jueves, 20 de diciembre de 2018

PICO DEL ÁGUILA (Arguis) Y ALGO MÁS

Dia15 de diciembre de 2018
Arguis y su embalse.
          Hoy hemos madrugado menos, el viaje es corto, vamos con destino allá donde la Hoya de Huesca deja de ser hoya, anticipo que nos regalan las sierras exteriores cuando viajamos camino del Pirineo, remanso de paz, lugar que nos enseña su embalse al que, como de costumbre, comentamos de la cota de su alterada lámina de agua, alimentada por varios barrancos (Fulco, Forna, Castil y Pozanco) y el río Isuela, testigo de casi medio siglo de las obras de unas carreteras que, como el Guadiana, aparecen y desaparecen una y otra vez.
          Con los de Esbarre despedimos este año montañero, aquí cerca de casa, en un entorno en el que la naturaleza y las comunicaciones libran una dura batalla en el mundo de las prisas.
Saliendo de Arguis.
          A la entrada de la población de Arguis, que será punto de partida de esta travesía, nos detenemos en el primer garito, a tomar un inmerecido desayuno y demás menesteres matutinos propios del ser humano.
         Arrancamos a caminar veinticinco pares de botas, atrás dejamos la sierra de Gratal y el Embalse de Arguís (este año presenta un aspecto bastante saludable). El cielo está cubierto pero la temperatura es agradable para la marcha de este animoso grupo.
          Frente a nosotros, adivinamos la sierra de Bonés medio tapada por las nubes, a la derecha la nueva autovía con poco tráfico para lo habitual en estas fechas (las pistas de esquí pirenaicas no han abierto sus puertas a los amantes del deporte de nieve).
Embalse de Arguis
Barranco del Fulco.
        Abajo, las aguas del castigado barranco del Fulco, lloran una vez más. Es la enésima vez que se construye sobre su cauce una carretera, arrojando sobre él tierras y materiales como si de una escombrera se tratare. Es el precio del progreso diseñado y ejecutado por elementos poco respetuosos con el medio en que vivimos.
             El sendero sube y baja (más de lo primero) por un terreno compuesto de grises margas y de escasa aunque interesante vegetación.
              Un repecho nos deja en Mesón Nuevo (ya no lo es tanto). Por ser punto divisorio de dos barrancos, corre el aire con unas ganas asombrosas de cortar las pieles. Paramos al abrigo de sus paredes.
En el Mesón Nuevo.
Caminantes haciendo camino.
            Este lugar, que en otros tiempos era el "camino muletero de Huesca a Biescas", ya tenía cierto trasiego desde antaño, había numerosos mesones u hostales repartidos por el camino. Uno de ellos es el Mesón Nuevo, ahora apartado de la carretera general. Siglos en pie viendo el trajín de las gentes a su alrededor.
             Girando en dirección sur, reanudamos la marcha por un bonito sendero que asciende suavemente; caen unas gotas justificativas de las predicciones metereológicas que auguraban ¡a cántaros!. Sí que es cierto que la humedad es alta, el suelo se encuentra mojado y algo resbaladizo, cosa sin importancia para este experto grupo.
Paisaje cercano-
           Poco a poco vamos ganando altura, alcanzando un cordal con la cubeta de Arguis a la derecha y Belsué a la izquierda, ¡qué bonitas vistas serían si la niebla nos lo permitiera!. Así pues, disfrutaremos de la compañía y del entorno más próximo en el que el pino silvestre y algún ejemplar de roble van dando paso al erizón, esa mata semiesférica de forma almohadillada sobre la que no recomiendo a nadie sentarse, ni siquiera a las monjas más curtidas en la mortificación de la carne, porque el erizón pincha, y pincha mucho: de ahí que se le llame popularmente como  piorno, cojín de monja, rascamoños...
En la Punta del Águila.
            Pronto alcanzamos el punto más alto de la jornada, la Punta del Águila (1627 m.) perfectamente amojonada con un hito de piedras. Lugar en el que nos autofotografíamos (selfie le dicen ahora) ya que el paisaje se halla ausente.
          Un ligero descenso nos acerca hasta la pista asfaltada que sube desde Mesón Nuevo y... ¡zas! ya estamos en el denominado Pico del Águila (1609 m.) que aunque algo más bajo, sí más famoso que la "punta" por albergar un bosque de antenas repetidoras y por ejercer de mirador hacia los Pirineos, Hoya de Huesca, Sierra Ibérica, y un sinfín de lugares emblemáticos que hoy, hoy no toca, la niebla nos impide ver más allá de la base de las toneladas de hierro de estas gigantes torres del progreso.
Antenas.
El grupo en el Pico del Águila (detrás, tras la niebla, el Pirineo)
Al fondo comienza a verse la Hoya de Huesca (se adivina el embalse de La Sotonera).
Descenso por el Barranco Castil de Villas.
           Un pequeño descanso, fotos de grupo, y ¡p´abajo! volviendo durante unos metros por la pista hasta un desvío de la senda que hemos de tomar, que lleva camino de la ermita de Ordás y de Arguis.
         Poco a poco la niebla se va abriendo, arriba sobre nosotros los buitres de anchas alas inician sus majestuosos vuelos; mientras, el embalse de Arguis se deja ver, no así las Sierra de Gratal que se esconde bajo las nubes. 
       El sendero desciende apaciblemente mostrándonos, a nuestra izquierda, el profundo tajo abierto por el barranco Castil de Villas y los potentes espinazos calizos que atraviesan la montaña descubriéndonos un paisaje sorprendente, más allá del que nos ha mostrado la vertiente de subida.
Arguis.
¡Agarrate fuerte!
          Un paso equipado con cadena lo salvamos sin ningún problema; más abajo todavía, el camino desciende en un agradable zig zag sobre un canchal pedregoso retenido mediante fuertes muros de piedra. Es el vivo ejemplo del terreno inestable que tantos dolores de cabeza proporciona a los constructores del puerto de Monrepós.
            La canchalera va dando paso a un frondoso bosque de pino royo con ejemplares de gran altura por el que discurre el sendero que en este tramo se muestra particularmente amable con estas gentes, sendero que en sus últimos metros se ha visto engullido por las obras de la A-23, que hemos de salvar caminando entre andamios, cables, escombros, hierros y demás materiales de construcción, atravesando la autovía por el desagüe del barranco Castil de Villas.
Por la canchalera.
El camino grande se come al pequeño.
El ocaso.
            Ya llegamos a nuestro destino, el garito de la mañana; ahora no pedimos café, el grifo barrilero escupe una birra de gran aprecio para acompañar a bocatas y demás artículos comestibles.
          Sobre las aguas del Embalse de Arguis se refleja un sol que se esconde tras nubes y montañas; se esconde, no sé si avergonzado, no sé si cansado o, simplemente, se aleja en esta tarde de invierno que camina hacia aquellos otros lugares donde el crepúsculo corre borrando las barbaridades e insolidaridades que resultan baratas de adquirir en el mercado de la insensatez. 
               Ha sido, la de hoy, una sencilla travesía por un bonito paraje, algo apagado por la niebla, que nos ha impedido disfrutar de las vistas de estas tierras pero no importa, las montañas y sus valles siempre estarán allí, aquí están nuestros amigos de Esbarre finalizando la última salida de un programa  anual elaborado con entusiasmo.

Datos técnicos
(El track para GPS pulsando sobre la palabra wikiloc de abajo)


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Por los Pinares de Venecia (Foto de Ignacio Herrero).
          Mañana, día 16, cambiaremos el chip, Maite y yo nos iremos con la buena compañía del CAI Nordic Walking a recorrer algunos lugares del sur de Zaragoza, comenzando en el Parque José Antonio Labordeta, para subir por el cabezo de Buenavista hacia los Pinares de Venecia, lugar que me trae recuerdos de mi niñez y adolescencia cuando guerreábamos por "aquestos lugares".
              El viejo camino del tiro de bola (o de las Canteras) nos acercará hacia la Planas de Torrero para descender hasta las inmediaciones de Cuarte. A partir de aquí, el río Huerva y el Canal Imperial de Aragón, nos devolverán al lugar de partida para, en buena fonda,  dar rienda suelta al pecado de la gula y homenajear al dios Baco.
                En los postres, los responsables del grupo nos mostrarán un audiovisual con algunas de las joyas de la programación para el próximo y cercano año.
CAI Nordic Walking en la Fuente de La Junquera (foto de Ignacio Herrero).
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Con las gentes del Stadium Casablanca.
            Y nada, se nos va otro año más, un año que comenzamos en tierras cubanas con nuestros amigos Alfredo y María Ángeles; un año que, en varias salidas hemos compartido senderos con las gentes del Stadium Casablanca de Zaragoza; un año más compartiendo cuestas y mesas con los mozos y mozas de Esbarre; otro año en el que hemos ascendido algún "piquito", descendido valles, sudado camisetas, olido flores, escuchado el dulce cantar de los pájaros (y algún ronquido), mojado bajo alguna que otra tormenta.
Esbarre.

         Otro año en que ese otro grupo, denominado "Estalentaos", sin más reglas que la amistad, hemos realizado los acostumbrados trekkings de verano por tierras de las Vals d´Arán y Barrabés, y por los Carpatos rumanos; un año en que Maite, Alfredo, María Ángeles y un servidor, hemos caminado por un bonito recorrido entre Colliure y Cadaqués con el Mediterráneo a nuestros pies, mar que cada vez que lo miraba me recordaba las vidas que cada día están quedando bajo sus aguas, y de la vergüenza que siento de pertenecer a una sociedad tan insolidaria con los que huyen de guerras y hambrunas.
Por Rumanía.
Algunos "Estalentaos" en el refugio Cap de Llauset
Cuba (Parque Nacional Alejandro Humbold)
             Y, finalmente, un año que se nos ha llevado a dos amigos, Lola y Luis. En cada uno de los senderos que nuestros pies pisan, en cada cima que conseguimos alcanzar, en esos momentos de charradas y risas, en cada proyecto montañero y frente a estas teclas, difícil no recordarles y echarles de menos. Son dos personas a las que todos queríamos y, como decía Maite en la despedida de sus amigos, allá en la Basa de la Mora: "A su lado, nunca nos faltó una chispa de cariño; unas risas; unas gotas de betadine; un “esto no es nada"; una buena charrada, (especialmente con Lola, esa mujer de dulce mirada y buenos sentimientos).
    ...hay un recuerdo que sobresale por encima de todos, es ese cariño que siempre tuvieron el uno con el otro, esas miradas de cómplice dulzura, esa preocupación para con los suyos, esa dedicación a quien requiriera de su afecto y, sobre todo, el amor que tenían a sus hijas Teresa y María"...
                  Hasta siempre amigos
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          No necesitaremos muchos parabienes para que en el año que se nos aproxima las cosas vayan mejor, los recuerdos nos empujan a seguir caminando por esos senderos y, si la salud nos lo permite, seguir subiendo y bajando cuestas un día tras otro; como decía en la anterior entrada, "...finalizada la jornada, echaremos una mirada atrás, no sé si a la montaña, no sé si a la vida, veremos la cumbre que unas veces alcanzaremos y otra se nos resistirá, pero no importa, en el camino descubriremos cosas bellas. Subiremos despacio, con firmeza, disfrutando de cada momento y al llegar a la cima la recompensa de su paz será el regalo".
              Mientras tanto esta, "Vieja Mochila" de creencias mundanas, en estas jornadas dedicadas a "San Colesterol" "os desea que sean de buen rollo. También os pide un pequeño recuerdo para con aquellos que no lo tienen tan fácil".
              Y, como no, a todos los que le soléis  echar un vistazo a este vuestro blog os deseo un feliz año nuevo.
                Hasta pronto.

3 comentarios:

  1. Igualmente para vosotros Maite y José Luis y precioso el recuerdo que has hecho de Luis y Lola. Un abrazo.

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  2. Gracias, amigos.
    Que en 2019 podamos seguir recorriendo maravillosos caminos y leyendo este blog, que nos permite volver a sentir que estamos haciendo el recorrido o que nos invita a realizarlo.
    ¡Un gusto compartir momentos con vosotros!
    Abrazo enorme
    Toño y Ester

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