martes, 28 de enero de 2014

CAMINO NATURAL DE LA HOYA DE HUESCA (Linas de Marcuello-Loarre)

Día 25 de Enero de 2014

Amanece.
Los de Stadium Casablanca, han preparado, otra cómoda etapa por los caminos que surcan La Hoya de Huesca. 
Linas de Marcuello, fue el final de la etapa del pasado 21 de Diciembre. Hoy es el comienzo de una jornada en la que el ejército de senderistas, ataca con alegría esta ventosa mañana.
Amanece, camino de Huesca. Hacia el este, el sol comienza a asomar por encima de la prisión de Zuera. Dentro, son todos los que están, pero estoy convencido de que no están todos los que son.
Ante el Castillo de Marcuello.
A la salida, un pequeño, pero inevitable despiste, nos hace retroceder sobre nuestros pasos para caminar por la pista adecuada.
Volvemos la vista atrás y observamos el Castillo de Marcuello, ya visitado en la anterior etapa.
El camino, en principio y en casi todo su recorrido, lo hacemos por pistas acondicionadas para el buen paso de las máquinas agrícolas.
Las "máquinas del Stadium", de la misma manera, compactan bajo sus botas el terreno que pisan.
La comodidad de la marcha, arranca de lo más profundo del personal, charradas varias.

La Peña del Sol.
A nuestra derecha, o sea, al sur, la lámina de agua del Embalse de la Sotonera, refleja la bondad que en este año y el el pasado, la naturaleza está siendo bien regada por la bendita lluvia.
Al norte, o sea, a nuestra izquierda, nos vigila y realiza funciones de guía, la peña del Sol, impresionante balcón de la Hoya para el que a ella se asoma.
Pero hoy no toca, hoy la cosa va de llano y paso a paso, llegamos a Sarsamarcuello.
Iglesia de San Nicolás de Bari.

El casco urbano, está formado por dos barrios. El inferior se articula  con las casas agrupadas en torno a la iglesia parroquial de San Nicolás de Bari. El barrio de arriba agrupa a las casas más rústicas y sencillas del conjunto, muchas de ellas construidas a base de sillarejo, con piedra sillar reforzando las esquinas.
Levantada en el siglo XVIII, la Iglesia parroquial de San Nicolás de Barí presenta una planta de grandes dimensiones construida con sillar tapial y ladrillo en la cúpula. Cuenta con tres naves separadas por pilastras y crucero. En su interior encontramos diversos motivos ornamentales neoclásicos inspirados en las acróteras y guirnaldas.  
Rosa de invierno.
El exterior, está rodeado en su mitad, por el camposanto. El personal recorre las enterramientos, curioseando las inscripciones de las placas.
A las afueras se levantan los últimos testigos de lo que fue un castillo amurallado del siglo XII. Así, nos quedan los restos de una torre rectangular mandada edificar en tiempos de Ramiro I y ampliada posteriormente por Sancho Ramírez, de claro aspecto defensivo presenta una cuidada factura de sillería. 



Lavadero en Sarsamarcuello.
Tras la visita a la población, regresamos al punto en el que hemos quedado, un restaurado lavadero en el que hemos tomado un bocado que, desde luego, no nos hemos ganado.
Abandonamos Sarsamarcuello por una senda que entre casas y muros, nos protege de el fuerte viento que en esta jornada, barre nuestra geografía.
Tras cruzar el arroyo Palangás, llegamos a un  cruce de caminos, junto al núcleo de Santa Engracia.
No entramos en el pueblo, pero sí nos paramos junto a una rústica cruz de piedra.


Cruz en Santa Engracia.
Aunque, no hayamos visitado la población, en una publicación, leo que su casco urbano se reduce a una calle con casas alineadas. Las construcciones domésticas son sencillas, bajas de altura y los tejados aparecen muy pegados a las ventanas. El tipo de entrada más generalizado es el adintelado que, en algunas ocasiones, aparece apoyado en ménsulas.
El edifico parroquial data del siglo XIX y presenta una buena factura de cillería y sillarejo. En su interior encontramos varias tallas de mártires de la Iglesia y una pila bautismal de piedra, probablemente de época anterior a la construcción del templo. 
El viento ha mandado las nubes a otros parajes y luce un sol espléndido y a nosotros, si nos descuidamos, nos manda al delta del Ebro.
Abandonamos "la cruz" y chino chano, seguimos el paseo. Tras cruzar el barranco de Calderillas, nos adentramos en Loarre.
Uno que ya va entrando en años, se acuerda de su niñez. La pasó viviendo en una calle con el nombre de esta población, de la ciudad de Zaragoza. Pero de eso, hace mucho tiempo.
Loarre
Si bien, Loarre es conocido por su castillo, no podemos pasar por alto el núcleo urbano en el que se encuentra la iglesia de San Esteban construida en 1505, que fue declarada Monumento Nacional. De la época, sólo se conserva la torre piramidal, en piedra y estilo gótico, puesto que el resto fue derruido en el mismo siglo. Fue levantada de nuevo en el S.XVIII.
A la entrada, el autobús espera para subirnos al castillo, pero hete aquí que algunos, casi todos, decidimos castigar nuestros cuerpos con el ataque a sus murallas, a pié. 
La juventud, cruzando el barranco de los Mallos.

Castillo de Loarre.
Cruzamos la población, algunos se cargan las mochilas de los productos que adquieren en la panadería.
Primero por camino y luego por una agradable senda, vamos ganando metros al abrigo del la loma que acoge el castillo y donde la ausencia de viento, nos arranca el primer sudor de la jornada.
Poco a poco, la cuesta y el peso de la repostería ha castigado a más de uno, llegamos al centro de visitantes en el que una buena señora, nos sirve unas botellas de birra, que acompañan de buen grado a los variados productos que portan las mochilas.


Castillo de Loarre.
 Algunos que ya hemos visitado el castillo, nos quedamos a reposar la comida, el resto entran a ver esta joya del románico.
El castillo de Loarre y su muralla se elevan sobre un peñasco. Es una de las fortalezas medievales mejor conservadas en Aragón y está considerado uno de los edificios más bellos y perfectos del Románico europeo. Castillo, fortaleza, residencia real y monasterio forman este conjunto que perdió su carácter militar al avanzar la Reconquista.
El origen de esta fortaleza se remonta a la época íbera y romana, siendo el núcleo más antiguo del actual castillo el realizado en tiempos de Sancho el Mayor, en el siglo XI. A finales de este siglo Sancho Ramírez instaló en su interior la comunidad y la abadía de los canónigos de San Agustín.
Escalera
El castillo consta de un recinto amurallado y un cuerpo edificado además de una torre albarrana exterior. Del conjunto monástico destacan la iglesia de San Pedro y la cripta de Santa Quiteria, ambas ejemplos del estilo artístico denominado Románico Jaqués.
El castillo de Loarre tiene una planta poligonal que forma un pentágono irregular. Se defiende en el lado Sur por una muralla que presenta nueve torreones semicirculares. Aunque hoy no se conserva su remate este fue almenado y con adarve. 

Vista aérea del castillo de Loarre.
La entrada principal al recinto es un gran arco flanqueado por dos torres, de las que destaca la torre albarrana de planta cuadrada. Cuenta con dos torres más: la torre Norte y la torre de la Reina, una torre de tres plantas que defendía la entrada del castillo primitivo. En el siglo XI, Ramiro I, hijo de Sancho el Mayor, ordenó levantar la torre del homenaje sobre la torre albarrana, también conocida como la torre de los Reyes. La torre de los Reyes se comunica con el camino de ronda de la muralla, por el que hemos ascendido, tiene cinco pisos y remate almenado.

Patio de armas.
Frente a la puerta de acceso se abre el patio de armas y la gran fachada principal del castillo. El edificio posee dos plantas. En la inferior se localiza la capilla real y la gran portada por la que se realiza la entrada al interior. Al piso superior se asciende por medio de una escalinata cubierta con bóveda de cañón y abierta por ventanales con arco de medio punto. A ambos lados de esta escalinata se disponen dos estancias.
La iglesia de San Pedro aloja la llamada capilla de la Reina, la antigua capilla del castillo. Es un templo de una sola nave con crucero no acusado en planta, de grandes dimensiones si se considera la época en que fue construida.
San Pedro.
La cabecera presenta ábside semicircular muy bien conservado al igual que la gran cúpula que cubre el crucero. Bajo el ábside se ubica la cripta dedicada a Santa Quiteria y en la que se custodiaban las reliquias de San Demetrio. La cripta tiene su entrada desde la escalera principal del castillo, acceso que se protege con un crismón esculpido sobre su arco.
Sin duda el elemento artístico más relevante de la Iglesia de San Pedro y también de la cripta, es la ornamentación escultórica que viste tanto su interior como el exterior. Un total de 82 capiteles de influencia francesa y jaquesa decoran la iglesia, los ventanales con derrame de la cripta y el exterior de sus vanos. Así, el ábside de San Pedro es uno de los elementos más bellos de este castillo, gracias a su altura junto con los capiteles y las columnas-contrafuerte sobre pilastras que recorren de manera vertical sus muros exteriores.
El Reino de los Cielos.
Otras estancias del recinto como el mirador de la reina, las dependencias monacales, el pozo, el aljibe o la terraza del ábside de la Iglesia de San Pedro, dan fé de su pasado militar y religioso de este gran castillo.
El Castillo de Loarre, ha sido escenario de algunas películas, no hace mucho fue el escenario elegido por Ridley Scott para grabar los exteriores de la épica película sobre las Cruzadas del siglo XII, “El Reino de los Cielos” protagonizada por Orlando Bloom.
Nosotros que somos más del reino de la Tierra, nos subimos, no al caballo, sino al autobús que, luchando con  el cierzo, nos lleva  a nuestro destino, a la ciudad. El paso por el puente, deja ver las aguas del Ebro que, bravas ellas, andan por encima del caudal normal. En los próximos días, desbordará todo aquello que el hombre ha ocupado en zonas anegables. Y es que el Ebro, es así.
Hasta pronto.

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DATOS TÉCNICOS:

Recorrido.

Perfil: Distancia,  10,5 Km. - Desnivel acumulado: Ascenso, 687 m. Descenso, 359 m.

lunes, 20 de enero de 2014

LA NIEVE (Anayet con raquetas)

Día 18 de Enero de 2014


a evergreen branch with a heavy snow on it
La nieve...

Lo blanco está sobre lo verde,
y canta.
Nieve que es fina quiere
ser alta.
Enero se alumbra con nieve, si verde,
si blanca.
Que alumbre de día y de noche la nieve,
la nieve más clara.
¡Nieve ligera, copo blando,
Cuánto ardor en masa!
La nieve, la nieve en las manos
y el alma.
Tan puro el ardor en lo blanco,
tan puro, sin llama.
La nieve, la nieve hasta el canto
se alza.
Enero se alumbra con nieve silvestre.
¡Cuánto ardor! Y canta. La nieve hasta el canto -la nieve, la nieve-en vuelo arrebata.
Que nadie se engañe, esto no es de mi cosecha, pero estos versos del vallisoletano Jorge Guillen, me han servido de inspiración para llenar  de blanco contenido, esta, también blanca, jornada.
Cuando la montaña se tiñe de blanco adquiere una magia especial. Cualquier valle, bosque, incluso una pequeña loma, pueden hechizarnos cuando son teñidos por la nieve.
...pinta de blanco el paisaje.
La nieve pasa a ser la protagonista indiscutible de estos parajes. Los baña de blanco, los cubre de un manto que en los meses venideros, llenarán los cursos de los ríos y barrancos para encauzar su limpias aguas hacia el llano.
A los que al monte subimos, la nieve nos exige un poco más de esfuerzo y respeto en ese medio. Cae sobre nosotros, se aposenta en nuestros seres, refleja sobre nuestra piel la fuerza con que el sol, cuando se deja ver, la baña  con millones de pequeñas estrellitas plateadas. Y bajo nuestros pies, la nieve se alía con nosotros cuando se encuentra recién caída y nos castiga cuando el frío la ha convertido en puro y duro hielo. ¡Ah!, pero el humano que es inteligente (a veces), encuentra respuesta para casi todo.
Viejas raquetas de nieve.
Hasta no hace mucho, quien quería practicar el montañismo en invierno, tenía que ir cargado con todo el material indispensable, hundiéndose hasta la cintura en la nieve, para a continuación, calzarse los crampones y ascender a las cimas. Todo esto cambió con la aparición de las raquetas de nieve. Pero, no nos confundamos, las raquetas no son un invento de ayer, su origen se remonta a 4000 años antes de nuestra era. Las tribus nómadas las usaban para sus desplazamientos migratorios, extendiendo el uso de estos artilugios por nuevos territorios. Posteriormente, en una gran hazaña, cruzaron el estrecho de Bering, para adentrarse en el continente americano. 
Raqueta actual.
Ya eran unas raquetas bastante perfeccionadas, alargadas y con forma de espátula en su parte delantera, muy parecidas a las actuales. Los europeos, principalmente los franceses, las adoptamos cuando explorando el Nuevo Mundo, las trajimos al Viejo Continente. Se perfeccionaron en el siglo XX, concretamente en los Alpes donde  ya comenzaron fabricarse en plástico y terminar siendo como las que en la actualidad nos ponemos bajo nuestras botas a fin de no hundirnos en la nieve. En España, comenzaron a popularizarse a mediados de los noventa y hoy nos han servido de soporte para ascender por el barranco de Culivillas, en dirección hacia la punta de Espelunciecha. Lo hacemos bajo el inigualable amparo del Grupo Esbarre.
Ascenso por el barranco de Culivillas.
Ya anunciaban los meteorólogos que la nieve iba a ser compañera para toda la jornada. Efectivamente, el viaje lo hacemos bajo la lluvia, que tras recoger a varios compañeros, se convierte en elemento solido a la altura de  Escarrilla.
Veintisiete pares de raquetas, son alojadas bajo nuestras botas (dos han decidido dejar sus cuerpos por cotas "mas apetitosas"). El resto, partimos desde la estación de esquí de Anayet por el barranco de Culivillas.
El primer repecho y la temperatura que, de momento, es agradable, despoja alguna de las capas que el personal portamos sobre nuestro preciados cuerpos.
Paso delicado.
La nieve arrecia y va dejando a nuestro paso una capa bastante inestable, lo que lleva a algunos a darse la vuelta en una ladera que no quieren medir. Además, abajo, las aguas del arroyo, no invitan a darse un baño.
Quedamos veintidós que a pesar del tiempo, decidimos proseguir.
Alguno de los aguerridos raqueteros, dan muestra de su inexperiencia en estas lides por  terrenos poco apropiados para la verticalidad, otros demuestran sus habilidades y soltura en una disciplina tan antigua como ya he contado.


Yo, también estaba.
Bien guiados por "el Juli" unas veces y por Javi o Richi en otras, vamos el grupo bien formado y ganando metros por un barranco que en nada se parece al que en el pasado mes de Septiembre, subimos Maite, Piedad y yo de camino al pico Anayet.
La nieve lo cubre todo, no se ve ninguna montaña ni paraje que esté a más de cien metros. El arroyo aparece y desaparece bajo la espesa capa de nieve, transformándola en un precioso y cercano espectáculo. Pasamos varias veces el cauce por puentes de hielo, no siempre muy resistentes y si no, que se lo pregunten a Javi cuyo peso no paso la prueba de carga.
Caprichos de la naturaleza.
La subida se va haciendo más dura.
China Chano, vamos ganando metros, ya hemos superado la cota dos mil, la nevada arrecia y el termómetro va descendiendo por momentos. Vamos siguiendo el camino que consideramos más seguro, al fin y al cabo en este valle no te puedes extraviar y ya lo hemos recorrido varias veces.
El último repecho que lleva a los ibones de Anayet, lo hacemos "todos callados", hay que respirar para poder llegar y así lo hacemos hasta el llano de los ibones.
Teóricamente, en frente tenemos el Midi d´Ossau, a la izquierda el pico y vértice de Anayet y a la derecha la punta de Espelunciecha.
Y bajo nuestros ojos, el ibón grande de Anayet. Pues no, como dicen en mi pueblo "no se ve ni leches".
Casi no se ve nada.

Hace un frío del carajo (que bien caería un carajillo), nieva de lo lindo y se ha levantado una fuerte ventisca. El Espelunciecha, tendrá que esperar para otra ocasión, nos hacemos la foto de grupo (casi todos) y p´abajo.
Intentamos ir lo mas juntos posible, ya que la visibilidad es nula y no es cosa de ir perdiendo efectivos.
En los primeros pasos de descenso, recogemos a los rezagados y posando las raquetas por un invisible suelo, vamos bajando.
Foto de grupo.
Todos p´abajo.
La huella de subida ha desaparecido, nieva "un güevo", la ventisca nos da de cara y las gafas no llevan limpiaparabrisas. Resumiendo: que en el descenso, no vemos ni leches, lo que nos lleva a apoyarnos en la tecnología del GPS. Ahora es cuando los inexpertos demuestran sus habilidades y destreza de como caer de culo sobre el blanco manto.
Y me viene a la cabeza un correo que recibí hace pocos días de Aragón Aventura, invitando a pasar este fin de semana bajo el sol del Pirineo, (sin comentarios).
Entre la espesa nevada, aparece la estación de Anayet a la que nos dejamos caer para quitarnos las raquetas, la humedad y el frío.  Esperamos que vayan llegando los rezagados para volver.
Y es ahora cuando comienza la aventura. El personal de la "empresa pública Aramón", cuando hemos llegado por la mañana, nos informa que estamos en la entrada del "parking vip", que el autobús no puede quedarse en estas proximidades (así se promueve el transporte colectivo), que tendrá que aparcar en el de Sextas a varios kilómetros, para lo que disponen de un servicio de bus-lanzadera. Subimos los 22, más otro montón de gente con esquíes, tablas, etc. No hacemos más que arrancar y otro bus que sube, se queda cruzado en la carretera y allí estamos sin poder movernos durante dos horas. Los que se habían quedado, nos esperan y les vamos informando por teléfono. Alguien cuenta que por la zona ha estado el príncipe heredero de la corona (el cuñado de Urdangarín) y que, seguro que no ha tenido ningún problema para abandonar Formigal. La verdad es que estas gentes llevan una vida muy agitada y claro, cuando son mayores (como su padre), se les rompen los huesos.
De vuelta para casa.

Sigue nevando fuertemente, cuando por fin, aparece una máquina y remolca al obstáculo que nos impedía avanzar. Llegamos a nuestro vehículo en el que nos esperan el resto y con el bocata en la boca, iniciamos el regreso para casa.
Paramos en Senegüé, en donde algunos se quedan, otros tomamos unas cañas, otros aliviamos nuestras castigadas vejigas urinarias y nada, montamos en el bus y el sopor hace el resto.
Abro un ojo en Huesca para despedir a Jesús y el otro no lo hace hasta las mismas puertas de la inmortal y leal ciudad de Zaragoza. Y como decía el poeta:
Enero se alumbra con nieve silvestre.
¡Cuánto ardor! Y canta.
La nieve hasta el canto -la nieve, la nieve-en vuelo arrebata.

Hasta pronto


Datos técnicos.
Recorrido.

Perfil de la jornada:  Distancia recorrida, 6,4 Km. -  Desnivel p´arriba, 560 m. y p´abajo, lo mesmo.






lunes, 13 de enero de 2014

COITUS INTERRUPTUS


Día 12 de Enero de 2014
Tras un inesperado "coitus interruptus laboral", hete aquí que con las pilas interpoladas y las piernas bien colocadas, nos vamos a pasar la mañana dominical a la sierra de Guara. En el camino, la niebla habitual del valle del Ebro, se acopla con la de la Hoya de Huesca y forman un entrañable, aunque gris, marco de íntima colaboración.
Santa María de Belsué.
En Arguís, el café que nos sirve uno de los pocos hosteleros que van quedando, es tan exquisito que nos transporta a los campos colombianos del señor Valdés. La compañía de hoy es, una vez más, de lujo, pues Maite y Piedad son escolta que más de una personalidad quisiera para sí.
La niebla no ha levantado, aunque la silueta de Belsué, nos anuncia que todo el día no va a durar. Tras pasar por Santa María de Belsué, con dos grados por debajo del cero, nos ponemos las botas y comenzamos a caminar.



Embalse de Santa María de Belsué.
Tras cruzar un puente, nos adentramos en una senda, totalmente cubierta de boj. A nuestra derecha, adivinamos una de las colas del embalse de Santa María de Belsué. Dos kilómetros nos separan de su presa, que cruzamos para ubicar nuestro cuerpos en la orilla opuesta.
La hondonada de Belsué se acomoda a un corredor natural entre el pico del Águila y el Cabezo de Guara, e hidrológicamente está drenada por la cabeza bicéfala del río Flúmen, cuyas dos venas viajan por cauces tortuosos para encontrarse y fundirse en el pantano de Santa María de Belsué.
Embalse di Cienfuens.
Por otra parte, el embalse de Cienfuéns, con una capacidad de 1Hm3, se sitúa en un tajo del cauce amplio y flanqueado por grandes escarpes calizos. Posee una central eléctrica hoy en desuso. Fue necesaria su construcción ante las pérdidas de agua producidas en el de Santa María y al objeto de recoger los caudales de los abundantes manantiales de Cienfuéns.
Comenzamos a ganar altura por la escalera que une este entorno con el refugio de Peña Guara. Aquí, el sol ya luce y nos despojamos de alguna de las prendas de abrigo.
Abajo, en el embalse, todavía la niebla es protagonista, de hecho podría ser escenario de rodaje del monstruo del lago Ness.
La niebla sobre el embalse.
Al fondo, los Pirineos
La temperatura y el camino, ambos en claro ascenso, nos calientan el cuerpo por una pista en la que de frente, el Pico del Águila lo utilizamos de centro en nuestras discusiones sobre localidades, montes, valles y, mil y un rincón de la sorprendente Sierra de Guara.
Llegamos al cuello de la Travesada, punto más alto de la jornada. Una ligera brisa corre en este lugar y, aunque el sol nos acompaña, mejor andar unos metros para descansar y reponer fuerzas.
Al norte, asoma Collarada, entre otros picos y al sur el impresionante Salto de Roldán.
El Salto de Roldán.
Descenso.
Unos plátanos canarios y unas almendras de la tierra, entran en el cuerpo, "de primera" y aunque la mañana invita a la tranquilidad y relax, retomamos el camino.
Una senda, en moderado descenso y cubierta de boj y encinas, bueno y de alguna zarza atrapacuerpos (caricias placenteras, diría el presi Mariano), nos va acercando a un lugar ya visitado, hace unos años con el grupo Esbarre: el Dolmen de Belsué, no sin antes toparnos con un rebaño de vacas que han dejado el camino totalmente apropiado para lavar las botas a nuestro regreso.



En el Dolmen de Belsué.
Una mesa de interpretación nos da información sobre este tipo de enterramientos, cito: “es un megalito funerario del neolítico que demuestra la antigüedad de los asentamientos humanos en este entorno”. El dolmen esta deteriorado, se conserva la losa vertical sur, faltando la de la vertiente norte, motivo por el cual la losa superior perdió su posición horizontal, quedando inclinada sobre la que resta en pie.
Con menos años, pero no pocos, los tres nos turnamos y la cámara recoge el momento de unión de tantos siglos.


Acantilados de Cienfuens.
Desandamos un trozo de camino, para seguir descendiendo hacia los acantilados de Cienfuens.
Arriba, los buitres leonados, describen hermosos planeos sobre un cielo ya totalmente azul, abajo el curso del Flumen lucha por hacerse paso entre las paredes calizas en una batalla que con el paso del tiempo, claramente  gana el río.
Desde su nacimiento, en la sierra de Bones, el Flumen se encuentra con muchos obstáculos que debe superar y este hecho desemboca en sitios tan espectaculares como el que estamos pasando.


El río Flumen, rodeando un peñasco.
Nos paramos una y otra vez a disfrutar de esta maravilla de la naturaleza.
El camino es completamente llano, llegamos al embalse de Cienfuens y tras pasar una serie de túneles construidos para acceder a la zona, cerramos el bucle en la presa del de Santa María de Belsué.
Hace buen día y charra que te charra, llegamos al punto de inicio en pocos minutos.
Ahora si que vemos como el Flumen se deja caer con fuerza sobre la superficie de las aguas del embalse.



Lúsera.
Ya, llegando al fin de la caminata, vemos (por la mañana, la niebla lo impedía) la aldea de Lúsera, dominando un alto montículo de los que conforman el valle de Belsué. Esta población que se quedó abandonada, está siendo en la actualidad objeto de recuperación, por lo cual se han efectuado nuevos accesos.
A la vuelta, decidimos detenernos en el mismo lugar de por la mañana y, al sol, tomarnos los bocadillos acompañados por unas birras de la tierra.
Buena jornada senderista en compañía de dos grandes mujeres con las que el aburrimiento está totalmente descartado.
Y yo, aquí me quedo con mi "coitus interruptus", esperando que algún alma caritativa, termine con este "sinvivir" de mis últimos "coletazos"  laborales.
Hasta pronto.
Recorrido.
Perfil:Distancia 14, 4 Km. /  Desnivel p´arriba  565 m.  y p´abajo lo mesmo.



viernes, 3 de enero de 2014

ATOS (Un año de perros)

Se ha ido un año y otro llega, es el correr de los días que tan vulnerables nos hace ante esa unidad de medida que es el tiempo. 
Caballo de Madera Lang.
Este en el que entramos, es para los budistas el "Año del Caballo Masculino de Madera Lang", eso sí, comienza el 31 de Enero para acabar el 18 de Febrero del 2015. Existen varias leyendas sobre el popular caballo, un animal venerado, respetado y amado por su salvaje belleza, valiente y audaz, instinto de supervivencia, encantadora tenacidad y brillante inteligencia. Para el mundo budista es el año 2141.
Este en el que entramos es para los chinos también  "El Año del caballo" y coincide en fechas con el anterior (creo).
Este en el que entramos, es para los mayas  el "Año de la Semilla". El 2014 estará regido por la energía del re-nacimiento.  Para esto habrá un re-acomodo de las energías. Esto significa que tendrá fertilidad nuestra esencia. Se podrán lograr cambios en la medida en que uno se concentre en su energía y no en el afuera.
Este en el que entramos es para Mariano (el presi de la Hispania), el "Año de la recuperación". Y mira tú que sería difícil para un registrador de la propiedad, buscar un nombre de animal, de esos (u otros) de los que campan en su alrededor. A mi se me ocurre, bueno no es una ocurrencia, estoy convencido de que este en el que entramos, va a se un "Año de Perros".
Atos
Y como homenaje a tal acontecimiento, por fin le dedico unas líneas a nuestro perro Atos. Dicen que un año humano equivale a siete en los canes. No me acaba de convencer esa operación, pues Atos iría por los ochenta y cinco y aún es más, a pesar de andar ya contando el tiempo (otra vez con la medida) que le queda, para algunos quisiéramos su vitalidad, cuando estemos en esa  edad (si llegamos).
El Papá Noel, Sta. Claus, San Nicolas o como leches se llame, le ha puesto un regalo: Un par de salidas al monte para estirar las patas.

El pasado día 29 de Diciembre de 2013, salimos Maite, Atos y yo a la cercana Sierra de Algairen, la idea es volver a comer a casa.
Peña del Gallo.
Tras pasear a Atos, desayuno en casa acompañado de una de las mermeladas que tan apasionadamente hace Maite, la de hoy es de higos y está de rechupete.
En poco tiempo, estamos atravesando Cosuenda para dirigirnos la zona de recreo del Raso de la Cruz, en donde dejaremos el coche.
Nos ponemos las botas (Atos no) y comenzamos a subir en dirección al mirador de la Falaguera por el barranco de los Hortales. La umbría del recorrido se hace patente, sobre todo en este primer tramo que no recibe los rayos del sol, tan solo la cresta de la Peña del Gallo, recoge la preciada luz.


Atos.
Entre carrascas y algún pino, Atos va correteando olisqueando las mil y una marcas que otros animales, incluidos los humanos, han ido vertiendo por la zona.
Abandonamos el barranco y en un suave zig-zag, vamos ganando altura.
Bajo nuestros pies, el suelo cruje, se encuentra helado y la tierra está dura, exceptuando algún pequeño claro que deja pasar el sol y extrae el agua del suelo. Aquí, los pelados robles se mezclan con la poblada carrasca .
Atos va de aquí para allá como si fuera un cachorro, pero las canas que pueblan su hocico, le delatan.

En el portal de Belen...
No es la primera vez que pasamos por aquí y una vez más, nos detenemos en una cueva a visitar un pequeño nacimiento adornado con unas horrorosas flores de plástico.
No tardamos mucho en alcanzar el collado de la Falaguera que con sus 1160 metros nos abre la ventana de una suave pero fría brisa, Atos, como lleva puesto el "cortavientos marca tango-pelo" permanente, sigue a lo suyo.
Tomamos una pista hacia la derecha que nos deja en la caseta forestal en lo alto del mirador, a 1215 metros.


Al fondo, el Moncayo.
No estamos en ninguna de las cimas más míticas de la geografía, pero aquí cerca de casa, el lugar es de lujo. Hacia el NO, asoma, una vez más, el Moncayo, bien cubierto de nieve. Hacia el S., bajo nuestros pies, el valle del Río Grío, con sus poblaciones de Tobed y Santa Cruz de Grío. Y por encima de estas, la sierra de Vicor coronada por el pico del Rayo. Hacia el N, varias columnas de humo, delatan la quema de la poda de la vid del campo de Cariñena y a lo lejos, entre la bruma, se adivinan los picos mas significativos de los Pirineos. Eso sí, el lugar esta fresco y nos invita a abandonarlo.
Por la senda, entre rododendros.
Volvemos por la misma pista que hemos llegado, solo que ahora no bajamos por el mismo camino, continuamos en dirección al pico de Valdemadera hasta el collado de Valdecerezo para descender por el barranco del mismo nombre.
Tan cerca uno de otros, pero parecen distintos. Este discurre por un cerrado bosque tapizado con rododendros.
Visitamos la Nevera de la Falaguera, uno de los muchos pozos de nieve que se encuentran en nuestra geografía y que se usaban para guardar hielo en su interior.


Sitio de Emparrado.
Seguimos bajando por la fría senda, con el terreno algo resbaladizo (Atos baja sin problemas).
Más abajo, van apareciendo los robles abrazados por enredaderas, de tal manera, que en algunos arboles el tronco desaparece bajo el entramado de la "parrita". Estamos en el lugar denominado "Sitio del Emparrado".
Seguimos descendiendo, la senda desemboca en una pista por la que unos animales, perdón, unos motoristas surcan, bueno, hacen surcos a gran velocidad por un sitio que creo, no es el más adecuado para las carreras de motos.
Atos en la nieve.
Termina el año de crisis y comienza el de perros. Nos tomamos la uvas en Siresa con la familia de Maite y para bajar la cena de nochevieja, el día 1 de Enero de 2014, le hacemos el segundo regalo a Atos. Como la nieve le vuelve loco, tiramos con el coche hacia la Selva de Oza y desde La Mina, por la pista de Guarrinza, subimos los tres hasta Aguas Tuertas.
No cuento como se lo ha pasado el "cacho perro" con el regalillo, pero ya se le van notando los años y me parece que el próximo regalo será un chuletón de ternera.
Y nada más, tan solo que

Atos os desea un Feliz Año de Perros
Maite y Atos por la pista.

Con Atos.

Posando.

Vista de Aguas Tuertas

La chica de la mermelada.

Hasta pronto.