martes, 15 de junio de 2021

PEÑA OROEL (De la solana a la umbría)

Día 12 de junio de 2021
Peña Oroel
        Es la segunda vez que subo a esta Peña (con mayusculas) y no será porque se esconda entre otra muchas montañas ––se muestra con altiva chulería––, ni tampoco porque ciento y un días la hayamos admirado en nuestros viajes hacia cualquiera de los valles de las tierras de la Jacetania. Tampoco será porque desde otras cimas no hubiéramos buscado (y encontrado) esa inconfundible silueta de los mil rostros.
        También hacía mucho tiempo que, Maite y yo, no salíamos con las gentes del Stadium Casablanca y no porque no quisiéramos o no pudiéramos, fueron las consecuencias de la cruel pandemia. Poco a poco, con paso firme, como el ascenso a esta montaña, vamos viéndonos más allá de los ojos, que no es "moco de pavo". Vamos allá.
        Docena y media  de entusiastas personajes cabalgamos, a lomos del bus de turno,  por la mudéjar, camino del norte aragonés. No hace ni "gotica frío" pero, aun así, se me pone la piel de gallina; es lo que me pasa cada vez que suena en los auriculares la canción "Mermelada de fresas" de la Ronda de Boltaña. Bueno, también la climatización del vehículo pone de lo suyo.
        Parada en Sabiñánigo para desayunar, aliviar retenciones viajeras y ¡probar unos ricos coquitos!, "made in Mamen (©)". En Jaca se nos suma un nuevo miembro para, patrulla completa, tomar la serpenteante carretera de Bernués y descabalgar un par de kilómetros más adelante del Puerto Oroel.
Bien untados de cremas protectoras, look montañero, foto de grupo y ansias a espuertas, comenzamos a marchar por fresco camino, dejando a nuestra izquierda la fuente de Sarsa y a la derecha los campos, que inician su maduración, como dice la jota: "las espigas de oro ya van granando".
"La patrulla" con Peña Oroel al fondo
Entre pinos
        Otra canción, en este caso de Labordeta, dice: "...que ya viene la calor". Afortunadamente, los pinos de repoblación nos protegen; sobre sus copas se deja ver la cima de Peña Oroel.
Entre pino y pino, un par de caballos, observan el paso de estas gentes con carga en la espalda y animosa conversación.
        Poco más adelante, alcanzamos la ruinosa Pardina de Ordoles, asentada sobre un tranquilo praderío, bajo la sombra de espléndidos cedros. El camino transita entre las edificaciones, que poco a poco van quedando atrás. 
        Hasta ahora, nuestra marcha ha sido algo cómoda en lo relativo al desnivel, pero, aunque con amabilidad, la cosa comienza a subir hasta alcanzar una cabaña.
Pardina de Ordoles
Cojín de monja
        Chino, chano, seguimos subiendo por una tranquila y zigzagueante pista decorada con flores de variados colores. Son tiempos de que las plantas nos enseñen su más bella estampa, como la agresiva aliaga, o el oloroso tomillo, o el escaramujo, o el gamón blanco. Aunque, verdaderamente, el rey del lugar es el erizón o "cojín de monja", próximo a florecer, planta invasiva favorecida por el abandono del pastoreo; por contra protege el terreno contra los agentes erosivos ––por su nombre, aconsejo no posar las nalgas sobre esta planta––.
        Este tramo de subida, además de la flora, nos enseña un magnífico paisaje sobre el sur, dominado por la ribera del Gállego (Galliguera) y las sierras de Guara, Gabardiella, Santo Domingo, etc.
A lo lejos, Tozal de Guara, Fragineto y Gabardiella
Por la covacha
        Tomamos el sendero que indica hacia la Virgen de la Cueva, caminando bajo los inmensos bloques sedimentarios de Oroel que comienzan a dominar los horizontes.
        Un aroma de excrementos caprinos nos guía hasta una covacha que la naturaleza ha creado en el conglomerado de la Peña. La umbría del lugar y las gotas de agua que caen sobre nosotros, apaciguan la "bochornera" que se cierne sobre nuestros frágiles cuerpos.
        Dejamos por un momento la subida a Oroel y nos desviamos unos metros hasta toparnos con lo que fue la Ermita de la Virgen de la Cueva (1470 m.). Cuentan que, años ha, acogió el antiguo monasterio de Santa María de Oroel. 
Ermita, antes del derrumbe
        Este templo, terminó sus días en el mes de octubre de 2012 producto de un derrumbe. La recuerdo en mi anterior visita con una verja que dejaba ver un humilde altar. 
        Se adivina que las inestables laderas de conglomerado no invirtieron en un buen cemento, aunque no es el caso de las tejas de hormigón, teñido de rojo, de ese que molesta a la vista, que la cofradía de no sé que santo ha construido sobre un nuevo edificio, a los pies de la vieja ermita.
        Es un buen momento para apiñarnos, bajo la sombra del único árbol del lugar, para hacer un pequeño descanso y meternos al cuerpo un tentempié.
Restos de lo que fue la ermita
Merecido descanso
Subiendo
        Y, créanme, no ha venido mal el avituallamiento, porque, retrocediendo unos metros, tomamos la senda que sube sin compasión en un continuo zig zag, para salvar los 200 metros de desnivel que nos dejan en el Rellano de las Neveras (1670 m.).
        Lo que queda hasta la nuestro objetivo no es difícil de adivinar, basta con guiar nuestros pasos hacia la enorme cruz, para alcanzar la cima de Peña Oroel situada a 1770 metros de altitud. Cuatro cabras que parecen escoltar la cruz, testifican aquello de que "la cabra ––como nosotros–– siempre tira al monte".
        Con las mochilas en el suelo, las espaldas mojadas delatan el esfuerzo de la subida y "la chicharrina" que cae sobre nosotros.
Cima de Peña Oroel
"La cabra tira al monte"
Desde la cima.
Mirando más allá
        No importa, este lugar es para disfrutarlo en las más variadas maneras que sabe hacer el montañero: un bocado, un trago, un descanso, unas fotos y... ¡el paisaje!:
        Bajo nuestros pies, inmensamente bella, Jaca con su Ciudadela y la Catedral. Al oeste se abre la Canal de Berdún en cuyo extremo brillan las aguas del embalse de Yesa. 
        Los Pirineos, al norte, nos muestran las más famosas cumbres, desde el Orhi hasta el Turbón, pasando por Ezcaurre, Lenitos, Agüerri, Bisaurín, Aspe, Collarada, Infiernos, Tendeñera, Taillón, Tres Sorores, Tres María, Peña Montañesa, Cotiella... ¡Uf!, todo un regalo para la vista y el espíritu. 
Zona de Collarada
Abajo, la Canal de Berdún
Dibujo del Dragón de Oroel
        Todo esto desde este impresionante murallón en el que, seguro, se encuentra aquella cueva de la leyenda del Dragón de Oroel:
        "Resulta que en una cueva situada en las laderas de Peña Oroel habitaba un dragón que tenía atemorizado a todo el valle.
        Un día, un caballero jacetano que se encontraba apresado por defender a las brujas de la zona ––definitivamente, no eran tan malas como las pintan––, propuso su liberación a cambio de fulminar al dragón.
        Este caballero no era tonto y gracias a su amistad con las brujas, sabía que los dragones tenían un secreto: eran capaces de hipnotizar a sus víctimas con la mirada.
        Así pues, el caballero que conocía la leyenda de Perseo, pulió la superficie de su escudo de combate hasta convertirlo en un espejo y se dispuso a visitar la cueva del dragón cuando estuviese dormido.
        Al despertar, el dragón se vio reflejado en el escudo y cayó hipnotizado por su propia mirada, momento que el caballero aprovechó para clavar la espada en su corazón y acabar con él, quedando así libre de su condena".
Saponaria
        Dejamos al caballero, a las brujas y al dragón en paz e iniciamos el descenso por el sendero, bastante transitado, que discurre por el cordal de la Peña, hasta alcanzar la primera de las 33 curvas que pinta la serpenteante senda de bajada, cuyos más de 500 metros nos dejarán en el final del nuestra ruta.
        Afortunadamente, transitamos por la cara norte y aquí la vegetación nos protege del sol, vegetación compuesta, además del pino silvestre o royo, de hayas, abetos, avellanos, sauces, etc., bajo los que el musgo pinta de verde el suelo.
        Llegados a la zona del Parador de Oroel, con el pensamiento puesto en la cerveza, las puertas cerradas nos animan a buscar alguna sombra del entorno para, concluida la marcha, vaciar por completo el condumio que queda alojado en el fondo de las mochilas ––otros han tenido que esperar el regreso del bus, habían dejado la fiambrera en el auto––.
        De regreso, en Jaca, nos detenemos a saciar la "sed bírrica". De nuevo en el autobús, algunos caemos en los brazos de Morfeo.
        Ha sido una jornada en la que no ha faltado nada: historia, flores, cuestas, un poquito de magia, paisaje, leyenda y, cómo no, el reencuentro con los mozos y las mozas del Stadium que, caray, no es poco.
        Hasta pronto

Datos técnicos
Recorrido

Perfil:
Distancia, 13, 7 Km.
Desnivel ascenso acumulado, 820 m.
Desnivel descenso acumulado, 680 m.
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martes, 8 de junio de 2021

CAÑÓN DEL RÍO VAL Y PEÑA DEL TÍO FRESQUITO

 Día 6 de junio de 2021
Río Val
        Hay grandes ríos, como el Amazonas, que bañan la inmensidad; otros, como el Nilo, que saben de selvas y desiertos; otros, como el Río Bravo, conocen de la miseria de los pueblos que dejan la vida en ellos. Son ríos, como el Ebro tan amado por unos, deseado por otros y castigado por ignorantes.
        Pero el río de hoy, ni baña inmensidad, ni marca fronteras ––de hecho las cruza–– ni conoce desiertos, ni selvas ––un poco sí––. Pero este humilde río, el Val, antes de ser atrapado, nos regala una buena dosis de amabilidad para el disfrute de una agradable mañana en compañía de las gentes del "Nordic Walking CAI", que en esta ocasión cambian el ritmo de marcha por el disfrute de este bello rincón de nuestra geografía.
Preparados
        Los unos, venidos por Tarazona y los otros por Vera de Moncayo, vamos llegando al punto de encuentro ubicado en la pista del embalse del Val, allá donde una barrera, como La Bullonera, dice "hasta aquí hemos llegado".
        A las nueve de la mañana, el sol ya luce en todo su esplendor, iluminado las aguas del embalse; en la orilla, la carpas, de considerable tamaño, andan a la greña por ver cuál de ellas se lleva el mejor bocado al buche. Unas cuantas garzas le dan un toque elegante a la estampa del Embalse del Val, cuya orilla recorremos por su margen derecha, caminando por la pista que se dibuja, contorneándose, abrazada a un terreno en el que predomina el pino de repoblación. Tan humilde es este río, que para alimentar al embalse, requiere de la colaboración del Queiles, que a través de una conducción aporta su grano de arena (o su gota de agua).
Embalse del Val
Garza
Peñas Royas
        En la margen opuesta, unas moles pintadas con toques blancos, Peñas Royas las llaman, albergan varias buitreras de las que parten sus habitantes en busca de un menú más potente que el de las carpas.
        Poco a poco vamos dejando el embalse atrás, el pino da paso a chopos, álamos, arces, etc. La pista se torna en sendero, adentrándose en tierras de Castilla a través del PR.SO-20. 
        El camino se abre paso entre bonitas plantas de cardos y agresivas ortigas; a la izquierda de nuestra marcha, un rebaño equino, como estrellas de Hollywood, es capturado por las cámaras fotográficas. Ellos ––los caballos–– no se avergüenzan lo más mínimo, de hecho parece no ser la primera vez que posan.
Desayunando
No faltan ni las lianas
Por el bosque
El río Val abriéndose paso
¿Caco o presidente? 
        Poco a poco el bosque se va tornando en selva ––con perdón del Amazonas––, una y otra vez cruzamos el río por varios puentes. El Val nos regala rincones en los que, quizá, pudiera haberse refugiado aquel ser de leyenda, el Gigante Caco, buscando alguna cueva en la que refugiarse, guarida que encontró en Los Fayos. Allí, entre charradas de aventuras y desventuras, entre trago y trago de vino, Caco entabló amistad con otros dos seres mitológicos como Pierres y Hércules. Igual son imaginaciones mías, pero una gran roca parece mostrarnos el rostro del gigante, aunque también tiene un cierto parecido a un presidente, que lo fue, de las Hispanias ––cada cual que le eche imaginación.
Stairway To Heaven (al fondo la Peña del Tío Frasquito)
        Nosotros, treinta y dos almas, seguro que no seremos leyenda, no importa, alcanzar nuestro destino de hoy compensa considerablemente, cualquier otro premio.
        Aquí, el río Val, todavía castellano, parece tener prisa por viajar a Aragón dejándose caer por un par de saltos. En la cascada de abajo, nos detenemos para echar un bocado. Unos quedan aquí y otros, "los ocho", a través de una coqueta escalera, una senda amueblas con sirga y brillante cadena y una pequeña trepada, alcanzamos la Peña del Tío Fresquito (no sé el porqué del nombre). A nuestros pies quedan las cascadas que la vegetación nos impide ver, pero no importa, pues echando la vista arriba, el Moncayo, responsable de lugares como este, nos premia con su cercana presencia.
Los ocho de "cumbre" (abajo se observa el desfiladero, cubierto por el bosque, del río Val)
Los ocho con el Moncayo al fondo
En el salto de abajo
        En el descenso nos detenemos a echar un vistazo a un aprisco, construido aprovechando una cueva que cruza, de un lado a otro, las entrañas de la "Tío Fresquito".
        Nos reunimos con el resto de personal. Ahora nos toca a nosotros, "los ocho", subir a admirar la espectacular "Cascada del Pozo de las Truchas", salto escondido entre rocas rezumantes, cubiertas de verde musgo y fresco helecho. Otras rocas nos enseñan los "travertinos", esas curiosas formaciones originadas por la acumulación de carbonato cálcico y las sucesivas capas de musgo.
        Ciertamente, el lugar invita a quedarse contemplando este milagro de la naturaleza, pero hoy tenemos "hora de caducidad" y hay que regresar, cosa que hacemos por el mismo camino de subida.
Cascada del Pozo de las Truchas
Cascada y Traventino
Las carpas... ¡a lo suyo!
        Yeguas, caballos y potros han cambiado el pastizal de la mañana y han descendido al lecho del río, allá donde sus aguas alimentan al embalse de Val. Las garzas siguen allí y las carpas... ¡a lo suyo!.
        Ya estamos en el punto de partida, unos marchan a casa, el resto, docena y media, realizamos un corto viaje a las cercanías del monasterio de Veruela.
    Protegidos del sol bajo unas sombrillas, vamos a dar cuenta de la "hora de caducidad", aquella que comentaba al principio, con la sana intención de hidratarnos con unas rubias y proceder a competir con las carpas.
        Algunos amigos que seguís a esta "Vieja Mochila", cuando nos vemos preguntáis si hay algún lugar de la geografía que no conozcamos: ¡miles!, muchos de ellos como este del Cañón del Río Val, cuyas aguas nos han regalado una buena dosis de hermosos rincones que hemos disfrutado en compañía de estas gentes que, sin ser gigantes como Caco, sí lo son en lo relativo al "buen rollo".
        Hasta pronto

Audiovisual realizado por Luis Gan

Datos técnicos
Recorrido

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