martes, 26 de diciembre de 2017

POR EL VALLE DE ORDESA (Y más)

Día 11 de Noviembre de 2017
      Volvemos a Ordesa, digo "volvemos" porque hace quince días, con Maite  y mi hija Mónica, acompañamos al colegio de Noah, nuestro nieto, en una excursión que resultó muy agradable, con un día espléndido en el que los chavales se lo pasaron "de aupa" subiendo (y bajando) a la Cola de Caballo. Son los chavales del CEP Gustavo Adolfo Becquer de Garrapinillos.
Los del "cole".
      Hoy, también con la compañía de Maite y su menisco, repetimos viaje con las gentes del Stadium Casablanca acomodados en un autobús con el cartel de "completo", encarando el rumbo en dirección norte por la ora autovía, ora carretera, ora desvío por obras... Y es que a nuestro paso por el puerto de Monrepos, se abre el telón que cubría mis ojos y veo el lento avance de unas interminables obras: máquinas por aquí, desmontes por allá, viaducto sin estrenar que ya es veterano en tierras de Guara y, más al norte, las nubes cubren las cotas más altas de la impresionante cadena de "Los Pirineos", destino de este entusiasta batallón.
La expedición.
        Habitual parada en Fiscal para cumplir con las diversas necesidades que exigen del ser humano alguna que otra atención, y de nuevo al bus. Las curvas siguientes se encargan de agitar las cocteleras humanas que observan cómo Sarvisé y Broto duermen en brazos de Morfeo.
      La "boss" Carmen, micrófono en mano, nos comenta que, consultado el guarda del refugio de Góriz, desaconseja recorrer la ruta prevista de las fajas de Racón y Canarellos por lo que nos ofrece una especie de "self service" montañero: unos quedamos en tierra para subir hasta la pradera de Ordesa por el sendero alto de Turieto (allí decidiremos) y el resto del personal sigue motorizado hasta el parking, para recorrer el camino de ida y vuelta a la Cola de Caballo.
Sobre el puente de la Canaleta.
       Los de "a pie", perfectamente dirigidos por "el chaval" Félix tomamos la senda que arranca bajo el Puente de los Navarros. Pronto alcanzamos a cruzar otro puente, el de la Canaleta, bajo cuyas aguas cristalinas el río Arazas se deja abrazar por su padre, el Ara, para, juntos, recorrer el viejo Sobrarbe.          No se ha conformado el río con pasar, muchos años ha debido de trabajar para esculpir la roca y crear esta obra de arte que reposa bajo nuestros pies.
      Pero, muchachos, hay que seguir "p´alante" y tanto lo hacemos que algunos, distraídos en profundas conversaciones, pasamos de largo el desvío que indica el camino correcto. Nada, marcha atrás y (otra vez) "p´alante".
Dulce final del Arazas.

Maite y Carmen por el Turieto.
       A partir de aquí la senda se adentra en un espeso bosque poblado primero de pinos, y más adelante van apareciendo las hayas, en estas fechas ya desnudas de su bellos vestidos que, en este cálido año, han mudado con rapidez. Duendes, hadas, brujas... se han retirado a tierras más cálidas pues pronto las nieves cubrirán estos lugares de leyendas como la de "Las Tres Sorores" que... 
     "Corría el siglo V cuando el caudillo visigodo Eurico arrasó una aldea cristiana del Pirineo. Ese día, tres hermanas huérfanas de madre que iban a casarse pudieron esconderse en el bosque, mientras el resto de habitantes eran asesinados o se convertían en esclavos.
        Cuando regresaron al pueblo solo encontraron desolación, muerte y un herido visigodo al que curaron a cambio de la promesa de que liberarían a los prisioneros, entre los cuales se encontraban sus futuros esposos.

       Llevado al campamento, una vez recuperado, las tres hermanas conservaron la vida en señal de gratitud. 

       Los días transcurrieron sin noticias de sus amados hasta que decidieron recordar al soldado su compromiso, pero éste les dijo que sus novios, tras renegar de su fe, se habían casado con tres godas y que en ese momento se encontraba en una misión. En realidad, los tres permanecían retenidos.
       Con el paso del tiempo, mermado el dolor, una de las hermanas se casó con el joven salvado y las otras con sendos guerreros; pero algo ocurrió la noche de bodas: el espectro del padre se les apareció y las jóvenes huyeron del campamento a las montañas, instalándose de penitentes en tres barracas.

      De repente, una terrible avalancha de nieve sepultó las chozas de las tres desdichadas y un espantoso terremoto levantó, sobre ese lugar que ocupaban, tres sombríos montes: las Tres Sorores, como recuerdo de aquella triple apostasía y en respuesta a una maldición".
Caminar del Otoño.
         Es tan solo leyenda pero...¿quién sabe?.
    No sé si será alguna reencarnación de una de las hermanas, pero una joven moza del grupo anda con los talones más encallecidos que los morros del Eurico y toca ponerle unos protectores anti-callo para que pueda, a duras penas, seguir caminando.
       Frente a nosotros, en la vertiente opuesta del valle, comenzamos a divisar los perfiles inconfundibles del Tozal del Mallo y Mondarruego, más adelante Gallinero y Descargador. 
          En la ladera que recorremos algunos árboles no han podido resistir las embestidas de los desprendimientos invernales y yacen en este sobrecogedor bosque.
Duermen las hadas...
Las alfombras del camino.
         Más adelante, el sendero se encuentra con su hermano menor, el Turieto Bajo, por el que recorremos unos metros hasta el Puente de Cazadores, lugar en el que nos detenemos a echar al cuerpo alguna ración reconstituyente y a decidir qué hacemos con estos cuerpos serranos.
          Nos informan de que las fajas que se cuelgan en las paredes que acogen Ordesa están transitables, tan solo debemos de ser precavidos con el viento.                    Como decía al principio, hoy es día de "self service", así que los unos deciden tirar valle arriba tras los que han subido en bus y el resto nos vamos a ver como nos acoge la Faja de Racón.
Senda de Cotatuero.
      Arrancamos desde las cercanías de la pradera-parking-restaurante-toilettes.. de Ordesa, aguas arriba del Arazas hasta el desvío que nos lleva por la margen derecha del barranco de Cotatuero.     
            El sendero es una auténtica maravilla para los ojos, el recorrido por el bosque de Baliazá nos instruye sobre la transformación estacional de la naturaleza.           Las hayas enseñan los últimos colores ocres de las hojas que se resisten a caer, las aguas de Cotatuero entonan un leve rumor dirigido por las primeras nieves que, allá arriba, tiñen de blanco las orillas de la su cascada ante la que reposamos unos minutos. Nos fotografiamos sobre el puente que nos llevaría a la Faja de Canarellos y cambiamos impresiones con una agente medioambiental que nos cuenta que nuestro sendero está en buen estado y tan solo el viento que sopla arriba podría obstaculizarnos el camino.
Los de la Faja.
Buena compañía.
Cascada de Cotatuero.
Ganando altura.
           Para alcanzar el comienzo de la faja aún debemos de ganar altura, unos 180 metros que nos dejan bajo las impresionantes paredes del Gallinero.
         A partir de aquí nuestros pasos recorren un vertiginoso sendero que se cuelga sobre uno de los valles más impresionantes del Pirineo. Frente a nosotros, sobre el camino que nos ha traído (Turieto) asoma la blanca cima de Punta Acuta y el mirador de la Senda de Cazadores.
         A los miembros del grupo que no conocían esta "alturas" se les ve anodadados habiéndose dejado guiar en estos paraísos colgados sobre un vacío que procuraremos no medir. Aunque en alguno de los pasos hay quien decide ir por aquí, otros por allá, unos por debajo de las rocas, los otros por encima de ellas; pero no hay nada que una pequeña "trepadica" no pueda solucionar.
Faja de Racón.
¡Ah pues!
¡Agárrate fuerte!
Restaurante Carriata.
      El "paseíto" del vértigo concluye en el cruce que sube al Tozal del Mallo que, frente a nosotros, se alza majestuoso mostrando su incomparable perfil.
         Estamos bajo el Circo de Carriata, un buen lugar para dar rienda suelta a los más grandes placeres del yantar montañero. En pocos segundos cada cual extrae de la mochila los más variados productos gastronómicos, lástima que el amigo Toño y su bota de vino, anden por la Cola de Caballo.
          El descenso de unos 500 metros por la margen izquierda del barranco de Carriata lo realizamos "charrando" de estos y aquellos proyectos de aventuras, de viajes, de..., por lo que la bajada por el bosque se nos hace corta.                                        Ciertamente, el sendero es muy agradable de caminar, describe un zigzag muy fácil por un bello bosque que, además, en estas fechas se encuentra cubierto por una rojiza alfombra de hojas.
Descenso hacia el final.
               Abajo, ya se escucha el rumor de las aguas del Arazas y el rugir de algúnos coches que abandonan el más hermoso de los valles.
              Pronto estamos en el bar de la Pradera, por aquí andan los diferentes componentes del "self service" del Stadium. Los de la "faja" hemos llegado con el tiempo justo para cambiarnos de "calcero", "regar un olivo" y ¡al bus! que el chofer tiene "fecha (hora) de caducidad". Bueno, ahora que no nos oye nadie, Maite y un servidor nos tomamos una caña para celebrar que su menisco se ha portado como debe de ser.
           Ha resultado una buena jornada pues no estaba nada seguro que el tiempo nos iba a respetar pero, afortunadamente, algunos meteorólogos han errado en sus previsiones y el dios Kairos se ha mostrado benevolente con las gentes del Stadium.
             Por esta vez no concluyo con "hasta pronto", pues cuando escribo ya ha pasado el fin de semana y el domingo también nos metimos caña al cuerpo en una caminata que resumiré abajo.
De momento dejo unos interesantes enlaces:




DATOS TÉCNICOS
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...y más

               Como decía arriba, el día siguiente, 12 de Noviembre, algunos nos hemos apuntado con los amigos del Nordic Walking CAI a recorrer el camino de ida y vuelta que va desde el centro de Garrapinillos hasta la Balsa de Larralde.
Balsa de Larralde.

            Los que nos estrenamos en este menester de la marcha nórdica lo tomamos con entusiasmo, intentando adaptar nuestros torpes pasos a una técnica que une salud, deporte y ocio y, en este caso, unos buenos compañeros de camino.
             El Canal Imperial de Aragón, obra de D. Ramón Pignatelli, nos ha guiado hasta la balsa en la que, desde un observatorio, observamos las variadas especies de aves acuáticas entre las que, en esta época, destacan los patos que en nuestra presencia inician un vuelo que captan algunas cámaras.
           En fin, un par de días de lo más completo en los que las piernas han resistido los embates de esta agradecida afición de darle al calcetín, en un día de esos que como decimos aquí, los de Zaragoza, ¡vaya "ciercera" que hace!.
             Ahora sí, hasta pronto.
             Dejo un magnífico reportaje del amigo del grupo de Nordic Walking CAI, Ignacio Herrero:

Iglesia de Garrapinillos.

Primeros pasos.

Estos no son del Nordic...

... estos sí.

Imagen otoñal.

Contra el cierzo

Tierras del Castellar.

¡Juventud combatiente!

Campos de Zaragoza.

Tecnología hidráulica.

El camino...

.. de D. Ramón.

Depósito

Viejo puente.

Hermosa estampa...

.. la del canal...

... y sus caminos.

Hacia la Balsa...

... de Larralde.

Pasarela para...

... los caminantes.

Balsa de Larralde.

Desconocido humedal.

En el observatorio.

Patos.

El Canal Imperial de Aragón.

De vuelta a por la...

¡Birra!

lunes, 18 de diciembre de 2017

PEÑA Y HUEVO DE SAN COSME

Día 16 de Diciembre de 2017
Las "piedras" de Vadiello.
          "Por más que uno deje parte de las suelas de sus botas por estos parajes, por más que la cámara fotográfica plasme los mil y un rincones de esta sierra, la de Guara, cada vez que la visitamos nos sorprende y nos hace más pequeños cuando nos encontramos rodeados de esas impresionantes moles calcáreas que la naturaleza ha labrado, dotándolas de curiosas formaciones.
             Es el comienzo de una de las primeras publicaciones en esta "Viejamochila". Fácil sería copiar y pegar aquella humilde crónica, pues los caminos de hoy pisaremos son los mismos de entonces, pero los compañeros de viaje son ejército y aquellos personajes, tres de los cuales también estamos en esta, andamos con más canas. Y es que las aguas y tierras del Vadiello merecen este esfuerzo.
Embalse de Vadiello.
         Embalse de Vadiello, obstáculo del río Guatizalema, un rincón atrapado entre grandes bloques de conglomerado, guardado celosamente por una vegetación mágica, rodeado de un territorio antes infranqueable y que, poco a poco, el paso de los carboneros y de la obstinada curiosidad de "pirados caminantes" como lo somos quienes hoy intentamos descubrir esos parajes enmascarados por obstáculos infranqueables, hemos sembrado con bellos senderos.
                  Puntuales como un reloj suizo arrancamos desde la inmortal Zaragoza para en Huesca, que presume de liderar la división de plata del pelotón de pinrel (fútbol), completar las dos docenas de mozos y mozas de Esbarre, selectos caminantes tragamillas (y "tragabirras").
En la oscuridad.
               No tardará el bus en atacar las siempre serpenteantes curvas de las carreteras de Guara. No tardamos en transitar por la margen derecha del río Guatizalema que con los pasos del tiempo ha labrado un profundo valle que deja la carretera muy por encima de su cauce.
       Aparcamos en las proximidades del embalse, tan solo un túnel nos separa de él. El espectáculo de acicalamiento montañero (botas, gorros, bastones, etc.) es observado por algunos ejemplares de cabra montés que, introducidas por el Gobierno de Aragón desde los montes de Beceite, se han mezclado con las de los corrales, ya asilvestradas,  abandonados en el último siglo.
Cabras.
El Guatizalema tras superar el embalse.
           Arrancamos a caminar y, tras cruzar el túnel, enseguida estamos sobre la presa de Vadiello que presenta un triste y escaso volumen de agua: ¡vaya sequía que estamos padeciendo!.
          El primer tramo lo hacemos con garbo y más frescos que la "bodega de pescanova". A nuestra izquierda las aguas del embalse reflejan la silueta de la peña que luego alcanzaremos, la de San Cosme. Atrás van quedando los gigantes de conglomerado: el Puro, San Jorge, La Mitra y el Borón, este último coronado por estos zagales en otra ocasión.

Vadiello y sus guardianes.
Santuario de San Cosme y San Damián.
             Alcanzada la primera de las ermitas que vamos a descubrir, la de la Santa Cruz, abandonamos la pista para descender por un agradable sendero en dirección norte y alcanzar la segunda de las ermitas, la de San Cosme y San Damián aunque esta tiene el honor de poseer el título de santuario pues fue, en antaño, un centro de peregrinación consagrado a divinidades paganas protectoras de la salud (hoy sería SALUD) para con el tiempo ir cristianizándose y encomendado a los santos Cosme y Damián, patronos de la medicina (que me corrijan los doctores de Esbarre si me equivoco). Parece ser que tras varios propietarios de linaje demostrado, en la actualidad es el último conde de Guara el amo del lugar: Don Álvaro de Urzáiz y Azlor de Aragón. En el interior, dicen, queda el recuerdo de aquellos peregrinos que, tras su curación, entregaban un exvoto representativo del órgano sanado. ¡uf!.
Ermita de San Úrbez
         Pero como "el garito" se encuentra cerrado al público de escaso linaje, nos conformamos con echar un vistazo desde el exterior y continuar el camino hacia otros lugares más accesibles: las siguientes ermitas. La de San Miguel presenta un estado ruinoso. La siguiente, San Úrbez, se sostiene hasta que el santo quiera. La más "guay" es la de la Fuen Santa regada por un manantial en el que se alojan unos "santos tritones". La siguiente, San Gregorio, si el santo no lo remedia, tiene los días contados. La última, Virgen de Fabana, algo más cuidada aunque con falta de tejas, no hace mella en mí, pues tras el paso por tanta santa ermita sigo cargando con los mismos pecados.
En la ermita de la Fuen Santa.
Por el Bosque Encantado.
              Tomamos un sendero que va ascendiendo con gratitud hasta adentrarnos en el Bosque Plano en el que predominan las encinas. Este entorno de árboles de caprichosas formas y espesura le llevan a ser conocido como el "Bosque Encantado" y es cierto, pues seguro que si no fuera por la bulla que metemos los "d´aquí" observaríamos a los "d´allá": elfos, duendes y hadas, jugar al escondite en tan sobrecogedor lugar. Es como si un trocito de cuento nos lo hubieran trasladado a la Sierra de Guara.
               El sendero desciende hasta los pies del "Huevo de San Cosme", que no sé si representa alguno de los atributos del santo o está dedicado en su homenaje, pero es desde un lugar más abierto de vegetación, al que accedemos tras alguna confusión, donde observamos la impresionante mole de conglomerado.
¿Será por huevos?

Los de Esbarre ante "El Güebo" y el Borón.
Paso de Nartesa.
           Por segunda vez desandamos parte de lo andado para acercarnos hasta el Paso Nartesa, lugar apropiado para el descanso de algunos, principalmente de quienes no llevan "visado de vértigo". El resto dejamos las mochilas, bien custodiadas, y nos vamos a la conquista de la Peña de San Cosme ("joer con el santo").
          Pues bien, para empezar el Nartesa está equipado con un cuerda que mejor no fiarse de ella pues anda más despeluchada que la cabeza del "puigdemont ese", menos mal que unas ramas y el suelo de fuerte conglomerado nos facilitan el paso.
Faja (¿del santo?).
       Superado este obstáculo, caminamos por una faja aérea que doscientos metros más abajo nos muestra el santuario que el santo comparte con Damián, así como el Embalse de Vadiello. Unos con más destreza que otros superamos algunos obstáculos no técnicamente complicados, pero el patio que tenemos debajo tensiona las mentes de los de "dudoso visado".
                Alcanzamos la cima de la Peña de San Cosme (otra vez el santo) que con sus 1053 m. nos ofrece una bella panorámica de esta sorprendente Sierra de Guara. Nos ofrece, también, una buena ración de aire puro, de paz, de algo así como un sentimiento que desearía regalar a esos personajes que andan algo escasos de cordura.
En la cima.
El santuario desde la faja.
         Y nada, "p´abajo" que hay que recoger las mochilas y a sus guardianes para volver por el mismo camino de subida y alcanzar el punto de salida donde nos espera el autobús y, como es buena hora, llevarnos a Huesca en el que el "Montearagón" nos acoge con buenos caldos de vid y cebada para acompañar a las viandas que han resistido las embestidas de estos personajes de Esbarre.
       Y, finalmente, como estamos en vísperas del "Solsticio de Invierno" para unos (los paganos), de "Navidad" para otros (los cristianos), y de entrar en un nuevo año para todos, mis deseos de felicidad para los que tenéis la paciencia de seguir estos relatos y la esperanza de conseguir la "independencia", me explico: de que todos juntos nos independicemos de esos personajes, corruptos la mayoría, que nos andan vendiendo el enfrentamiento de unos pueblos contra otros. Pues, amigos, no nos olvidemos de los verdaderos problemas que tiene el ser humano: pobreza, guerras, hambre, explotación, expulsiones, muerte, desolación...
                 Pues eso, a currarse la:

               Antes de proceder a la despedida del 2017, me veo en la obligación de agradecer a los amigos de Esbarre, a los del Stadium Casablanca y a los del Nordic Walking CAI el haberse currado unos calendarios para disfrute de todos. A los amigos del autodenominado grupo "Estalentaos", gracias por, un año más haber participado en esos trekkings y, en algunos casos, haber soportado el genio de este humilde "benévolo". Lo siento si peco de empalagoso, pero gracias a mi compañera Maite, pues pese a su afectada rodilla siempre está allí animándome a seguir descubriendo otras tierras y empujándome a plasmar mis sensaciones en esta página y, no sé, me parece que nos tiene guardada una buena, ¡ya veremos!, mientras tanto:
                Hasta pronto.



Datos técnicos 
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miércoles, 22 de noviembre de 2017

ARCO DE PIEDRAFITA

Día 18 de Noviembre de 2017
          Un año más, que con las gentes de Esbarre celebramos esa salida en la que se entremezclan deporte, camaradería, buenas viandas y mejor vino. Un buen cóctel para celebrar que concluimos una temporada e iniciamos otra, con más canas en la azotea y no menos entusiasmo en el resto del cuerpo (y mente).
          Aún no ha amanecido, en las puertas de la Facultad de "Veterinaria" de la Universidad de Zaragoza, hoy nos reunimos más personal de lo habitual (me consta que aunque fuera otra la facultad de marras, seríamos los mismos personajes).
           Ya estamos en carretera, algunos nos ponemos los auriculares. En mi alrededor, cuatro colegas  debaten acaloradamente  en relación al "proces", asunto que no logra apagar las notas del Lago de los Cisnes de un tal Tchaikovsky que suenan en mi "smartphone", aunque un poco ¡sí!. Hay quien no desconecta ni "camino del monte".

¡Al ataque!
         En Huesca recogemos algunos miembros de la "expedición". Amanece en Yéqueda, duermen "mis niños", la paz reina a la altura del Monrepos.
             El Casbas nos acoge como de costumbre para tomar un café, bueno, algunos sacan unos bocatas tamaño "como si el mundo acabara ahora mismo". Se nos suma en este lugar el "boss" Javier, que ejercerá de digno dirigente en la batalla que vamos a librar.
             ¡Sea pues!. Nuestra hábil conductora, tras salvar unas complicadas curvas para tan tremendo bus, nos deja en las puertas del Parque Faunístico La Cuniacha, Aquí quedará a esperarnos Celia que anda algo cargada de "cálculos", el resto, tropecientos, tomamos la pista que en otra ocasión anduvimos con raquetas de nieve.
Espléndido "veroño".
             Pinos y robles se disputan los más bellos colores de este desconocido otoño que nos muestra un embalse de Bubal triste, lloroso, su caudal es tan solo una lágrima de su triste rostro.
           Pronto abandonamos la pista para tomar un sendero que se va tornando en pastizal y que nos abre un paisaje envidiable.
         De frente tenemos la majestuosa Sierra de la Partacua coronada por Peña Telera (2762 m.). A su izquierda Peña Parda (2649 m) y Corona del Mallo (2415 m.) y a la derecha el Capullo (2652 m.) (no se ofenda nadie) escoltan una cima que atrae nuestras miradas y... ¿quién sabe?.
Peña Telera.
Arco de Piedrafita.
        Pronto divisamos nuestro objetivo mimetizado con el entorno, un enorme mojón (fita) de piedra (petra) horadado por  la erosión al que, lógicamente, le llaman "El Arco de Piedrafita".
      Pues ¡allá que vamos!, unos con más, otros con menos destreza salvamos los últimos metros por una senda algo canchalera pero que no ofrece ninguna dificultad. Los primeros en llegar ascienden a lo más alto del arco, el resto lo vamos haciendo conforme vamos llegando.
        Las cámaras fotográficas echan humo, este mágico entorno lo merece.

Arco de Piedrafita, ventana al Valle de Tena.
En lo más alto.
El grupo.
Yo también estaba.
        Es un monumento a la naturaleza sobre el que nos encaramamos para disfrutar de un espléndido paisaje. Abajo, el Valle de Tena nos muestra un triste Embalse de Bubal en el que las truchas, de continuar esta pertinaz sequía, deberán portar cantimploras. Con menos nieve de la habitual en estas fechas, al Este, asoman grandes picos como los Palas, Balaitus, Argualas, Vignemale, Tendeñera...
         La temperatura es impropia para estas fechas, la mayoría vestimos camisetas de verano y, "como no hay mal que por...!, nos quedamos un buen rato contemplando estas maravillas. Pero, amigos, hay que volver, hoy toca juerga y tenemos garito reservado para tal fin.
Sobre el Arco.
De vuelta.
           Por un rato descendemos por el mismo lugar por el de la subida hasta el cruce que nos llevará, camino del Ibón de Piedrafita, por una suave y bonita senda manchada de algunos neveros de blanca nieve. Refresca en la cara norte de Peña Telera lo que nos invita a abrigarnos un poco.
         El Ibón se encuentra totalmente congelado. Algunos mozos no se lo creen y, como niños, arrojan piedras y –¡hombres de poca fé!– el hielo no rompe.
         El rincón que acoge esta depresión resulta sobrecogedor, sobre el hielo, arriba como una muralla, son 1200 metros de roca con unas oquedades en las que, quizás, se esconda alguna de las brujas del cercano Bosque de Betato.
En el Ibón de Piedrafita.
¿Ande vaaas?.
         Abandonamos el Ibón de Piedrafita por el desagüe natural del Barranco del Boj, con un pequeño caudal de agua que poco podrá aportar al embalse. Al de Jaulín se le ha ido "la olla" y se empeña en subir una roca. ¡Empeño abortado!.
         Pronto alcanzamos el lugar de comienzo, el autobús y Celia nos esperan para, en un corto viaje, encontrarnos sentados en las mesas del restaurante del Camping Valle de Tena en el que nos sirven un sinfín de entrantes, ricos todos, y unos buenos platos de ricas viandas que, regadas con un buen Somontano, dejan al personal ¡contento!.
Sin comentarios.
El Juli habla.
         Finalmente, el "boss" de los "bosses" Julian nos dirige unas simpáticas y animadas palabras para proceder al sorteo de algunas prendas de montaña y, creanme, tras muchos años de participar en busca de la fortuna, por fin  ¡m´a tocaooo!. Pero de no haber sido así, no importa; no hay mejor premio que el de salir al monte en compañía de estas gentes que, año tras año, se rompen los cascos para regalarnos un programa de actividades que es de agradecer.
   Hasta pronto.






DATOS TÉCNICOS
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