lunes, 23 de junio de 2014

LAGUNA NEGRA Y PICO URBIÓN

Día 21 de Junio de 2014
La noche ha sido corta, la más corta, noche de solsticio de verano en la que los "pájaros de la noche", deben apresurarse para no ser vistos. El solsticio de verano tiene fama de exaltar las libidos ( y si no que se lo pregunten a las ranas de la Laguna Helada), y no es de sorprender. El día más largo del año señala el inicio de la temporada de verano y con ella, la cosecha, así que se le relaciona con la fertilidad, tanto vegetal como animal.
En la patria hispana, la primavera se ha despedido con abdicaciones y entronizaciones, ya tenemos dos reyes, uno nominal y el otro honorífico, o sea, la mitad de una baraja que tiene cuatro: el de copas, el de espadas, el de oros y el de bastos, ¡señor! ¡que locura!.
Por otro lado, hablando de balompié, la roja no ha ocupado el mismo lugar que el monarca, y solo se ha entronizado el reino del ridículo. Sus vasallos que habían dejado de ejercer de modelos de alta costura, no supieron adaptarse a los "monos de trabajo" y así les fue. ¡Vaya semanita!
Menos mal que los de Esbarre, nos dan medicinas variadas contra los dolores del corazón y nos sacan a patear los montes de la extensa y castigada geografía de nuestro país.
Sorianos.
Como dije en la pasada entrada a estas páginas, nos vamos camino de Soria, tierra fría y ardiente, vieja y joven, amada y odiada en el transcurso de su historia, y añorada, muy añorada por sus gentes que debieron abandonarla en el pasado para ser bien acogidos en otros lugares. Ejemplo de esto es Zaragoza en la que la colonia soriana es numerosa y querida, ¿quien no tiene un soriano o soriana en su vida?. De los treinta componentes de la marcha de hoy, cinco son de ese bello rincón de Castilla. Cierto es que, algunos debieran tener cuidado con los torreznos que tan apetitosos sirven en la tierra.
Granadinos
En el día de hoy, el grupo más se asemeja a un encuentro de civilizaciones que al clásico "vamonospalmonte", y es que se nos han sumado otros tres granadinos que terminan semana montañera con sus colegas de faena. Han comenzado por las altas cumbres de los Pirineos para terminar en estos rincones amamantadores del Duero.
Vamos, que desde el pabellón deportivo Príncipe Felipe (¡como que príncipe! ¿en que quedamos?), lugar de salida del bus (cuyo entorno parece querer volver a meterle caña a la especulación ladrillera, ¡que horror!), arranca el "mercedes de Alosa".
Tarazona.
El viaje es algo largo para un día de excursión, pero el destino bien merece la pena. En el camino, hay alguien quien se le nota la emoción de "las tierras a conquistar" y, "contar los conejos que en la madrugada han salido a alimentarse". Solo es una excusa para calmar las ansias. El Moncayo, que en anteriores ocasiones observamos desde cordilleras más septentrionales, hoy lo rodeamos por su cara norte. Hemos abandonado la ribera del Ebro y tras Borja (¡vaya vino!), pasamos por Tarazona con su catedral recién restaurada y el barrio judío en lo alto de la vieja ciudad.
"El último torrezno".
Circunvalamos Agreda (no os perdáis su cardo rojo), un cruce indica la dirección a Castilruiz, pueblo de Ada (compañera de Maite y que tantas veces la nombra). Los campos de cereal, aún por cosechar, dan paso a robledales y pinares. Hacemos una parada a tomar café, ¡bueno!, el mostrador del establecimiento está adornado con unos platos rebosantes de grandes dosis de colesterol: algunos "nos tomamos unos torreznos y nos ponemos como oseznos"
El Royo.
Pasado Soria, vemos un bosque de pinos, robles y quejigos, nos dicen los sorianos que es Valosandero, lugar de esparcimiento de los lugareños que cuenta con importantes pinturas rupestres y que en fechas como las que estamos (S. Juan), el toro se convierte en protagonista del lugar.
Al pasar por la vera del Embalse de la Cuerda del Pozo, Valentín comenta - "a la derecha del dique, ya es termino de mi pueblo"-, lo dice con la expresión del que hace mucho emigró de "El Royo".
En Vinuesa, tomamos una estrecha carretera que, tras negociar el lugar de desembarco con los responsables de la zona, nos deja en La Laguna Negra.
Laguna Negra.
Piedad, amiga donde las haya y soriana de pura cepa, me indica que hay una leyenda de la Laguna Negra, así que, José Luis, "a indagar".
Antonio Machado escribió en 1912:
La leyenda narra la historia de Alvargonzález, un rico personaje de la comarca. Tuvo tres hijos varones. Juan, el mayor, Martín el mediano y Miguel el benjamín, que orientado primeramente hacia el sacerdocio, decidió dejar los hábitos, coger su parte de la herencia y partir a tierras lejanas. Los otros dos hijos, ansiando tener cuanto antes su herencia, matan al padre mientras este dormía y arrojan su cuerpo a la Laguna Negra. Se culpó de la muerte a un buhonero que pasaba por aquellas tierras y fue condenado a morir en el garrote. Al poco murió la madre de pena y los dos parricidas heredaron las tierras. Pero éstas dejaron de producir, como si estuvieran malditas, los remordimientos atormentaban a los hermanos. Pasado un tiempo regresó Miguel, el pequeño, después de hacer fortuna en América. Compró a sus hermanos una parte de los campos y los cultivó siendo  entonces muy productivos. 
Al final Juan y Martín vendieron todas sus pertenencias y marcharon a otras tierras atormentados. Pero en el camino hacia el puerto de Santa Inés les sorprendió la noche y los lobos les acosaron desviándose hacia la Laguna Negra donde cayeron despeñándose y gritando ¡Padre!.
Cuentan las leyendas que la laguna no tiene fondo, pero la realidad es que tiene unos 8 metros de profundidad.
Pasarela.
Nos ponemos las botas (treinta pares) y comenzamos el camino por una pasarela que uno a uno vamos cruzando como si de recuento de ganado se tratara.
El día es espléndido, no hace mucho calor y las nubes nos protegen de las agresiones del sol, que hoy se encuentra en la posición mas alta.
El paseo por la vera de la laguna dura un poco, lo que cuesta sacar las cámaras fotográficas y recoger la instantánea, a poder ser, con Juan y Miguel resurgiendo de las oscuras aguas de la Negra.
Algunos pinos nos muestran sus formas caprichosas, con sus ramas retorcidas.
Cascada.
De la Laguna Helada, que a la vuelta veremos, un arroyo vierte sus aguas sobre la Laguna Negra en una bonita cascada con sus aguas cristalinas.
El personal disfruta con el paisaje, disfruta hasta que una primera rampa que salva en un momento cien metros, nos hace sudar más que al jefe de protocolo de la casa real en vísperas.
Pero pronto llegamos a zonas menos empinadas y con unos miradores en los que bien vale la pena asomarse. Efectivamente, abajo, no se porque motivo, el agua cristalina que baja por los arroyos, se torna en oscura al depositarse en el vaso de la laguna.
¡Como suben los de Esbarre!
Por el prado.
A nuestra izquierda dejamos la senda por la que luego bajaremos y muy bien guiados por "el Juli", seguimos por la derecha sin abandonar la GR-86-1. El camino se ha suavizado y nuestros pies caminan sobre una alfombra de finas hierbas. Esta vez, la cabeza consigue contener los avances de la" retaguardia piernaslargas", y aseguro que es una labor difícil, muy difícil de llevar a cabo.
A nuestra derecha, se adivina el valle en el que el río Revinuesa es su eje.
Este río, tiene su origen en otra laguna, que tras recoger los deshielos del Urbión, las deja seguir su curso.
Laguna Larga.
Paso por la Laguna Larga.
Estamos bordeando la Laguna Larga, sus aguas, más claras que la anterior, reflejan la belleza que la naturaleza nos ofrece: la nieve, las caprichosas formas de las rocas, el cielo y los chicos de Esbarre ¡que maravilla!.
Recorremos su parte norte y a partir de aquí, el terreno deja de ser suave y esponjoso para convertirse en duro y cuesta arriba.
De vez en cuando, giramos la cabeza a uno y otro lado para disfrutar de las vistas a nuestro alrededor, incluso atrás, a lo lejos, se divisa la Sierra Cebollera (Preguntaré a los oriundos por el origen del nombre).

Avanzando.
¡Ay, que cruz!
En fila de "a uno", vamos ganando metros, ya andamos por los 2000 y atravesamos, por debajo, algunos neveros que a pesar del calor se resisten a licuarse. El terreno se vuelve áspero pero de fácil andar, los granadinos se desenvuelven como si estuvieran en Sierra Nevada y los Sorianos... Pasamos por un desvío que a la vuelta tomaremos y que lleva al nacimiento del río Duero. Más arriba, en nuestra derecha, a una gran roca, la fuerza del viento ha erosionado la mole, abriendo en ella una ventana natural por la que te puedes asomar y volar, aunque solo sea con la imaginación. No aconsejo otra forma.
Últimas rampas.
A la izquierda tenemos una cruz de metal a la que yo no me acercaría en caso de tormenta y es que como no soy mucho de milagros, seguro que si caía tan solo un rayo, me dejaría mas tostado que la cara de "De Guindos" en lunes.
Y arriba, por fin, nos espera el Pico Urbión que con sus 2228 m., nos acoge a duras penas. A su cima se accede entre dos rocas que deja un estrecho pasillo y que a alguno le lleva a arrepentirse de haberse comido los torreznos de por la mañana.
La cima es estrecha, hacemos turnos para disparar la fotografía de rigor. Maite, Piedad y yo nos retratamos para dedicar "la hazaña" a Donato, primo de la segunda y frecuente seguidor de estas páginas desde una de las ciudades más bonitas del planeta: Toledo.
En el Pico Urbión.
Las nubes y el abismo.
Pese a la presión humana que sometemos a la cima, como siempre, la vista realiza un recorrido panorámico y aún con nubes y brumas, adivinamos a ver la sierra de Ayllón, la de la Cebollera; abajo, hacia el oeste la laguna del Urbión en la que ve por primera vez la luz el río del mismo nombre. También observamos el camino por el que hemos accedido y por el que descenderemos.
Cargamos los pulmones de oxígeno, el alma de paz y nos vamos "p´abajo".




"La cuadrilla"
Junto a la cruz de subida, una roca nos cobija para dar cuenta de las provisiones. "El Juli", no se de donde, pero saca unas latas de birra que a esas alturas caen de miedo.
Ya con el cuerpo jotero y las mochilas aligeradas, nos hacemos la obligada foto de grupo y retomamos la vuelta, no sin antes visitar un lugar emblemático: el nacimiento del río Duero que desde  aquí, se precipita, con prisa, sobre la ciudad de Soria. Todavía adolescente, toma a la ciudad como si la cintura de una muchacha se tratara. En sus veredas, Antonio Machado escribió las más delicadas palabras.
Más tarde, tras bañar las tierras castellanas de nuestra geografía, se nos va por valles lusitanos y con la dulzura de un fado, se deja engullir por el Atlántico de la misma manera que lo hace en la garganta, el vino de Oporto.
Mucho he corrido, pues simplemente estamos en el nacimiento, creo que me he dejado llevar por la ocasión en que Maite y yo, anduvimos por aquella acogedora ciudad de Portugal.
Jesús (el Sierra), coge agua de la fuente. No creo que se produzca el milagro de la vida eterna, pero para tener 5 nietos, el pájaro no está mal.

Chozo.
Volvemos hacia el desvío que hemos tomado, primero en bajada y ahora "al revés" volvemos por otro camino. Una pista, en dirección SE, nos acoge y transitamos por ella con buen rollo. A la izquierda entre la bruma, adivinamos dos poblaciones: Duruelo de la Sierra y Covaleda.
Una construcción de piedra, nos llama la atención, Valentín que es oriundo de la zona, nos comenta que se llama "chozo".
Volvemos la vista hacia atrás y contemplamos, antes de perderlo de vista, el Pico Urbión.
Abandonamos la pista y nos dejamos caer por una fuerte ladera hacia otra de las lagunas de la sierra: La Laguna Helada.
La Laguna Helada.
Amor batrácico.
Como las anteriores, esta laguna es de origen glaciar y aunque en estas fechas, su aspecto no es consecuente con su nombre, sus orillas invitan a, tras contemplarla, cerrar los ojos y asistir al concierto sinfónico que las ranas interpretan. Luego, cuando los abres, te encuentras con una de las imágenes más tiernas que el ojo humano puede ver: "dos ranas copulando". La pareja que se encuentra en el cenit de la función, es ajena a los treinta pares de ojos que la contemplan. Un dicho popular dice: "quien hambre pasa, con pan sueña"...continuamos...el camino.


Serbal sobre el valle.
Como he comentado, esta laguna vierte sus aguas sobre la laguna Negra. De la misma manera, nos dejamos caer, ya de vuelta, por una senda que, una vez cerrado el circulo, nos deja de nuevo en el lugar de inicio.
El autobús espera en el mismo sitio que nos ha dejado por la mañana, nos acicalamos y de vuelta para casa. Realizamos una parada en el mismo sitio que lo hemos hecho a la ida. Nos tomamos unas cervezas (poco frescas) y de vuelta para Zaragoza, todavía hay quien vuelve a contar conejos (hay plaga).
Ha costado años (y kilómetros), pero por fin hemos pisado montes castellanos, hemos recorrido parte de la geografía que a distancia, desde miradores como el Moncayo, Guara e incluso el Pirineo, amigos y amigas de esta afición, han contemplado con la emoción de haber nacido en unas tierras tan llenas de historia y literatura. ¡Volveremos!
Hasta pronto.

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Datos técnicos:
Recorrido

Perfil: 10,25 Km.  Desnivel acumulado de subida: 584 m. - De bajada 584 m.

domingo, 15 de junio de 2014

BARRANCO BASENDER

Día 14 de Junio de 2014
Aún no ha amanecido en la urbe, cuando salimos Atos y yo al acostumbrado paseo matutino. En su reciente operación, ha perdido un ojo pero, a pesar de todo, ve más que yo. Tras días de calor, el cierzo refresca la mañana, pero el viento no logra hacer desaparecer el olor clásico que los habitantes de la noche producen al desalojar el exceso de líquidos, que sus cuerpos ya no soportan, en los alrededores de los contenedores de reciclaje. Salimos del garaje (Maite recrimina a un muchacho la acción ya descrita y, como si nada) en dirección al lugar en el que recogemos a José Antonio. Otro vehículo sale del sur de la ciudad con Fernando, Luis (the doctor) y Lola que, con sus amigas las muletas, nos acompaña.
Barranco Basender.
Benito nos instruye, Lola mira.
Y como buenos "estalentaos" que somos y por aquello de que "no te acostarás sin haber aprendido una cosa más", nos vamos de barrancos, corrijo: de barranco.
Tras habernos reagrupado en una parada antes de la Osca, nos dirigimos hacia Lecina. Las modernas autovías, dan paso a una entretenida carretera que en su serpentear, parece no querer llegar nunca a su destino. Alquezar nos saluda a nuestra izquierda, digo a nuestro frente, no, ahora queda al otro lado y...¡me voy a marear!. A lo mejor tiene la culpa el aroma del licor de Colungo, cuyas calles atravesamos.

Camino de aproximación.
Hemos quedado con Benito de Aragon Aventura, en el aparcamiento, previo a Lecina. ¡Sorpresa!, no ha venido solo, su hijo Alonso (el Ruiseñor de Sallent), le acompaña. Rápidamente nos calzamos, nos encremamos y atendemos las instrucciones que Benito imparte (¡a la vejez viruelas!) en el arte del rápel.
Una vez aprendida, a medias, la lección, nos despedimos de Lola que, lógicamente, no puede acompañarnos, le dejamos las llaves de los coches e iniciamos el paseo de aproximación al "Barranco Basender".


Barranco del Vero.
Descendemos hasta el curso de río Vero que aguas abajo nos muestra sus imponentes paredes. Dejamos atrás el Molino de Lecina, vieja construcción que a orillas del río, aun se mantiene en pié. Comenzamos un ascenso por una senda adornada con algunos arbustos de boj, enebros, sabinas, etc. Hace calor pero el paisaje bien merece la pena. Abajo se adivina el barranco por el que descenderemos, enfrente sus paredes muestran espectaculares formaciones de estalactitas que el dióxido de carbono que se encuentra disuelto en el agua de lluvia,  ha construido sobre la roca caliza.
Camino del barranco.
Quien sigue estas páginas, habrá observado nuestra afición por recorrer la sierra de Guara. Hemos ascendido a las cimas más altas de sus montes, recorrido sus crestas, admirado su paisaje, capturado con nuestras retinas sus pueblos y ermitas; pero hoy no va a ser nada de eso, hoy nos metemos en sus mismísimas entrañas, en una de las cavidades que el agua ha perforado sobre la frágil piedra caliza.
El descenso del Basender, marca muy bien el proceso de formación de un cañón que al principio casi llano, va labrando la roca a través de pasillos poco profundos.


José Antonio desciende (sin cuerda)
El primer obstáculo lo hacemos sin cuerda, a alguno se le nota la experiencia adquirida cuando de niño, saltaba las tapias de los corrales para..., otros sin embargo, miramos cada uno de los pasos, por ver si hay fondo y ahora al escribir estas líneas, certifico que lo hay.
Por esta vez, no voy a relatar cada uno de los pasos y rápeles que hemos realizado, ni de las sensaciones vividas en las entrañas de Guara, simplemente dejo una pequeña descripción y algunas fotografías que la oscuridad del entorno ha tenido a bien dejar plasmar. Y comienzo con el momento más entrañable, cuando en una impresionante galería con un sonido que para sí quisieran algunos grandes teatros, "el Ruiseñor de Sallent", nos deleita con una jota:
video

Benito nos explica...
El barranco comienza en un pasillo estrecho con numerosos giros para llegar a su primer descenso en donde se abre para ofrecernos toda su belleza y dirigirnos por diferentes salas y bonitos rápeles que nos adentran en curiosos pasillos de poca altura, los cuales forman laberintos de curvas y espacios asombrosos, para terminar en una gran sala, a la cual accedemos por el rápel más largo (14 m.) de recorrido y terminar en el Vero que lo vadeamos en un par de ocasiones para acercarnos a la fuente del Vero y volver a los coches. 


Primer rápel.
Yo también estaba.
Maite, sin problemas.
The Doctor.
Alonso, de tal palo tal astilla.
Fernando (¡va fumao!)
A por la última.
Luis también.
Por fin hemos salido al mundo.
Resto de fotos aquí:

Poca vegetación puede brotar en este barranco, pero ahí donde sus paredes dejan entrar la luz, van apareciendo algunas orejas de oso, e incluso un quejigo  y un serbal se han atrevido a desarrollarse en este profundo entorno.
Lola nos espera en el aparcamiento, cogemos los coches y nos vamos a comer a Colungo a "A Olla", que mi compa de curro Leticia me ha recomendado, es su tío Dionisio quien lo regenta y nos sirve exquisitas viandas y una tarta con unas velas formado un número que no voy a describir, que corresponden a los años que cumple la de las muletas, ¡Felicidades Lola!.
Y gracias a Benito que una vez más, y está no será la última, nos ha guiado como solo él sabe hacerlo, enseñándonos técnicas diversas y ofreciendo toda su amistad (y la compañía del "Ruiseñor de Sallent".
Y en la próxima, nos iremos a celebrar el solsticio de verano a las tierras que Machado y Gabinete Galigari cantaron, a tierras de Piedad, de Pilar, de Anuncia, de..., vamos que los de Esbarre nos llevan al Urbión.
Hasta pronto

martes, 10 de junio de 2014

DE VADIELLO A SIPAN POR EL CAMINO NATURAL DE LA HOYA DE HUESCA

Día 7 de Junio de 2014
Con gran pesar, por varias razones, Maite y yo, no podemos disfrutar de una etapa más con que los mozos del Stadium Casablanca nos obsequian, cuando nos acogen en ese mirador natural que en las faldas de Guara ilumina nuestros ojos con espectaculares vistas y engrandece nuestro conocimiento del tesoro que esconden sus pueblos más o menos habitados, pero que la huella de sus habitantes, ha quedado profundamente grabada en sus casas y calles.
Atos.
El hecho fundamental de no haber salido con los amigos, ha sido que Atos (nuestra mascota que más de una vez ha protagonizado algún episodio en estas páginas), ha sido intervenido de un tumor y, lógicamente, nos hemos quedado a cuidarlo.
Y como por esas sendas del diablo, siempre vamos con buenos amigos, mira tú que el buen Luis Casao (el chaval), ha tenido a bien ejercer de magnífico corresponsal de "Vieja Mochila" y nos relata de manera magistral la siguiente crónica que reproduzco de manera íntegra y que adorno con alguna de las fotografías de los que allí estuvieron:



Camino Natural de la Hoya de Huesca: X Etapa Vadiello – Sipan
(Información y datos para “Vieja Mochila” del corresponsal destacado en esta etapa)

"Amanece en una tranquila mañana, en la Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Muy Benéfica, Siempre Heroica e Inmortal ciudad de Zaragoza, mientras nos acercamos al encuentro con el autobús, el cual nos acercará a Vadiello para iniciar la travesía de hoy. Al contrario que en anteriores etapas encontramos pocos noctámbulos. ¿Serán los exámenes?
Partimos pasadas las siete de la mañana. Somos 37 y el conductor, esta vez, se llama José Luis. Nadie duerme y hasta la parada “cafetera” en Montearagón, se habla y se habla sin medida. Llegando a Huesca, a los pies del gigante dormido (Guara), podemos contemplar, ya, los rayos del sol que a través de la calima nos ofrecen una gama de colores, ya vista en alguna otra ocasión, que anuncian un día de fuerte calor.
Con algún que otro “tentenpíe” que nos echamos al cuerpo, adecuadas dosis de cafeína y nicotina, retomamos la marcha. Superamos la tortuosa carretera que conduce a Vadiello para una vez allí, en el barranco de Isarre: cambio de botas; preparar la mochila; gorras, gorros, pañuelos; bastones y sobre todo grandes dosis de crema solar. 
Tomamos una senda en sombra, con bastante vegetación y múltiples gabardas (rosal silvestre), que nos va mostrando a la derecha una impresionante pared y de la que Félix nos comenta es la Canal del Palomo con su vía ferrata y todo. El camino en constante subida nos lleva a un collado que deja a nuestros pies una amplia vista de toda la Hoya y nuestro próximo objetivo: la Atalaya o Torreón de Santa Eulalia. Hemos dejado a nuestra derecha, para otra ocasión, la visita a la ermita rupestre de San Chinés.




Atalaya de Santa Eulalia.
Subimos a la torre defensiva, primero por una escalera metálica que lo rodea y después por otra interior de uno en uno. La vista es privilegiada. En la bajada junto a la ermita de Nª Sª de Sescún damos cuenta de las provisiones que llevamos, que se comparten, una bota con vino de garnacha, de Borja, y hasta unas tentadoras cerezas.
Atravesamos Santa Eulalia la Mayor para llegando a la carretera tomar una pista, ya prácticamente llana. Antes de llegar a Castilsabás vemos un desvío que nos señala, a 500 metros, un molino de aceite y una ermita. Los líderes no dan opción y allá que vamos. Llegando a la ermita vemos que fuera están preparando un ágape que resulta ser de una comunión. Tal como vamos vestidos llegamos a la conclusión de que no encajamos en la fiesta.
Molino.
Pero de pronto una joven y guapa moza, que resulta llamarse Rebeca y que está allí para dar información, dentro de uno de los puntos establecidos para ello en el Parque Natural de los Cañones y Sierra de Guara. Se ofrece a enseñarnos el molino. De sus explicaciones del proceso, y de la recreación que se hizo en su restauración, quedamos encantados, así como de las de la ermita de Nª Sª del Viñedo que nos abre, explica el contenido, el uso actual y además nos cuenta la historia de la aparición de la virgen a unos pastorcillos. 
La citada Rebeca, a la que creo alegramos la mañana, nos informa que todo ello perteneció al Abadiado de Montearagón. Agradecemos su atención y continuamos el camino entre olivos, almendros, campos de cereal, amapolas y macizos de santolina (manzanilla amarga o camomila; si alguien tiene curiosidad en San Google hay información abundante de sus usos por nuestros abuelos)
Ermita de san Fertús.
Seguimos y llegamos a la ermita de San Fertús, prácticamente en ruinas. Nuestra próxima parada es Ayera, donde nos agrupamos, descansamos a la sombra un rato, mojada en la fuente y de nuevo en marcha para cubrir el último tramo de la jornada.
Cerca de Ayera y dentro de nuestra ruta visitamos la ermita de San Esteban sobre una plataforma rocosa. En su entorno se encuentra un cementerio medieval con tumbas antropomorfas excavas en la roca. Se observa que las cabezas estaban orientadas este-oeste.


Los hermanos Alonso.

Alcanzamos finalmente Sipán, algo sofocados después de una pista interminable; creemos intuir un bar en el pueblo. Los hermanos Alonso ganan la pole-position, pero resulta ser una fiesta particular, aunque ellos obtienen amablemente unos vasos de zumo de cebada.
Nos escoscamos. Bús a Huesca, parada en el Esperanza donde: degustamos el bocata; jarra de cerveza; cafés… Misión cumplida. Una buena jornada de senderismo. A las 18 horas llegamos a nuestro pueblo
Así fue, si así os parece."

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A uno, que no estuvo en esta etapa, le parece como si su cuerpo y alma hubieran participado de tan grata jornada. El relato de Luís Casao y las fotos que he robado del Stadium (espero que me perdonen) es de tan amena lectura, que este blog, desde hoy, ha subido el escalón que hace tiempo intento superar, ¡Gracias Luis!
Hasta pronto

Fotografías del Stadium casablanca, aquí.