viernes, 21 de septiembre de 2018

LA RUTA DE LOS PINTORES DE COLLIOURE A CADAQUÉS


Aclimatando.
     
          Cuando decidimos emprender esta travesía, quizás por ignorancia, pensaba en algo así como unas jornadas de descanso, bien merecido por otro lado, después de las realizadas en los meses de Julio (Val d´Arán) y Agosto (Rumanía). ¿Serían las playas, bañador y toalla en la arena, elementos de los que gozaríamos en las frescas mañanas de Septiembre?; o quizás, carentes del acostumbrado paisaje de las montañas, ignoraríamos otro, muy diferente en lo esencial; ¿por fin podríamos aburrirnos con premeditación y alevosía?.
            ¡Ni toallas, ni  bañador, ni falta de paisaje, ni aburrimiento!.
         Una travesía de pueblo en pueblo, acantilados, montañas, calas salvajes, templos, historia, gentes... alojándonos en establecimientos reservados por los amigos de Camins, jornadas que intentaré plasmar con la mayor ligereza posible, pues describir todas las sensaciones agotaría toda la memoria del ordenador desde el que escribo.
Alfredo, Mª Ángeles y Maite.
                Un par de apuntes: debido a que estamos en una zona en la que se hablan (charran decimos en Aragón) varias lenguas como el francés, castellano y catalán, es posible que en algún caso nomine un lugar, personaje, etc.  en una u otra (todas y cada una de ellas me merecen el mayor de los respetos). El segundo apunte se trata de que, aunque las cotas no son muy altas, téngase en cuenta que siempre partimos del nivel del mar (cosa que la web de "wikiloc" no entiende).
            Antes de meternos en harina, los cuatro (Maite, Mª Ángeles, Alfredo y yo), antes de viajar hasta Cadaqués y, en taxi, llegar a Collioure, pasamos unos días en Tossa de Mar, ahora sí, ahora a disfrutar del paisaje y playas de la más auténtica Costa Brava.
Colliure
Colliure.
             ¿Qué decir de Colliure?. Se trata de una pequeña ciudad con un encanto increíblemente pintoresco, algo así como una bella postal con el castillo real al borde del mar, el puerto con sus barcas típicas, las pequeñas playas de guijarros, las terrazas de los cafés, la ciudad vieja con fachadas de colores y el característico campanario con su cúpula rosa. Un magnífico cuadro que pudimos contemplar desde la capilla del islote de San Vicente.
           De la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles (siglo XVII), que no pudimos visitar por estar cerrada, me informo de que alberga entre sus muros auténticos tesoros de arte barroco: nueve espléndidos retablos, con una riqueza de detalles esculpidos inagotable para los amantes del arte sacro. Habrá que volver.
Iglesia.
                El imponente Castillo Real de Collioure (siglos XIII-XVII) fue construido para proteger la antigua aldea de los ataques y completamente renovado por la realeza mallorquina.
           Colliure es conocida también por ser la cuna del fauvismo, el movimiento pictórico cuyo máximo exponente fue Henri Matisse. En un sólo verano, en 1905, él y su amigo Derain pintaron aquí alrededor de 300 obras entre telas, acuarelas, dibujos y bocetos.
                 Desde entonces, Colliure ha ido atrayendo a muchos artistas, entre ellos algunos de los más influyentes del siglo XX, como Picasso o Dalí.
Tumba de Antonio Machado.
                   En la actualidad este idílico pueblo sigue siendo fuente de inspiración para otros tantos artistas de todo el mundo. Paseando por sus estrechas calles observamos de la cantidad de pequeñas galerías de arte que hay, que han llevado a rebautizar a Colliure como “ciudad de los pintores”.
               Pero si hay algo que no podemos dejar de visitar, es la tumba en que reposan Antonio Machado y su madre Ana. Aquí debió escribir su último verso "Estos días azules y este sol de infancia...".
                Rodeado de banderas republicanas, Maite deposita unos centímetros de la cinta tricolor que guarda y que fue confeccionada en 1931.
           Al pie de la tumba, unos versos de Soledades:

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Pequeño homenaje.
Castillo real.

De Colliure a Banyuls sur Mer
(Día 6 de Septiembre de 2018)
Allá vamos
               Nosotros somos más de ese extracto de proverbios y cantares. "Caminante son tus huellas...", así que comenzamos la primera de las cinco etapas que nos lleven, cinco días después, hasta ese otro pueblo "pintoresco y pintado" que es Cadaqués.
          El sendero asciende suavemente, primero entre algunas casas y después junto a un molino. A lo alto divisamos el Fuerte de San Elme (S. Telmo) (160 m.), construido entre los años 1538 y 1552 por orden del emperador Carlos I de España y V de Alemania, aunque fue rediseñado y restaurado posteriormente por el Marqués de Vauban en el año 1680.
Fuerte San Elme.
Colliure, el mar, la vid...
             Pasamos junto al fuerte que dejamos a nuestra derecha, un vistazo atrás nos muestra el paisaje que se contempla desde el promontorio en que fue construido, paisaje que se nos abre, todavía más, en cada metro que ascendemos.
           Más adelante, pasamos junto a una de las múltiples construcciones de carácter defensivo de estas tierras, se trata de la Fortaleza (o baterie) Dugommier, del siglo XVI (200 m.) y actualmente en obras de reconstrucción.
             Alcanzado el Coll Mollo (231 m.), la senda se empina por un agradable terreno, entre cordal y cresta, que nos exige soltar algunas gotas de sudor sobre un terreno en el que las viñas luchan contra la gravedad a base de terrazas muy bien diseñadas.
Entre viñas.
            Los caldos que producen estas viñas que crecen entre Colliure y Banyuls, de DOC, son altamente valorados, principalmente los de la uva garnacha a la que, los aquí presentes, somos muy aficionados.
               Alcanzamos un falso llano en el que se encuentra el refugio Madeloc (460 m.) que, aunque solo abre en fin de semana, nos ofrece unos bancos y mesa para reponer fuerzas.
            Tras atravesar el Coll Tallaferro, la senda asciende zigzagueando entre una vegetación típicamente mediterránea y un fuerte viento, hasta la cima en que se encuentra la Torre Madeloc (651 m.) construida en el proceso de enriquecimiento, en 1285, bajo Jacques II de Mallorca para vigilar el mar y la protección contra los ataques de su hermano Pedro III el franco.
Torre Madeloc.
Vista desde la Torre Madeloc.
Tierras del Languedoc-Rosellón. Al fondo Perpiñán.
              Además de divisar algunas torres más, desde las que se comunicaban en pretéritos tiempos, el paisaje que se disfruta desde este inmejorable lugar es impresionante. Este tramo de la costa mediterránea, la Bermeja, lucha por adentrarse en el mar y este, por ganarle tierra a ella. Hacia el norte se adivinan las verdes planicies del Languedoc-Rosellón, bañado por las blancas edificaciones entre las que destaca Perpiñán.
           Toca descender, el camino es de fuerte pendiente. Pasamos junto a otra de las fortalezas defensivas, la Batería 500 (500 m.) y, fuertemente, seguimos perdiendo altura hasta llegar a Banyuls.
Descenso.
Hidratación.
                 
Aparecen las amigas galas.
        Antes de acercarnos al alojamiento, junto a la hermosa playa, nos metemos unas cervezas en el cuerpo, eso sí, ¡bien pagada!.
            Frente a nosotros se abre un mar al que se le han dedicado muchos versos, mar con mucha historia, mar que hoy es cementerio de muchas personas cuyo delito es buscar la libertad.
              No tardan en aparecer las cuatro francesas que llevan la misma ruta que nosotros.
                  Un paseo por sus calles con olor a mar y uva, cenamos (¡paella!) con vino de la tierra y... a dormir.
Banyuls.
Datos de la etapa
(El track para gps, haciendo clic sobre la palabra wikiloc del mapa)


–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
De Banyuls Sur le Mer a Cerbère (Día 7 de Septiembre de 2018)
Entre umbelíferas.
            Abandonamos Banyuls por sus calles,  blancas casas nos guían hasta las afueras. A nuestra derecha, corren las vías del tren, que cruzamos por encima de la boca del túnel en que se pierden. ¡Cuántas historias guardan estas vías!.
       El sendero asciende serpenteante, entre chumberas, umbelíferas y algunas otras plantas leñosas, hasta el Coll de Gran Bau (200 m.). Un mirada atrás nos muestra un Banyuls más empequeñecido y arriba la cumbre de ayer: la Torre Madeloc.
            Nos encontramos con las francesas (Delphine, Odile, Beatriz e Ivonne), que andan intentando seguir la ruta. Vista la facilidad con que nos orientamos nosotros, deciden compartir nuestra compañía, no solo hoy sino el resto de travesía hasta Cadaqués.
              Los "ocho" seguimos nuestro camino que sigue ascendiendo y que en alguna ocasión nos exigirá usar las manos.
Los ocho (Les huit)
Ellas...
...Alfredo y...
...yo ¡multiplicándome!
¡Esas piedras!
            Pronto alcanzamos el Coll de la Creu (270 m.), poco a poco vamos ganando altura hasta alcanzar el reconocible, por su torre de antenas, Puig Joan (456 m.). Tras un leve descenso pasamos por el Coll Cerbère (400 m.). 
          A partir de aquí la senda gana en belleza. Siempre con el Mediterráneo de fondo, caminamos por una cresta que ejerce de balcón y que, como decía, nos exige usar las manos en algún momento sobre la roca que trata de esconder el camino.
           De nuevo otro coll, el de Les Portes (470 m.), del que arranca un sendero que, sin compasión, nos asciende hasta la Torre de Querroig (672 m.), edificación que parece fue construida sobre las ruinas del castillo del siglo XI, concretamente sobre los muros en ruinas de la torre del homenaje y de la muralla. Un buen lugar para echar un bocado, sentados con las vistas dirigidas hacia el mar.
En la Torre Querroig.
Vamos "p´abajo".
          Toca descender, lo hacemos por una bonita cresta por la mismísima frontera de España y Francia (o Alto Ampurdan y Rosellón, o norte y sur de Cataluña: elíjase lo que guste). La cosa es que lo de frontera es un invento humano, pues aquí, guste o no guste, las botas caminan sin notar ni "miaja" de diferencia.
          A lo nuestro: seguimos perdiendo altura por una senda que ataja, una y otra vez, el trazado de una pista que, junto al frescor de un arroyo, nos va acercando a nuestro destino a través de un largo túnel que salva las vías de la estación internacional de Cerbère.
                  Los ocho nos tomamos unas merecidas cervezas que esta vez sí, esta vez son más asequibles.
Datos de la etapa
(El track para gps, haciendo clic sobre la palabra wikiloc del mapa)


–––––––––––––––––––––––––––––––
Cerbère
Vista de Cerbère
       Cerbère, sus vías, su estación... ¡una historia que se repite!. Aquí fueron acogidos "los indeseables", así llamaban a los refugiados españoles, a aquellas familias enteras que confiaban en la solidaridad francesa para dejar atrás la guerra, la destrucción de sus casas, de sus trabajos, de su futuro. Huían a aquella Francia, país de los derechos humanos, de la libertad, de la democracia. Pero pronto se dieron cuenta de que aquello de la libertad, la igualdad y la fraternidad era un eslogan que no era para ellos.
             Cerca de mil refugiados españoles se subieron al tren que salió de Angulema el 20 de agosto de 1940, convirtiéndose en el primer tren de refugiados enviado a un campo de exterminio de Europa occidental. Dos años después se producirían las tristes  deportaciones masivas de judíos a Auschwitz.
Si estas vías hablaran.
" Formaban levas para los campos de concentración, separando a hijos de padres, y a las mujeres de los maridos. Fue un verdadero milagro que escapáramos de estos esbirros" –escribía años después José Machado, hermano de Antonio–. Que el hermano del poeta considerase un privilegio la noche que su madre de 88 años y su hermano de 64 pasaran en la cantina de la estación de Cerbère, junto a la frontera, es un síntoma del desprecio con el que Francia recibió a los refugiados. 
              Sólo alguien con la cabeza fuera de sí podría considerar hospitalario el trozo de queso que los gendarmes alcanzaron a Antonio Machado. 
Y cuando llegue el día...
Y esa persona era Ana Ruiz, la pobre madre del poeta que, según los testigos de la escena, no paraba de repetir: "Hemos de ir a saludar a estos señores tan amables que han tenido la bondad de invitarnos". Con cariño, un debilitado Antonio trataba de calmar a su anciana madre, empapada por la lluvia que les había calado el cuerpo entero en horas de espera (Ian Gibson en Ligero de equipaje (Aguilar).
Si cambiamos trenes por pateras, vía por mar... como decía "la historia se repite".

                    El presente de Cerbère es de una pequeña ciudad que ya no mira al tren, los ferrocarriles de alta velocidad han dejado esta importante ciudad, junto con la de Port Bou al otro lado de la frontera, en una simple estación de un tren de bello recorrido. Esta población, hoy mira al mar, a las viñas y al turismo; su playa, como todas de este litoral, es de aguas cristalinas lo que, dado que hemos llegado a buena hora, nos anima a darnos un baño.
                Aquí se cena pronto, y pronto estamos en brazos de Morfeo.

Cerbère a Llança (Día 8 de Septiembre de 2018)
Amanece en el Mediterráneo.
La transbordadora.
               El alba despunta, las aguas del Mediterráneo, como un espejo, reflejan los primeros rayos del sol. Las calles de Cerbère están tranquilas, nos introducimos en ellas para, como de costumbre, adquirir algo de comida para pasar el día (pan y fruta, el jamón viene desde Teruel). 
           Pasamos ante una figura que recuerda a las "Transbordadoras",  aquellas mujeres que eran contratadas para transbordar las naranjas de los vagones de vía hispana a los de ancho europeo. Esto ocurría entre los años 1878 y 1970.
        Abandonamos la ciudad, cómo no, entre vías y chumberas. Voy y cojo un higo maduro para probar... ¡leches!, aun llevo algún pincho en mi piel.
Port Bou.
             Tras cruzar un par de veces una carretera alcanzamos el Coll dels Belitres (Bribones) (160 m.), frontera natural entre los dos países. Por un agradable camino descendemos hasta Port-Bou, clon español de Cerbère, que recuerda aquella edad de oro, en los años setenta, cuando descendían en la estación local 3.000 pasajeros diarios, se empleaba un centenar de guardias civiles. y dos orquestas tocaban a la vez.
          Pasamos junto a la iglesia de Notre Dame de la Bonne Nouvelle, de estilo neogótico.
               Atravesamos la ciudad por su playa, a la que, en veranos, acuden masas de turistas franceses en busca de paella y sangría... y, otra vez ¡p´arriba! hasta alcanzar el Coll del Frare ("Fraile", no confundir con "bribón") (200 m.).
Hacia el Coll de los Bribones.
Vista de Colera.
           Descendemos por una senda algo incómoda, la gravilla suelta nos demanda extremar las precauciones para no resbalar y, aun así..., hasta llegar a Colera, otro pequeño núcleo segregado de Port-Bou con una bonita playa y un gran árbol, bajo cuya sombra hacemos el primer descanso que, leches, nos lo hemos ganado.
          Seguimos el sendero (GR.92) que asciende suavemente hasta un collado para bajar, de nuevo, a la cota cero que marca una animada playa de Garvet la que, tras recorrerla de norte a sur, abandonamos por un bonito pinar.         Desde el acantilado observamos las limpias aguas de la playa del Borró, aguas bajo las que la roca dibuja un fondo espectacular.
Playa del Garvet.
¡Vamos a la playa, oh...!
Más playas.
            Dejamos el Cabo de Ras a nuestra izquierda para acercarnos a la playa de Canyelles, aquí nos despojamos del disfraz senderista y nos colocamos lindos bañadores para darnos un chapuzón, comer y... retomar la marcha pues hace calor, el sol pega de lo lindo y la sombrilla no cabía en la mochila.
        Bordeando la costa, entre bungalows y calas, alcanzamos el primer chiringuito de la zona costera de Llança (o Llansá). ¿Que qué tomamos los ocho? ¡pues eso, faltaría más!.





Datos de la etapa
(El track para gps, haciendo clic sobre la palabra wikiloc del mapa)


–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
Llança (o Llansá)
San Vicente.
             Tras un descanso, el cuarteto hispano nos damos un paseo hasta el centro de la ciudad, ubicada algo más al interior. En el camino pasamos junto a la capilla de la Mare de Dèu del Port.
           En Llança todo gira alrededor de  la Plaza de la Villa presidida por un gigantesco árbol que no es otro que un platanero plantado en 1870 y que se le conoce como el "Árbol de la libertad" por su gran valor simbólico en la lucha por la libertad política.
         Justo al lado está una torre de estilo románico que era parte de la antigua iglesia que se encontraba en ese lugar en el Siglo XIV y que se utilizó durante mucho tiempo como campanario.
                   Al otro lado está la iglesia de San Vicente del Siglo XVIII y justo debajo de ella hay un refugio de 56 metros de largo que se construyó durante la guerra civil Española.
                    En la misma plaza también se encuentra el museo de la acuarela que fue el primero de este tipo en España.
Plaza de la Villa.
–––––––––––––––––––––––––
                   Primera cena en este lado de la frontera y primera vez que, no solo no nos sirven agua del grifo, sino que a nuestra petición responden eso de que "no servimos agua que no sea embotellada" (la jarra de H2O que nos sirven en el desayuno, les contradice). Esto se repetirá en todos los restaurantes de la noble Hispania. ¡Hala pues! inundemos el planeta de envases. 
                  Y, a dormir que mañana toca otra.

Llança a Port de la Selva (Día 9 de Septiembre de 2018)
Hacia el Coll de Peres.
             Reunidos la "expedición hispanofrancesa", una vez adquirido el pan y la fruta, comenzamos a caminar; lo hacemos por la ruta que ayer tarde recorrimos por el centro de la población y su Plaza de la Villa.
            Es bonito comenzar una ruta atravesando calles y plazas de poblaciones como esta que, además, en estas tempranas horas, el frescor de la mañana hace más agradable este momento, momento que finaliza en el que la senda (Gr.92) inicia la primera de las cuestas que, chino chano nos suben al Coll de Perer (360 m.) en el que coincidimos con algunas personas que siguen la misma ruta que nosotros.
                 Echamos un vistazo atrás, abajo queda Llança y buena parte de la costa, arriba, siempre vigilante, la Torre Querroig, monte que alcanzamos hace un par de días.
Esas vistas.
Sta. Cruz de Rodes.
             La senda, en pocos metros, sube fuertemente hasta llegar a un punto en el que divisamos el próximo objetivo. Desde aquí la orografía del camino se apiada con nosotros para llegar al poblado medieval de Sta. Cruz de Rodes en el que se encuentra la ermita de Sta. Elena (o Helena), un edificio de estilo prerrománico en el que destaca su torre de dos cuerpos.
                     Santa Cruz de Rodes,  fue un pueblo dedicado fundamentalmente al comercio y la producción artesana, que atendía las necesidades del monasterio. Gracias a las peregrinaciones, entre los siglos XII y XIV gozó de una gran prosperidad, hasta llegar a tener unos 250 habitantes. 
Santa Elena (o Helena)
Castillo de Verdera.
            Desde este poblado se divisa el monasterio benedictino de Sant Pere de Rodes (520 m.) con una vista espectacular de la bahía de El Port de la Selva. Levantando los ojos hacia la cima de la montaña, bajo una nube que pretende ocultarla, observamos las ruinas del castillo de Sant Salvador de Verdera (660 m.).
             Ya estamos en las puertas del monasterio, hay bastante gente pero decidimos entrar y empaparnos de su reciente restauración y de su historia. A cambio, dejamos el Castillo de Verdera para otra ocasión.


Port de la Selva desde Sta. Cruz de Rodes.
Sant Pere de Rodas (o Rodes)
Monasterio San Pere de Rodas.
             Estamos en lo más alto de la sierra de Verdera, aquí se levanta uno de los conjuntos monumentales más interesantes para conocer el mundo medieval. En este espacio se reúnen tres elementos que representan los puntales de la sociedad feudal: los que rezan, en el monasterio de Sant Pere de Rodes; los que producen, en el poblado de Santa Creu, y los que luchan, en el castillo de Verdera.
                 El centro del conjunto es el monasterio de Sant Pere, que se convirtió en el monasterio más importante del condado de Empúries tanto por el relevante papel de sus abades, como por ser un importante centro de peregrinaje, gracias a las reliquias que custodiaba.
Torres campanario y homenaje.
Iglesia.
Claustro.
            La seguridad del conjunto dependía del castillo de Sant Salvador de Verdera, que simboliza los aspectos guerreros de la sociedad feudal. El castillo había sido donado al monasterio por los condes de Empúries, pero su valor estratégico, dominando el cabo de Creus, hizo que los condes intentasen recuperarlo ocasionando continuos enfrentamientos con los abades.
             El elemento más destacable del conjunto es la iglesia del monasterio que, por su originalidad y antigüedad, es una pieza excepcional dentro del románico catalán. Construida entre los siglos X y XI, para acoger a los peregrinos, permite captar el esplendor que vivió el monasterio. La construcción destaca por la gran altura que le proporciona un original sistema de pilares y dobles columnas, y por la riqueza ornamental presente en los capiteles y en la casi desaparecida portalada, obra del maestro de Cabestany.
––––––––––––––––––––––––

Dolmen de Mores Altes.
        Dejamos el lugar, descendiendo, no sin un pequeño despiste, por la GR.11. La senda atraviesa una y otra vez la carretera que une el monasterio con Port de la Selva. Antes de llegar, en un lugar de bonita panorámica, nos detenemos a comer.
                En el camino pasamos por un par de dólmenes, los de Mores Altes (moras altas) que datan del cuarto milenio de antes de nuestra era.
               Pronto estamos llegando a la ciudad, pero imposible acceder a ella sin abordar un chiringuito y meternos en el cuerpo unas cañas de "bière".

Ya queda poco.
           Toma de contacto en el hotel y ¡a la playa!. Luego nos daremos una ducha y daremos un garbeo por este bonito pueblo de pescadores.
          En nuestro camino, desde lejos, se veía un punto blanco tras la inmensidad del mar y de fondo un telón verde de la frondosa vegetación del lugar. Y es que Port de la Selva se caracteriza por sus hermosos paisajes azulados del mar Mediterráneo, por el verdor de sus viñas y sus bonitas montañas que han sido esculpidas por el paso del tiempo.
          Un paseo por el puerto nos descubre que la historia de Port de la Selva se encuentra fuertemente ligada a la actividad de la pesca y, es por ello, que todavía conserva toda la esencia marinera de sus raíces.
El Port de la Selva.
Puerto.
              Y, como todos los días, cena, con el pescado como protagonista, y a "ñoñón".

Datos de la etapa
(El track para gps, haciendo clic sobre la palabra wikiloc del mapa)

–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
Port de la Selva a Cadaqués (Día 10 de Septiembre de 2018)
¡Qué cuestas!
           Última etapa de esta sorprendente travesía, etapa que discurre por los senderos del Cabo de Creus y que, como siempre, comienza ascendiendo en esta ocasión por una especie de calzada romana que nos lleva entre pinos y sudor (hace un calor que...).
           Subidas y bajadas, nos acercan a la ermita de S, Baldiri de Taballera (S. X) la cual forma parte de un conjunto arquitectónico formado por la iglesia, la casa del cura y otras dependencias anexas, encerradas dentro de un recinto parcialmente fortificado y una torre circular de vigilancia.

San Baldiri
Dejamos Cala Taballera.
                Aquí el camino se bifurca, parece ser que recientemente se modificó el trazado de la  GR.11. Nosotros tomamos la GR. 29 que nos bajará a una cala idílica: la cala Taballera (o Tavellera). En un rincón, un par de cabañas, restos de haber encendido fuego y unos bañistas que, a nuestra presencia, se echan las toallas por encima (que esconden?). Ciertamente, el hecho de que no se pueda llegar más que andando o por mar hace de este rincón un lugar verdaderamente paradísiaco.
             Pero ahora no toca baño, debemos seguir cosa que, lógicamente, hacemos echando el cuerpo ¡p´arriba! para alcanzar el camino que pasa junto al Mas de La Birba en el que un par de caballos pace tranquilamente. Un cartel indica que si nos acercamos a la casa tienen bebidas. Llevamos suficiente pero los amigos de la Birba no han tenido mala idea pues este terreno como se dice en mi tierra "es un secarral".
Mas de la Birba
Hermosos equinos.
Musa de Dalí.
          Varias circunstancias: el calor, cansancio acumulado de varios días y "la calorina" nos convencen de tomar la ruta más corta y dejar el Cap de Creus para otra ocasión. Más corta, pero hay que andarla, además, en el camino vemos algunas curiosidades como algunas grandes rocas que los fuertes vientos de la Tramontana han esculpido, formando caprichosas formas de imágenes retorcidas las cuales, junto con el mar, debieron inspirar a Dalí en alguna de sus obras.
      Nos llaman, también, la atención las edificaciones (muros y cabañas) construidas con el arte tradicional de la piedra seca.
Cabaña de piedra seca.
Ya llegamos a Cadaqués
                Con un calor impropio de estas fechas, por una polvorienta pista, llegamos a Cadaqués. Las amigas galas se van a conocer la ciudad, nosotros, que ya lo hicimos antes, nos quedamos a la fresca de la habitación para acercarnos al centro en horas más frescas.
            Allí disfrutaremos de la vista de esta bella población, callejearemos por sus estrechas calles, nos tomaremos una cerveza mirando la mar, y cenaremos unos mejillones y una lubina, eso sí, ambos frutos de la mar regados con un buen vino blanco bien frío, ingredientes indispensables para dejarse mecer en los brazos de Morfeo.
Cadaqués
Cadaqués.
             No es la primera, ni la segunda, ni la... vez que visitamos Cadaqués y no deja de atraparnos de la misma manera que atrapó a Salvador Dalí, que se estableció en Portlligat. Las calles inclinadas de origen medieval, las fachadas encaladas, la bahía y el paisaje de olivos que lo rodea, definen un conjunto monumental donde todo parece poco habitual. 
                El primer documento que se tiene sobre la existencia de Cadaqués data de inicios del siglo XI. De la antigua ciudad fortificada y del castillo actualmente sólo se conserva una torre y un portal de arco rebajado que daba a la playa, ya que en 1444 los piratas incendiaron la villa casi en su totalidad.
La bahía.
La Casa Azul.
                En nuestro paseo entramos en  la iglesia parroquial de Santa María, de estilo gótico con elementos barrocos, que hoy corona el pueblo. Se edificó entre los siglos XVII y XVIII, comenzaba entonces un periodo de prosperidad gracias al comercio con América y el cultivo de la vid y el aceite. De ese momento son los edificios neoclásicos del Casino l’Amistat y la Casa Rahola
En hierro, dos figuras de una mujer; una en cada extremo de la bahía se miran.
              ¿Pero quién era esta mujer que no dejaba indiferente a nadie? Lídia Noguer i Sabà, hija de la conocida como "Sabana", considerada una de las últimas brujas de Cadaqués que hizo de hospedera durante algún tiempo. 
Lidia
Bahía de Cadaqués.
            Por su casa pasaron personajes tan ilustres como Picasso y Puig i Cadafalch. En 1904 hospedó a Eugeni d'Ors, en una breve estancia que el joven intelectual del momento pasó en Cadaqués. De aquel encuentro nació la admiración que pronto se convertiría en la gran obsesión de Lídia. Cuando, en 1911, D'Ors escribió La Bien Plantada, Lídia en seguida se sintió identificada con el personaje de Teresa – en algunas ocasiones hasta llegó a afirmar que ése era su nombre –, y la fascinación que el escritor suscitaba en ella se agudizó hasta degenerar en una progresiva demencia delirante. 
             Cadaqués ya no es un pueblo aislado, pero sigue teniendo el aire bohemio que la hizo famosa durante todo el siglo XX. Además de Eugeni d'Ors nombres como Santiago Rusiñol, Federico García Lorca, Truman Capote, Picasso, Chagall o Miró se sintieron atraídos por esta joya de la Costa Brava.

––––––––––––––––––––––––––––



                      Ahora, con la tarea de contar esta historia concluida, es cuando reflexiono con el grato esfuerzo que, algunas veces, me supone plasmar en esta página las vivencias de jornadas, unas veces hermosas y otras menos.
                    Uno se sienta ante el ordenador, de fondo una música... –¿cómo empiezo?, ¿qué les cuento a las gentes que, pacientemente siguen fieles a esta "Vieja Mochila"? ¿Qué tecla pulso?–
                    Pero en esta ocasión, amigos y amigas, en esta ocasión me ha costado mucho sentarme y comenzar; me ha costado mucho relatar el sobrepeso, que el primer día de marcha, cargaron nuestras mochilas; carga de pena, carga de tristeza, carga de rabia. Nos llegaron tristes noticias desde Zaragoza, cuatro vidas de gente que se nos iban. Dos de ellas han protagonizado, junto con nosotros, grandes momentos.
                   Nuestras mochilas nunca podrán desprenderse de esa carga extra, en un rincón del refugio dormirán recordando esos momentos en que aquellas otras dos ocupaban un lugar importante en el estante de la amistad.
                   Y me viene a la mente, aquellos versos de Machado, que antes de partir leímos, de los que hacía referencia en las primeras líneas de este relato:
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

                Termino con una de las estrofas de aquella triste, pero bella canción de Alberto Cortez...



Cuando un amigo se va
Queda un tizón encendido
Que no se puede apagar
Ni con las aguas de un río

                ¡Hasta siempre amigos!

5 comentarios:

  1. Muchas gracias José Luis !
    Siento como si reviví el senderismo.
    Une abrazo
    Delphine

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti y a tus amigas por habernos permitido compartir ese camino con vosotras.
      Un abrazo para las cuatro.

      Eliminar
  2. Me recorde con nostalgia de el monasterio de Sant Pere de Rodes hace ya 3 anos cuando visite a zona de Barcelona con mi esposa. Yas Watanabe desde Japon.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que hayáis recordado vuestro paso por estas tierras. Por otro lado recordamos los momentos vividos con vosotros en Los Alpes.
      Un abrazo para ti y para Sofia

      Eliminar
  3. Hola José Luis.

    Desconocía este travesía de los pintores, que atraviesa lugares y poblaciones bien bonitas como Cadaqués y Collioure, que sin duda está última visitaré para cuando regrese a la costa brava.

    Me ha gustado mucho todo el terreno por el que discurre la travesía, además las etapas no son excesivamente largas, lo que permite hacer siempre después una visita a la población en la que finaliza y hubiese estado genial poder hacer el último día la variante larga visitando el Parque Natural del Cap de Creus que tan buenos recuerdos me trae, eso si, es un tramo donde el calor aprieta mucho.

    Un saludo

    ResponderEliminar