lunes, 24 de agosto de 2015

ALPES - TOUR DEL MONTE ROSA (III)

Día 11 de Agosto de 2015
El Monte Rosa.
  ¡Fuera legañas!, estamos recogiendo el dormitorio, hay que dejarlo como lo encontramos.
      Abro la puerta, salgo al exterior y ¡milagro!, ¡ha escampado!. Ni una nube en el cielo y por fin, "ahí está". Por mucho que digan las wikipedias del mundo, se muestra rosa como una flor, imponente como un castillo, mágico como "la madonna", sí, ahí está el Monte Rosa, con sus Puntas Giordani, Parrot, Gnifetti... Todo un espectáculo que hasta ahora, no habíamos podido contemplar.
Monte Rosa desde el refugio Pastore.
Luis C., J. Antonio y Lola con el Rosa a sus pies.
      Nuestras cámaras disparan una y otra vez, teníamos hambre de Monte Rosa.
    Y hambre es lo que tenemos ahora, así que pasamos a desayunar con la buena gana que caracteriza a estos "estalentaos". Tengo que apuntar que el desayuno que nos sirven, está a la altura que merecemos, o sea, "de c...".
     Y tras desayunar, dejamos los pesados petates en el elevador (ahora ejercerá de descendedor). Cargamos las mochilas en nuestras espaldas y comenzamos a descender en dirección al puente de S. Antonio, allí nos encontraremos con Dani y la "frago".
Hacia el puente de S. Antonio.
    El sendero desciende fuertemente hacia el cauce del río Sesia, cuyas aguas las ha parido el glaciar bajo el que hemos dormido. Sus aguas bajan con fuerza, liman con paciencia la fuerte roca que sustenta esta gran montaña.
     Pasamos por alguna pequeña construcción pastoril, el alerce nos proporciona una sombra que a estas horas no necesitamos, pues la mañana ha salido fresca.
      Allá abajo se ve el puente al que no tardamos en llegar, al mismo tiempo lo hace Dani. Este chico, me parece que, al paso por Suiza, se le ha pegado eso de la puntualidad de los relojes helvéticos.
      Montamos en el vehículo para un pequeño transfer hasta Alagna, lugar en que comenzaremos la etapa con más desnivel del trekking, ¡ya veremos!.
¡Como pica p´arriba!
      Antes de comenzar a andar, nos detenemos en una tienda a comprar pan, plátanos y chocolate, el resto lo llevamos en las mochilas.
     Nada más comenzar a caminar, ya se adivina lo que nos toca: la senda zigzaguea una y cien veces por un bosque de alerces y hayas.
   Así y como el que no quiere, bajo una agradable sombra, nos hemos cepillado unos quinientos metros de desnivel.
       En la cota 1660, desaparecen los árboles, dando paso a una extensa pradera en la que el ganado vacuno pasta a sus anchas.

Follu.
    En pleno Valle de Otro, estamos alcanzando una zona que la llaman "de los cinco pueblos", en realidad tan solo son unas aldeas de construcción tradicional, las viviendas disponen de una zona protegida por unos listones de madera, como si fuera una galería, para guardar el maíz y la paja.
     La primera que alcanzamos es Follu y, como en el resto de aldeas, una fuente nos ofrece su chorro de agua para calmad la sed.
Vivienda tradicional.
    La parada es rápida, hoy no nos podemos "dormir en los laureles".
    Uno tras otro: Follu, Dorf, Scarpia, Weng y Pianmisura, los atravesamos con comodidad, aquí el camino se comporta con el cariño que merecemos. En el último de los pueblos, una familia acompaña a una anciana que a mí, me gustaría saber como llega hasta aquí, si lo hace por el mismo camino que nosotros, ¡yo dimito!, hasta aquí no llega ninguna pista transitable con vehículo.
    Mi ignorancia me lleva a proseguir y no dimitir, así que los siete continuamos dándole al calcetín. Frente a nosotros vemos la pared que tenemos que subir para llegar al primero de los collados.
Valle de Otro.
    Pero lo mejor es no mirar hacia arriba, atrás van quedando aldeas, vacas, valles, metros y metros de desnivel que ya hemos superado.
    Algunas flores cubren el pastizal por el que caminamos, los arroyos nos proporcionan agua fresca, hoy hace calor y sudamos de lo lindo. Poco a poco, palmo a palmo, estamos ganando altura y ya se adivina el collado pero, como siempre ocurre, ¡el collado está más allá!.
    Un último trago y ¡aúpa!, ya estamos en el collado, cuyas vistas son increíbles.
   En realidad no es un collado puro y duro, el de la jornada está por llegar.
Clase de geografía.
    Benito nos indica, con todo detalle, el collado que ayer hubiéramos superado, el de Turlo, de no ser por la lluvia.
     Delante de nosotros, al norte, el Valle D´Olen, atravesado por un moderno teleférico.
    Y 1240 m. más abajo, el punto donde hemos arrancado: Alagna.       Aún nos queda tajo, así que tras tomarnos el plátano, algún fruto seco y una porción de chocolate, retomamos la marcha que, en principio, desciende unos pocos metros por una ladera, algo descarnada en algún punto, que pasamos con cuidado. A la derecha tenemos un buen patio que no debemos medir, ¡digo yo!.
Por la senda, abajo el patio del valle D´Olen.
Collado en el que hemos descansado.
A por la última cuesta.
    El próximo objetivo no está lejos, pero, ¡leches!, la naturaleza lo ha colocado bastante arriba, así que, nada, a mover las garras se ha dicho y, dale que te dale, poco a poco vamos superando la cuesta, no sin sudar lo nuestro. Que caray, para eso hemos venido y con cara de chicos buenos y cuerpo jotero, llegamos al Collado D´Olen (2887 m.). En el terreno predomina un tipo de roca muy vistoso, la andesita, de origen volcánico.
   En los últimos metros, he descargado a Maite de su mochila y a mi paso, he llegado antes que el resto, lo que me permite recibirlos con el cariño que se merecen.
Andesita
       Aquí nos detenemos un rato, no mucho pero el paisaje bien vale la pena.
     Delante de nosotros se encuentra el valle de Lis. Como diría Benito, "el valle se encuentra bastante cargado de hierro", que es como lo describe cuando hay estaciones de esquí con sus postes, cañones, remontes, etc.
     No nos podemos detener mucho, tenemos que utilizar algunos de "esos hierros" y el horario de cierre no es muy tardío.
        Así que nos dejamos caer por una senda para desembocar en una pista en obras y acceder al funicular que se encuentra junto al lago Gabiet (2400 m.). Como andamos justos de tiempo, lo utilizamos para bajar hasta Staffal (1800 m.).
Junto al albergo de Sittel.
       Con las prisas, todavía no hemos descargado la metralla comestible en la mochila, así que nos sentamos en una terraza, sacamos la comida y pedimos unas buenas jarras de cerveza, que hoy sí, hoy nos las hemos ganado (brindamos).
         Un nuevo teleférico (este sí estaba programado) nos quita unos cuantos metros, que no todos, de subida hasta el albergo de hoy, el de Sittel (2297 m.).
        En su exterior, una especie de menhir sirve de plató para fotografiarnos con el Monte Rosa de fondo.
       Por tratarse de un "albergo", también de invierno, sus instalaciones son de calidad, incluso nos ofrecen utilizar un jacuzzi, ¡para jacuzzis estamos!. Una buena ducha, una charrada en la cafetería, grandes cristaleras nos dejan ver y contemplar desde la mesa, el impresionante macizo que nos ha traído hasta aquí. A Luis Lasala, le recuerda (guardando las distancias) a aquel hotelito de Baguerge en el valle de Arán: -desde un parecido mirador, se observan las Madaletas.
Cenamos algo más tarde que en los refugios y, sin tardar, nos vamos retirando a nuestros nidos: Maite y yo, le cedemos a J. Antonio "la turca".
Zzzzzzzzzzzzz.
Ha sido una etapa dura por sus desniveles, pero el tiempo, en esta ocasión, se ha aliado con nosotros y el buen rollo, persiste en las entrañas del grupo.
Haz clic aquí y verás el resto de fotos de esta jornada.
El track para GPS, está haciendo clic aquí.
Datos técnicos:
Recorridos

Perfil (incluidos, descenso de Re. Pastore a Puente de S. Antonio y ascenso desde teleférico a Sittel):
Distancia, 14,2 Km.
Desnivel positivo: 1993 m.
Desnivel negativo: 801 m.

Día 12 de Agosto de 2015 
Primeros pasos.
    Bueno amigo, ya teníamos todos ganas de disfrutar de una etapa "normal", de esas que te las tomas con tranquilidad, parando de vez en cuando a disfrutar del paisaje en toda su magnitud y, de paso, recuperar algo de la energía que estos últimos días hemos gastado.
     Para empezar, nos levantamos una hora más tarde que la mayoría de jornadas. Desayunamos tranquilamente, disfrutando de los sabores de los productos alpinos. Incluso, Maite y yo, tenemos tiempo de adquirir un par de camisetas para nuestros nietos Noah y Yaiza. Vamos, que así se apunta cualquiera, pero no creo que esto dure mucho.
Abajo, refugio Sitte. Arriba el Monte Rosa.
     Si bien la ruta normal del tour, para el día de hoy, transita por el collado de Bettaforca, por eso de evitar "los hierros", nosotros lo hacemos algo más al sur, concretamente por el collado de Rothorn, algo más alto pero mucho más tranquilo.
     Algunas nubes se agarran al Monte Rosa, lo que no impide echarle un tempranero vistazo.
    Ascendemos suavemente por una senda bien marcada, abajo va quedando el refugio y el valle de Gresoney. Sttafal ya queda fuera de nuestra vista,
      Lo que sí vamos viendo, conforme ganamos altura, es el collado D´Olen, que superamos ayer.
Reflejados.
     De vez en cuando, debemos ascender alguna rampa pero nada importante, como he dicho, es un tranquilo día.
      En algún momento, el prado se torna en piedra pero no es ningún problema, el tour está perfectamente cuidado en su trazado e indicaciones.
    Un par de pequeños lagos, son la antesala para, cuarenta metros más arriba, coronar el collado Rothorn  (2689 m.).
       Aquí nos detenemos a ¿descansar?, echar un trago de agua y contemplar el paisaje. Unas banderas de oración tibetanas, nos trasladan por un momento a otras latitudes.
En el collado Rothorn.
Descenso.
   Al Este, hemos dejado el valle de Lis, delante de nosotros, al Oeste, aparece un nuevo valle, el D´Ayas, pero aún queda descender y la bajada es más larga que lo caminado hasta aquí.
     En principio, descendemos por unas bien colocadas piedras, pronto tomaremos una senda que transita por amable prado.
     Comenzamos a ver más gente, la mayoría da la impresión de que, aprovechando la bondad climatológica, han subido en uno de los múltiples teleféricos, a pasar un día apacible. El entorno lo acompaña, máxime cuando llegamos al lago Ciarcierio (2370 m.), que se encuentra bastante concurrido.
Lago Ciarcierio
Flores entre las flores.
     Nos parece un buen sitio para comer: buen paisaje, grandes montañas y glaciares, limpias aguas...pero, alguien ha visto un cartel que anuncia "Restaurante La Mandría a 15 minuti".
      No es que vayamos a comer de menú ni a la carta pero el calor que hace, parece pedir algo de zumo de cebada. Tampoco es que estemos enganchados a la cerveza, pero fuentes consultadas en el ámbito de la medicina deportiva, ¡la aconsejan!, eso sí, tras el esfuerzo y con moderación (hoy, ni esfuerzo ni moderación). Como no consumimos ningún sólido, nos la sirven en el exterior de La Mandría.

Maite, en el balcón del refugio Franchey.
     Aunque nos queda poco camino, reemprendemos la marcha, poco a poco, el bosque (de alerces) nos va protegiendo del agresivo sol.
        Y allí, en medio del bosque, divisamos unas casas de madera, una de ellas es nuestro refugio: el Franchey (2066 m) que lo regenta Mateo, un zagal muy amable. Su ubicación permite disfrutar de unas vistas panorámicas sobre el valle D´Ayas.
     Tomamos posesión de las literas correspondientes, nos damos una ducha (la necesitamos), nos asomamos al balcón del refugio para disfrutar de las vistas, una pequeña siesta y, a las cuatro de la tarde, "con la fresca", cogemos arneses y crampones y nos vamos a un prado, bajo la sombra de un árbol (como no, alerce).
Sugerente posición.
   Mañana habrá que empezar a usar "los pinchos" y procedemos a ajustarlos y, de paso, a realizar sugerentes pasos y posturas, siempre dirigidos por el director de la orquesta: el maestro Benito. Con los arneses, interpretamos una nueva sinfonía: "la sujetata di santocorpore".
      Fuera de bromas, Benito insiste, principalmente, en la seguridad pues en el hielo todo es previsible hasta que deja de serlo.
      Con la lección medio aprendida, volvemos al refugio, recogemos los trastos y bajamos al comedor a probar la calidad de la cerveza del establecimiento: "estuvo bien".
      En un rincón, algo me llama, acudo hacia ella y acaricio su cuerpo, estudio su templanza y comienzo a tocarla... La guitarra está perfectamente afinada y pronto se unen las "voces cantoras de los Alpes". No queda nada mal, pues el poco público que asiste en la mesa de al lado, queda prendado, bueno, se ve que no son muy entendidos, musicalmente hablando.
       Al concierto le sigue la cena y no tardamos en subir al dormitorio, mañana volveremos a sentir en nuestras carnes, la dureza  y gratitud de la montaña.
Buenas noches.

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El track para GPS, está aquí.
Datos técnicos:
Recorrido.

Perfil de la etapa:
Distancia: 7,5 Km.
Desnivel positivo: 567 m.
Desnivel negativo: 715 m.
Continuará.

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