Antes de lanzarte a la aventura de sumergirte en esta y otras historias, un pequeño recordatorio con cariño: sí, el blog también se deja querer en el móvil, faltaría más… pero donde realmente luce, como quien se pone de domingo, es en “modo ordenador”. Dicho esto, tampoco vamos a ponernos exquisitos: tú disfrútalo como te dé la gana, que para eso es tu pantalla
Día 15 de marzo de 2026
Anoche andaba yo debatiéndome entre la épica y el ibuprofeno: no tenía nada claro si esta mañana estaríamos para marchas triunfales o más bien para procesiones cojeantes. Un discreto “incidente técnico” en la travesía de ayer por Guara me dejó la cadera protestona, pero nada que un surtido farmacéutico —finamente maridado— no pudiera domesticar.
Total, que Maite y este humilde servidor hemos amanecido con mejor cara (y mejores bisagras), así que en marcha. El buga, por cierto, está ansioso por zamparse las rectas de la carretera de Belchite, y uno no es quién para frustrar semejante ilusión mecánica.
![]() |
| Alborea en Belchite |
Allá vamos: con un cierzo que te peina las ideas a base de collejas y una temperatura que invita más al brasero que a la hazaña, nos plantamos en la plaza del Ayuntamiento, que está más animada que un vermú en fiestas. Caras conocidas —Carmen y Milagros, senderistas luciendo ese “look multicolor” que desafía a cualquier desfile de modas—, música, chocolate con bizcocho… vamos, que quedarse en casa habría sido poco menos que un delito social.
Cumplimos con el ritual: credenciales en mano, camisetas al saco, saludo de rigor a Goyo y César, que están más liados que un pulpo en un garaje con la organización… y cuando las campanas de la iglesia marcan las ocho en punto, aquello arranca. ¡Y de qué manera!
![]() |
| Arrancando por las calles de Belchite |
Cruzamos el puente que salva la trinchera —antiguo hogar del ferrocarril minero de Utrillas, cuando las cosas iban por raíles y no por excusas— y, sin mucha ceremonia, el pelotón abandona la población.
![]() |
| Sobre lo que fueron las vías del ferrocarril |
![]() |
| Barranco del Pozo del Tío Damián |
![]() |
| Depósito Escaramachales |
![]() |
| No es el Tourmalet |
![]() |
| Reverencia de las aliagas |
![]() |
| Barranco La Pelaja |
![]() |
| Vista de Almonacid de la Cuba |
![]() |
| Flor del melocotonero |
Luego, cómo no, toca volver a subir, porque aquí nadie regala metros. Pasamos junto a una fuente de cinco caños, que suena a lujo hidráulico en mitad del esfuerzo, y por fin entramos en la población, donde nos espera el avituallamiento.
![]() |
| Llegando al avituallamiento |
Atravesamos el pueblo por la calle Molinés, con la torre de la Iglesia de Santa María la Mayor asomando con ese porte renacentista tan suyo, levantada allá por el siglo XVI, cuando las cosas se hacían sin prisas pero con mucha piedra.
![]() |
| Iglesia Sta. Mª la Mayor |
Y un poco más adelante, al sur del pueblo, el mismo río se pone histórico y nos habla de otros tiempos, cuando a alguien se le ocurrió “encubar” el agua —de ahí lo de “cuba”, que no es por el ron—. Fue allá por el siglo I, casi antes de ayer en términos geológicos, cuando los romanos levantaron la imponente Presa Romana de Almonacid de la Cuba: 34 metros de altura, 100 de longitud y una lección magistral de ingeniería con piedra, cal, arena y mucha cabeza. Vamos, que ya entonces sabían hacer las cosas para que duraran.
![]() |
| Presa Romana |
![]() |
| En el mirador |
![]() |
| La bravura del... |
![]() |
| ...río Aguasvivas |
Dejamos atrás Almonacid de la Cuba por la CV-645, lo justo para despistarnos cien metros antes de que una senda, con muy mala educación, nos invite a subir. Y claro, entre la pendiente y un cierzo que sopla de cara con evidente animadversión, aquello se convierte en una prueba de carácter. Tanto, que unas marchadoras, al ver el panorama, sueltan un sincero —y envidiable— “¡dimitimos!”… y lo cumplen. Gente con criterio.
Maite y yo, en cambio, tiramos “p’arriba”, que ya es vicio, en una lucha sin cuartel contra el viento, la cuesta y ese detalle menor llamado años acumulados, que siempre juega en el equipo contrario. El cuerpo protesta, la dignidad aguanta y las piernas… bueno, hacen lo que pueden.
![]() |
| "P´arriba" |
No tardamos en alcanzar ese punto con nombre de advertencia, “Malpasillo”, donde el río Aguasvivas se abre paso entre las rocas con más terquedad que delicadeza, para acabar dejándose caer en el llamado “Pozo de los Chorros”. El espectáculo, para qué negarlo, merece la parada: unos y otros nos asomamos a un mirador que cuelga —literalmente— sobre uno de los tramos más impresionantes del río, y por un momento hasta parece que el mundo se calma… aunque solo sea porque estamos demasiado ocupados en no caernos.
![]() |
| El río hacia el Pozo de los Chorros |
Y ahí es donde entra en escena la voz de la experiencia… o del sentido común, que a estas alturas ya cuesta distinguir. Maite y yo recibimos ese “consejo interior” que no admite discusión: hasta aquí hemos llegado. Las piernas protestan como sindicato en huelga y mi cadera sigue dando guerra, así que, por una vez, decidimos hacerle caso al cuerpo antes de que pase factura con intereses.
![]() |
| El cauce visto desde la PR-Z.80 |
Porque, claro, el Aguasvivas hoy no está para sutilezas: baja crecido, orgulloso de sí mismo y con pocas ganas de dejarnos pasar sin peaje. Lo de cruzar, así sin más, se convierte en una propuesta con cierto riesgo y bastante guasa.
Planteamos entonces dos opciones: la sensata —volver sobre nuestros pasos y retomar el itinerario oficial como personas civilizadas (pero estamos tocados)— o la otra, la nuestra: mojarnos los pinreles y tirar millas.
Y como la sensatez nunca ha sido nuestro fuerte en momentos clave, allá que vamos. Perneras remangadas, mirada de estrategas de río y elección cuidadosa del “mejor” sitio —que siempre es discutible—. Y así, con más dignidad que estilo, cruzamos el Aguasvivas como dos patos algo rígidos, pero victoriosos, alcanzando la otra orilla con esa satisfacción tonta que dan las pequeñas hazañas innecesarias.
![]() |
| Habrá que cruzar |
Rodeamos la valla que separa el Pueblo viejo de Belchite. Contemplar sus ruinas hace imposible esquivar la memoria, por mucho que algunos insistan en eso de “borrar el pasado”. Esos restos no son únicamente piedra caída: son el símbolo de una guerra y también de cómo se decidió recordarla.
![]() |
| Para la memoria |
El viejo Belchite quedó abandonado, convertido en testimonio incómodo de lo ocurrido. Y sigue ahí, recordando que el pasado, por mucho que se intente maquillar, no desaparece.
![]() |
| Se siente aquel dolor |
Con la faena terminada, nosotros dos nos vamos a tomar un aperitivo a uno de los varios garitos con que cuenta Belchite, eso sí con la compañía de unas buenas amigas, Milagros y Carmen.
La fiesta concluye con una comida en al pabellón en el que Goyo, alma de "Senderistas de Belchite" agradece a todos la participación.
![]() |
| Concluímos con el café |
Porque al final no todo han sido sendas, barrancos o viento en contra. Ha habido paisajes que se quedan, historias que pesan y lugares —como Belchite— que obligan a caminar también hacia dentro, aunque uno no lo tuviera previsto.
Llegamos con el cuerpo cansado, sí, pero con esa calma extraña que dejan los días bien vividos. Y mientras nos quitamos las botas y repasamos mentalmente el camino, queda claro que hay marchas que no terminan al cruzar la meta… se quedan un rato más, dando vueltas por dentro.
––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
Datos técnicos
(Al tratarse de una ruta organizada que, en su últimos tres kilómetros, nosotros no hemos seguido, en esta ocasión no pongo el track)
![]() |
| Recorrido |
![]() |
| Perfil: Distancia, 14,4 km Desnivel positivo, 486 m. Desnivel negativo, 486 m. |



















































