martes, 31 de marzo de 2026

POR LOS SENDEROS DE MONTANEJOS

                Aprovechamos que, gracias al programa de termalismo social para mayores —esa bendita excusa institucional para remojarse sin remordimientos— andamos unos días en el balneario de Montanejos, entregados con disciplina casi científica a la noble tarea de poner el trasero en remojo y, como bien sentenciaban nuestros abuelos, “tomar las aguas” (que suena mucho más fino y menos a pasatiempo acuático de jubilado feliz).
                Y entre chapuzón y chapuzón, que si ahora toca comer, que si ahora toca cumplir con las sagradas obligaciones del programa (no todo va a ser sufrir), Maite y un servidor decidimos que el cuerpo también está para algo más que macerarse como garbanzo en remojo. Así que, mochilas al hombro y con más voluntad que prisa, nos lanzamos a recorrer cinco senderos de esta coqueta red de Montanejos, que adorna el rincón del Alto Mijares.
                    Como tampoco es cuestión de darte la charla padre con exceso de literatura —que uno viene a leer, no a hacer oposiciones— lo resumo todo en una sola entrada, confiando en que esté a la altura de quienes os asomáis a esta humilde, veterana y, por qué no decirlo, dignísima "Vieja Mochila".


Día 23 de marzo de 2026
MONTANEJOS, MONTE LA COPA (circular)
Sencilla, sí… pero es una de esas rutas que te entran por los ojos sin pedir permiso y luego se te quedan viviendo en la memoria como okupa con encanto. Esta clásica de Montanejos nos lleva desde el mismo pueblo hasta la cima del Monte La Copa (843 m), repartiendo paisaje a manos llenas en cada zancada. Nosotros, por darle un poco de orden al asunto, la hacemos en sentido de las agujas del reloj, que siempre parece que uno sabe mejor a dónde va.
                    Nada más cruzar el puente que nos deposita en la margen izquierda del Río Mijares, la senda decide que ya hemos calentado bastante… sin haber calentado. Se empina con alegría, compartiendo confidencias con la GR-7, que nos guía hasta una pista cementada que afrontamos en subida durante unos ochocientos metros. Lo justo para que los gemelos empiecen a negociar condiciones laborales. Cuando se convierte en tierra, un burrico nos mira con "los ojos del querer", pero amigo asno, tenemos que seguir subiendo.
–––¿Ande vais?–––
            Abandonamos la GR —que bastante tiene ella con lo suyo— y nos lanzamos por un cordal que, sin regalarnos nada, nos va subiendo poco a poco hasta la cima del Monte La Copa. Y entonces pasa lo que tenía que pasar: los ojos se nos van de excursión por su cuenta.
Cima del monte La Copa
                    Porque desde aquí, uno no mira… contempla. A nuestros pies, Montanejos y La Alquería; al fondo, el Morrón de Campos, La Rosada, el Alto de Santa Bárbara de Pina, el Alto de las Palomas, el Castillo de Montanejos, el Embalse de Arenoso… Vamos, un catálogo de vistas que pide a gritos una pausa larga, de esas que empiezan siendo “un minuto” y acaban en “¿bajamos o pedimos aquí la cena?”.
Vista de Montanejos, desde La Copa
                    Tras recrearnos como manda el lugar, iniciamos el descenso: unos tres kilómetros que nos devuelven al punto de partida, no sin antes recordarnos que bajar también tiene su aquel. El terreno se pone algo juguetón —por no decir puñetero—, aparece un pequeño destrepe que nos invita amablemente a usar las manos… y, si hace falta, a negociar con las posaderas. Tramo corto, pero con carácter.
¡Uf!
                Pasamos junto a las ruinas del corral y la fuente de los Tres Hermanos, y a partir de ahí el sendero se vuelve más civilizado, como si quisiera disculparse por el rato anterior y dejarnos disfrutar sin sobresaltos.
Fuente de los Tres Hermanos
                Antes de regresar a Montanejos, cruzamos de nuevo el Mijares por la zona del Machón. Y desde ahí, ya sin épica ni dramas, toca volver tranquilamente al pueblo y poner el punto final a una ruta que, siendo sencilla, tiene la mala costumbre de conquistarte sin hacer ruido… que es como mejor se hacen estas cosas.
            Antes de tomar las aguas ¡tomamos unas birras!, en "copa", por eso de hacer honor al monte.




–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Día 24 de marzo de 2026
MONTANEJOS, CASTILLO Y LA ALQUERÍA (circular)
            Esta ruta, que en teoría es de subir y bajar al castillo de  La Alquería, por el mismo sendero, la ampliamos para darle algo más de gracia:
Castillo de La Alquería
                Arrancamos desde el centro de Montanejos en dirección al puente de San José, que cruzamos con decisión para empezar a subir por el Camino de Montán. Lo abandonamos pronto para tomar un precioso camino de herradura, bien señalizado, que serpentea entre bosque invitando a bajar el ritmo… aunque las piernas, como siempre, tengan su propia opinión al respecto.
Puente de San José
                La senda nos lleva hasta el Castillo de la Alquería de Montanejos, hoy en ruina avanzada, pero con ese aire de historia que compensa cualquier desconchón. De origen musulmán, domina con elegancia el valle del Río Mijares y los caminos que llegaban hasta aquí. Quedan restos, sí… pero lo que de verdad atrapa son las vistas, de esas que te hacen olvidar por un momento lo que cuesta subir; incluso se deja ver el mítico Penygolosa.
Aljibe

                Tras recrearnos lo justo (o lo que permite la impaciencia), desandamos un tramo y retomamos el sendero principal hacia el este, pasando por parajes como La Cerrera y la Fuente del Cubillo, en la cabecera del Barranco de la Alquería. Desde ahí avanzamos hasta Viñas Viejas y nos desviamos hacia La Jarea, donde el camino se vuelve juguetón: primero tímido entre olivos, luego más claro, como si cogiera confianza a medida que avanzamos.
Fuente del Cubillo
                Más adelante enlazamos con la Ruta de las Fuentes, que aprovecha el barranco para descender hacia La Alquería. Un tramo delicioso, algo cerrado, con ese aire de sendero poco frecuentado que te hace sentir explorador… o ligeramente observado por la maleza.
                Ya en La Alquería, cruzamos la CV-20, paseamos entre sus calles —con parada inevitable en la ermita de los Desamparados— y encaramos el regreso final por la carretera, que por suerte viene con acera y sin sorpresas.
Ermita
                Y así cerramos la ruta: variada, entretenida y con ese equilibrio tan agradecido entre historia, naturaleza… y la firme promesa de unas birras al llegar, que también son patrimonio cultural del senderista.




–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Día 25 de marzo de 2026
MONTANEJOS, CUEVA NEGRA, PRESA DE CIRAT, FUENTE DE LOS BAÑOS (circular)
                A este camino lo han bautizado, con notable optimismo, como “Sendero Familiar”. Que sí, que está muy bien… pero admite reinterpretaciones: con amigos pasa a ser “amigable”, en solitario se vuelve “de la Soledad” (con sus ratitos de reflexión existencial cuesta arriba), y en pareja, cómo no, “del amor”… sobre todo cuando uno espera pacientemente al otro en las cuestas. Vamos, que el nombre lo pones tú según el día y la compañía.
                    Partimos desde el acostumbrado Km 0, también conocido como “Meeting Point” —que así parece que vamos a una cumbre internacional y no a sudar un poco—, y tomamos la CV-20 en dirección a Puebla de Arenoso. Cruzamos el puente del barranco de la Maimona, instante clave en el que uno empieza a plantearse decisiones vitales recientes, y tomamos la ruta, en subida hasta que, a la izquierda, aparece el inicio del sendero, discretamente señalizado… no vaya a ser que la aventura se complique antes de tiempo.
¡P´arriba!
                    Arrancamos con una subida “animada” —de esas que te despiertan hasta el alma— y alcanzamos una bifurcación. Se toma a la derecha, por supuesto: aquí no hemos venido a que nos lo pongan fácil. En este primer tramo surge la tentación de la Cueva Negra, una variante de ida y vuelta perfecta para quien piense que todavía no ha sufrido lo suficiente. ¡Pecamos!
Cueva Negra
            Volvemos al sendero principal y, obedientes a las señales (que por una vez ayudan), giramos de nuevo a la derecha para bajar hacia la carretera. Pasamos un túnel —porque la ruta quiere ser completa y variadita— y, acto seguido, lo abandonamos para descender por un tramo empedrado con escalones que nos conduce a la Presa de Cirat, donde las rodillas empiezan a emitir opiniones no solicitadas.
Presa de Cirat
                Continuamos hacia el Abrigo de Rufino —tercera tentación para los inquietos— y ya encaramos el descenso final hasta el paseo fluvial. Desde allí, peregrinación casi obligatoria hasta la célebre Fuente de los Baños, donde el chapuzón en sus aguas templadas pasa de capricho a cuestión de supervivencia.
En la Fuente de Baños
            Y con el cuerpo remojado y el ánimo en plena euforia senderista, regresamos a Montanejos para cerrar la jornada como dictan los cánones: con unas buenas birras. Las aguas del balneario… bueno, esas ya las tomaremos por la tarde, y con bastante devoción.



––––––––––––––––––––––––––––––––––––
Día 27 de marzo de 2026
MONTANEJOS, SENDERO DE LOS ESTRECHOS (circular)
                La dificultad de la de hoy es moderada. El terreno se estrecha en algunos puntos y las pendientes te recuerdan, con cierta sorna, que esto no es exactamente un paseo dominical de los de “vamos charlando y ya veremos”.
            Como ya viene siendo tradición —y las tradiciones hay que respetarlas— salimos desde el Km 0, el pomposamente llamado “Meeting Point”, cruzamos el puente sobre el Río Mijares y compartimos inicio con la subida al Monte La Copa. El burrico sigue aquí, disfrutando de un día agradable. Hasta que llega un desvío a la izquierda que tomamos con fe… y que nos coloca sobre la pared de los Estrechos. Aquí las vistas del río son de las que justifican la parada: fotos, contemplación… y ese discreto intento de recuperar el aliento sin levantar sospechas.
Una mirada al vacío
                La senda baja hasta un puente que cruza el río; lo pasamos, giramos a la derecha y seguimos hasta el aliviadero de la presa del embalse Arenoso, que aporta ese toque técnico-industrial que nadie pidió, pero que ahí está. Lo suyo sería salir totámente empapados por la nube que levanta el agua… pero hoy no hubo espectáculo, así que continuamos secos y con las ganas.
Río Mijares

Aliviadero de la presa de Arenoso en estado habitual (hoy no tocaba)
            Después toca subir por pista asfaltada hasta la carretera, girar a la izquierda y, justo antes de un túnel, tomar una senda a mano izquierda. Porque sí, porque aquí lo fácil no cotiza.
                A partir de ahí, la cosa se pone seria sin perder las formas: pasamos por el mirador del aliviadero y encaramos un intenso tramo por un cordal rocoso con algún paso delicado. Nada dramático, pero suficiente para que dejemos de mirar el paisaje y empecemos a mirar dónde ponemos el pie… y las manos, que también tiene su encanto.
¡Ojito, ojito!
                        Finalmente, el sendero se junta con otros caminos rumbo a “El Colladillo”. En la bifurcación, giramos a la izquierda y regresamos a Montanejos con esa agradable sensación de haber disfrutado de la naturaleza… y con la sospecha bastante fundada de que la naturaleza, en algún momento, también se ha divertido un poco a nuestra costa.
                    Como no nos hemos mojado en el aliviadero, lo hacemos con las acostumbradas cervezas de final de etapa.




–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Día 28 de marzo de 2026
MONTANEJOS, SENDERO DE LA BOJERA
            La ruta arranca, cómo no, en el Km 0, el, como dije arriba, también conocido como “Meeting Point”, porque salir desde “punto de encuentro” tiene el mismo glamour que una sala de espera. Desde ahí ponemos rumbo al Barranco de la Maimona, que ya en el nombre deja caer, con elegancia, que aquí se viene a sudar con cierto compromiso.
            Giramos a la izquierda, ignorando con estudiado desdén esas escaleras de madera que bajan al río —demasiado fáciles, demasiado civilizadas—, y comenzamos a subir por una pista asfaltada que cruza la finca “Las Piedrazas”. El nombre, como cabía esperar, no es marketing engañoso.
Abajo va quedando Montanejos
                        Tras el ascenso, enlazamos con un sendero que conecta con la parte alta del pueblo y nos reincorpora al trazado original, por encima del depósito de agua. Aquí confluyen varios caminos, lo que da lugar a ese entrañable momento en el que uno mira señales como si fueran jeroglíficos egipcios y confía en que la intuición no tenga hoy un mal día.
En el sendero
            Seguimos ganando altura —porque la montaña es generosa en esfuerzo ajeno— hasta alcanzar la parte alta del Barranco de la Maimona. Y entonces sí: espectáculo. A un lado, La Rosada; al otro, la garganta del barranco con la llamada “Plaza de las Catedrales”, que suena a visita guiada, pero aquí viene sin taquilla… y con más aire. Se trata de unas paredes de unos 250 metros de altura. 
            En el camino aparecen unas plantas de boj, que dan nombre a la ruta… aunque no se esfuercen demasiado en hacerse notar.
Vista parcial de Las Catedrales
                Avanzamos por una senda que coquetea peligrosamente con el precipicio —ideal para quienes disfrutan de la emoción sin necesidad de entrada— hasta llegar a una pista desde la que iniciamos el descenso entre pinares. Un respiro, breve pero agradecido.
                Poco después, un desvío bien señalizado nos manda a la derecha para bajar al cauce del barranco. Lo cruzamos y, cómo no, toca volver a subir por tercera vez en estos días,  por el “Colladillo”, que ya desde el nombre se presenta como poco negociable. En este tramo se dejan ver algunos ejemplares de cabra montés.
Cabra montés
                    Una vez arriba —otra vez, sí— comenzamos el descenso definitivo, pasando por el desvío de la Cueva Negra, que ignoramos,  hasta alcanzar la CV-20, a unos 500 metros de Montanejos.
                Y así terminamos, con esa mezcla tan senderista de satisfacción, cansancio… y la sospecha bastante fundada de que lo de “ruta agradable” era, una vez más, una interpretación creativa de la realidad. Pero la birra nos recupera en un instante.



–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

                Han sido días sencillos y, precisamente por eso, memorables. Días de senderos compartidos, de silencios cómodos, de risas que llegan sin avisar… y de ese pequeño ritual de dejar pasar el tiempo entre chapuzones, caminatas y alguna que otra cerveza bien ganada.
                Hemos caminado juntos, en soledad, por estos montes donde el Río Mijares discurre claro y constante, como si ejerciera de discreto presidente de un valle que se deja querer sin hacer ruido. Un valle hermoso, sereno… pero también marcado. Porque hace apenas tres años el fuego lo atravesó, dejando cicatrices que aún hoy se adivinan en las laderas, en los claros, en ese silencio distinto que a veces se cuela entre los pinos.
                Y, sin embargo, la vida sigue empeñada en abrirse paso. Brotes nuevos, verdes que regresan, caminos que vuelven a pisarse. Hay algo profundamente emocionante en caminar por un lugar que, pese a todo, sigue adelante.
                Nos vamos con la mochila un poco más cargada —de paisajes, de momentos, de complicidad— y con la certeza de que estos días, vividos despacio, quedarán ahí, donde se guardan las cosas importantes.
Porque al final, más allá de rutas, balnearios o brindis, lo que de verdad queda… es haberlo compartido.








No hay comentarios:

Publicar un comentario