lunes, 7 de abril de 2014

CAMINO NATURAL DE LA HOYA DE HUESCA (De Lúsera a Nocito)


Tras un acontecimiento que ha conmocionado esta semana a la Hispania, y no se trata del paro, ni de la corrupción, ni de la pobreza, ni de los impuestos, no, no ha sido nada de esto; periódicos, televisiones, radio e incluso en la barra del bar de la esquina de mi calle, el acontecimiento ha sido otro: una individua ex presidenta de la comunidad de Madrid que se ha puesto chula porque le han denunciado por aparcar mal (¡Estamos de coj...!), pues eso, que digo yo, que menos mal que "siempre nos quedará el monte".
Gracias a que los chicos del Stadium nos retornan al camino Natural de la Hoya de Huesca, a recorrer el tramo que va de Lúsera hasta la sorprendente población de Nocito.
Primeros pasos.
Desde el mismísimo punto del planeta en que terminamos la anterior etapa, iniciamos esta, que hace la numero ocho.
Ya era hora: no llueve, no hace mucho viento, no hace frío, o sea que por fin vamos a sudar un poco.  Tras ponernos las botas, humanos y humanas, mochilas en ristre y bien agarradicos a los bastones, atacamos los primeros pasos por una recién estrenada pista que sube a Lúsera.
Los tragacaminos, lo hacemos por la GR-1 (una de sus variantes), cruzando unos de los varios barrancos con que nos vamos a encontrar.

Primer barranco.
Arroyos, ríos y barrancos bajan con buenos caudales, la lluvia reciente y el deshielo los alimentan de buena dosis de H2o.
Y como donde hay barrancos, hay cuestas, pues mira tú, que ya tenemos la primera de la jornada. Quienes han forrado sus bellos cuerpos con equipamiento cebollero, se van quitando una a una, las capas que cubren esbeltos (y otros) seres.
Robles, todavía sin follas, y mucho boj adornan esta senda que poco a poco nos lleva a una desoladora aldea, cuya única casa en pie, es una caravana que alguien habita algún fin de semana.

Lúsera.
Se trata de Lúsera, núcleo edificado sobre un rellano de la ladera orientado al sur, de manera que en invierno queda más expuesto a los rayos solares y menos a las nieblas del fondo del valle. La ruta por la que tenemos que atravesarlo, teóricamente pasa por el centro pero el estado ruinosos de las edificaciones, nos aconseja rodearlo. Esta dividido en dos barrios separados por una pequeña explanada, las edificaciones son de sillarejo, algunas con entradas de arcos de medio punto de grandes dovelas, chimeneas cónicas y cubiertas de losa como es habitual en esta zona de la sierra.
Arco, todavía en pie.
El pueblo se deshabitó antes de la llegada de servicios como la luz eléctrica o la pista para vehículos rodados, por lo que conserva el aspecto y las características del pasado que he intentado plasmar con mi humilde cámara.
Nos detenemos junto a la iglesia dedicada a San Miguel, seguramente del XVII, nave de tres tramos de planta irregular cubierta por bóveda de lunetos, la entrada de arco de medio punto y dovelas de piedra esta cubierta por un pórtico y a escasos metros del precipicio que limita el pueblo por el sur, la torre está a un lado, adosada al sur la rectoral en ruinas, toda la construcción de igual forma que las casas, sillarejo y losa en el tejado, aunque en la iglesia ha sido recientemente sustituida por chapa para evitar la ruina de la misma ante la imposibilidad actual de ser restaurada debidamente. Hay otras prioridades como es el mantenimiento de varias decenas de miles de cargos públicos.
Creo que habría que tomar en serio la rehabilitación de esta aldea, su ubicación y el entorno lo merecen.
Todavía no lo merecemos, pero realizamos en el lugar, un largo descanso bajo un sol que todavía no es muy agresivo pero que obliga a protegernos con cremas y gorras.
Barranco de Tosca.
No será Félix quien equivoque el camino a seguir, de hecho nos guía por un paso alternativo y seguro, rodeando Lúsera para retomar la GR-1 en un momento.
La senda, ahora va de bajada, el boj se va tornando del rojizo de esta época al verde ribereño, llegamos al fondo de un precioso rincón en el barranco de Tosca. Limpias aguas pulen duras rocas. Al igual que pasara hace dos semanas en el Flumen, varias gradas acarician el agua como si de una amante pasajera se tratara. El barranco, desemboca en el de Carruaca para aportar caudal al embalse de Belsué.

Tozal de Manzanera.
El paso lo hacemos vadeando el cauce por unas piedras, alguien se moja algo más que las botas.
La senda se inclina p´arriba, aquí cada uno saca lo que guarda dentro de sí, se nota quien saca a calentar el esqueleto de vez en cuando y quien tiene por amante el mando de la tele.
Arriba, un pequeño montículo sobresale por encima del resto, es el Tozal de Manzanera de 1277 m.
Tras vadear otro barranco con buen caudal, el de Santa Coloma, es cuando de verdad la senda se empina en una y otra lazada hasta alcanzar el collado del mismo nombre.

Nuevo vadeo.
Hace algo de viento, vamos sudados, por lo que optamos a realizar una parada, justo al comienzo del descenso, lugar más abrigado.
Poco a poco, el personal va llegando, bebiendo y comiendo algo, queda un buen tramo de sube-baja y hay que reponer fuerzas. Retomamos el camino, ahora cuesta abajo y de nuevo, otro barranco que hay que salvar, y ¡leches! no veas la cantidad de agua que llevan hoy estos pequeños cauces. Y como de costumbre, tras el vadeo va la cuesta, así que de nuevo "vamos   p´arriba".

La sección juvenil.
A la izquierda el Tozal de Guara y a la derecha el Fragineto.
Poco a poco vamos atacando la última subida del día que toca techo en el Collado Barbero. Aquí la vegetación es de monte bajo y caminamos bajo la atenta mirada del Tozal de Guara que con sus 2077 m. nos muestra su blanca cara norte. Recordamos cuando el pasado mes de Octubre, tocamos su cima.
Hoy no vamos tan altos, pero dicen que en la variedad está el gusto y ver este pico acompañado del Fragineto y Petreñales con su collado desde este punto, la vista de la mole es impresionante. Además, el calor se ve apaciguado por tan refrescante paisaje.


Tozal de Guara.
A la sombra de...
Solo queda el descenso que nos va acercando a Nocito, bonito pueblo en que  Maite y un servidor estuvimos, creo que hace unos treinta y tantos años, o sea de chavales.
Nos detenemos en las primeras casas, hace calor para la época en que nos encontramos, pero hay que acostumbrar el cuerpo a estos cambios.
El casco urbano de Nocito, está dividido en dos barrios, separados por el curso del río Guatizalema (del árabe Guadix alam, río tranquilo)  y unidos entre sí por un puente medieval. En tiempos hubo sus rivalidades entre ambos barrios.
Puente medieval.
Cuenta la tradición que San Úrbez, el santo que pastoreó en aquella zona, también tuvo sus dudas sobre si quedarse en un barrio o en otro, hasta que arrojó su bastón al aire y dijo: «Donde caiga mi gayato, de allí seré enamorato». Y cuentan que el bastón cayó justamente en el lugar donde ahora se levanta el puente (parece que no flotaba)
La iglesia lleva fecha de 1850 y se encuentra junto al cementerio, dando el frente a una plaza rectangular, que da al campo por uno de sus lados. En el pórtico del templo, con arco de medio punto, celebraba sus sesiones el concejo municipal.

Santuario de San Úrbez.
Las tripas de los asistentes, van tocando a fajina pero, antes tenemos aperitivo.
El autobús nos recoge en Nocito para subirnos al Santuario de San Úrbez. En el primer intento, por poco no nos deja en la Guarguera. Volvemos sobre nuestros pasos, digo: sobre nuestras rodadas y ahora sí, ahora vamos por buen camino. Una pista rompe buses nos sube al santo lugar.
El santuario se levanta sobre una colina, frente a la cueva de Ayral, lugar preferido por el santo para su vida de anacoreta. La arquitectura del eremitorio presenta testimonios de varias épocas.

Balsa de La Mojada.
En el centro de la gran explanada hay una balsa en la que mojaban el cuerpo incorrupto del santo en años de sequía (ya me dirás tú de donde sacaban el agua), ceremonia a la que daban el nombre de «La Mojada».
A uno, que esas tradiciones le cuestan mucho digerir, de la balsa, lo que más le abduce, es el reflejo del Tozal en sus aguas. Milagro (de la naturaleza).
Fue en 1701 cuando el cuerpo incorrupto de San Úrbez pasó a ocupar un arcón que todavía se conserva en el santuario, el cual sólo se podía abrir con tres llaves, que eran guardadas, respectivamente, por los valles de Serrablo y Nocito y la ciudad de Huesca.
Nave de S. Úrbez.
Dicen que San Úrbez llevó a Huesca las reliquias de los Santos Justo y Pastor. En el siglo X aparece el primer testimonio escrito sobre el monasterio de Nocito. Al pie del mismo, en la ermita de Nuestra Señora de las montañas, falleció San Úrbez a la edad de cien años, ¡leches!.
La ermita la vemos desde el exterior, parece que tenemos prisa por volver a Nocito.
Sin tardar mucho, nos encontramos en un establecimiento rural, comiendo nuestras viandas al sol e hidratándonos con unas cervecitas.
Tras un café, nos tomamos las últimas gotas del rico licor de moras con que Piedad, nos ha deleitado en los últimos tiempos.
Vía Belsué, volvemos agitando los estómagos en cada una de las tropecientas curvas que el bus ataca con inusitada alegría, hasta que a pocos metros de hacer cima, junto al túnel de la Manzaneda, un fuerte olor a goma quemada nos detiene. Perece ser que no es grave, por lo que iniciamos el descenso hasta Arguís en donde el conductor, cauto él, realiza una parada refresca-motores. El personal aprovecha y también refresca el gaznate. Buena previsión la de rehidratarse, lo que queda de camino hasta Zaragoza, lo realizamos bien calentitos.
Poco queda ya, para completar la ruta por el Camino Natural de la Hoya de Huesca. A quien  no lo conocen, invito desde esta página a hacerlo, es apto para todos los públicos y como muestra sirva que hasta este humilde servidor lo recorre.
Hasta pronto

Para ver el resto de fotografías, haz click aquí.

Datos técnicos:
Recorrido
Perfil: 9,2 Km.  Desnivel p´arriba: 540 m. y p´abajo: 519

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