jueves, 3 de septiembre de 2020

EMBALSE DE MEZALOCHA (circular)



Día 31 de agosto de 2020
           Antes de empezar me veo en la obligación de hacer unas recomendaciones para quienes, animados por esta humilde página, quieran realizar esta agradable ruta que, sin ser difícil, presenta algunos puntos a destacar:
  • No hay pasos con mucha dificultad, aunque el sendero, en algunos tramos, transita por lo alto de algunas paredes y no convendría medir su altura; cuando discurre por la parte baja, tanto los posibles escaladores como las cabras que por allí pululan, pueden provocar alguna caída de piedra sobre el coco.
  • En algunos tramos, el sendero desaparece comido por la vegetación o por las aguas del pantano en su estado de máximo nivel, como ocurre en esta ocasión. Cargar un buen track en el GPS es muy recomendable.
  • Y como última recomendación, no ser pardillo como yo y evitar realizar la ruta en pantalón corto (mis piernas son testigo de ello).
Torre de la iglesia de San Miguel
       A lo nuestro. En estos momentos en que uno huye de harinas contagiosas nos vamos hacia un rincón del Campo de Cariñena en el que los virus deberían hacer muchos kilómetros para alcanzar a este par de individuos de edad "vulnerable". Pues eso, de momento, la Covid-19, que nos espere sentada.
       Como estamos cerca no madrugamos y en poco más de media hora estamos entrando, por la calle Mayor, del pueblo de Mezalocha, localidad en la que todo parece estar construido alrededor de la iglesia de San Miguel, templo de construcción tardía mudejar y barroca del siglo XVII. Aquí anduvieron romanos y árabes, hasta ser "reconquistado" en 1610.
Iglesia de San Miguel
Viñas
         Dentro del término municipal se encuentra la aldea de Aylés, antigua heredad que perteneció al monasterio de Santa María de Juncería, donación, hecha en agosto de 1175, por Alfonso II de Aragón ("el casto", rey de Aragón y conde de Barcelona).
        Nosotros nos vamos camino del el embalse de Mezalocha; lo hacemos abandonando el pueblo por la calle del Barranco, vía que divide al pueblo en dos. 
        Nos alejamos de la población por el camino de la Heredad, en el que un cartel indica la senda de la margen derecha del embalse, margen en la que, tras cruzar un puente sobre el río Huerva, "et nos sumus".
Embalse de Mezalocha
         Las viñas están a punto de ser vendimiadas: garnachas, cabernet sauvignon, syrah, tempranillo, merlot, macabeo... reposarán en las bodegas para regalo de los amantes de los vinos de D.O.P. Cariñena.
          Pronto alcanzamos la presa del embalse; aquí no es el vino, aquí son las aguas del Huerva las que reposan desde 1903 en que se construyó el actual dique, sustituyendo al anterior de 1746 que, veinte años después, reventó y causó grandes daños en todo el curso del río, principalmente en el municipio de Muel causando graves daños en la ermita Nuestra Señora de la Fuente, cimentada sobre la presa romana de Muel.
Presa del embalse. Bajo la casa se aprecian los restos de la primitiva
Entre agua y paredes
          Una señal indica nuestro camino, el sendero PR-Z45, que bordea todo el embalse.
         Pronto estamos caminando prudentemente bajo los impresionantes escarpados cantiles de la Peña del Moro, el terreno está algo descompuesto y, abajo, las aguas del embalse no quieren que las removamos. En las paredes se adivinan algunas vías de escalada. Una placa, recuerda a dos escaladores que dejaron aquí sus vidas en 1964.
       Esta primavera ha sido bastante generosa, por lo que el aspecto que presenta el embalse, a pesar de encontrarnos en época estival, es envidiable. 
Alborea
Caprichos
Paredes de la Peña del Moro.
Entre romeros
           La senda se adentra por lo más alto del barranco del Hocino, por abajo es inaccesible; una y otra vez nos detenemos a contemplar el paisaje con la chulería que nos produce hacerlo desde estas vertiginosas alturas. Mirando hacia abajo contemplamos los frenéticos vuelos de los aviones roqueros, arriba los primeros buitres leonados comienzan a capturar las corrientes térmicas para iniciar sus majestuosos vuelos.
         Eso en el cielo, aquí abajo un cabrito sigue los pasos de mamá cabra; el macho cabrío, de rubio flequillo,  debe andar sumido en alguna campaña electoral, allende los mares.
Entramos en el barranco de Los Hocinos
El chivo (mamá cabrá no se dejó fotografiar)
¿Dónde está la senda?
        Finalmente cruzamos el barranco del Hocino, ahora toca ascender entre una vegetación esteparia de monte bajo compuesta por romero, aliagas, enebro... plantas, enemigas de mis garrillas luciendo pantalones cortos, que se debieron comer la senda, lo que nos lleva a transitar por los tramos que consideramos más factibles.
         Un hito tamaño XXL, al que se encarama Maite, nos indica que estamos en el punto más alto de la jornada. El paisaje, desde aquí, nos muestra un Moncayo sin canas (ya vendrá la nieve), así como las sierras del sur de Zaragoza como las de Algairén, Vicort, La Virgen, etc.
El Moncayo

Maite en el balcón.
Hay que dar la vuelta, esto no sigue.
            Descendemos unos metros, para asomarnos sobre una roca que se erige en el vacío, un improvisado balcón sobre el embalse de Mezalocha; en la otra orilla adivinamos el camino que recorreremos de regreso. También se divisan algunas construcciones de la aldea de Aylés y su imponente bodega.
        Poco a poco vamos descendiendo hacia un barranco seco que cruzamos para alcanzar las orillas del río. La vegetación se torna en la propia de ribera poblada de chopos, álamos, sauces, etc.
          Aquí sí que conseguimos descubrir un sendero que, lógicamente, seguimos. ¿Lógicamente?, intentamos seguir, incluso salvando algún cañaveral, hasta que, bajo una pared que miramos una y otra vez por si alguna piedra se desprende, se nos pone "cara de camionero metido en calle de aldea guiado por el navegador GPS".
También tenemos manos
Puente de Aylés
          Toca desandar un tramo y trepar unas rocas que nos llevan, de nuevo, a lo alto. Ahora sí, ahora la senda nos guía hasta las proximidades de Aylés en donde un puente nos traslada a la margen izquierda.
        Aunque hoy comeremos en casa, es un buen momento para hacer un alto y echarnos un tentempié a base de almendras del Matarraña y unos tomatitos "cojón de obispo", estos de Caspe.
         Dura poco el descanso, las moscas se están cebando con las heridas de mis piernas, así que ¡hale, a caminar!.
Cojón de obispo
Entre espartos y férulas
          Poco más adelante hemos de cruzar el barranco de Valderva, una alambrada metálica con su puerta cerrada lo impide, por lo que recorremos la valla hasta su final para, con algo de riesgo, salvarla y recorerla por la parte opuesta, con el barranco allá abajo. ¡Cagüenlá!, alguien había roto la alambrada para poder pasar sin problemas y nosotros, pardillos,  sin enterarnos.
         En esta orilla algo hemos ganado, el sendero es visible, se abre paso entre espartos, férulas secas, carrasca, etc, ascendiendo por una pequeña chimenea a la parte superior del paredón en el que se alojan gran cantidad de buitreras. Por debajo de nosotros, vemos despegar varios ejemplares de buitres.
Buitreras
Cada uno en su nido
Esto es otra cosa
          Toca descender hacia el embalse, al llegar a un campo de almendros alcanzamos una pista que pronto dejamos para transitar por un sendero que, tras salvar el barranco Carrascosa, discurre cerca del agua.
           A nuestra izquierda, grandes paredones nos muestran el ir y venir de los buitres cuyos graznidos delatan su presencia.
            Aunque nada que ver con la anterior excursión por Guara, comienza a hacer algo de calor y los deseos y nuestras piernas nos colocan en la presa del embalse, es decir, en la orilla opuesta a la del principio. Desde aquí se aprecian los restos de la primitiva presa.
¡Vaya escultura!
Llegando a Mezalocha
          Tan solo nos queda remontar unas escaleras para alcanzar las calles de Mezalocha, montar en el "buga" y marchar a la Caesaraugusta y tomar unas cañas en el bar Federico de nuestra calle, calle que desemboca en un río. Es el Huerva que pronto, quizá por vergüenza, se esconde bajo la urbe para aparecer cerca de su desembocadura en el Ebro. Aquí también le llamamos "Güerva", es el pariente pobre del Valle, no por eso menos hermoso. En su recorrido esculpe la roca creando espectaculares hoces, lame muros y tapias y no digo que los lava pues sus aguas apenas podrían hacerlo, lavar tampoco supiera, que lavar, según sé, limpieza indica y él, mi río, es albañal de puro sucio.

Datos técnicos 
(El track, pulsando sobre la palabra wikiloc del mapa)


jueves, 27 de agosto de 2020

LAS ENTRAÑAS DEL TOZAL DE GUARA (La Pillera y Las Cañatas)

Día 25 de agosto de 2020
         No, no nos olvidamos de que estamos viviendo una época especial en la que una rampante pandemia nos marca los tiempos; no, no nos olvidamos del remolino de gotas invisibles, del microveneno, de susurros distantes; no, no nos olvidamos de la fragilidad que nos habita; no, tampoco nos olvidamos de los miles de persona contagiados víctimas de este y otros virus.
              Ya son muchos los que yacen como ese ser de leyenda que, camino de Huesca, nos muestra su perfil tumbado. Es el "gigante Guara", víctima de la venganza de Gratal. Pero esta es otra historia que ya conté en otra ocasión (enlace)
Guara yace tapado con sábana
San Juan Bautista
        La de hoy, es la historia de una pareja, Maite y yo, que, huyendo del sofocante calor de Zaragoza, nos vamos al frescor que nos regalan la entrañas del Tozal de Guara a través de sus fuentes y ríos.
           En los altavoces del buga, el maestro Eliades Ochoa nos anima con sus sones cubanos, lo que, sin darnos cuenta, nos coloca en Nocito, bella localidad que duerme en la cara norte de la sierra. El río Guatizalema divide el pueblo en dos, división que salva un coqueto puente medieval. Las cuidadas construcciones son las típicas de montaña, de mampostería, con tejados de lajas de piedra. Como no hay pueblo que se precie, Nocito tiene iglesias como la se San Juan bautista del XVI, ermitas y hasta un santuario, el de San Úrbez.
Saliendo de Nocito
Tozal de Guara
        Pero nosotros nos vamos de campo: en las mochilas, además de lo reglamentario, llevamos material no muy habitual (bañadores, toallas, sandalias acuáticas...), pues vamos a remontar el barranco de La Pillera y "me´ paice" que alguna poceta que otra habrá para remojar las cachas.
        De Nocito, bajo la atenta vigilancia del Tozal de Guara, arrancamos por la margen derecha del Guatizalema (Guadix-alam, río tranquilo),  musicado por el amigo Joaquín Pardinilla, cuyas claras aguas suenan a melodías árabes.
           Caminados algo más de 2 kilómetros, cruzamos a la otra margen para abandonar el "Guadix-Alam" y adentrarnos el barranco de La Pillera.
Uno de los múltiples vadeos
       Una y otra vez vadeamos las aguas que descienden de lo más alto del barranco, el cauce, en esta época estival, nos facilita cruzarlo sin tener que recurrir al calzado de agua.
       El sendero discurre, barranco arriba, rodeado de árboles, vegetación y curiosas formaciones geológicas como agujas y atrayentes pozas, siendo la más bella la badina de Estañonero. El barranco de Abellada cae sobre La Pillera formando una cascada, ahora seca pero que en primavera es espectacular.
       Ya nos habían advertido, ¿de qué?, ya verás:
La Pillera
Badina de Estañonero
Quemar, lo que se dice quemar, no quema
           Este bello rincón nos anima a sacar de la mochila aquel material acuático al que hacia referencia y... ¡cagüen qué fría está!. Uno que no teme a meterse en las aguas de lagos y ríos del alto Pirineo, jamás había sentido dolor tan agudo en los pies y en las partes más nobles de mi veterano ser.
        Tras el raudo baño, esta vez las mochilas nos ofrecen unas buenas raciones de condumio que, acompañas de un generoso garnacha de Miedes (Calatayud) nos hacen sentir en la gloria. 
        Con las tareas cumplidas retomamos el camino. Lo fácil sería volver a Nocito sobre nuestros pasos, pero hemos decidido hacerlo de forma circular por lo que seguimos remontando la Pillera que ahora se esconde bajo un frondoso bosque hasta la surgencia de Fuendeguaril de la que, a los pies de un tejo, mana ese elemento, el agua, elemento que a partir de ahora va a brillar por su ausencia, incluso en nuestras células.
Hacia Fuendeguaril
Tozal de las Cañatas.
         El sendero, ausente, discurre por el barranco, ahora seco, de La Pillera cuyo trazado se abre paso bajo las paredes del Pico Posento.
      El calor es insoportable, nuestro ritmo, ansioso de salir de este horno, se acelera más de lo habitual. 
       Una fuerte pendiente ascendente nos saca del barranco para descender hasta cruzar los de Petriño y Las Cañatas (o cañadas) que son las auténticas ubres de las que se amamanta La Pillera.
       A partir de este punto se concentra la práctica totalidad del desnivel de la jornada, desnivel que, acompañado de la alta temperatura reinante, nos pone en nuestro sitio debiendo hacer alguna parada en las escasas sombras del trayecto, lo que aprovechamos para echar un vistazo hacia el Tozal de Las Cañatas, altozano que lo tenemos aquí mismo.
Vistazo hacia la cara norte del Tozal de Guara
        Llegados al collado de Las Cañatas, desde donde bajaremos a Nocito, el sendero se encuentra en "estado missing": erizones, boj, carrasca, etc. se han comido el camino lo que nos lleva a investigar, con la ayuda del GPS, el posible trazado que, finalmente localizamos.
        Afortunadamente, el lugar nos ha abierto un balcón hacia el Pirineo pudiendo contemplar los picos más altos de la cordillera. Hacia atras, la cara norte del Tozal de Guara nos anima a seguir la ruta.
        Recuperados de la calurosa e insoportable subida, con la mirada puesta en la sierra de Gabardiella, iniciamos el descenso por un denso bosque de robles y pinos que nos facilita sombra hasta casi la entrada de Nocito de cuya arquitectura ya he comentado al principio, pero lo que no he nombrado es del bar en el que, sentados en la terraza, recuperamos los líquidos perdidos en la ruta. ¡Qué alivio!
Ya queda poco
        Ha sido una ruta circular, hermosa en su primer tramo y dura en la subida hacia el collado, dura en estas fechas pues, seguro, en primavera es una delicia. Además, quienes tenemos la suerte (somos entrados en años) de salir al monte en días de poco personal, que en este año lo hay a patadas, añadimos un punto más de tranquilidad y seguridad tan imprescindible en esta dura época que nos ha tocado vivir.
          Ya de vuelta, en casa, volvemos a la realidad de la animosa pandemia de la Covid-19 con grandes deseos de que esto termine, de que hayamos aprendido cosas. Entonces y solo entonces nos quitaremos las mascarillas y ya no volveremos a darnos besos protocolarios, serán besos poderosos, fuertes, grandes... Las gentes playeras se irán a la playa; los de la montaña, por ellas nos veremos. Cuando regrese la vida, que regresará, que nos encuentre bien dispuestos  y con la lección aprendida.

Enlaces:

Datos técnicos
Recorrido
Perfil:
Distancia, 11 Km.
Desniveles positivo y negativo, 367 m.
Track


miércoles, 29 de julio de 2020

CHIPETA ALTO

Día 28 de julio de 2020
Selva de Oza
        En invierno cuando la climatología se presenta adversa e impide ascender algún pico, hay que esperar  que llegue la denominada "ventana de buen tiempo" para, ¡zas!, atacar la cima. En este caso, días de sofocante "chicharrina", buscamos nuestra particular ventana de frescor para echarnos al monte.
        Hoy toca remontar las aguas del río Aragon Subordán, disfrutar del tajo que sus aguas han esculpido a su paso por la Boca del Infierno y respirar aire puro a nuestro paso por la Selva de Oza. Se trata de nuestra aproximación  hasta la casa de La Mina, antiguo puesto fronterizo de los carabineros desde donde controlaban el paso de las gentes que cruzaban por el Puerto del Palo, ora por contrabando, ora caminando hacia la libertad.
Primeras cuestas
        Aquí dejamos "el buga", Maite y yo nos ponemos las botas y bien protegidos por ungüentos protectores de los rayos solares, comenzamos a caminar por la GR.11 en dirección a esa especie de proa de barco que se aprecia desde aquí abajo: el Chipeta Alto. Un cartel indica la dirección hacia el collado de Pietraficha, pues allá que vamos. 
        En sus primeros metros, la senda se introduce entre helechos, salpicados de blancas achilleas, dibujando una cómoda serie de lazadas que hacen muy llevadero este primer desnivel hasta alcanzar el refugio de Sabucar.
        A nuestra derecha observamos el barranco de la Foyas hacia donde se dirigen los que ascienden al ibón de Acherito o hacia el puerto del Palo. Detrás, el Castillo d´Acher se torna cada vez menos altivo, enseñándonos el interior de sus murallones.
Proa del Chipeta Alto
Barranco Acherito
        El sendero sigue su curso en dirección N.O., pronto alcanzamos el desvío del dolmen de Acherito que visitaré en el descenso, comprobando cómo la vegetación se va imponiendo a la "litohistoria". Pero son otras las piedras que llaman la atención, me refiero a las paredes del Chipeta, pico que, visto desde este otro ángulo, presenta un aspecto imponente.
        Seguimos nuestro camino, poco a poco, conforme vamos ganando altura se nos van mostrando los impresionantes relieves que delimitan el barranco de Acherito por el oeste, con una sucesión de afilados picos y collados que van desde el pico Sobacal hasta el Petraficha. Al fondo del barranco, tras el Mallo Acherito y su puerto, son visibles las espectaculares Agujas de Ansabere.
Pared oriental del Chipeta Alto y collado de Pietraficha
¿Adónde van esos?
        Ahora el sendero toma la dirección oeste, ganando altura en cada uno de los pasos, pasos que son observados por un sarrio, el animal nos mira con cara extrañeza, debe pensar: ¿adónde van estos dos?.
        Dejamos al bóvido pastando y  antes de meternos de lleno en la canal que tenemos delante hacemos un breve descanso para reponer fuerzas y charrar con un joven montañero que anda recorriendo la GR.11 en dirección opuesta a la nuestra.
        Abandonamos el pasto para ascender por unos canchales rocosos. La pendiente se hace más pronunciada y la senda más tortuosa hasta que alcanzamos el collado de Petraficha.
Cerca del collado de Petraficha
En el collado de Petraficha
La cara amable del Chipeta Alto
        El paisaje que nos ofrece el collado es, simplemente, un adelanto de lo que tendremos en la cima; pero lo que llama profundamente la atención es la dicotomía orográfica de esta montaña que cae vertical sobre la Selva de Oza y se desliza suavemente hacia Zuriza.
        En este punto abandonamos la GR.11 girando en dirección sur, por un sendero escasamente marcado por la ladera, sendero que parece adentrarse en un jardín de lirios, de entre los que destaca uno blanco como queriendo homenajear a las gentes de la sanidad en la dura batalla contra el Covid-19. Un hermoso paisaje en unos complicados momentos.
Los lirios del jardín
En la cima
        Conforme ascendemos, la senda se difumina, pero dirigimos nuestros pasos de forma intuitiva hacia la loma desde la que se adivina lo más alto de la proa a la que hacia referencia al principio: la cumbre del Chipeta Alto.
        ¿Qué altura tiene el pico?: los mapas y el GPS dicen que 2175 metros, pero aquí arriba, grabada sobre un artilugio metálico, dice 2189 metros. ¡Ah! ahora entiendo la diferencia: la placa es de un club montañero de ¡Bilbao!.
        ¡Qué importa metro más o metro menos!, Lo que sí importan son las vistas que desde este inmejorable balcón tenemos a uno y otro lado:
Ibón de Acherito desde la cima
Sierra de los Alanos, al fondo Ezcaurre
Castillo d´Acher
Zoom del Midi d´Ossau
Cima del Chipeta Alto
        El largo valle de Guarrinza y la marcada linea fronteriza de los puertos de Palo y la Cunarda, con todos sus picos; los gigantes de Los Valles Occidentales, Castillo d´Acher, Bisaurín, Agüerri y la sierra de Secús; la sierra de Lenito, Peña Forca, así como la impresionante sierra de los Alanos con su cresteada figura; hacia el norte, el ibón de Acherito protegido por las escarpadas murallas fronterizas como el Pic du Lac de la Chourique, el pico Larraille y la Brecha de Hanas.             Difícil es nombrar a todos, pues este mirador abarca todo un mundo de montañas y valles, pero no puedo dejar de nombrar algunos como la Mesa de los Tres Reyes,  Mallo Acherito, Petrechema, Agujas de Ansabere y más allá, en la distancia, las inconfundibles siluetas del Midi d´Ossau, Anayet, Vártice...
        Ahora es cuando piensas eso de que ha valido la pena el esfuerzo, esfuerzo que se ve recompensado por un descanso en la cima bajo un cielo azul, a sabiendas de que vamos a comenzar el descenso por el jardín de lirios y que seguiremos haciéndolo sobre los pasos que nos han traído aquí.
        Llegados a Oza sentimos el sofocante calor impropio de estas latitudes, nada que no pueda curar un par de jarras de cerveza en la cantina, bajo la sombra de su gigantesca haya.

Datos técnicos
Recorrido

Perfil:
Distancia, 12 Km.
Desnivel de ascenso, 975 m.
Desnivel de descenso, 975 m.