Aprovechamos que, gracias al programa de termalismo social para mayores —esa bendita excusa institucional para remojarse sin remordimientos— andamos unos días en el balneario de Montanejos, entregados con disciplina casi científica a la noble tarea de poner el trasero en remojo y, como bien sentenciaban nuestros abuelos, “tomar las aguas” (que suena mucho más fino y menos a pasatiempo acuático de jubilado feliz).
Y entre chapuzón y chapuzón, que si ahora toca comer, que si ahora toca cumplir con las sagradas obligaciones del programa (no todo va a ser sufrir), Maite y un servidor decidimos que el cuerpo también está para algo más que macerarse como garbanzo en remojo. Así que, mochilas al hombro y con más voluntad que prisa, nos lanzamos a recorrer cinco senderos de esta coqueta red de Montanejos, que adorna el rincón del Alto Mijares.
Como tampoco es cuestión de darte la charla padre con exceso de literatura —que uno viene a leer, no a hacer oposiciones— lo resumo todo en una sola entrada, confiando en que esté a la altura de quienes os asomáis a esta humilde, veterana y, por qué no decirlo, dignísima "Vieja Mochila".
Día 23 de marzo de 2026
MONTANEJOS, MONTE LA COPA (circular)
Sencilla, sí… pero es una de esas rutas que te entran por los ojos sin pedir permiso y luego se te quedan viviendo en la memoria como okupa con encanto. Esta clásica de Montanejos nos lleva desde el mismo pueblo hasta la cima del Monte La Copa (843 m), repartiendo paisaje a manos llenas en cada zancada. Nosotros, por darle un poco de orden al asunto, la hacemos en sentido de las agujas del reloj, que siempre parece que uno sabe mejor a dónde va.
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| –––¿Ande vais?––– |
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| Cima del monte La Copa |
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| Vista de Montanejos, desde La Copa |
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| ¡Uf! |
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| Fuente de los Tres Hermanos |
Antes de tomar las aguas ¡tomamos unas birras!, en "copa", por eso de hacer honor al monte.
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Día 24 de marzo de 2026
MONTANEJOS, CASTILLO Y LA ALQUERÍA (circular)
Esta ruta, que en teoría es de subir y bajar al castillo de La Alquería, por el mismo sendero, la ampliamos para darle algo más de gracia:
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| Castillo de La Alquería |
Arrancamos desde el centro de Montanejos en dirección al puente de San José, que cruzamos con decisión para empezar a subir por el Camino de Montán. Lo abandonamos pronto para tomar un precioso camino de herradura, bien señalizado, que serpentea entre bosque invitando a bajar el ritmo… aunque las piernas, como siempre, tengan su propia opinión al respecto.
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| Puente de San José |
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| Aljibe |
Tras recrearnos lo justo (o lo que permite la impaciencia), desandamos un tramo y retomamos el sendero principal hacia el este, pasando por parajes como La Cerrera y la Fuente del Cubillo, en la cabecera del Barranco de la Alquería. Desde ahí avanzamos hasta Viñas Viejas y nos desviamos hacia La Jarea, donde el camino se vuelve juguetón: primero tímido entre olivos, luego más claro, como si cogiera confianza a medida que avanzamos.
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| Fuente del Cubillo |
Ya en La Alquería, cruzamos la CV-20, paseamos entre sus calles —con parada inevitable en la ermita de los Desamparados— y encaramos el regreso final por la carretera, que por suerte viene con acera y sin sorpresas.
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| Ermita |
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Día 25 de marzo de 2026
MONTANEJOS, CUEVA NEGRA, PRESA DE CIRAT, FUENTE DE LOS BAÑOS (circular)
A este camino lo han bautizado, con notable optimismo, como “Sendero Familiar”. Que sí, que está muy bien… pero admite reinterpretaciones: con amigos pasa a ser “amigable”, en solitario se vuelve “de la Soledad” (con sus ratitos de reflexión existencial cuesta arriba), y en pareja, cómo no, “del amor”… sobre todo cuando uno espera pacientemente al otro en las cuestas. Vamos, que el nombre lo pones tú según el día y la compañía.
Partimos desde el acostumbrado Km 0, también conocido como “Meeting Point” —que así parece que vamos a una cumbre internacional y no a sudar un poco—, y tomamos la CV-20 en dirección a Puebla de Arenoso. Cruzamos el puente del barranco de la Maimona, instante clave en el que uno empieza a plantearse decisiones vitales recientes, y tomamos la ruta, en subida hasta que, a la izquierda, aparece el inicio del sendero, discretamente señalizado… no vaya a ser que la aventura se complique antes de tiempo.
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| ¡P´arriba! |
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| Cueva Negra |
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| Presa de Cirat |
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| En la Fuente de Baños |
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Día 27 de marzo de 2026
MONTANEJOS, SENDERO DE LOS ESTRECHOS (circular)
La dificultad de la de hoy es moderada. El terreno se estrecha en algunos puntos y las pendientes te recuerdan, con cierta sorna, que esto no es exactamente un paseo dominical de los de “vamos charlando y ya veremos”.
Como ya viene siendo tradición —y las tradiciones hay que respetarlas— salimos desde el Km 0, el pomposamente llamado “Meeting Point”, cruzamos el puente sobre el Río Mijares y compartimos inicio con la subida al Monte La Copa. El burrico sigue aquí, disfrutando de un día agradable. Hasta que llega un desvío a la izquierda que tomamos con fe… y que nos coloca sobre la pared de los Estrechos. Aquí las vistas del río son de las que justifican la parada: fotos, contemplación… y ese discreto intento de recuperar el aliento sin levantar sospechas.
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| Una mirada al vacío |
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| Aliviadero de la presa de Arenoso en estado habitual (hoy no tocaba) |
Después toca subir por pista asfaltada hasta la carretera, girar a la izquierda y, justo antes de un túnel, tomar una senda a mano izquierda. Porque sí, porque aquí lo fácil no cotiza.
A partir de ahí, la cosa se pone seria sin perder las formas: pasamos por el mirador del aliviadero y encaramos un intenso tramo por un cordal rocoso con algún paso delicado. Nada dramático, pero suficiente para que dejemos de mirar el paisaje y empecemos a mirar dónde ponemos el pie… y las manos, que también tiene su encanto.
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| ¡Ojito, ojito! |
Como no nos hemos mojado en el aliviadero, lo hacemos con las acostumbradas cervezas de final de etapa.
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Día 28 de marzo de 2026
MONTANEJOS, SENDERO DE LA BOJERA
La ruta arranca, cómo no, en el Km 0, el, como dije arriba, también conocido como “Meeting Point”, porque salir desde “punto de encuentro” tiene el mismo glamour que una sala de espera. Desde ahí ponemos rumbo al Barranco de la Maimona, que ya en el nombre deja caer, con elegancia, que aquí se viene a sudar con cierto compromiso.
Giramos a la izquierda, ignorando con estudiado desdén esas escaleras de madera que bajan al río —demasiado fáciles, demasiado civilizadas—, y comenzamos a subir por una pista asfaltada que cruza la finca “Las Piedrazas”. El nombre, como cabía esperar, no es marketing engañoso.
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| Abajo va quedando Montanejos |
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| En el sendero |
En el camino aparecen unas plantas de boj, que dan nombre a la ruta… aunque no se esfuercen demasiado en hacerse notar.
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| Vista parcial de Las Catedrales |
Poco después, un desvío bien señalizado nos manda a la derecha para bajar al cauce del barranco. Lo cruzamos y, cómo no, toca volver a subir por tercera vez en estos días, por el “Colladillo”, que ya desde el nombre se presenta como poco negociable. En este tramo se dejan ver algunos ejemplares de cabra montés.
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| Cabra montés |
Y así terminamos, con esa mezcla tan senderista de satisfacción, cansancio… y la sospecha bastante fundada de que lo de “ruta agradable” era, una vez más, una interpretación creativa de la realidad. Pero la birra nos recupera en un instante.
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Han sido días sencillos y, precisamente por eso, memorables. Días de senderos compartidos, de silencios cómodos, de risas que llegan sin avisar… y de ese pequeño ritual de dejar pasar el tiempo entre chapuzones, caminatas y alguna que otra cerveza bien ganada.
Hemos caminado juntos, en soledad, por estos montes donde el Río Mijares discurre claro y constante, como si ejerciera de discreto presidente de un valle que se deja querer sin hacer ruido. Un valle hermoso, sereno… pero también marcado. Porque hace apenas tres años el fuego lo atravesó, dejando cicatrices que aún hoy se adivinan en las laderas, en los claros, en ese silencio distinto que a veces se cuela entre los pinos.
Y, sin embargo, la vida sigue empeñada en abrirse paso. Brotes nuevos, verdes que regresan, caminos que vuelven a pisarse. Hay algo profundamente emocionante en caminar por un lugar que, pese a todo, sigue adelante.
Nos vamos con la mochila un poco más cargada —de paisajes, de momentos, de complicidad— y con la certeza de que estos días, vividos despacio, quedarán ahí, donde se guardan las cosas importantes.
Porque al final, más allá de rutas, balnearios o brindis, lo que de verdad queda… es haberlo compartido.

























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