Antes de lanzarte a la aventura de sumergirte en esta y otras historias, un pequeño recordatorio con cariño: sí, el blog también se deja querer en el móvil, faltaría más… pero donde realmente luce, como quien se pone de domingo, es en “modo ordenador”. Dicho esto, tampoco vamos a ponernos exquisitos: tú disfrútalo como te dé la gana, que para eso es tu pantalla
Día 14 de marzo de 2026
Hoy nos vamos a la sierra de Guara. Sí, sí… nada menos. Los amigos de Esbarre —que tienen la peligrosa costumbre de organizar planes que luego hay que cumplir— nos han preparado una sorprendente ruta por una zona que Maite y yo ya recorrimos hace unos años, justo en esas vísperas inquietantes del confinamiento por la pandemia del Covid en 2020, cuando todavía pensábamos que aquello del virus era cosa de los telediarios y no de nuestras vidas. (El relato está aquí)
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| Seis años atrás |
De momento el convoy se encamina hacia el norte por la A-23, carretera que se abre paso entre verdes plantaciones de cereal. Aunque, para ser sinceros, tampoco hace falta fijarse demasiado en los cultivos: con el año tan lluvioso que llevamos, hasta las piedras han decidido teñirse del color de la esperanza.
En Huesca recogemos al “boss”, Javier, ya felizmente recuperado de esa larga ausencia en la que la salud le mantuvo alejado de montes, senderos y demás vicios saludables. Para nosotros es una verdadera alegría volver a disfrutar de su sabiduría montañera y de su inconfundible cabeza plateada. ¡Bienvenido, maestro!
Primera parada en Colungo para tomar un café… o lo que cada cual considere oportuno ingerir a estas horas intempestivas. Y, cómo no, también para atender esas discretas, pero insistentes necesidades fisiológicas que suelen aparecer con puntualidad británica en cuanto uno se sube a un autobús.
Y ahora sí. Ahora es cuando el macrobús empieza a medir sus fuerzas con las múltiples curvas que nos separan del destino. Pero no hay problema: al llegar al puente del barranco de La Palomera, el chófer nos demuestra que, en sus manos, y con un par de maniobras de las que hacen contener la respiración al pasaje, no hay curva que se resista. Ni siquiera a un autobús con aspiraciones de transatlántico.
¡Eureka!, hemos llegado a Santa María de la Nuez. El conjunto urbano se organiza alrededor de una sola calle. Nada de laberintos medievales ni complicaciones urbanísticas: una calle… y a partir de ahí, que cada casa se las arregle como pueda. Y lo cierto es que lo hacen con bastante dignidad.
Muchas de las construcciones conservan las características arquitectónicas propias del sector sur de Sobrarbe: muros de sólida piedra caliza, tejados de losa capaces de aguantar lo que les echen desde el cielo, arcos de medio punto en las puertas de entrada y pequeñas ventanas en los muros, que dejan pasar la luz justa… y el frío también, pero con mucha elegancia.
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| Construcción |
Y en medio de todo ello se alza el Santuario de Santa María de la Nuez (siglos XVI-XVIII), que no es poca cosa: durante generaciones ha sido el centro de devoción popular de la cuenca alta del Vero. Vamos, que por aquí han pasado más plegarias que excursionistas… aunque desde ahora la competencia empieza a estar reñida.
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| Santuario |
La mañana, eso sí, se presenta fría y bien ventilada por un cierzo de los que no piden permiso. Un viento decidido que nos acompañará fielmente durante toda la jornada, como esos amigos que, una vez se apuntan al plan, ya no hay manera de perderlos por el camino.
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| ¡A la juerga! |
De momento, baste destacar la presencia del cercano Tozal de Surta, que aparece allí plantado con ese aire suyo tan particular, casi con semblante de trampolín geológico, como si invitara a cualquiera a impulsarse hacia el cielo. Aquí, los almendros en flor anuncian que estamos en las puertas de la primavera.
Abandonamos la pista —que tan amable se había mostrado hasta ahora— para tomar un sendero que se adentra en un espectacular bosque de pino y boj, de esos que huelen a monte auténtico y en los que la luz se filtra con cierta solemnidad entre las ramas.
Eso sí, la cortesía del terreno termina justo en ese punto. El camino decide empinarse sin compasión, como si quisiera comprobar desde el primer momento quién viene a pasear y quién ha venido a ganarse el almuerzo.
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| Entre pinos y boj |
Al pino y al boj se les une ahora el roble, que en esta época luce sin complejos su desnudez foliar ––ya vendrán tiempos mejores para vestirse––. Eso sí, antes de despojarse de ellas, ha tenido el detalle de ir dejando sus hojas por el suelo, alfombrando el sendero con un tapiz crujiente que hace el camino bastante más elegante de lo que uno esperaría en plena cuesta. En la alfombra asoman, con miedo de ser pisoteadas por este ejército, algunas bellas flores como la hepática.
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| Hepática |
Y así, entre hojas secas, pinos vigilantes y algún que otro resoplido del personal, el camino acaba por depositarnos en el collado de Paules (1270 m.), que aparece ante nosotros como una especie de recompensa topográfica… y, sobre todo, como un lugar estupendo para recuperar el aliento con cierta dignidad. Lugar, también, de cruce de caminos
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| Collado de Paules |
A nuestra izquierda ya se deja ver la cota más alta que debemos alcanzar hoy. El camino continúa ganando altura mientras bordea la sierra, hasta alcanzar una amplia explanada que hace las veces de antesala de la cumbre. El PR decide separarse educadamente de nuestra ruta y se marcha, como marcharemos nosotros más tarde, cuesta abajo hacia Betorz.
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| Ya vemos nuestra cima |
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| Refugio de piedra seca |
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| Crucero d´Asba |
No es un pico de grandes pretensiones, pero este monte cumple con enorme dignidad su papel de mirador hacia las altas cumbres del Pirineo, que entre nube y nube van mostrando su hermosura recién espolvoreada de blanco por las generosas nevadas de este invierno. Desde el Turbón hasta el Taillón, pasando por las Tres Sorores y sus inseparables hijas, las Tres Marías, Peña Montañesa, Cotiella... Más cerca, hacia el oeste, se dibujan las lomas que esconden al Tozal de Guara, como el Cubilar o el Cabezo.
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| Cotiella |
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| Las tres Marías (Zuca Punchuda, Zuca Roncha y Zuca Plana) |
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| Las Tres Sorores (o Treserols) |
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| Peña Montañesa |
Entre foto aquí y foto allá, como de costumbre no puede faltar la del todo el grupo que a conquistado la cima del Tozal d´Asba.
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| En el Tozal d´Alba |
Hablando de Betorz, comento que sus casas se distribuyen en tres barrios llamados del Castillo, Medio y Bajo. En el barrio de En Medio, en el que nos encontramos, la tradición dice que aquí nació la madre de las Santas.
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| Iglesia de las santas Nunilo y Alodia |
Así que echamos las mochilas al hombro y abandonamos Betorz dejando sus últimas construcciones, entre las que destaca la del viejo "Cuartel de Poniente", cuya placa se refería a una de las divisiones administrativas por las que se regía el viejo Sobrarbe; Betorz formaba parte del Cuartel de Poniente, al ser el territorio que marcaba el límite comarcal por el oeste.
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| Placa del Cuartel de Poniente |
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| Camino a Lecina |
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| Fuente Laspuña |
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| Pronto llegaremos a Lecina |
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| Ante la Castañera de Carruesco |
"Hace mucho tiempo, Lecina estaba rodeada por un bosque misterioso donde habitaban brujas que causaban desgracias a los vecinos. El miedo era tal que nadie se atrevía a entrar en el bosque.
Una joven carrasca, apenada por la mala fama del lugar y por el sufrimiento del pueblo, se negaba a dar refugio a las brujas. Cuando estas decidieron marcharse, ofrecieron a los árboles un deseo en agradecimiento. Algunos pidieron hojas de oro, otros hojas perfumadas y otros hojas de cristal. Solo la pequeña carrasca quiso seguir siendo como era.
Con el tiempo, los deseos trajeron problemas: las hojas de cristal se rompieron con una tormenta, las aromáticas fueron devoradas por el ganado y los árboles de oro fueron destruidos por la codicia de la gente. Al final, únicamente quedó la humilde carrasca, que desde entonces fue respetada por todos y continuó creciendo".
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| ––Pobres brujas, tuvieron que emigrar |
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| Río Vero |
Porque volver a casa no significa olvidar, sino llevarnos con nosotros el latido de la Sierra de Guara, esa sensación de libertad que no cabe en ninguna foto, pero que se queda pegada al corazón. Cada risueño resbalón, cada hoja crujiente, cada rayo de sol entre los pinos, se convierte en recuerdo compartido, en un tesoro que nadie nos podrá quitar.
Así, mientras la carretera nos acerca de nuevo a lo cotidiano, nos queda la certeza de que estas aventuras, estas risas y estos paisajes seguirán esperando por nosotros, eternos e inmutables, y que nosotros, afortunadamente, ya formamos parte de ellos.
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Datos técnicos

























Preciosa descripción de la salida del pasado sábado 14-3 José Luis, se vuelve a revivir.
ResponderEliminarQué bien escribes, esta es de las mejores crónicas... creo.
Un abrazo.