos sirven es como para chuparse los dedos y como la noche no acompaña, cada cual nos refugiamos en nuestra habitación (también tendedor) y tras llenar las botas de periódicos, con el fin de que absorban la humedad, nos retiramos a dormir.
        La jornada de hoy, nos ha puesto a prueba, no lo sé, pero me da que Benito cuando vuelva a casa, le va a poner una vela a la "Madonna de Sallent" en agradecimiento a que hemos terminado todos con salud.
Buenas noches
Datos técnicos:
Recorrido
Perfil: Distancia, 9 Km. Desniveles, positivo= 788 m. - negativo= 129 m.

Día 10 de Agosto de 2015
El hotel.
   Lo primero que hago, al levantarme de la cama, es asomarme a la ventana y... ¡llueve!. Las predicciones son de agua para todo el día y la etapa de hoy es seria, son cerca de 1550 m. de desnivel positivo y casi otros tantos de negativo, pasando por el collado de Turlo (2738 m.), además se ve que ha nevado no muy arriba.
   Mientras pensamos, nos arreamos un copioso y gustoso desayuno en el comedor del hotel y nada, Benito nos propone acudir al destino con la "fragoneta". Gustosamente ¡aceptamos!.
       Así que cargamos el vehículo con todo el equipaje, la señora del hotel sale a despedirnos, son todo amabilidad y aunque no suelo hacer propaganda, diré que si volvemos a Macugnaga en otra ocasión, nos alojaremos en el Hotel Signal.
El agua fluye por mil y un sitios.
    Lo que serían unos pocos kilómetros por la montaña, se convierte en más de 120 Km. por carretera, o sea un buen "tute de turismo de culo sentado", incluso llegamos a pasar por el lago D´Orta y a escasa distancia del Maggiore, frontera entre el Piamonte y Lombardía.
     Tras dos horas y media, por una bonita carretera, llegamos a las puertas del Parque Natural Alta Val Sesia, el más alto de Europa ya que el área protegida incluye parte del Monte Rosa, que a 4.559 m de altura presenta la Punta Gnifetti, en la que en el año 1893 se erigió el refugio Campanna Margherita (4554 m.).
Caldera en el Parque Alta Val Sesia
   Aún hoy, este refugio alpino representa el avance humano a mayor altura del continente, y lleva también a cabo funciones de estación meteorológica y de centro de investigación sobre los efectos de las altas cotas en el cuerpo humano. El glaciar del Monte Rosa, que durante miles de años viene excavando profundamente la roca, ha dado origen a una serie de características formaciones llamadas "Las calderas del Sesia".
    Hasta aquí hemos llegado, descendemos de la "frago" y como sigue lloviendo, nos tapamos y mochila en mano, tomamos una bonita senda, en la que unos miradores, nos dejan ver la fuerza con que el agua  esculpe la roca. Un bonito puente que nos recuerda la película "Los puentes de Madison", nos muestra bajo su fondo, una profunda garganta que más nos vale no medir.
¿Puente de Madison?, no, del Sesia.
Glaciar.
Refugio Pastore.
    Tras pasar por la Casa del Parque, llegamos al refugio Pastore (1575 m), para mí uno de los mas impresionantes y completos que he visitado. Además su ubicación a los pies de las cimas más altas del Monte Rosa, lo hace muy atractivo, solo que hoy no toca verlo, sigue lloviendo.
      Tomamos posesión de nuestros dormitorios y esperamos a que aparezca el resto del equipaje, esto sucede por un elevador que llega desde el parking hasta el refugio. Comemos en la zona del bar y ¿siesta?, pues no. Ya que no hemos realizado la etapa, recorreremos un buen tramo de ella en dirección contraria, hay que mantener la forma y disfrutar de las vistas que nos brindan los altos caminos alpinos.
La siesta.
    Dejamos las mochilas en el Pastore y comenzamos a caminar por una senda que, zigzagueando, pica para arriba entre alerces, hayas, helechos, frambuesas... y que, debido a la lluvia, hemos de salvar algunos torrentes de agua algo crecidos. Por el camino, adelantamos a dos hombres de buen ver, o sea, cargados de masa corporal, con chancletas, bañador y toalla en los hombros, ¡ande van! dirían las vacas de ayer.
      En la cota 1900 m., el camino se suaviza en dirección Este. Pasamos por algunas cabañas de pastores, alguna de ellas se ve que está habitada, el humo de la chimenea lo delata.
      Cuando ya estamos a 2550 m. (vaya siesta), decidimos dar la vuelta y echar un vistazo al paisaje, ha dejado de llover. Benito nos explica algún detalle de lo que se adivina entre nubes - allá se ve la iglesia, encima debe de ser..., mañana iremos por....
Cascada bajo la iglesia.
Añadir leyenda
      A pesar de las nubes, la vista es de impresión: bajo nuestros pies, los valles recogen el agua, no solo de la lluvia, sino también la del deshielo de la larga agonía que los glaciares de la tierra están padeciendo y que si no se pone freno a la contaminación, no tardando mucho, desaparecerán.
     Vamos bajando por el mismo camino de subida, los playeros ya no andan por aquí.
  Cogemos algún chordón (frambuesa), para comparar su sabor con el del Moncayo, me gustan más los de la sierra aragonesa.


¡Va por ustedes!
      Llegamos al refugio Pastore y nada, hay que hacer uso de sus instalaciones: ducha, mini-colada que tiendo en un cuarto con estufas para el secado, vamos, todo un lujo.
    La cena está a la altura del refugio y quedamos todos contentos, además José Antonio, como todas las noches, nos ameniza la función con una colección de chistes que solo él sabe contar. Y todo esto en compañía de dos gotas de grappa que ayudará a dormir.
     Allí está, tambien, la pareja que ayer "se mojó" en nuestra compañía. Como no disponen de transporte, han realizado toda la etapa y nos cuentan que las han pasado mal, que incluso han llegado a temer lo peor. Pero están aquí y hay que celebrarlo. "Félicitations madame et monsieur".
Pronto nos retiramos a dormir, como siempre, hay que madrugar, ¡así es la montaña!.

Buenas noches
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Datos técnicos:                                                                         Continuará
Recorrido y datos:
Distancia: 8,9 Km.
Desnivel positivo, 605 m.
Desnivel negativo, 502 m. (problemas técnicos, me impiden mostrar el perfil)