domingo, 23 de marzo de 2014

CAMINO NATURAL DE LA HOYA DE HUESCA (De Arguís a Lúsera)

Día 24 de marzo de 2014

Pese a los augurios de los meteorólogos, todos, los de la tele, webs especializadas e incluso los "copiaypega" de las redes sociales, no es el de hoy uno de los peores días para mover las tabas por esos rincones que nos ofrece el monte, y más  concretamente la sierra de Guara. "Y es que si las urracas no vuelan alto y cantan en el suelo, seguro que en 24 horas entra un frente frío intenso con tormentas en verano y nieve en invierno". "O a lo mejor no". Y decía Mariano Medina que...
Formación para la foto de salida.
Otra más, y van siete de las etapa que las gentes de la Sección de Montaña y esquí Stadium Casablanca, han preparado en la ruta del Camino de La Hoya de Huesca, que recorre las faldas de la sierra de Guara y que pese a no ser una actividad "de altura", muestra bellos parajes y la huella de quienes moraron sus pueblos y aldeas en épocas, no tan lejanas.
A las seis (am), Atos, mi perro, ya está reclamando mis atenciones y a su manera, me indica que no se me ocurra salir de casa sin antes, haberlo sacado a su habitual paseo matutino. Las calles de Zaragoza están mojadas, la temperatura es agradable, aun va quedando por la urbe, algún individuo atacado por el enemigo de las noches de los fines de semana (que ahora comienzan en miércoles), el kalimocho de garrafa, ¡horror!.
Tecno-Félix.
Tras parar en el camino a tomar un café, sin darnos cuenta y con las botas en los pies,  estamos saliendo de Arguis en dirección norte. Los miembros (y "miembra") dirigentes del cotarro, hoy estrenan varios artilugios tecnológicos para el buen desarrollo de esta afición: walquies, Gps... Todavía no andan  muy duchos con los aparatejos, pero su empeño, pronto dará sus frutos.
El joven Félix maneja la comunicación de forma magistral y Caco...mmm, Caco lleva muy bien colgados los útiles de las comunicaciones. Los satélites están de enhorabuena.
Primeros pasos.
Arrancamos, el grupo, dejando tras de nosotros la sierra de Gratal y el embalse de Arguís, que este año presenta un aspecto inmejorable. El cielo está cubierto pero la temperatura es agradable para la marcha de este numeroso grupo.
Frente a nosotros, adivinamos la sierra de Bonés, medio tapada por las nubes, a la derecha la obra sin terminar de la nueva autovía por la que los vehículos aceleran su marcha con destino a las estaciones de esquí. Un autobús, no llegará a su destino, tiene averiado alguno de sus componentes mecánicos. Sus pasajeros nos saludan a lo lejos.

La A-23.
Abajo, las aguas del castigado barranco del Fulco, lloran una vez más. Es la enésima vez que se construye sobre sus cauce una carretera, arrojando sobre estas, tierras y materiales como si de una escombrera se tratare. Es el precio del progreso agresivo diseñado por elementos poco respetuosos con el medio en que vivimos.
El sendero sube y baja (más de lo primero), por un terreno compuesto de grises margas y de baja vegetación.

Cascada de la acequia de Bonés.
Arriba, ya vemos las construcciones del Mesón Nuebo (no es una falta ortográfica), aunque antes pasamos por encima de las aguas que la acequia de Bonés vuelca sobre el barranco, formando una cascada, que aunque artificial, no deja de ser atractiva.
Un repecho nos deja en el mencionado Mesón Nuebo. Por ser punto divisorio de dos barrancos, corre el aire con unas ganas asombrosas de cortar las pieles. Paramos al abrigo de sus paredes a esperar a los pisasendas que la última cuesta ha dejado rezagados.






Mesón Nuebo.

En este lugar, que algún viajero de la época denominaba "camino muletero de Huesca a Biescas", ya tenía cierto trasiego desde antaño, había numerosos mesones u hostales repartidos por el camino. Uno de ellos es el Mesón Nuebo, ahora apartado de la carretera general. Siglos en pie viendo el trajín de las gentes a su alrededor. 

Esta parada, como otras muchas, la calificamos de nivel HP. Se trata, no de una impresora sino de que cuando llega el último con la lengua en el ombligo, ¡arrancamos!. "Ves como no es la impresora". 


Por el valle de Belsué.
A partir de ahora, el camino es, básicamente, en descenso. Lo hacemos por el barranco de As Labaderas, entre bojes y pinos. A lo lejos se escucha el ladrido de un perro (no es humano en precampaña), un miembro del grupo encuentra el esqueleto de una cabeza de animal (tampoco es humano) y por fin, amigos seudometeorólogos, ¡llueve!, habéis acertado en vuestras previsiones. -Bueno, tampoco os pongáis tan farutes, que hasta el Medina lo habría acertado y es que ¡estaba nublado!- 
El personal saca de sus mochilas, las prendas impermeables de todo tipo. Piedad y Luis lucen sus paraguas nepalíes multicolores, el mío lo he dejado en el bus (algunas veces acierto, hoy no). 
Ermita de la Virgen de los Linares.
El suelo, anda algo mojado y embarrado, las botas están pasando por un auténtico control de calidad, alguna capa de plástico sufre los avatares de las zarzas y a quienes han optado por el paraguas, los ramas de los bojes les atrapan en algún momento traicionero.
Llegamos a la ermita de la Virgen de los Linares, sencilla construcción de tipología popular. Se aprecia algún resto románico. Sus dimensiones son pequeñas, lo que no es ningún problema para acoger en su interior a este numeroso y mojado grupo.


Pange lingua...

El nombre de la ermita se debe a la planta del lino, muy presente en este entorno.
Nos vamos agrupando en su interior, descansamos unos instantes, aun hay quien se atreve a, abducido por el sitio, entonar alguna canción gregoriana: 

"Pange lingua gloriosi corporis mysteriumsanguinisque pretiosi quem in mundi pretium
fructus ventris generosi rex effudit gentium.
Nobis datus nobis natus ex intacta virgine
et en mundi conversatus sparso verbi semine
sui moras incolatus miro clausit ordine... "

Y no se si es la canción, su intérprete, la ermita cuya virgen se hallaba ausente, o las "imprevisiones meteorológicas", que al salir del lugar, la lluvia ha desaparecido. Incluso, alguna nube deja paso a que los rayos del sol iluminen nuestros cuerpos y las calles de la población que ahora visitaremos: Belsué.

Violeta.
Casa con chimenea.
En Belsué, se levantan las construcciones sobre un espolón inclinado, formando recodos y alguna pequeña plazuela, son viviendas altas de dos plantas, levantadas con sillarejo y lajas de piedra sin rebozo alguno, proporcionando de esta forma todo el conjunto, un color parduzco. Las entradas a estas edificaciones son arcos de medio punto hechos con dovelas de piedra. En sus fachadas se abren vanos o ventanas que se enmarcan por cuatro piedras. En alguna de estas casas sobresale el fogaril y sobre la cubierta, una chimenea cilíndrica.

Iglesia de San Martín.

Alguien, nos había comentado la dificultad de ver el interior de la iglesia de Belsué, parece ser que el encargado de la tenencia de sus llaves, no es muy dado a abrirla. No es el caso, aparece el susodicho con una llave no apta pata llevarla colgada en el pantalón. Nos pide que no hagamos fotos del interior usando el flash, es orden del obispo.
El templo esta dedicado a San Martín, levantado en gruesa mampostería, conformándose por una nave de cuatro tramos que está cubierta con bóveda de lunetos. 
Tiene la capilla mayor, adaptada a la base de la torre y está cubierta por bóveda de cañón. 
Coro.
La sacristía, conforma su bóveda con lajas de piedra, al igual que otra que sostiene el coro, que está a los pies del templo. 
Su torre tiene dos cuerpos de sillarejo separados por arquillos dispuestos a manera de friso, decoración esta, que según nos comenta nuestro experto Luis, es de estilo lombardo. Siendo el acceso a la torre por el exterior mediante escalera apoyada al muro. Portada al lado de la Epístola protegida por un pórtico que se abre mediante arcos de medio punto al frente.
Pardina de Ascaso.

Seguimos nuestra ruta por una bonita senda entre bojes de gran porte y disfrutando del paisaje cuando en una curva aparece la Pardina de Ascaso, perdida en medio de los montes. Impresionante edificio que, como siempre, te hace reflexionar en como ha cambiado todo. Un edificio principal de tres plantas (incluyendo planta baja y falsa), con un tejado a cuatro aguas ya arruinado. Anexo al edificio un bonito corral, un palomar, una era con pajar y un horno de pan.
Restos de la tiña.
También podemos ver que los muros están encalados, algo que entonces era un signo de prosperidad. Para obtener la cal tuvieron además que construir un horno de cal, aunque según cuentan, la cal resultante no era de buena calidad. 
La tiña observamos que tiene incluso un primer piso, que se usaba como yerbero. En muchas zonas del Alto Aragón llaman tiña a los corrales. Si el corral tiene zona cubierta, dicha zona cubierta es la tiña y la zona descubierta es el corral (lo que en otras zonas llaman "sereno").
Sacamos de las mochilas, algún que otro tentempié y continuamos la marcha.

Río Flumen.
La senda se dejar caer en curvas y contracurvas, por un terreno bien cuidado y de una espectacularidad asombrosa. 
Un río de aguas limpias, con gran masa boscosa en su alrededor y con la escala en la nota de sol del pentágrama de la naturaleza, entona una bonita melodía. Bajo sus agua, la roca pulida nos muestra el color ocre, es el joven Flumen que acaba de ver la luz poco más arriba, en la sierra de Bonés.
Recorremos su margen derecha hasta un puente o pasarela en el que por bajar por unas pulidas piedras, mido la distancia con las nalgas. ¡Todas sean así!.

Maite cruzando el Flumen.
Santa María de Belsué..
Tras pasar a la margen izquierda del río Flumen, la senda pica cuesta arriba, pero este grupo ni lo siente.
Otras edificaciones en ruina aparecen en lo alto de una pequeña loma.
Es el núcleo de Santa María de Belsué, hoy despoblado de propiedad privada y en ruina total. Se conoce cita documental de 1207. Muy interesante su templo parroquial, que corona el alcor donde se asentaba la pequeña población . Hoy está sin cubierta, es obra del siglo XI, con ábside rectangular que es recorrido por friso de arquillos ciegos de tradición lombarda. 
La guía Caco.
Caco, chuleta en mano, ejerciendo de excelente guía cultural, nos explica la historia y detalles del lugar.
Este templo fue levantado en sillarejo, con una sola nave de un tramo. Su capilla mayor está empotrada en la base de la torre y queda cubierta con bóveda de cañón. Tuvo coro en alto, a los pies. Su torre está en cabecera y se compone de dos cuerpos de sillarejo que se diferencian por una franja de arquillos lombardos.
El acceso se efectuaba mediante una escalera que alguno intenta superar, de dos tramos que se acomodaba a dos de sus frentes, siendo el ingreso al templo por el muro de la Epístola, con arco de medio punto compuesto por dovelas enmarcadas por losas de piedra, dispuestas a modo de trasdós prominente.
En su interior, banco corrido de piedra contorneando el espacio. Con testero plano que guardaba en su interior pinturas en el ábside de transición. 
Embalse de Belsué.
A nuestra derecha (sur), observamos la zona en que no hace mucho, anduvimos una ruta circular alrededor de los embalses de Belsué y Cienfuens.
Desde aquí vemos el primero, con buena cota de agua, del que ya comenté en la citada entrada del blog.
Estamos dando los últimos pasos de una jornada apta para todos los públicos y muy interesante por varias razones: el paisaje, la huella del pasado, las vías del futuro y un buen día primaveral (pese a los agoreros climatológicos).
El autobús nos espera en el mismo punto en que, pronto, retomaremos   esta especie de ritual que estamos realizando, seguiremos recorriendo el Camino Natural de la Hoya de Huesca. 
Una parada en Arguís para acompañar la artillería gastronómica de unas jarras de buena cerveza. Algunos deciden echarse al cuerpo, unos huevos con...
Hasta pronto


DATOS TÉCNICOS:
Recorrido
Perfil. Distancia: 11,6 Km. Desnivel ascenso: 468 m. Descenso: 604 m.



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