Día 26 de enero de 2021
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Amanece en el Gállego |
No pasa nada, ancha es Zaragoza, hoy cambiamos los eriales y pinares de los Montes de Torrero por la ribera del Gállego (Gallicus en latín y Galligo en Aragonés), cuyo nombre algo tiene que ver con las proximidades de su nacimiento, allá en el Co d´Aneu. Hasta llegar aquí, antes de regalar sus aguas al Ebro, nos ofrece paisajes, sonidos e imágenes mágicas; supera varios obstáculos y el último, el de Urdán, es el que vamos a visitar.
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Cruzando a la margen izquierda por la pasarela |
Los primeros metros los recorremos, aguas abajo, por la margen derecha del río, hasta cruzar una pasarela que nos deja en la orilla opuesta. Bajo el puente, el río muestra bravura, las recientes borrascas y el deshielo le han dado de beber y "no veas como bajan sus aguas".
Caminando hacia el norte, hacemos camino; hoy martes no hay afluencia, en fin de semana estos caminos, cuentan, son recorridos con tal número de excursionistas, ciclistas, senderistas, corredores, paseantes de perros, paseantes de sí mismos y demás fauna humana, que un asno tendría verdadera dificultad para espantar las moscas con el rabo (disculpas por la hipérbole).
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Guardando distancias |
En el camino, desnudos de hojas como la estación invernal manda, vemos
álamos, chopos, fresnos, juncos, carrizos y... "pinos de reforestación"
(que alguien me explique a quién se le ocurrió la brillante idea de
plantar pinos en el soto del río). Pero los cormoranes, que no son
tontos, en los descansos de su tarea de la pesca, se posan en las ramas
de los árboles d´aquí. En los remansos del río, los patos acarician
las aguas; arriba, en el cielo, las gaviotas nos trasladan a mares
que, de momento, quedan lejos.
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Buena compañía |
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Por la senda |
Tras pasar bajo la A-23 y por las inmediaciones del Centro de Formación Río Gállego, alcanzamos el Parque de la Torre del Ajo en el que algunos trabajadores están llevando a cabo labores de tala de chopos (esperemos que no sea para plantar pinos). Es un buen momento para aligerar ropa, el frescor de la alborada nos abandona.
Cada vez que echamos la vista al río quedamos prendados por la fuerza de sus aguas, aguas que de aquí al Ebro se muestran poderosas, fuertes y altivas; orgullosas; se muestran libres, ya sin ataduras, sin miedo ni más dueño que ese otro río al que brindarán pleitesía cuando ambos se encuentren.
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Pasarela de San Juan |
Una y otra vez recorremos el lugar para contemplar este espectáculo hidrológico, el agua se abre paso entre ramas y árboles que la corriente en algún momento se encaprichó con traerlos aquí, se precipita con tal fuerza que crea nubes que el sol ilumina.
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Aguas bravas, poderosas |
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Aguas libres, sin ataduras... |
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...sin miedo, ni dueño |
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Aguas que bajan bravías... |
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... dejando surcos y huellas |
Video
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La Cartuja de Aula Dei |
Es tiempo de continuar la marcha, ahora lo hacemos en dirección sur, sobre nuestros pasos, hasta la Pasarela de San Juan, pero no, ahora no la cruzamos pues seguimos las aguas del Gállego por su margen derecha.
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Agradable sendero |
Tras cruzar bajo la autopista, el sendero se abre paso entre cañizares, álamos, sauces, etc. y en algunos momentos parece querer sumergirse en las bravas aguas del río.
El paso por las proximidades del Monasterio de Cogullada nos anuncia que ya no queda mucho. No es nuestro caso, pero cuentan las leyendas que por aquí, en tiempos de maricastaña, guiada por el canto de una cojugada (cogullada para las gentes del lugar), una mujer halló la imagen de una virgen, Se construyo una pequeña ermita en la que se veneraba a Nuestra Señora de Cogullada. De la mujer ya no se supo nada, pero, ladrillo tras ladrillo, siglo tras siglo, en 1657 se construyó el monasterio en el que, a finales del siglo XIX pasó a manos de unos monjes franceses y, ya en el XX se reformó profundamente. El actual aspecto neomudéjar, se debe a la última reforma, "obra de la Obra". El garito debe tener buenas habitaciones, pues en sus visitas a Zaragoza, Morfeo acogía al dictador Franco y al hoy emérito Rey de las Españas ––este seguro que disfruta de mejores estancias en palacio de oriente––.
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Sendero hacia el futuro |
Ese futuro, ese sendero en el que nos adentramos, lo recorremos con unos versos de Lope de Vega:
"Sufre la tempestad el que navega
el enojoso mar, y el viento incierto
con la esperanza del alegre puerto,
mientras la vista a sus celajes llega".
el enojoso mar, y el viento incierto
con la esperanza del alegre puerto,
mientras la vista a sus celajes llega".
Hasta pronto
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