miércoles, 28 de octubre de 2015

DE PUENTE LA REINA A ESTELLA Y NACEDERO DEL RÍO UREDERRA

Días 24 y 25 de Octubre de 2015
    Convocados por la sección de Nordic Walking de la Hermandad de CAI, nos vamos a tierras navarras con el fin de compartir un par de jornadas con gentes de aficiones diferentes unidas por el amor a la naturaleza y con ganas de adentrarse en la historia y entrañas de esta región.
Logo del Camino de Santiago.
     Bajo la protección de un guía de lujo, Fernando Morata, salimos de las puertas del Museo Pablo Serrano de Zaragoza, treinta y cuatro personas. Solo dos bajas, la de Encarni y Juan Miguel, el fallecimiento del padre de éste último, es sentido por los que les echamos de menos en estas jornadas. El vehículo lo conduce José, hombretón bueno, con el que llevamos varias salidas coincidiendo, con su destreza al volante. Vamos a recorrer parte de la etapa del camino compostelano de entre Puente la Reina (Navarra) y Villatuerta, cerca de Estella.
     El principio del viaje lo hacemos con la noche por sombrero hasta que en las Bardenas Reales, el cielo se vuelve rojo, ¿serán las bombas de los soldados de la OTAN que andan jugando a guerras por la zona?...¡amanece!.
         No tardamos en detenernos en Puente la Reina, no sin antes volver majareta a José para que nos deje cerca de un garito en la calle Mayor en donde, avisados de nuestra llegada, nos sirven el desayuno y nos abren las puertas de la "toilette".
         En Puente la Reina confluyen dos de los caminos, el francés y el aragonés.
Rúa Mayor.
   Hasta aquí hemos llegado recorriendo una coqueta calle, la "rúa Mayor", que nos permite descubrir, algunas casas señoriales con sus respectivos escudos, así como la Iglesia de Santiago (finales del siglo XII), una iglesia parroquial de grandes proporciones que fue rehabilitada en el siglo XVI, mientras que en el interior los retablos, lienzos y otros elementos ornamentales son, sobre todo, del siglo XVIII.
        La calle Mayor desemboca en un puente construido en el siglo XI sobre el río Arga, para facilitar a los peregrinos su salida del municipio. En su origen, contó con tres torres defensivas, en una de las cuales se encontraba la imagen renacentista de la Virgen del Puy o del Txori (pájaro en euskera). 
Puente sobre el Arga.
Cuenta la leyenda que un pájaro visitaba diariamente la imagen, le quitaba las telarañas con sus alas y le lavaba la cara con su pico después de recoger agua del Arga.
      Nos retratamos a la entrada del puente y, tras cruzarlo, iniciamos "el camino".
    Aunque el cielo está nublado, la temperatura es óptima para andar, hoy toca llanear entre mieses recién sembradas y autopistas, también sembradas (de coches). 
   La suavidad y monotonía del paisaje, es compensado por las charradas de unos y otras y del paso por algunos de los pueblos que jalonan este histórico y frecuentado camino. 
Preparados.
Ayuntamiento de Mañeru.
    A nuestra izquierda discurren las aguas del Arga, a la derecha veloces turismos tragando millas por la A-12.
   Cuando el bravo río, decide encaminarse al sur, lo abandonamos para cruzar la población de Mañeru. Nuestro fugaz paso por esta localidad, no nos permite ver más que su iglesia parroquial dedicada a San Pedro Apóstol, un edificio neoclásico realizado a fines del siglo XVIII en el lugar en el que había otro más antiguo de los siglos del XVI-XVII y del que se aprovecharon algunos elementos en la zona de los pies, con un retablo barroco del siglo XVIII.

Caminando entre la vid.
    Continuamos "el camino" y las charradas. El río ha desaparecido, la autopista sigue allí y delante, otro pueblo: Cirauqui. Aquí tenemos que encontrarnos con el bus por si alguien necesita "cuidados intensivos" (de hecho ya hay quien se ha cuidado, desde el principio, de gastar menos suelas que Tarzán). No aparece, así que seguimos el camino, que ahora pasa por el mismísimo centro de esta bonita localidad. Sus calles están dispuestas siguiendo el trazado medieval que se encerraba en el interior de sus murallas, del que se conserva alguna parte de su estructura. Las construcciones más antiguas datan del siglo XVI. 
Por las calles de Cidauqui.
  Cruzamos la plaza del Ayuntamiento  que se convierte en otra importante zona que alberga interesantes edificios. Se trata de un conjunto de viviendas barrocas correspondientes a los siglos XVII y XVIII. La ligereza de nuestro paso, nos impide ver la iglesia fortaleza de San Román, principal templo de la localidad, de origen medieval y que data del 1.200, ampliada y remodelada en los siglos XVI y XVII.
   Antes de bajar por una conservada vía romana, observamos un gigantesco mapa mundi en una ladera, realizado con plantas por parte de los escolares en el día del medio ambiente.
Mapa Mundi.
     Pasado un bonito puente medieval, nos encontramos con los del "servicio de asistencia en camino", o sea: bus, José y "el equipo". Creo que no tienen éxito, seguimos todos "a pie".
San Salvador.
    Hasta cuatro veces cruzamos bajo la autopista, antes de llegar a Lorca. Como todos los pueblo que vamos atravesando, su vía principal coincide con el camino a Compostela. En Lorca se encuentra la parroquia de San Salvador, que data de fines del siglo XII, aunque en el siglo XVIII y en el XX ha sido restaurada y reformada. Pasando por la calle Mayor vemos una casa del siglo XVII con escudo barroco del siglo XVIII. Otra casa, a un lado de la plaza, compuesta de dos cuerpos y ático y fechada en 1.782.
Avituallamiento.
      Unos apuntes de Iglesia de San Salvador:      Está construida en la

segunda mitad del s. XII, en siglos posteriores efectuaron importantes modificaciones y añadidos, quedando casi oculta.
     La portada con pórtico y la torre son construcciones modernas del s. XX. El ábside es semicircular con bóveda de media esfera. Todo el interior está enlucido. 
         La calle Mayor ofrece al caminante todo tipo de suvenires, menús, paellas, máquinas de "sírvase ud. mismo", etc., y como no, varios establecimientos en los que nos repartimos y probamos la "birra del santo"... "ta güena".
Entrando en Villatuerta.
     El "boss" Morata nos indica que hay que seguir el camino (y la autopista, que cruzaremos otra vez más).
     A lo lejos, ya se ve nuestro destino, Villatuerta. Allí nos espera el autobús y su tripulación, en la misma puerta de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que tiene su origen en un templo de comienzos del siglo XIII en estilo románico tardío. Posteriormente se reconstruyó en estilo gótico. El retablo mayor está fechado a mediados del siglo XVII.
 En un jardín próximo a la puerta, se encuentra una estatua de San Veremundo, abad del monasterio navarro de Irache desde el año 1056 al 1092 aproximadamente, hasta su muerte. 
San Veremundo.
  Nació, el santo,  hacia el año 1020 en Arellano, aunque  también Villatuerta (ambos cercanos a Irache) han disputado siempre la cuna del santo. Ingresó en la comunidad benedictina de Irache hacia el año 1032. Veinte años después fue elegido para sustituir al hasta entonces abad del monasterio, su tío Munio.
         Pero como el Veremundo no nos da de comer, nos aseamos al estilo "cagüenla" y nos acercamos al Club de Jubilados, en el que "el Morata", encargó que nos sirvieran el banquete. Lo del sitio ha estado acertado por dos razones: la primera porque la mayoría de nosotros estamos en esa situación civil de pertenecer a ese club u otro de la misma índole; y la segunda razón es que hemos comido como merecemos: El menda se ha metido un par de platos de pochas, otro de ternera y todo ello, regado con un vino de la tierra. Al terminar...¡tenían sofá!.
Rio Ega a su paso por Estella.
   (Como la "caminata" ha concluido, dejo los datos técnicos, para verlos haz clic aquí).
      Y nada hay mejor, tras una copiosa comida, que el postre que nos tiene preparado "el boss": Visita guiada a Estella.
        Hasta allí, nos traslada José en un corto camino que todos hubiéramos deseado fuera más largo. Apeados del bus, nos trasladamos hasta la rúa de San Nicolás en las que nos espera el guía local Alberto.
Iglesia de San Pedro de Rúa.
    Con gran entusiasmo y cargado con un buen saco de ideología, nos recibe (el guía) bajo las escalinatas de la Iglesia de San Pedro de la Rúa, iglesia mayor de la ciudad, cuyo claustro del siglo XII, está considerado uno de los conjuntos de mayor riqueza escultórica del románico navarro. 
       Encaramado en un alto desde el que domina la ciudad, este templo nos muestra también un bello pórtico del siglo XIII, de arcos lobulados de influencia árabe y rica ornamentación, una imponente torre, y un interior que alberga entre otros, la sillería del coro y diversas esculturas románicas y góticas de interés.
       Durante la Edad Media, fue utilizado como cementerio de peregrinos. Y aquí fue enterrado, en el siglo XIII, un obispo procedente de la ciudad griega de Patrás que portaba la reliquia de San Andrés, patrón de la ciudad desde su hallazgo.
     El claustro, claustra la llama el guía (¿?), fechado en torno a 1170, es uno de los elementos más bellos del conjunto. Sólo conserva las galerías norte y oeste, ya que las dos restantes desaparecieron con la voladura del castillo de Zalatambor, ordenada por Felipe II en 1572. De planta cuadrada, pertenece a un románico tardío y decorativo que combina la iconografía del Camino de Santiago con otros temas vegetales y animales. 
Palacio de los Reyes de Navarra.
     Frente a esta, se encuentra el Palacio de los Reyes de Navarra. La fachada está enmarcada en los extremos por dos columnas superpuestas con cuatro hermosos capiteles, dos vegetales y dos historiados. El capitel inferior de la columna izquierda, es el más famoso de los dos historiados y en él se distingue la lucha de Roldán y Ferragut, siendo el primero paladín de Carlomagno, y el segundo, un gigante moro. El capitel recoge el momento en el que el héroe cristiano vence, faltaría más, al musulmán al atacarle en su único punto débil, el ombligo. En la actualidad, alberga el Museo Gustavo de Maeztu.
Capitel con la lucha de Ferragut y Roldan.
Portada de San Miguel.
      Alberto, el ilustrado guía,  nos lleva por la rúa de los curtidores, en la que se escucha un anónimo competidor también cargado de ideología (esto nos despierta), hasta el convento de Santo Domingo, en su fachada nos explica el porqué hemos llegado hasta aquí (los navarros) y el "posible origen" del Camino. Pero describir todo ello, llevaría al fin de este humilde blog.
      Finalmente, nos dirigimos a la iglesia de San Miguel a la que se accede por unas interminables escaleras (¡uf! recuerdo que hemos comido pochas). En el barrio de San Miguel, en la margen izquierda del río Ega, que hemos cruzado por un curioso puente, donde en la Edad Media convivieron francos y navarros, se levanta la iglesia de San Miguel, que alberga en su interior valiosos tesoros artísticos.
      De aspecto sólido, esta iglesia restaurada entre los años 1987 y 1992, es una buena carta de presentación del barrio de San Miguel.
      El aspecto exterior del edificio es grandioso; ofrece volúmenes contrapuestos, como los de la torre barroca situada en la cabecera y la mole pétrea de la torre medieval ubicada a los pies de la nave. 
Detalle de la portada.
    Pero su joya artística es la portada Norte representativa del tardo-románico hispano. En su tímpano observamos al Cristo en Majestad, rodeado por los símbolos de los cuatro evangelistas, la Virgen y San Juan como intercesores en el momento del Juicio. 
     En las ménsulas podrá distinguir a un león tragando a una persona, y a otro, enfrentado, devolviéndola. 
        Del interior nada que añadir, se celebra misa y, por respeto, no entramos.
     Tenemos un rato para pasear por las animadas calles de Estella.     Bajamos hacia la calle Zapatería para coger la calle Mayor y adentrarnos en la animosa plaza de Los Fueros. Animosa la plaza y animosos los bares que la jalonan. -¡Que sí! que entramos en uno de ellos y... -¿qué pasa?.-
      Con la cabeza completamente llena de historia, cultura e "ideología", nos dirigimos al autobús en el que nos espera José para trasladarnos a Zudaire en donde, animadamente, cenamos y...zzzzzzzz.
Casa en Baquedano
   La noche ha sido larga, el cambio de hora impuesto, dicen que para ahorrar energía, nos ha regalado una hora que en primavera nos será sustraído.
     El desayuno está tan animado como lo estuvo la cena, el personal parece no haber sido afectado por las "pochas de Villatuerta".
    El pequeño trayecto que une Zudaire con Baquedano, lo realizamos en el autobús. Nos espera uno de esos rincones que, en otoño, te dejan "pasmao". Se trata del Nacedero del Urederra, en plena sierra de Urbasa (bosque de agua en euskera).
Maite y Piedad al comienzo del parque.
     Todos o casi todos, incluido José (el chofer), comenzamos a caminar por las calles de Baquedano en las que algún establecimiento ofrece los productos de la tierra de navarra. El agua de la fuente que colma un abrevadero, que en sus tiempos quitaría la sed a los mulos, a su vez, llena el viejo lavadero que las mujeres del lugar usaron para la colada. Mientras, sus hombres cosechaban los productos descritos.
      La senda, discurre por las orillas del río Urederra. El camino no es largo y los momentos son para vivirlos con toda la intensidad posible, así que lo tomamos con calma recogiendo en nuestras retinas y cámaras la belleza que este rincón nos muestra.
Siempre encontrarás la puerta abierta.
Paleta de colores.
     El río transcurre, desde su nacimiento, flanqueado por una tupida mancha de hayas que compiten por alcanzar la luz del sol con sus copas y nacer entre las mismas rocas. Pozas, saltos y rápidos jalonan el curso de este río que rendirá sus aguas al Ega unos kilómetros más abajo. El recorrido nos lleva hasta el fondo del farallón bajo el mismísimo Balcón de Pilatos, trescientos metros más arriba. Una cascada con no mucha agua, por las fechas, y varias pozas indican la surgencia cuyo acceso es bastante complicado, por lo que, para evitar accidentes, se han puesto puertas. 

Bravo Urederra.
Un rayo de sol.
     A la vuelta, en algún momento, me pierdo deliberadamente por el interior del bosque en el que las hayas parecen cobrar vida, dejan caer sus hojas para alojarlas en el suelo creando una alfombra en la que los colores fuego, disputan por imponerse en la magia del otoño. Entre la ramas de los árboles, observo un resplandor. Creía haber visto un hada, bueno, haberlas las habrá, pero es el sol que lucha por hacerse un hueco en la espesura del hayedo.
     El haber madrugado, nos permite disfrutar intensamente de este trozo de paraíso, aunque poco a poco se va notando la afluencia de más personal. Pese a que está limitada la afluencia de visitantes, a la vuelta hay que ceder el paso en algún momento .
Todo es cultura.
     Ya, en Baquedano, Maite y yo adquirimos unas nueces    recién cosechadas, un buen queso de Urbasa y como no, unas cañitas de cerveza que degustamos en compañía de los miembros de la expedición que, poco a poco, van llegando.
   Aunque no es lo más importante, haciendo clic, dejo aquí los datos técnicos de esta maravilla.
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     Tras quitarnos el polvo y demás suciedades que, lógicamente, no voy a describir, nos dirigimos hacia Irache, a comer en el restaurante de su camping. El menú es variado pero la mayoría del personal ingiere el "gorrín", cochinillo asado le llaman en Castilla.
A la derecha, antiguo hospital.
  Y nada más comer, faltaría más, el Morata nos ha preparado otro suculento postre: Visita guiada (por el mismo guía) al Monasterio de Irache.
    Ya, ayer, nos dijo Alberto, que su interpretación de lo que vimos y vamos a ver, no carecería de interpretación subjetiva y tenía razón, por lo que prefiero documentarme y ceñirme a los textos consultados.
     El monasterio benedictino de Irache tiene orígenes remotos, aunque su existencia se documenta por primera vez en el año 958, bajo el abad Teudano. Durante el siglo XI Irache fue engrandeciéndose favorecido por su emplazamiento en las proximidades de Estella, en la ruta del Camino de Santiago. En 1033 Sancho el Mayor le entrega el castillo de San Esteban de Monjardín y más adelante recibía por donación real otros monasterios, viñas e iglesias. A mediados del siglo XI, García de Nájera funda en Irache un Hospital de peregrinos, pero es a finales de este siglo cuando el monasterio alcanza su esplendor bajo el abad San Veremundo, sí, aquel de Villatuerta.
Detalle de capiteles.
     La prosperidad del monasterio continua en el siglo XII en cuya segunda mitad se construye el gran templo abacial de cabecera románica y cuerpo de naves cisterciense. En el siglo XIII se inicia la decadencia del monasterio acentuada en el siglo XIV y XV al disminuir el número de monjes y relajarse la regla benedictina. El monasterio, incluso empieza a arruinarse. 
      Irache vuelve a florecer a partir de 1522, con la reforma que impulsaron los monjes venidos de San Benito de Valladolid, al quedar incorporado a este cenobio castellano. 
Arcos de la portada.
     Con la invasión napoleónica los monjes tuvieron que abandonar el monasterio en 1809 y de nuevo, en 1820, durante el gobierno liberal. Fernando VII restauró la comunidad que fue suprimida definitivamente en 1839. 
     Lo primero que vemos es la torre que  domina el exterior del monasterio y fue concluida en 1609 en estilo herreriano. Consta de tres cuerpos decrecientes y otro más de campanas, rematado en balaustrada con pirámides y bolas. 
Puerta de entrada al claustro.
          La portada de la iglesia se halla adosada a la torre. En la parte inferior se abre un arco apuntado doble que sirve de ingreso y conduce a la puerta a través de dos tramos de cañón apuntado separados por tres arcos tajones que quedan suspendidos sobre ménsulas con cabezas. La puerta propiamente dicha pertenece al siglo XIII. Su esquema es muy sencillo, con cinco arquivoltas lisas sobre columnas y capiteles con motivos vegetales estilizados. La clave del arco de ingreso muestra un crismón sostenido por la mano de Cristo. Sobre el pórtico medieval se alza un coronamiento barroco del siglo XVIII con las esculturas de la Inmaculada y de San Veremundo en hornacinas rodeadas de follaje.
         Atravesando un pequeño patio se llega al bello claustro que acumula los primores decorativos del plateresco. Es de planta rectangular, presenta cinco arcadas apuntadas en las alas norte y sur y seis en los otros dos lados. Estas apoyan en pilares octogonales sobre un pedestal corrido. 
      Un conjunto muy rico de decoración renacentista con variados motivos de grutescos (de gruta, extravagante) ocupan los capiteles, ménsulas y claves de las bóvedas. En los capiteles se desarrollan temas de la Infancia de Cristo, del ciclo de la Pasión y escenas de la vida de San Benito. Los motivos de las ménsulas son decorativos y algunos mitológicos como Prometeo y el Águila o Hércules con la Hidra. Finalmente las claves están ocupadas por cabezas de Cristo, la Virgen, santos profetas y monjes. Grandes medallones con cabezas se acoplan a las enjutas de los arcos por el exterior. 
Claustro.
   La iglesia Constituye un grandioso templo medieval muy proporcionado en la planta y alzados que comenzó a construirse a mediados del siglo XII aunque no se terminó hasta el siglo XIII. A las fechas iniciales pertenece el triple ábside y el crucero construidos en románico. Las naves más tardías están inspiradas por los postulados de la arquitectura cisterciense. 
     La planta se compone de tres naves, cada una de tres tramos; los de la nave central son cuadrados y los de las laterales medios cuadrados. Sigue un crucero y una cabecera formada por un triple ábside. 
Iglesia.
    Las naves se articulan por un orden gigante de pilares en la nave central y crucero, y un orden normal en las naves laterales. 
    El ábside propiamente dicho se estructura en altura en tres pisos, el inferior es macizo, el intermedio presenta una serie de arcos de medio punto de rosca ajedrezada, sobre columnillas. Tres de los vanos están abiertos. Los ábsides laterales presentan cada uno ventana de medio punto abocinada entre columnas. 
Fuente de vino (y agua).
Están cubiertos por un cuarto de esfera. Los capiteles de los ábsides son románicos destacando los del arco triunfal, el de la izquierda con un combate de caballeros y el de la derecha con la Epifanía.
     Ya en el exterior, se encuentra un museo del vino dedicado a los caldos de Irache. Como ya es tarde, tan solo visitamos su tienda y algunos osan a recoger un poco del vino que ofrece al peregrino, una fuente de la que sale tan preciado líquido.
     Y, de nuevo, montados en el autobús, pasaremos por un garito en el que adquiriremos unos pimientos de la tierra y "con las tareas biológicas realizadas", viaje a Zaragoza en una tarde que refleja, por su oscuridad, el cambio de la hora.
      Ha sido un fin de semana agradable, no hemos coronado ninguna cima, ni batido ningún récord de distancia ni de altura, pero ha valido la pena porque nos hemos juntado algo así como un cóctel de personas de varias aficiones, que en esta ocasión nos ha unido la belleza del paisaje otoñal, la historia de una cercana tierra y "un plato de pochas".
Hasta pronto.


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