martes, 6 de diciembre de 2016

DE TRONCEDO A PANILLO (GR-1)

Día 3 de Diciembre de 2016
¿Llegaremos?
     Con puntualidad y niebla británica, en un renqueante autobús partimos hacia el norte cuarenta (más uno) mozos y mozas con destino a tierras del Sobrarbe y la Ribagorza.
     Por el número de participantes me sería fácil alguna ocurrencia de comparaciones con aquel cuento (Alí Babá y los cuarenta ladrones), pero podría confundirse con ese otro, más actual, relacionado con la cantidad de ladrones que campan por los despachos de las Hispanias.
      Hasta tierras de la Hoya de Huesca, la niebla nos impide ver la luna que, desde su anterior y magnifica aparición, tímidamente comienza a asomar.
        Con termómetro bajo cero, en Graus nos detenemos a desayunar y aliviar penas internas. Lamentablemente no da tiempo de meterle al cuerpo un buen trozo del mejor de sus manjares: "la longaniza".
Troncedo
       De nuevo estamos montados en el bus que se niega a acometer las curvas y cuestas de La Fueva con la misma alegría que las tomaremos nosotros por los senderos.
      Nos disponemos a recorrer parte de la GR.1, una de esas travesías que nos preparan los del Stadium Casablanca en la que las sendas, no solo te llevan por montes y barrancos, sino que además, atravesando pueblos, aldeas, pardinas, corrales, molinos, etc., sientes más de cerca esas gentes que pueblan o poblaron estas tierras altoaragonesas.
        Nos apeamos en Troncedo, el autobús tiene que realizar algunas maniobras en una estrecha carretera para dejarnos en el lugar de partida de hoy. 
            Por su ubicación, sobre lo alto de una roca comunicada visualmente con los recintos fortificados de Muro de Rodas y Samitier, desde Troncedo los ojos se nos van sobre una de esas vistas que se repetirán a lo largo de la jornada con la estampa más hermosa del Pirineo.
Ni el fotógrafo es Alí Babá ni estos son los cuarenta ladrones.
Torre del Castillo de Troncedo.
          Tiene, Troncedo, un castillo del que solo queda la torre mayor de forma pentagonal y el inicio de un torreón rectangular. La torre tiene ventanas semicirculares en cada cara de la planta superior y es     obra de sillarejo, es posible que del siglo XI.
          La carretera divide el pueblo en dos sectores, un poco más alejada se encuentra la barriada de Santo Ángel, donde se encuentra una iglesia románica del siglo XI.
        Aquí, la iglesia románica del siglo XII, está dedicada a San Esteban. Tiene nave rectangular y ábside semicircular. Son posteriores las capillas en los laterales. A los pies encontramos la puerta, adovelada y con bisel, con su atrio. La torre tiene tres cuerpos, más el remate, y aspilleras. Parece ser una construcción del siglo XVI.
     Arrancamos, bien abrigados,  por una calle hormigonada y helada que, en descenso, tomamos con precaución para no resbalar.
         Poco a poco vamos dejando las calles de Troncedo para seguir bajando por una senda que discurre entre carrascas. Abajo ya se ve el siguiente de los pueblos que vamos a atravesar, pero aún tenemos que salir a una estrecha y solitaria carretera que nos va acercando hacia Salinas de Trillo, pequeño pueblo que se encuentra bajo las faldas del monte San Marcos coronado por la ermita del mismo nombre.
Iglesia de la Asunción.
Con Maite. Al fondo Casa Palacio.
      ¿De donde le viene la toponimia de Salinas?. Bajo sus casas se abisma un profundo barranco con manantiales salinos, que permitieron la explotación de sal en el pasado, éstas suministrarían sal a todo el valle de La Fueva y otros lugares.
      La iglesia parroquial está dedicada a la Asunción, de estilo románico del siglo XII. Consta de una nave cubierta de bóveda de medio cañón y ábside semicircular. Tiene capillas laterales gemelas. Entre la arquitectura civil destaca "Casa Palacio" mansión fortificada construida sobre pedestral calizo, en el siglo XVI.
-¿Ande van esoooos?
      Tras un breve descanso en los alrededores de la iglesia, reemprendemos el camino.                    Seguimos unos metros por la carretera, a nuestra derecha, encaramado sobre una roca, un buitre observa con atención el paso de los amigos de Alí Babá. El bicho, abrigado con bufanda de pelo natural, parece algo tímido pues gira el cuello y nos mira de reojo, no sé si por vergüenza o por provocación. Y de nuevo, mi cálida mente me sugiere recordar a esos otros buitres de guante blanco, carroñeros donde los haya, y amigos de lo prójimo.
   Pero, a lo que vamos. Ochocientos metros por la carretera y la abandonamos por un sendero que sale a nuestra izquierda en dirección a Trillo. El camino va salvando fajas aterrazadas del terreno y, de una a la otra, los ribazos ponen a prueba la destreza de los menos habituados a estos menesteres.
Trillo.
      El núcleo de Trillo, encaramado sobre una peña, lo dejamos a nuestra derecha. Destaca su iglesia dedicada a S. Andrés y las ruinas, cubiertas por hiedra, de lo que fue su abadía.
           El sendero presenta una traza reciente pues vemos que el primitivo, según me aclara Félix, tras atravesar la población en ruinas, descendía por un barranco, ahora cubierto por la vegetación.
          Seguimos descendiendo hasta cruzar el barranco de Trillo en el que la niebla asoma con aspecto de fumarola. Pese a que el "boss Armando" intenta colocar unas piedras para vadear las aguas, hay quien pone a prueba la impermeabilidad de las botas.
               A partir de aquí vamos de "subidón" por un bosque en el que encinas y pinos libran una dura batalla por hacerse con el poder de este sorprendente rincón de la geografía.
Estupa de Caneto.
         Arribamos a las afueras de Caneto, pueblo que, como otros, la Confederación Hidrográfica del Ebro se encargó de expropiar y, posteriormente, devolver a La Fueva. Algunos nos introducimos en su interior y observamos como en la actualidad, gracias a gentes que han llegado de las ciudades, se están rehabilitando casas del siglo XVII y XVIII y una ermita posiblemente del siglo XVI dedicada a Santo Domingo. También destaca por su exotismo una Estupa Budista construida por algunos de sus habitantes en los años 90.
       De nuevo, ya reagrupados, seguimos la marcha sin dejar el sendero GR.1. La senda es de un cómodo trazado que desciende suavemente hasta cruzar el Barranco Clamosa. El entorno está salpicado de robles, encinas, carrasca y alguna sabina.
Barranco de Pano.
       En el cielo observamos el vuelo de un buitre y aquí abajo, un carbonero entona esa repetitiva melodía que lo caracteriza. Por otro lado, el batallón del Stadium se va comiendo millas sin parar pues ya llevamos una docena de kilómetros y...hablando de comer, el vacío que siento en mi interior, tan solo es comparable con el cerebro de nuestros administradores.
     Pero -"paciencia amigo" que para la comida aún queda ¡ganársela!.
     Cierto, vamos a comer en Pano y ¡leches, vaya cuesta!. Cruzamos su barranco pintado de escarcha que vierte bravamente sus aguas y "p´arriba".
           No sé si será por el hambre o porque están fuertes, pero los que me preceden, Maite y Luis, se plantan en un santiamén en las calles de Pano.
        Al igual que Caneto, Pano fue víctima de los caprichos embalsistas de la época más oscura de nuestra reciente historia, pues quedó abandonado en los años 60 a consecuencia de la construcción del embalse del El Grado y de la despreocupación de las administraciones por dotar de infraestructuras adecuadas a determinadas zonas del medio rural.
Pero no sé si es porque este pueblo, a camino entre Torreciudad y el complejo budista de Dag Shang Kagyu, o por alguna otra razón, y a sabiendas  de que un servidor no es de milagros, os aseguro que aquí se produjo uno: 
Pano.
     "Una tarde de verano de 1988, un suizo llamado Kurt Fridez alcanzó en bici el alto de La Collada. Desde ese balcón divisó, sobre un risco, el pueblo deshabitado de Pano. La luz lánguida del atardecer coloreaba de mostaza los muros de las casas confundiéndolos con las paredes verticales de la peña. Este es mi lugar, pensó Kurt.
       El amigo, que tonto no es, hizo fortuna con los negocios de la familia. Le apeteció dar la vuelta al mundo... y la dio; le apeteció darse unos baños por las playas de Tahití... y se bañó...
       Pero claro, semejante vidorra le aburría y un día, sentado en un tren de regreso a Basilea, recapacitó y dijo ¡tengo que cambiar de vida!.
    Y ya está, respaldado económicamente por una fábrica que tiene en Suiza, se pasó por el Ayuntamiento de Graus, ya que Pano es una aldea que pertenece a este municipio, para preguntar por los propietarios de las ruinas. Le remitieron al Catastro de Huesca, donde le atendió un funcionario estirado de bigote fino. -Un burócrata franquista- aseguró Kurt. Les dijo que no disponían de esos datos, pero no era cierto. Tras días de intentos, consiguieron que el funcionario atendiera la petición y que les enseñara un plano. 
      Posteriormente volvió para reunirse con los doce propietarios que la gestoría había localizado y como estos no eran tontos, duplicaron el precio. Olieron el dinero. No consiguió alcanzar un acuerdo general, de hecho todavía hoy existen casas que no le pertenecen.
          Sin embargo en la actualidad está en proceso de recuperación gracias a la labor de la Fundación Pano y de Kurt Fridez, su fundador, que lleva desarrollando desde el año 2002 un proyecto de reconstrucción que pretende devolver la vida a Pano manteniendo su estructura original y respetando el medio ambiente". 


Improvisado comedor.
    Me he extendido en esto, puede que demasiado, pero... ¡para una vez que me creo un milagro...!
    No obstante, la información la he sacado de una web en la que "sus mujeres" cuentan esto y más (Está aquí). 
          El resultado es que Pano ya tiene Albergue, se están reconstruyendo varias de sus casas, se trabaja en alguna vía ferrata; las grúas, andamios, cuerdas, sacos de cemento, etc., delatan el resurgir de este "milagro".
         A la salida de Pano, bajo la atenta mirada del "suizo", por fin conseguimos acallar esa especie de "grupo heavy" que rasca con fuerza las cuerdas de la guitarra estomacal.
Antigua construcción
       Y para hacer la digestión, nada como una subidita a una ermita, así que, mochilas en la espalda, recorremos un tramo de la pista asfaltada que llega hasta aquí y tomamos una senda que sale a la izquierda y con un desnivel suficiente para que el bocata ingerido se baje a los pies.
         La cuesta nos lleva a la ermita de San Antón, precedida por varias edificaciones de mampostería, todas ellas en estado de ruina, que debieron se corrales.
Esta ermita, construida con piedra de arenisca, alternando la mampostería y el sillarejo fue, en el siglo XI, la iglesia del monasterio de San Juan bautista.
Ábsides de la ermita.
      Aunque rodeada de bastante vegetación, desde el exterior de aprecia la existencia de tres naves, de las que la central es ligeramente más elevada, y triple cabecera semicircular alineada irregularmente. Los ábsides se cubren con bóveda de cuarto de esfera y las naves con medios cañones sobre arcos fajones, que dividen el espacio en cuatro tramos en la nave central y en tres en los laterales. 
        Existen tres puertas en el edificio, dos de ellas cegadas (en los muros oeste y sur). La puerta original se abre en el muro sur, en arco de medio punto doblado, rematado por una estrecha losa horizontal.  En cada uno de los ábsides hay una ventana en arco de medio punto de doble derrame. 
Puerta principal.
        En los ábsides se conserva una decoración que imita los esquemas lombardos, como la disposición de una banda de arquillos sobre ménsulas, coronados por un friso de dientes de sierra que queda parcialmente oculto por el tejaroz de losas.
      En el interior, observamos la impresión de rusticidad que ofrece, tanto por los desviaciones en el ensamblado de arcos y soportes como en el trazado de bóvedas, así como la falta de cuidado general y la torpeza con que se ha ejecutado la decoración de los ábsides parecen indicar que se trata de una obra de imitación, en planes y decoración, de la tradición lombarda interpretada por canteros autóctonas con resultados de escasa calidad. 
Un par de "santos" en el interior.
            Un sendero que parece poco frecuentado, nos lleva de nuevo a la carretera desde la que sale un camino que sube a la "santa encina", un ejemplar que corona el Monte de la Encina. Se trata de un gran ejemplar rodeado por banderas de oración tibetanas, así como varios hitos de piedra. Alguien comenta que subiendo allí, quedas purificado (¿?).
El Monte de la Encina.
       Aunque "fuera de programa", algunos tiramos "p´arriba", con la esperanza de que nuestros pecados, nuestros defectos, la mala leche, peor café y la acumulación de años, desaparezcan "in perpetuum".
        Llegados al "arbolico", algunos lo abrazamos, le mostramos nuestros respetos, pero el resultado es desesperanzador: los años siguen ahí, el café y la leche ya los hemos tomado por la mañana en Graus, los defectos se pueden comprobar en este servidor y los pecados...¡yo ya subía sin ellos!.
         ¡Ah!, pero lo que sí nos transmite este paraje es la sensación de encontrarnos en el centro de un gran espectáculo, rodeados del mejor de los decorados que uno pueda imaginarse. Son 360º de Pirineo, Prepirineo, Guara... Desde Collarada hasta los Malditos, con la pirámide de Cotiella ante nosotros y el Turbón llamándonos (habrá que ir). Los embalse de Mediano y El Grado, La Fueva y, bajo nosotros, ese mundo, mitad espectáculo mitad recogimiento, que es el centro budista Dag Shang Kagyu al que, tras descender del monte, nos dirigimos.
Cotiella.
Turbón

         Tomamos una senda que baja hacia el fondo del valle, alguien dice que lo debemos hacer en silencio y así procedemos. ¡Ya quisiera la fauna de los montes que recorremos, gozar de tal silencio!. Pero, como en todo, ya se sabe: ¡caña al mono que es de goma!.
Monasterio.
         Este centro de culto budista es un sorprendente multicolor refugio espiritual, presidido por la Estupa, característica arquitectura budista, en la que se han pintado las 35 imágenes de Buda; separado está el templo. El colorido y los remates de aleros y linterna, previenen de su contraste interior: alfombras, lámparas, muros y representaciones, donde el color gana en fuerza a la materia. El monasterio se encuentra separado, lo hemos visto en la bajada.
       A quienes estuvimos por tierras de Nepal, nos invade el recuerdo, eso sí, guardando las distancias pues en poco o nada, por mucho que lo intentan, se parecen los monasterios tibetanos a este curioso lugar. Y no me refiero tan solo a la construcción, ni al "mercedes" aparcado frente al monasterio, ni a las "Nike" que se quitan para entrar al interior; es el ambiente, el lugar, las reglas y advertencias... Bueno, no es más que mi impresión, no se me tenga en cuenta pues soy persona algo difícil.
Estupa.
     Los monjes de Panillo, muy esotéricos y misteriosos, llamados Karmapa o bonetes amarillos, proceden del Monasterio de Sonada en la India. El entorno quiere imitar al Tibet (¿?): mástiles con banderas y gallardetes escritos con oraciones que el viento mueve y se convierten en oración permanente. Campanitas entre los pinos, que al sonar dan gloria a los de arriba y alegría a los de abajo. Vida austera, sencilla, muy radical, siempre tras la perfección mental y la espiritualidad.
   Recorremos el Monasterio, la estupa principal (tiene 107 más), los molinillos de oración, el parking y... allí está el autobús esperándonos para sacarnos de este "santo lugar", eso sí, lo hace igual que en la ida. ¡renqueando!.
     Y nada, hemos desentumecido las tabas que, tras dos semanas a dique seco, ya pedían guerra y había que sacarlas a pasear y, ¿qué mejor que hacerlo en compañía de estas mozas y estos mozos del Stadium Casablanca?.
          Entrando en London, perdón en Zaragoza, echamos en falta las palabras que nos suele ofrecer Caco y que bajo esta espesa niebla, quedarían grabadas en el halo de la "Inmortal Caesaraugusta". Pero la moza se encuentra con cuerpo caribeño y mojito en mano.
     Hasta pronto.

MI RATÓN









DATOS TÉCNICOS

Recorrido

Perfil.
Distancia: 17 Km.
Desnivel acumulado +: 765 m.
Desnivel acumulado -: 912 m.

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