lunes, 11 de septiembre de 2017

POR LAS ENTRAÑAS DE GUARA (Cañón y ermita de San Martín del Alcanadre)

Día 9 de Septiembre de 2017
         Después de mucho tiempo, con la mochila al hombro, salgo de casa solo. Lo confieso, con un poco de tristeza, con esa sensación de que te falta algo. Llevo agua, ropa impermeable, botiquín, botas, bastón, brujula, GPS... – ¡Ah! es Maite – Sí, tras un par de trekkings bastante exigentes, su rodilla ha dicho ¡basta! y por el momento, hasta que le apañen el miembro, vamos a andar algo cojos por esas montañas, barrancos y valles.
         Desde las mismas puertas del Stadium Casablanca arrancamos, con varios coches, en dirección a la más oriental de las sorpresas que nos suele deparar la Sierra de Guara.
         Como diría un piloto motociclista recientemente fallecido, somos doce más uno. Trece personajes (y un perro) en busca de los rincones más profundos que el río Alcanadre atraviesa.
      Una pequeña parada en Abiego y pronto estamos bajo los pies de un enorme quejigo, donde quedan estacionados los vehículos.
Preparados para arrancar.
       El cielo amenaza lluvia y, según los expertos en meteorología, puede ser que nos caigan algunas "goticas". No importa, el agua va a protagonizar buena parte de un recorrido que lo iniciamos caminando por un pequeño trecho de la carretera HU-341, sobre el Km. 8,5, hasta un cartel (que lo fue) en donde tomamos una pista en dirección oeste. En la entrada, vemos media docena de "quitameriendas", esa especie de azafrán silvestre que en otoño nos muestra todo su esplendor.
             Tras salvar un par de vallas que, celosamente, ha colocado "el amo de los caminos" – lo que me lleva a pensar en que aquella vieja frase de que "no se le pueden poner puertas al campo" no ha entrado en la mollera de algunos – alcanzamos las ruinas de los corrales de San Juan. Pese a la perfecta construcción en piedra de muro seco, el paso de los años, poco a poco, va borrando la huella de otros tiempos.
Corrales de San Juan.
Abajo, el cañón del Alcanadre.
       Entre carrascas, enebros y otros matorrales típicos de monte bajo, alcanzamos un inmejorable mirador desde el que se divisa, a lo lejos, la sierra de Alcubierre, un poco más cerca el Huevo de Morrano (ya mostré mis dudas sobre su "ovodefinición" en esta otra entrada), y bajo nuestros pies, entre enormes farallones, el Alcanadre que, poco a poco, va horadando la piedra para encañonarse doscientos metros más abajo. ¡Allá vamos!.
         Bajo el vuelo de los buitres comenzamos una ruta circular por un sendero, amable él, que entre una densa vegetación nos acerca a la Faja del Ordio que discurre bajo una pared, a nuestra derecha, de dudosa resistencia; en el camino grandes rocas desprendidas de la mole, que debemos salvar, dan fe de lo dicho. Descendemos por un suelo irregular que transita sobre piedra pulida que pisamos con precaución, pues no es momento de medir la distancia hasta el fondo del cañón que se nos muestra a la izquierda.
Faja de Ordio.
Río Alcanadre.
      "China, chana", trescientos metros abajo alcanzamos el lecho del río Alcanadre. 
        A pesar de encontrarnos en un cañón, abrazados por grandes paredes, el lugar me parece inmenso –¿será por el reflejo de las cristalinas aguas del río?. Solo se escucha el rumor de la corriente que, no sé, quizá será el reproche de ellas ante nuestra sorprendente presencia.
        Durante los siguientes metros, el líquido elemento va a protagonizar nuestros pasos, pues una tras otra, son varias las veces que vadeamos o caminamos sobre el agua: Unos con sandalias de agua, otros con suelas de generación espontánea (pies); unos remangados, otros luciendo fina lencería; unos con pericia, otros con torpeza, unos... todos vamos descendiendo por las aguas del Alcanadre. Afortunadamente estamos en esta penosa época del largo estiaje de este año, de no ser así los de la lencería seríamos todos.
¡Vaya paisaje!.
Hay que mojarse.
Tierra, cielo, agua y... Nacho.
Puente sobre la Badina del Quejigo.
Yo también he venido.
         Caminando sobre el agua –como S. Pedro– llegamos bajo un puente metálico que para subir a él, algunos las pasamos canutas, la ligera lluvia ha mojado la roca pulida y se convierte en un complicado tobogán que Toño y yo salvamos ascendiendo, como buenamente podemos, entre unos matorrales.
         Nos reunimos en el puente – el de la Badina del Quejigo le llaman – para, por una empinada senda, alcanzar la ermita de San Martín del Alcanadre o de Morrano. Muy movido debía de ser este Martín, pues nos encontramos en el Pirineo y otras tierras de este bendito Aragón, con múltiples referencias al santo: unas veces en el nombre de pueblos, aldeas, gorgas y otras en infinidad de ermitas que se extienden a lo largo y ancho de estos montes.
Ermita de San Martín de Morrano o del Alcanadre.
Los 12 + 1 (más el perro), falta el santo.
Camino de los Gradones.
         Un letrero explica que no, que Martín no anduvo por aquí, pero algo había que hacer.                     Realmente, a esta ermita, los lugareños la llaman la de Morrano. En el interior, una bóveda de medio cañón cubre su única nave decorada con pinturas del siglo XVIII. Sobre la ermita, se abre una cueva de escasa profundidad.
       Tras fotografiarnos, el grupo descendemos sobre nuestros pasos hasta el puente, para ascender por el camino de los Gradones. Se trata de una senda que salva varios obstáculos, equipada – excesivamente, según mi opinión – con cadenas, sirgas, grapas...
        Con más o menos destreza todos alcanzamos el mirador que antes hemos dejado al iniciar el tramo circular de la marcha de hoy.
Con el amigo Toño.
         Tan solo queda desandar el camino hasta el enorme quejigo junto al que hemos dejado los "bugas". En los carros, una decena de los componentes de la partida nos acercamos a un establecimiento de Bierge para, en un larga mesa, dar cuenta de los manjares que aquí elaboran.
       Los del Stadium no nos han mentido, en la convocatoria denominaban a la de hoy, "Ruta de aventura". En un corto recorrido hemos tenido de todo: faja, toboganes, cadenas, sirgas, grapas, "water walking", cuatro gotas de lluvia, muestra de piernas, desfile de lencería fina, etc. y lo que es mejor, ¡buena compañía"
Hasta pronto

LOS CLICS DE ESTA "VIEJAMOCHILA" PARA HOY



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2 comentarios:

  1. Hola José Luis.

    Que bien me viene esta entrada, porque hace tiempo que quiero realizar esta circular, y la información que hay por la red, es escasa y lejana en el tiempo. No sabía si todavía se podría hacer, por el tema de que pasa una zona privada, pero veo que si se puede.

    En cuanto al aparcamiento en el que dejasteis el coche, estaba habilitado para tal uso?, lo digo porque la legislación del Parque Natural, es bastante quisquillosa ...

    Un saludo

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    1. Eduardo:
      En ningún momento se pasa por alguna zona privada, el principio de la ruta hasta los corrales de San Juan transcurre por una pista pública, cosa que he cotejado valiéndome del SigPac. Otra cosa es que no se pueda o deba circular por ellos, cosa que debería estar señalizada. El lugar en que aparcamos, no tiene ningún problema, un gran quejigo es la referencia. Mis últimos 25 años de vida laboral los pasé en un servicio de la administración competente en los lindes de las fincas agrícolas y te aseguro que no se deben de poner puertas al campo. Un saludo

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