jueves, 20 de agosto de 2015

ALPES - TOUR DEL MONTE ROSA (II)

Día 9 de Agosto de 2015
Preparativos en "la fragoneta".
     El desayuno en Saas Fee, es tan impresionante como lo es la población que vamos a abandonar.
Trasladamos el equipaje hasta la "frago", que Dani acerca hasta el punto más cercano del parking que se encuentra fuera de la ciudad.
     Nos vamos a trasladar hasta el embalse de Mattmark, lugar de inicio de la etapa de hoy.
   La carretera pasa por la población de Saas Almagell. Este pueblo ha conservado su idiosincrasia a lo largo de los años: viejos graneros, un apacible silencio, rincones idílicos, un pequeño lago. Ningún alboroto, pocas prisas, mucho tiempo, gente entrañable.
En el embalse de Mattmark.
     Unas fuertes curvas que Dani ataca con gran maestría, nos dejan en la presa del embalse Mattmark (2200 m.).
     El cielo está cerrado, comienza a llover, hay que taparse, sacamos las prendas impermeables.
    Recorremos de cabo a rabo, la orilla oriental del embalse, por un agradable y suave camino que es usado por varios ciclistas de BMT que rodean por completo la orilla.
    Algunos ejemplares de negras vacas pastan por la zona, se trata de la raza Hérens y, aquí me detengo:  Esta vaca robusta tiene la particularidad de ser un luchador natural a fin de establecer la jerarquía dentro del rebaño. En este valle, Valais, se organizan varios festejos entre los que destaca la "lucha de vacas".
Reina Pelea.
     Estos combates tienen lugar sin ningún tipo de provocación. En primavera, cuando los animales son liberados de sus graneros de invierno y durante el viaje hasta los pastos alpinos, se desafían entre sí para ver quién será su líder. Esta lucha entre vacas es un evento tradicional suizo. Y a diferencia de la corrida de toros como en España, en donde los humanos se enfrentan a estos animales, en Valais, las vacas luchan entre ellas.
       Cabe anotar que estas peleas de vacas es conocida como los “combates de reinas” (“reina pelea”), que comenzó en la década de 1920 y logra reunir a 60.000 espectadores en cada temporada. La ganadora se llama La Reine des Reines y aumenta considerablemente su valor.
Por el embalse
    Prosigo, a lo nuestro: Poco a poco, la lluvia va arreciando, me da la sensación de que va a ser una jornada pasada por agua.
     Así es, superado el recorrido del embalse, cuando vamos a tomar la senda que nos ascenderá al paso de Monte Moro, cae tanta agua que nos acercamos a una cabaña de pastor que aunque cerrada, un alero de ella, nos protege del chaparrón. Antes hemos visto como el pastor cerraba las puertas y hacía mutis por el foro con un todoterreno (creo que no cayó al embalse)
      Poco a poco, van llegando más montañeros al improvisado refugio. Afloja por un momento, cosa que aprovechan la mayoría para abortar la marcha, solo quedamos nosotros y una pareja de franceses.
¿Parará?
     Se trata de una señora de edad, algo mayor que nosotros (que ya es decir) que junto con un joven, se han dado la vuelta por no poder atravesar las aguas de un crecido barranco que hay que atravesar.
   Entre nube y nube, seiscientos metros más arriba, observamos el paso de Monte Moro con su enorme "Madonna" esperando que vayamos a visitarla.
      Se abre una ventana, decidimos tirar "p´arriba", las vacas que hasta ahora han permanecido quietas y con el cuerpo apuntando hacia Saas, nos miran con extrañeza como queriendo decir -¡ande van estos!.

Senda acuática..
   Y qué razón tienen estos animales, conforme vamos ganando metros, la lluvia arrecia, ¿que digo yo?: ¡jarrea a mares!. Se escuchan truenos, recogemos los bastones y apagamos los móviles, guardamos, prudencialmente, unos metros entre uno y otro. La pareja de franceses, se han unido a nosotros y cuando llegamos al barranco que les ha echado para atrás, ponen una extraña cara: uno a uno, con Benito haciendo de puente y con el agua hasta la rodilla, vamos salvando el primer obstáculo de la ascensión.
    Deja de tronar, que no de jarrear, sacamos un bastón, la senda, por cierto muy bien trabajada, es un auténtico río.
Ducha natural.
     Vamos por una rocosa pared, de sus alturas, la lluvia y el glaciar, sueltan verdaderas cascadas y, algunas de ellas sobre nuestro camino. A estas alturas no es cosa de retroceder, seguro que el barranco que hemos cruzado, habrá aumentado su caudal, así que "todos callados", testa baja y con resignación, procedemos a ducharnos un par de veces, la segunda cae con tanta fuerza que casi nos dobla. ¡Hay quien paga por una sesión de estas en un balneario!.
     A cada paso, en el interior de las botas, se escucha el típico ¡chash, chash! de inundación podo-acuática.
Madonna.
   Poco a poco, la lluvia va tornando en niebla y viento, hemos ascendido bastante y se nota.          Miramos hacia arriba y, entre nubes, aparece y desaparece como si fuera milagrosa, la Madonna que corona el paso de Monte Moro (2846 m.).
     Más calados que un besugo, con un viento que" tira p´atras" y con ganas de hacerlo, llegamos a los pies de la santa, una dorada imagen de más de dos metros, alzada en un pedestal de piedra.
     La visibilidad es casi nula, sabemos que estamos rodeados de grandes montañas y glaciares pero nada, no se ve ni un...
     Ya a sus pies, nos hacemos un rápido retrato, la climatología no invita a grandes adoraciones.
A los pies de la Madonna.
¡P´abajo!
   Iniciamos el descenso hacia Macugnaga, 1500 m. más abajo, pero ya las hemos pasado suficientemente canutas, así que nos acercamos hasta un funicular que hay unos cien metros más abajo.
     En el transporte viajamos solos, no hay ni un alma por aquí. En pocos minutos, sin mojarnos, y sin dolor de piernas, nos presentamos en Macugnaga, población que se encuentra a los pies de la punta Dufour que con sus 4638 m., corona el Monte Rosa. Es una imagen que nos sorprendería sino fuera porque las nubes lo tapan todo.
    Dani, siempre puntual, con la "fragoneta" nos recoge para trasladarnos a un pequeño y encantador hotel.
       Como no ha habido posibilidad de comer y todavía estamos en esa bendita hora en que uno siente un gran vacío dentro de sí, nos reunimos en una de las habitaciones para proceder a dicha obligación humana.
Lola y Maite en Macugnaga.
     Una vez terminada la función gastronómica y descansados, nos damos una vuelta por la población para conocer, una vez más, la belleza de estas poblaciones alpinas y realizar algunas compras para familia, amigos, así como para la despensa, ya hemos entrado en Italia y se nota en los precios.
   En particular, la ciudad es famosa por estar delante de la cara este del macizo del Monte Rosa, la pared más alta de los Alpes. Este muro, de 2.600 metros de alto y 4 km de ancho, es un verdadero monumento de la historia del alpinismo y es apodado "El Rostro del Himalaya de los Alpes".
Así vimos la Punta Dufour desde Macugnaga.
Así lo hubiéramos visto, de no llover, desde el paso de Monte Moro.
      Otra vez será, afortunadamente la montaña siempre está allí, pero hay que seguir. En la vuelta hacia el hotel, realizamos un "alto en el camino", para certificar que la cerveza en Italia, está tan apetecible como en Suiza.
       La cena que nos sirven es como para chuparse los dedos y como la noche no acompaña, cada cual nos refugiamos en nuestra habitación (también tendedor) y tras llenar las botas de periódicos, con el fin de que absorban la humedad, nos retiramos a dormir.
        La jornada de hoy, nos ha puesto a prueba, no lo sé, pero me da que Benito cuando vuelva a casa, le va a poner una vela a la "Madonna de Sallent" en agradecimiento a que hemos terminado todos con salud.
Buenas noches
Datos técnicos:
Recorrido
Perfil: Distancia, 9 Km. Desniveles, positivo= 788 m. - negativo= 129 m.

Día 10 de Agosto de 2015
El hotel.
   Lo primero que hago, al levantarme de la cama, es asomarme a la ventana y... ¡llueve!. Las predicciones son de agua para todo el día y la etapa de hoy es seria, son cerca de 1550 m. de desnivel positivo y casi otros tantos de negativo, pasando por el collado de Turlo (2738 m.), además se ve que ha nevado no muy arriba.
   Mientras pensamos, nos arreamos un copioso y gustoso desayuno en el comedor del hotel y nada, Benito nos propone acudir al destino con la "fragoneta". Gustosamente ¡aceptamos!.
       Así que cargamos el vehículo con todo el equipaje, la señora del hotel sale a despedirnos, son todo amabilidad y aunque no suelo hacer propaganda, diré que si volvemos a Macugnaga en otra ocasión, nos alojaremos en el Hotel Signal.
El agua fluye por mil y un sitios.
    Lo que serían unos pocos kilómetros por la montaña, se convierte en más de 120 Km. por carretera, o sea un buen "tute de turismo de culo sentado", incluso llegamos a pasar por el lago D´Orta y a escasa distancia del Maggiore, frontera entre el Piamonte y Lombardía.
     Tras dos horas y media, por una bonita carretera, llegamos a las puertas del Parque Natural Alta Val Sesia, el más alto de Europa ya que el área protegida incluye parte del Monte Rosa, que a 4.559 m de altura presenta la Punta Gnifetti, en la que en el año 1893 se erigió el refugio Campanna Margherita (4554 m.).
Caldera en el Parque Alta Val Sesia
   Aún hoy, este refugio alpino representa el avance humano a mayor altura del continente, y lleva también a cabo funciones de estación meteorológica y de centro de investigación sobre los efectos de las altas cotas en el cuerpo humano. El glaciar del Monte Rosa, que durante miles de años viene excavando profundamente la roca, ha dado origen a una serie de características formaciones llamadas "Las calderas del Sesia".
    Hasta aquí hemos llegado, descendemos de la "frago" y como sigue lloviendo, nos tapamos y mochila en mano, tomamos una bonita senda, en la que unos miradores, nos dejan ver la fuerza con que el agua  esculpe la roca. Un bonito puente que nos recuerda la película "Los puentes de Madison", nos muestra bajo su fondo, una profunda garganta que más nos vale no medir.
¿Puente de Madison?, no, del Sesia.
Glaciar.
Refugio Pastore.
    Tras pasar por la Casa del Parque, llegamos al refugio Pastore (1575 m), para mí uno de los mas impresionantes y completos que he visitado. Además su ubicación a los pies de las cimas más altas del Monte Rosa, lo hace muy atractivo, solo que hoy no toca verlo, sigue lloviendo.
      Tomamos posesión de nuestros dormitorios y esperamos a que aparezca el resto del equipaje, esto sucede por un elevador que llega desde el parking hasta el refugio. Comemos en la zona del bar y ¿siesta?, pues no. Ya que no hemos realizado la etapa, recorreremos un buen tramo de ella en dirección contraria, hay que mantener la forma y disfrutar de las vistas que nos brindan los altos caminos alpinos.
La siesta.
    Dejamos las mochilas en el Pastore y comenzamos a caminar por una senda que, zigzagueando, pica para arriba entre alerces, hayas, helechos, frambuesas... y que, debido a la lluvia, hemos de salvar algunos torrentes de agua algo crecidos. Por el camino, adelantamos a dos hombres de buen ver, o sea, cargados de masa corporal, con chancletas, bañador y toalla en los hombros, ¡ande van! dirían las vacas de ayer.
      En la cota 1900 m., el camino se suaviza en dirección Este. Pasamos por algunas cabañas de pastores, alguna de ellas se ve que está habitada, el humo de la chimenea lo delata.
      Cuando ya estamos a 2550 m. (vaya siesta), decidimos dar la vuelta y echar un vistazo al paisaje, ha dejado de llover. Benito nos explica algún detalle de lo que se adivina entre nubes - allá se ve la iglesia, encima debe de ser..., mañana iremos por....
Cascada bajo la iglesia.
Añadir leyenda
      A pesar de las nubes, la vista es de impresión: bajo nuestros pies, los valles recogen el agua, no solo de la lluvia, sino también la del deshielo de la larga agonía que los glaciares de la tierra están padeciendo y que si no se pone freno a la contaminación, no tardando mucho, desaparecerán.
     Vamos bajando por el mismo camino de subida, los playeros ya no andan por aquí.
  Cogemos algún chordón (frambuesa), para comparar su sabor con el del Moncayo, me gustan más los de la sierra aragonesa.


¡Va por ustedes!
      Llegamos al refugio Pastore y nada, hay que hacer uso de sus instalaciones: ducha, mini-colada que tiendo en un cuarto con estufas para el secado, vamos, todo un lujo.
    La cena está a la altura del refugio y quedamos todos contentos, además José Antonio, como todas las noches, nos ameniza la función con una colección de chistes que solo él sabe contar. Y todo esto en compañía de dos gotas de grappa que ayudará a dormir.
     Allí está, tambien, la pareja que ayer "se mojó" en nuestra compañía. Como no disponen de transporte, han realizado toda la etapa y nos cuentan que las han pasado mal, que incluso han llegado a temer lo peor. Pero están aquí y hay que celebrarlo. "Félicitations madame et monsieur".
Pronto nos retiramos a dormir, como siempre, hay que madrugar, ¡así es la montaña!.
Buenas noches
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Datos técnicos:                                                                         Continuará
Recorrido y datos:
Distancia: 8,9 Km.
Desnivel positivo, 605 m.
Desnivel negativo, 502 m. (problemas técnicos, me impiden mostrar el perfil)

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