lunes, 5 de septiembre de 2016

TREKKING EN MADEIRA (Y III)



"Ya sé, amigos míos, que debería haber publicado esta última entrega de nuestro viaje por tierras medeirenses, con algo más de premura. Lo siento, pero unos días con los nietos a las orillas de ese castigado Mediterráneo, bien vale un perdón. Espero que así sea.
Pues ¡ahí va!:"
Día 12 de Agosto de 2016  (Paul da Serra a Seixal)
Camino de Paul da Serra. Desolación.
     Desayunamos tan bien como cenamos anoche. Tras despedirnos de Cecilia, nos desplazamos, petate en mano y en procesión, por las frescas callejuelas de Jardim do Mar hasta su plaza en donde nos espera el microbús, para trasladarnos al mismo lugar en el que ayer terminamos la etapa: Paul da Serra.
      De nuevo somos testigos de incendio, árboles quemados, señales chamuscadas, junto a la carretera las brasas siguen ardiendo, no muy lejos vemos que el fuego sigue haciendo de las suyas.
Caminantes
      Nos encontramos en un especie de meseta, se trata del lugar más llano de la isla a 1400 m. de altura, al que llaman "Campo Grande".
     Un día más el calor es insoportable, hay que meterle caña al bote de crema protectora. 
        Comenzamos a caminar por un sendero entre grandes brezos y muchos helechos que en algunos momentos nos superan en altura. ¡O estas plantas son muy altas o nosotros "pequeñicos"!
     A nuestra izquierda, Oeste, entre grandes masas arbóreas, la Ribeira da Janela nos separa del foco del incendio, objeto de los disparos de nuestras cámaras, pues el resto del paisaje, por el momento, no resulta muy atractivo.
Quinto día de fuego.
       En las laderas del valle, se adivinan las "Levadas de Calheta" que desde la Central Hidroeléctrica de Calheta, en el sudoeste de la isla arrancan, una de 40 km, que va hasta el extremo de la isla, y otra de 14 km que va hacia el este hasta la Ribeira da Ponta do Sol.
       Durante siete kilómetros la ruta es un sube y baja incesante con un par de miradores, en uno de ellos podemos observar la Ribeira de Seixal, pero para llegar hasta allí... mejor no pensarlo.
       Ya es hora de comer, Nelio nos desvía de la ruta para acercarnos a las cercanías de Fanal donde se encuentra un lago y un pequeño, pero conservado, cráter.  Pero esto no lo vamos a ver, no pertenece a la ciencia de la botánica.
Camino de Fanal.
        Estamos en el corazón de la "laurisilva", o sea, nada mejor que refugiarnos del sol bajo unos enormes laureles, sacar la fiambrera y la bota (hoy llevamos botella de reserva), y acallar los conciertos gástricos.
      Con los deberes cumplidos, recogemos el campamento y nos disponemos a iniciar una dura batalla con el sol.
     Nos detenemos en una especie de collado desde el que, desde el centro de la isla, divisamos el océano y un pueblecito, mil cien metros por debajo de nosotros.
      He dicho "especie de collado", porque esos más de mil metros los comenzamos a descender bruscamente aunque, afortunadamente, la senda discurre por el mayor bosque de laurel de Madeira.
        Además, no solo el laurel protagoniza el entorno, son otras las especie que podemos observar. Nos llama la atención el helecho arbóreo de varios metros, ejemplar que solo se puede observar en este paraje.
Helecho arbóreo.
Y sin machete.
     El paso por el barranco de Galinhaça, nos proporciona algo de frescor, no en gran cantidad pero suficiente agua para mojar la cabeza.
      Frescor el que sentimos, bajo la sombra de una espesura de árboles y plantas, autóctonos unos e invasores los otros.
      Allá abajo, cada vez más cerca, divisamos unas casas que pertenecen a Chao da Ribeira, localidad situada en un valle elevado sobre la parroquia de Seixal. El lecho de la ribera está ocupado por terrenos agrícolas y por sus correspondientes casas de aperos, que constituyen un escenario realmente bucólico.
                Este valle está marcado por un vasto manto de bosque Laurisilva.
Llegando a Seixal.
       Desembocamos en una carretera que recorremos hasta desviarnos por una levada que discurre entre cultivos locales.
        Pronto estamos descendiendo por unas escaleras que bajan por Seixal, para dirigirnos al hotel y dar descanso a las tabas que se han cepillado más de mil seiscientos de dura bajada.
       Pero, ¡otro contratiempo más!. El hotel de marras, por no se que lío de confusión, no nos ha reservado las habitaciones y "está completo". Como no es cosa de ponerse nerviosos, descendemos a los bajos del establecimiento y, frente al océano, mojamos las penas con unas "cervejas".
         Hemos dejado al guía en la recepción para que busque una solución, cosa que realiza con toda eficacia, y en poco tiempo unos taxis nos llevan a la cercana ciudad de Porto Moniz.
Puerto Moniz.
         El nombre de Porto Moniz se cree que esté relacionado con Francisco Moniz, que contrajo matrimonio con una de las nietas de aquel capitán despistado que se encontró la isla, Gonçalves Zarco. Este pueblo es el punto más al noroeste de Madeira y también el más espectacular, con sus bellas piscinas naturales, sin duda el mayor atractivo que posee. Rodeadas de extrañas formaciones de roca volcánica, estas piscinas poco profundas cuentan, en marea alta, con aguas cristalinas y son el lugar de baño favorito para los habitantes de la zona. Tras la cena, algunos van a visitar las piscinas y, de paso, meter los pinreles en tan limpias aguas.
     Yo me recojo en la habitación, tomo notas para poder recordar lo que intento plasmar aquí y, poco más tarde, estoy soñando con...
     Boa noite.

Datos técnicos:
Recorrido

Perfil:
Distancia, 15,8 Km.
Desnivel + 317 m.
Desnivel - 1688 m.

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Día 13 de Agosto de 2016 (Encumeada a Curral das Freiras con ascenso al Pico Grande)
Caminando entre eucaliptos.
     Bueno amigos, esto se va acabando, hoy realizamos la última etapa que comenzamos cerca de la de hace un par de días, en la zona de Encumeada.
     La primera parte desciende, por un camino bastante amable con nosotros, su trazado por bosque nos protege del sol, aunque en este caso es el agresivo eucalipto, encargado de beber el agua y comerse los nutrientes de otras especies autóctonas.
       Uno de estos monstruos ha caído y nos corta el paso, pero lo salvamos con cuidado. Nelio y José Antonio, "el de Jaulín", se esfuerzan por abrir el paso para dejar el sendero practicable.
       Poco más adelante cruzamos bajo un gran tubo que lleva las aguas de la Levada do Norte hasta la Central Hidroeléctrica da Serra D´agua.
Terrazas imposibles.
       La senda culebrea bajo las faldas del Pico Encumeada, por un momento divisamos, allí arriba, la cara Norte de nuestro objetivo,  el Pico Grande, tan solo de mirarla da miedo. Esperemos que nuestra ruta sea menos vertical.
         El sendero de hoy nos muestra el esfuerzo del hombre por cultivar cuatro palmos de un terreno que trabajado en terraza le produce alguna cosecha. Tienen, también las parcelas,  algunos corrales para la cría de gallinas.
    El camino comienza a empinarse, eso sí, bien empedrado y colgado sobre un profundo valle. Me pongo en cabeza para tirar de Maite y Luis C., pues prefieren subir a piñón y no parar mucho. Delante de mí, decenas de lagartijas, asustadas, van corriendo hacia sus escondites, entre las abundantes zarzas que, aun con cuidado, dejan su huella en la piel.
Y ese, ¿por donde se sube?
Hacia el pico.
        Nos detenemos en una fuente a remojar la gorra, arriba ya se divisa el collado Boca do Ferro al que, con bastante calor, accedemos en pocos minutos.
      Llevamos ascendidos unos seiscientos metros, muy calientes ellos y aquí en plena solana, un par de grandes árboles dan sombra a un grupo de franceses que, con galantería gala, nos dejan uno para nosotros.
         De los once que somos, ocho, junto con el guía, iniciamos el ascenso a la cumbre de hoy. Como no tuvimos ocasión de trepar montes el pasado día 10, hoy nos lo tomamos con mucho afán.
            En la primera parte de la subida, la senda transcurre por la cara sur, junto a una pared de roca en cuya superficie se podría freír un huevo.
¡Hale, que ya queda poco!
         Más adelante, es tal la descomposición del suelo, que las botas y vías respiratorias son víctimas del fino polvo.
          Benjamín nos precede al resto, detrás el personal lleva buen ritmo. En una cornisa nos reagrupamos, ya se ve el "piquito".            Un esfuerzo y estamos en su base.
      La satisfacción de haber llegado hasta esta cota y el respeto hacia "doña prudencia", invita a tres de los valientes a quedarse aquí. Los otros cinco, junto con Nelio, tiramos "p´arriba", por una pared equipada con una sirga deshilachada y una cuerda que "ni pa tender". Mejor agarrase a las piedras que aunque queman, seguro que no nos fallarán, y así es, hacemos cima en el Pico Grande (1654 m.), auténtico balcón de gran parte de la isla de Madeira.
En la cima.
        Al Este, tenemos os abortados Arieiro (1818 m.  ); Torres (1851 m.); la cumbre de Madeira, el Pico Ruivo (1862 m.); incluso adivinamos la ruta que hubiéramos llevado. Junto a nosotros, el hermano Pico Redondo nos enseña su formación geológica de rocas compuestas por varias capas de ceniza volcánica.
      En el Este, otro que no pudimos subir, el Ruivo de Paul (1640 m.) rodeado de molinos aerogeneradores.

Unidad montañera.
No es chocolate.
       Y al Sur, mil metros por debajo de nosotros, un profundo valle con nuestro destino Curral das Freiras en su parte alta, y al final, junto al océano, la capital de Madeira Funchal. Vamos, toda una borrachera de paisaje que en estos tipos de picos semiaislados se puede disfrutar.
       Mostrando las enseñas de los clubs de los que somos socios los cinco: Mayencos, Esbarre y Casablanca, nos hacemos unas fotos como corresponde a la gesta. 
       Y, chavales, "p´abajo". Con cuidado (y con hambre) vamos descendiendo por el mismo camino de subida hasta las sombras, son las cuatro de la tarde y sin comer. Pues eso: fiambrera va, bota vuela...
Curral das Freiras.
       Con la pasta, todavía en la garganta comenzamos un fuerte descenso por el sendero que nos facilita el paso con diversas lazadas, además estamos bajando por la cara umbría de la ladera y ya no pasamos el calor del resto del día. 
        Y, como he dicho al principio, esto se acaba y lo hacemos en el primer garito que encontramos en Curral das Freiras, pequeño pueblo ubicado casi perpendicularmente entre unas montañas en el corazón de la isla.
       Se cree que la enorme caldera en la que está asentado el pueblo fue formada por la erosión. Esta es la teoría más reciente, aunque muchos creen que se debió a la actividad volcánica. En 1566 las monjas del convento de Santa Clara huyeron de los piratas que atacaban Funchal y encontraron refugio aquí, trayendo con ellas sus tesoros.
Esta, no es de vino.
         También nosotros encontramos refugio en este pueblecito entorno a otro tesoro: una "Coral" espumosa y unas patatas típicas, para celebrar que, un año más, hemos terminado, con menos talento, pero eso, hemos terminado que no es poco.
       Nos viene a recoger el microbús para trasladarnos a Funchal, Nelio se apea en su casa, luego acudirá a nuestro encuentro.
         Una vez en la capital, el conductor aparca y dice que ya hemos llegado:
      -ese de enfrente es el hotel- dice el chofer.
A uno que se ha estudiado el programa, se le queda cara de tonto: nos han cambiado de garito, de nuevo sin previo aviso.
     Digo garito, porque una vez en las habitaciones, ubicadas en un edificio contiguo, certificamos que nos han dado "gato por liebre", vamos que más que habitaciones parecen viejos cubículos en los que moverse sin tropezar es milagroso.
        A la hora fijada, el guía de Atlantik Talent, Nelio, se encuentra esperándonos. Le pregunto si ya sabía los del "cambiazo", contesta que sí pero que se le había olvidado informarnos, que el hotel previsto se encuentra ocupado por unos alemanes que no han podido regresar a su país, que "disculpen ustedes", que...bla, bla.
             ¿A nadie de esa empresa se le ha ocurrido mejor solución?, ¿por qué no han metido a los alemanes en este garito?. Y si no podían, ¿por qué no nos alojan en uno de igual  o superior categoría del previsto?.
Una de las Portas.
      Es un tema que , a toro pasado, no podemos solucionar, así que "a desconectar tocan" y nos vamos a disfrutar de la cena de ¿despedida?.
      Cenar, cenamos pero al contrario que en otras ocasiones nadie toma la palabra, no hay intercambio de recuerdos, vamos, "simplemente cenamos".
    Abandonamos el restaurante para recorrer la zona "Velha de Funchal" por el abarrotado centro histórico de la ciudad con la intención de visitar el "Arte de Portas Abertas", proyecto realizado para abrir las puertas de la ciudad de Funchal al arte y a la cultura. No son " entradas virtuales", sino antiguas y olvidadas. Son puertas de tiendas, espacios abandonados y deteriorados que han cobrado nueva vida, con el propósito de sensibilizar a la población, llenando las calles de eventos culturales y artísticos.
        Un pequeño recorrido y el guía nos dice que nos deja, ha de coger un autobús, el autobús a...
"Obrigado, muito obrigado, Nelio"
      Volvemos al garito y, como en peores catres hemos dormido, nos dejamos mecer en los brazos de Morfeo.
Boa noite.








Datos técnicos:
Recorrido

Perfil:
Distancia, 13,7 Km.
Desnivel +, 939 m.
Desnivel -, 1204 m.

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Día 14 de Agosto de 2016  (Funchal nos atrapa)
La "pateira do Columbus"
         Como el vuelo de regreso sale por la tarde, aprovechamos para disfrutar de la mañana, pues el microbús no vendrá a buscarnos hasta las cuatro de la tarde.
        Con el restaurante reservado para el mediodía damos un garbeo por el puerto en el que vemos una carabela, réplica de la Santa María de Colón.
      Posteriormente, unos nos vamos a recorrer las calles de Funchal, otros de tiendas, incluso Lola y Luis suben al barrio alto con el funicular. Son testigos del desastre producido en las casa y montes de Funchal por el incendio del pasado lunes.
Dejo estas fotos que me han cedido ambos.
...alumbra, sopla, da en los rascacielos...

empuja las estatuas, muerde, aventa...

...arden inmensidades de edificios podridos como leves pañuelos...


...cesa la noche, el día se acrecienta.
¡El día llegará!
Fachada del Ayntamiento.
      Maite, Celia, Benjamín y yo, recorremos las calles, perdidos, abstraídos por sus casa, sus edificios...
    Hacemos un alto en la plaza Praça do Municipio, allí nos encontramos con el ayuntamiento de Funchal con sede en el Palacio del Conde Carvalhal  que fue comprado por el municipio para situar ahí la alcaldía. Ejemplo de la arquitectura portuguesa de finales del XVIII, destaca su patio interior decorado con azulejos y la fachada que mezcla piedra negra y encalado blanco, lo que crea un marcado contraste.
Iglesia Colegio de los Jesuitas
     Junto al Ayuntamiento, encontramos la Iglesia Colegio de los Jesuitas (São João Evangelista) uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Funchal que fue fundado por orden del rey Sebastián, el 20 de agosto de 1569. Durante más de 400 años tuvo varios inquilinos, desde los jesuitas que edificaron el conjunto histórico para difundir la fe cristiana, pasando por los invasores ingleses, y por los militares que aquí se instalaron durante más de un siglo, hasta llegar a nuestros días como sede de la Universidad de Madeira.
Nave de la iglesia.
        Su fachada es austera y blanca, abierta con numerosas ventanas encuadradas de basalto negro y cuatro nichos que sustentan las estatuas de mármol de San Ignacio, San Francisco Javier, San Francisco de Borja y San Estanislao.
       Esta iglesia cuenta con una sola nave y una capilla mayor, y en su interior alberga varias pinturas del siglo XVII y XVIII, con molduras de talla dorada datadas en el año 1660 y exuberantes altares barrocos decorados con racimos de uvas. Las paredes de la sacristía se encuentran revestidas de azulejos azules y blancos del siglo XVII.
Azulejos
    Vemos también, una colección de retablos con pan de oro. El altar mayor está considerado como una joya de las tallas de la época en Madeira. Entre las numerosas capillas hay que resaltar la de las “Once Mil Vírgenes” dedicada a Santa Úrsula, por su hermoso altar. 
      Los muros de la iglesia están cubiertos de azulejos típicos de una excepcional belleza, confeccionados en talleres lisboetas.
     Arriba, el techo está bellamente pintado.
      Una caña, un paseo por un parque, la catedral ha cerrado, nos vamos a comer, no podemos despistarnos, porque hay que ir al aeropuerto, a ¿volar?...

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¿Volaremos?
      Aquí comienza el suplicio del que hablaba en la introducción de la primera entrega: Vuelo cancelado, vuelta a Funchal a dormir, para volver mañana, día 15 a las 10h. para ¿volar?...¡pues tampoco!. Los amigos de Iberia se han olvidado de nosotros y debemos de buscarnos la vida, no nos facilitan alojamiento.
      Afortunadamente, estamos respaldados por "Aragón Aventura", quienes desde Jaca, gestionan el tema y, en unos taxis desembarcamos, como lo hicieran los descubridores de Madeira, en Machico.
Adíos Machico.
        Este peculiar rincón de la isla presume de poseer la iglesia más antigua, la “Capela dos Milagres”, además de dos fuertes que aún son testigos mudos de la defensa de los isleños frente a los numerosos ataques piratas.
         Y como Machico cuenta con una maravillosa playa de arena del Sahara, allá que vamos. Dejamos las penas para otro rato y, algunos nos damos un buen baño para hacer gana y matarla  en un restaurante ubicado junto a la playa. Algunos pedimos un plato tradicional de la zona, "lapas a la parrilla", recolectadas en las rocosas orilla de Paul do Mar y que están... ¡ricas, ricas!.
         Por fin, el día 16, con un poco de retraso, conseguimos volar a Madrid y "con Iberia llegamos". El equipaje, no todo... De tres bultos extraviados, veinte días después, aún queda uno por rescatar.
         Ya en casa, valoro el trekking de este año de forma positiva ya que el conjunto de los amigos del grupo, problemas aparte, han sabido adaptarse a las circunstancia. Y esa isla, Madeira, aunque castigada por el fuego, queda en la memoria como " un jardín flotando en el mar; un bordado de emociones; un sinfín de olores y sabores; unas montañas esculpidas por el tiempo, retorcidas, mirando al cielo con su verde manto, hombres y mujeres adaptados a ellas...
Pero la memoria... dice Pedro Salinas:


"Hoy son las manos la memoria.

El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido".

       Y repito lo de arriba: Tocaba descansar, dedicar unos días a los zagales, tomar unos días sabáticos y... ahora a recuperar el equipaje missing.
Hasta otra

Mis Clics








sábado, 27 de agosto de 2016

TREKKING EN MADEIRA (II)

Día 9 de Agosto de 2016 (Calderao do Inferno y Calderao Verde)
          Espectacular jornada la que vamos a disfrutar en el día de hoy.
         Sin mucho madrugar desayunamos con ansias, así como si el mundo fuera a pararse. Y es que, a estos estalentaos "ganicas" no nos faltan.
Por el camino hacia...
       Un pequeño transfer hasta, ¡qué se yo! de sitio. Uno que tiene memorizado el programa previsto de cada día y que, la noche anterior no ha explicado, pregunto al guía:
             -¿Esto es Queimada (lugar de inicio previsto)
                - No
      -¡ah! vale- le contesto desconocedor de esta maravillosa isla que soy, ¿estaré equivocado?
       El vehículo nos ha dejado al comienzo de una pista que, frescos todavía, recorremos disfrutando del bosque que nos rodea. Estamos en el NO de la isla, Nelio sigue explicándonos las variedades de árboles y plantas.
Geranium palmatum (geranio de caminos)
Al fondo, el Pico Arieiro.
       Al fondo asoma el Pico Arieiro (1818 m.) tercero en altura y comienzo de la etapa de mañana. A nuestra derecha, suenan las aguas del barranco y a la izquierda bosque y más bosque, flores y más flores que no voy a describir, pues mi desconocimiento en la materia me llevaría de meter la pata.
         Sí que es cierto que algunas especies quedan grabadas en mi mente, ¿será por su belleza, por su rareza? no sé, pero el geranio de caminos y las siemprevivas que emergen de cualquier grieta de la roca, me entusiasman.
    Llegamos a la Central Hidroeléctrica da Faja da Nogueira, cuyas turbinas son movidas por un tubo que se alimenta de la Levada Dos Tornos.
Midiendo el "arbolito".
     En los alrededores de la central, vemos algunos ejemplares de árboles importados, como el cedro del Himalaya.
     Continuamos el camino, ahora comienza a ascender algo más.            Nos detenemos en una fuente que se encuentra junto a unos...¡laureles gigantes!, y es que en esta isla la vegetación alcanza medidas enormes. Nos cuenta Nelio que se trata del "laurel fétido", que hace referencia al olor de la madera. Este "arbolito" suele medir alrededor de treinta metros de altura y su tronco, no sé, unos quince metros de diámetro.
       Con las cantimploras llenas y con la imagen del laurel continuamos ascendiendo por una senda que, en varios culebreos, nos pone sobre la Levada do Pico Ruivo. Como es lógico, el camino no tiene más desnivel que el necesario para que las aguas corran por la acequia.
Luces y sombras.
      Un corto y primer túnel nos anuncia el siguiente, se trata del más largo que vamos a recorrer en estos días. Dos kilómetros y medio de oscuridad, de humedad, de ambiente fresco. La senda es de suelo irregular: piedras, agua, tierra (todo entre traviesas de una vieja vía)... La levada discurre a nuestra izquierda; a la derecha la pared de roca nos obliga a andar con precaución; y el techo, bajo en algún tramo, a agachar los cuerpos algo más de lo habitual. ¡Vamos!, que hasta hay alguien que ¡zas!, cae al agua y mide su temperatura. Tan solo algún escorchón en la piel, que nuestro excepcional equipo médico trata con gran profesionalidad. El "chaval" se recupera como es habitual en él.
Ya se ve la luz.
   La oscuridad se hace interminable, tan solo la luz de los frontales destacan en este túnel que...
          -¡ya se ve la salida!
       -¡pero, "rediez"!,  lejos queda todavía.
     Finalmente, salimos al mundo, la luz existe y el paraíso también. Bueno, convirtamos lo de paraíso por "Calderao do Inferno", y si el infierno es así, seguro que el destino que nos tiene reservado a algunos el "más allá"  no estará nada mal.
      Pero antes de disfrutar de tan espectacular rincón de la isla, las trompetas celestiales tocan a fajina y Nelio, sin que nadie nos vea para que no se descubra su "comedor particular" nos introduce entre matorrales hasta una vieja barbacoa utilizada en su tiempo por los levandeiros.
Los tupamaros.
     No está nada mal el contenido de los "tuperwares" y mejor todavía, el de la bota de vino. "Nos cansaremos, caeremos al agua de levadas, nos arañaremos con las zarzas, pero el apetito..."
  "Dejamos el lugar, cual guerrilleros tupamaros, en silencio escondidos entre la vegetación, sin que nadie descubra nuestro escondite, con el comandante Nelio mandando la patrulla". Fuera de bromas, no entiendo el numerito montado para que nadie sepa del lugar que... ¿o es que entra en el programa de actividades?.
       Aventuras aparte, retomamos el camino hasta el lugar en que habíamos visto la luz, seguimos el agua de la levada pasando pequeños túneles y..¡oh!, estamos sobre el Caldeirao do Inferno. 
Una de las cascadas del Caldeirao do Inferno.
Con Maite en una cascada.
        Aquí, las paredes luchan entre ellas por ver cual es más vertical. Pese a ser un verano extraordinariamente seco, el agua cae formando grandes cascadas. Bajo nuestros pies, la tierra se abre en un abismo que conduce...¿al infierno? (que espere). En nuestros rostros se adivina la emoción de encontrarnos en un lugar tan sobrecogedor, que esta isla nos ha regalado por un momento. Ciertamente, no encuentro las palabras con que describir este rincón pero me voy a permitir la licencia de adjetivarlo como el más "paradisiaco de los infiernos". Si quieres sentir esa sensación, dos son las opciones a seguir: ojear las fotografías que voy dejando en estas páginas o viajar, mejor que no sea con Iberia, a Madeira.
Levada do Caldeirao Verde.
      Aún no hemos terminado, ahora descendemos bruscamente por un sendero habilitado con algunos peldaños, hasta la levada do Caldeirao Verde.
      Vemos unas indicaciones que indican "Queimada", fruto de nuestra confusión, le preguntamos al guía si no era ese (como he preguntado por la mañana) el lugar de comienzo y ¡caray!, se percibe de estamos realizando la etapa en el sentido contrario.
    -No pasa nada (le decimos)
   -Es que no me he mirado bien el programa (responde)
 -No pasa nada (repetimos) continuemos la marcha.

En Caldeirao Verde.
Cascada de Caldeirao Verde.
      Ahora, siguiendo la levada, nos acercamos hacia otro de los milagros con que la naturaleza ha cubierto la isla introduciéndonos en lo más profundo de una garganta, "el Caldeirao Verde".             Una cascada de unos ochenta metros cae sobre una verde laguna en donde algunas personas se bañan. Nosotros que tenemos camino que recorrer, solo nos da para que Celia y Maite pongan sus pinreles en remojo durante unos minutos.
         Antes de retomar la marcha, en "asamblea plenaria", decidimos volver en dirección a Ilha en vez de hacerlo a Queimada, lugar previsto de....
      En el camino vamos disfrutando del paisaje, a lo lejos se ve el océano, a sus orillas descansan Santana, San Jorge e Ilha. Las flores nos acompañan, algunas de ellas sorprendentes por sus formas y colores.
¿Flor o flores?, es una variedad de hortensia.
         En los arrabales de Ilha, nos recoge el vehículo que nos devolverá a Sao Roque do Faial. En el camino, conecto el "esmarfone" y recibo unos mensajes de la familia preocupándose por nosotros. Han llegado a España las noticias de un incendio en Madeira que está asolando la capital Funchal, entre otros lugares. Le pregunto al Nelio si está enterado, contesta que sí. Nos hemos enterado antes por la familia que por el guía.
        Entiendo que está preocupado por su familia, por el desastre de la magnitud del fuego, pero ¡leches!... ¡Sin comentarios!.
         Una vez en el hotel de Sao Roque, todos estamos pendientes de las noticias que, realmente son escalofriantes.
Poncha.
       Pero nosotros no podemos hacer nada más que continuar la actividad, así que salvando a unos maleducados personajes del norte de los Pirineos, que no se mueven un ápice para liberar el paso que obstaculizan, pasamos a cenar.
      Tras la cena probamos una bebida tradicional de Madeira, "la poncha" compuesta de ron de caña, zumo de limón y naranja y miel. Sirve la bebida para alegrar las caras y para desear a Celia mucha felicidad, pues hoy cumple... años.
      Nos comenta Nelio, que la etapa de mañana, la más espectacular, será difícil de realizar pues el acceso a la zona se encuentra problemático.
        De momento, tras un pequeño paseo por la población, nos recogemos a...
...zzzzzzzzzz
Datos técnicos
Recorrido

Perfil:
Distancia, 20,5 Km.
Desnivel + 816 m.
Desnivel - 660 m.
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Día 10 de Agosto de 2016 (Cambio de planes)
Tras el humo, Funchal.
       Las noticias que nos llegan del fuego son alarmantes, por de pronto esta noche no podremos alojarnos en Encumeada, el incendio se desplaza rápidamente por el centro de la isla. Tampoco vamos a poder realizar la etapa prevista por los picos más altos de Madeira (Arieiro, Ruivo, Gato...).
        Nelio, con acierto, decide que tenemos que trasladarnos al Sur de la isla, concretamente a Ribeira Brava, cosa que hacemos por la autovía que pasa por Funchal.
    La ciudad presenta un aspecto desolador: el humo lo invade todo, casas chamuscadas, cenizas por todos los rincones.
Desolación.
      En Ribeira Brava dejamos el equipaje en el hotel que ocuparemos hoy, Nelio ha improvisado una ruta segura, no muy atractiva pero, dadas las circunstancias, no se le puede pedir más. Se trata de recorrer un buen tramo de la Levada Nova, a cuyo comienzo nos acerca el microbús.
     Vayas por donde vayas, la ceniza está presente tanto en el suelo como en el aire. El humo no anda lejos de nosotros.
     Esta levada no transita por bosques ni gargantas, ni tan siquiera su suelo, hormigonado en gran parte, tiene gran dificultad para ser pisado. Una cabra observa el paso de una docena de individuos y parece decir:-¿Ande van estos?-
Plataneros.
      En un pequeño túnel, confiado, alguien se golpea la testa con un saliente de la roca y, de nuevo, el equipo médico habitual, le realiza un apaño de lo más profesional. Pero como no llevamos "equipo de limpieza", la sangrienta camiseta será portada por el afectado, el resto de la jornada.
     Nelio sigue enseñándonos plantas, que por aquí son de cultivo, nos muestra la chumbera que fue introducida para que de una plaga, "la cochinilla", se extrajera el tinte carmín. Está muy presente, también, el plátano en todas sus variedades.


Compartiendo mantel.
Camino Real.
     El calor aprieta, es hora de comer así que nos paramos en una de las pocas sombras de que está dotada esta levada y en presencia de animadas lagartijas, cumplimos con ese deber diario de darle gusto al cuerpo.
    Con las mochilas cargadas retomamos el camino, en un pequeño pueblo cuyo nombre no he averiguado, un cartel indica: "bar". Cual si fueran marcas montañeras, seguimos las señales y, bueno, en la última casa, de la última calle, del barrio más alto, justamente allí, nos sirven una docena de cervezas que hemos ganado ascendiendo el desnivel negativo más importante del día.
      Como todo lo que se sube se baja, volvemos por nuestros pasos para alcanzar una carretera que nos llevará a uno de los "Caminos Reales", una red muy extensa, con cuatrocientos años de historia,  que permitió a diversas localidades de Madeira crecer y adquirir relevancia en torno a las rutas de circulación terrestre, funcionando como puntos de apoyo a los viajeros, ya fueran locales, comerciantes o extranjeros, a partir de los siglos XVIII y XIX.
    Pues bien, este, el Camino Real da Cruz desciende bruscamente entre casas hasta Ribeira Brava, en donde el equipaje espera que lo recojamos y subamos a las habitaciones.
Iglesia de Säo Benito.
    Ribeira Brava, ciudad eminentemente turística, fue fundada en el año 1440. Le dio su nombre uno de aquellos torpes capitanes que tuvieron la suerte de que las corrientes le trajera a Madeira, concretamente João Gonçalves Zarco. Además, el tío tampoco se rompió los cascos, pues en un día de tormenta descubrió un río de aguas torrentosas que bajaba hacia el mar, y dijo -¡jo tíos!, cuanta bravura baja por esta ribeira- y bautizó a la ciudad como "Ribeira Brava".
       Ya aseados, cada cual por su lado nos damos una vuelta por la ciudad abarrotada de turismo playero. En una plaza nos detenemos ante la iglesia de São Benito con una pintoresca torre con tejado de azulejos blancos y azules que le da protagonismo a su reloj.
        Nos reagrupamos en la puerta del hotel para coger unos taxis, la cena la tenemos en restaurante localizado en el parque de bomberos de Ribeira Brava. Rica cena regada con un buen vino de Madeira.
       Volvemos al hotel caminando, hay que gastar energías. Antes de despedirnos, le preguntamos, repito, le preguntamos a Nelio por la situación del incendio, nos responde que mañana podremos realizar la etapa prevista, eso sí: "desayuno a las 8:30 para coger el transfer a las 9:30" y yo, que "no me corto un pelo" recogiendo comentarios del personal, le digo al guía que ¡me parece una barbaridad! comenzar tan tarde salir a caminar con el calor que está soportando esta isla. Respuesta: "así está organizado".
        Y como se suele decir: "con el rabo entre las piernas", nos subimos a descansar de una jornada en la que el paseo por la Levada Nova ha resultado ser un "tostón". Pero hay que valorar las cosas en su justo término y uno valora positivamente el esfuerzo de Nelio para buscar una actividad lejos del fuego.
Mañana será otro día, boa noite.

Datos técnicos:
Recorrido.
Perfil:
Distancia, 11,6 Km.
Desnivel + 125
Desnivel - 503 Km.
¡Uf!
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Día 11 de Agosto de 2016 (Encumeada a Paul da Serra)
Felicidades Javier.
         Desde España las noticias que llegan, relativas al incendio de Madeira,  son alarmantes pero parece que no vamos a tener problemas para realizar la salida prevista, el fuego se va desplazando hacia el Oeste de la isla.
        Desayunados y aseados, con las fiambreras preparadas y la bota llena de vino, nos hacemos una foto junto al mar, que a través del "whatsaap" se la dedicamos al amigo Javier Lamiquiz que hoy cumple años y que como ve, sus amigos, desde lejos, no le olvidan. ¡Que pa eso cumple...decenas!
         Nos recogen unos taxis para acercarnos a la zona de Encumeada, punto de encuentro de caminos y veredas, zona de recreo a más de mil metros y lugar de arranque de hoy.
Por la Levada do Norte.
      Tomamos una senda en dirección NO que asciende unos cien metros, para tomar la Levada do Norte, cosa que realizamos por el primero de los túneles de hoy, este mide unos 450 m.
       Aunque nuestros frontales alumbran sobradamente la oscuridad del paso agradecemos alcanzar la salida, pues ninguno de nosotros opositó para minero.
         Esta levada no tiene nada que ver con la de ayer, la Nova. Caminamos por suelo de tierra, entre grandes paredes, con flores en el camino, enormes helechos, grandes laureles, alguna cascada y... ¿otro túnel?.
         Este es algo más largo que el anterior, mide alrededor 1000 metros y de corte irregular.
Salida de la Levada.
         La estrechez del paso en algunos tramos obliga a caminar con atención y el agua, mejor no probarla, el caudal arrastraría a quien osara darse un baño. Túnel recto, muy recto, tanto que la boca de salida se ve cuando queda un mundo para alcanzarla.
         Salimos al exterior con mucha honra, un salto de agua enmarcado en un bello rincón nos recibe y aporta su granito de arena (agua) a la Levada do Norte.
       Poco más adelante, entre verdes paredes y algunas cascadas, abandonamos la levada y seguimos nuestro camino por una cómoda senda cubierta por curiosas ejemplares de laurel y otros árboles propios de esta isla.
Un cariñoso descanso.
Escalera al cielo.
       He dicho cómoda senda, a así es hasta que giramos bruscamente a la izquierda y Nelio nos pregunta si conocimos un grupo de rock llamado Led Zeppelin y por la más famosa de sus interpretaciones. Fernando, como rockero que fue en sus años mozos, contesta "Stairway to heaven" que traducido al "portuñol" sería: "escailera para o ceu".
          Pues eso, la senda asciende sin piedad por un suelo peldañeado tropecientas veces con "madeira" de la tierra. Es algo así como subir ochenta pisos, con la mochila a la espalda, y a la una de la tarde en un día con mucho "caloret" (calor en Ritaciano).
          Maite que anda con la vista puesta en la "escalerica", no se percata de que un árbol retorcido le espera y ¡zas! buen cabezazo. No sé los daños del laurel pero la testa queda algo afectada.
           Nos detenemos a comer en un lugar que, creo, es habitual de los grupos que visitan Madeira con guía. El menú está bueno y, acompañado de la bota de vino, mejor.
A lo lejos la punta del Pico Grande.
Sao Vicente.
      Desde aquí se divisa el Pico Grande (1654 m), que en un par de días pretendemos ascender.
       Por un rato, recuperamos la horizontalidad, estamos llegando a un paraje llamado Caramujo que, literalmente, significa "caracol". Se trata de un lugar en forma de olla, a la izquierda se adivina una balsa, "Chao das Posas" y lo que es mejor, a la derecha un fuerte y profundo valle, el de Sao Vicente, desemboca en el Atlántico, junto a la ciudad del mismo nombre.
      Una vieja edificación que en otras épocas sería una casa de vacaciones, esconde entre esta selva, una zona de acampada, la más aislada de Madeira.
Ruivo, Arieiro... Ahí quedan, ¡volveremos?
Bendita sombra.
       Con buena dosis de calor, ahora caminamos por una  pista carente de sombra alguna, que tiene poca compasión con estos viejos corazones y, como diría Perico Delgado, aparece el "tío del mazo", pero bueno, chino chana, vamos comiéndonosla. Pero como no hay mal que por bien no venga, la pista nos deja contemplar los picos más altos de la isla y que ayer no pudimos visitar. !Ahí están, no se moverán!
           Unos aerogeneradores que para sí los quisiera Don Quijote, nos anuncian que estamos llegando a la zona de recreo de Estanquinhos.
         En la primera sombra que encontramos, un abeto es el responsable, hacemos un alto.
El fuego...
       Ya estamos llegando al Paul da Serra y algunos pretendemos ascender al Pico Ruivo de Paul (1640 m.).
       Pero "nuestro gozo en un pozo", el conductor del microbús que aquí nos espera nos comenta que tenemos que abandonar el lugar, la policía le ha dejado pasar a recogernos, el incendio anda cerca y si el viento cambiara...
       Efectivamente, ya en el vehículo, de camino hacia el siguiente alojamiento somos testigos del desastre que está asolando a esta bella y frágil isla.
Desolación
           Vamos camino de Jardim do Mar, pintoresca población cuyo nombre proviene de la parte entre laderas escarpadas sin vegetación y el maravilloso y frondoso complejo junto al mar, que una vez estuvo cubierto por un manto de flores. Rodeado por el mar y arropado por las montañas, este pueblecito preserva la tranquilidad de antaño, como atestiguan las viejas callejuelas y las casas de piso bajo con diferentes tipos de chimeneas.
     Y esas viejas y laberínticas callejuelas las recorremos con todo nuestro equipaje, camino de la "Cecilia House", regentada por Cecilia, simpática mujer que nos recibe con unos vasitos de fresca poncha. Gran mujer capaz de rentabilizar cada centímetro cuadrado de su "house". De hecho, aunque su simpatía es inversamente proporcional al equipamiento de la casa, cualquier demanda es atendida con toda su energía.
Grandola Vila Morena...
      Una de las parejas, "estalentada", pierde la llave de su "rincón d´amour"; no pasa nada, Cecilia dice -"saltar por la ventana, sacar el equipaje y..."-, cosa que hacen y son acogidos por Maite y un servidor en nuestro otro rincón.
     Con el sol poniéndose en el horizonte del océano, nos sentamos en una inmensa mesa bien provista de comida casera y buen ambiente de los comensales que hasta aquí hemos llegado.
     Tras los postres, alguien pone en mis manos una guitarra que acompañará a los "niños cantores de Aragón" en la interpretación de las más diversas melodías de corte internacional (rumbas, jotas, rock and roll, bulloneradas, labordetadas...). Incluso Cecilia, poncha en mano, se une a la polifónica y le provoco arrancando con la "Grandola Vila Morena" que llega a emocionarle.
Y la fiesta s´acabó, así que cada "mochuelo a su olivo".
Boa noite

Datos técnicos:
Recorrido
Perfil:
Distancia, 10,1 Km.
Desnivel + 763 m
Desnivel - 78 m.