sábado, 7 de enero de 2017

SERRA GELADA (Sierra Helada) (Alicante)

Día 5 de Enero de 2017
            Nada mejor que alguna que otra caminata para rebajar esas lorzas corporales que los fastos de estas fechas han tenido a bien regalarnos. Cambiamos de aires: de las nieblas y cierzo de mi tierra aragonesa, nos vamos más al sur, en donde el sol premia a los que, ya entrados en años, no andamos sobrados de calorías. Pues ¡mira tú! que como mi ser no está acostumbrado a la benevolencia climática mediterránea, va y pilla el primer catarro (tamaño trancazo) de este invierno. 
          Con un día de retraso, por eso de la afección, vamos a realizar una ruta que separa, o une según se mire, L´Albir (nuestra sede social para mayores durante una semana) y Benidorm. Se trata de La Serra Gelada o Sierra Helada.
Faro d´Albir.
         El día de llegada, tres de Enero,, nos dimos un paseo hasta el Faro del Albir caminando por una senda asfaltada y que, deteniéndonos a observar, descubrimos algunas plantas como el pino carrasco, arbustos típicos del mediterráneo como el palmito, el brezo, las jaras, el lentisco, la lavanda, la madreselva y, entre todos ellos  asoman unos narcisos amarillos.
Brezo en flor.
Narcisos
Restos de la vivienda del capataz.
         En el camino al faro, unas sendas te llevan a las minas de ocre y su cala. Las minas se las conocía como la Mina de la Virgen del Carmen y estuvo en marcha desde mediados del siglo XIX hasta principios del siglo XX. Aún se conserva la vivienda del capataz y una línea de pilares que bajan por el barranco que servían de soporte para los raíles de las vagonetas que llevaban el mineral hasta la orilla, para ser embarcado y transportado por mar.
Cala de la Mina.
         Llegamos al faro faro, el paisaje se nos abre hacia el mar y  a la tierra que parece querer penetrar en su fondo como, por ejemplo, el Peñón de Ifach. Desde aquí las vistas son impresionantes, la bahía de Altea, la piscifactoría, los cortados de Serra Gelada con la antena en su punto más alto y el mar Mediterráneo.
Peñón de Ifach.

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Sierra Gelada
Serra Gelada.
Nos saluda.
      Y hoy, quinto día del año diecisiete, Maite y un servidor, con el moco fuera, nos vamos a recorrer, de cabo a rabo, la Serra Gelada, cosa que comenzamos caminando bajo la atenta mirada de un par de juguetonas ardillas.
      El camino comienza en el mismo punto que, un par de días atrás, cogimos para ir al faro d´Albir, aunque hoy, al poco de comenzar, entramos por una senda que se dirige al "Alt del Gobernador".
      Por este camino, la pendiente es bastante pronunciada en los dos primeros kilómetros, así que la tomamos con tranquilidad, disfrutando del paisaje.
       Tras este primer esfuerzo, alcanzamos el Alt del Gobernador, un pico, como muchos otros, sembrado de antenas de todo tipo.
Desde el Alt del Gobernador.
       Un acantilado de 438 m. de altura nos separa de las aguas del Mediterraneo y, asomados al vacío, nos convencemos de que es mejor no medir.
        En el lado opuesto destacan la Sierra de Bernia y Puig Campana que con sus 1406 m. es el segundo en altura, tras el de Aitana, de estas tierras, con una brecha bien marcada en su cresta y que por aquí cuentan que fue (también) el amigo Roldán  quien asestó un puntapié al monte y su huella formó "El Tajo de Roldan". Es lo que tiene el amor aunque seas comandante de Carlomagno.          Los restos del monte quedaron en las aguas del Mediterráneo,  frente a Benidorm, en forma de isla. Esta historia me suena, es una vieja leyenda, pero tajo ¡lo hay! e isla ¡también!.
El Puig Campana y su "Tajo de Roldán"
Maite y, al fondo, "Alt del Gobernador y Peñón de Ifach)
         Un alto en el lugar para tomar una fruta y pronto estamos bajando por un camino asfaltado de servicio para las instalaciones existentes en el repetidor y antenas, y unos metros más abajo, giro a la izquierda para comenzar una senda de continuos sube y baja que, que sigue todo el cordal de la sierra.
          En algunos puntos el camino se torna bastante delicado, ya no voy a decir que peligroso, porque teniendo precaución, minimizas riesgos, pero esas ganas de asomarte al acantilado, sacar una fotografía al borde...
         Hace calor, un calor al que no estamos acostumbrados en estas fechas pero ¡bendito sea!, que en nuestra tierra del fondo del Valle del Ebro, hacía muchas jornadas que el sol brillaba por su ausencia.
Y debajo... el Mediterráneo.

¿Un ibón?
¡Que pequeña se te ve desde aquí!
       De nuevo nos detenemos a echar un bocado, este sube y baja agota las baterías y es preciso su recarga.
        Poco a poco van asomando los rascacielos de Benidorm. Hay a quien les gusta estas monstruosidades, a mí me parece un "gran monumento al pelotazo".
        La última de las bajadas nos acercan a un punto conocido como la "Cruz de Benidorm", ya en la población, aunque observamos que todavía estamos por encima de la mayoría de los edificios, así que toca bajar por una carretera asfaltada hasta el centro de la ciudad que, nos cuentan, la llaman la que "nunca duerme". Así es, pese a encontrarnos en pleno invierno, gracias a la benevolencia climatológica con que es premiada, Benidorm presenta un aspecto veraniego con sus playas con mucha gente tomando el sol, algunos se bañan, y un par de personajes algo "estalentaos", con botas por chancletas, sentados en cómoda posición, se toman un bocata con acompañamiento de birra fresca.
¡Y qué grande desde aquí!
        No ha estado mal esta ruta, no recomendada para quienes padecéis de acrofobia pues su recorrido discurre en buena parte sobre la vertical de respetables acantilados, algo así como las fajas a las que estamos acostumbrados los que pateamos las de Ordesa, solo que aquí no hay valle, aquí hay un inmenso ibón, -digo mar- el Mediterráneo, cantado y contado por juglares y poetas, y hoy con sus aguas manchadas de tragedia que no conviene olvidar cuando disfrutamos de ellas.
     




Datos técnicos:
Recorrido.

Perfil:
Distancia 9,3 Km.
Desnivel positivo: 682 m.
Desnivel negativo: 725 m.
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Torre de Guaita del Cap d´Or.
       Mañana nos iremos a dar un paseo hacia la "Torre de Guaita (vigía) del Cap d´Or", ubicada sobre una alargada y abrupta lengua de tierra que se adentra en el mar, en dirección norte-sur. Hacia su vertiente oeste cae de forma algo más suave, cerrando la pequeña bahía de Moraira y cobijando la playa del Portet de Moraira.
    Hacia su vertiente este, supone la terminación de una escarpada línea de costa, formada por acantilados, barrancos y calas, que se prolonga desde el Cabo de la Nao.
   Hacia el oeste, podremos disfrutar de un atardecer con vistas al Peñón de Ifach, la Serra de Bernia, Serra Gelada (la de ayer) al fondo, y buena parte de la costa norte de la provincia de Alicante. Una auténtica gozada!!!. Y de no ser por la bruma, podremos ver la isla de Ibiza.
Maite y la torre, mirando al mar.

        Aclaro que cuando escribo, ya hemos realizado el paseito que al igual que el de la Sierra Gelada, poco recomendado para quienes padecen de acrofobia. Es lo que tiene este trozo de costa mediterránea.

Hasta pronto.

viernes, 16 de diciembre de 2016

ERMITA DE ORDÁS

Día 10 de Diciembre de 2016.
Niebla en la Hoya de Huesca
        Última salida del año con los zagales de Esbarre. Cerca de casa pero lejos de la boira que lleva muchos días abrazada al Ebro, así como para esconderlo y que nadie lo encuentre.
     No será hasta más allá de Huesca que veamos el cielo, la tardanza de asomar Lorenzo (sol) y la niebla nos lo han impedido hasta ahora.
       Con un autobús con tres cuartas partes de su aforo completas, nos detenemos a los pies del Puerto de Monrepós. Unos tomamos café, otros parece que no han comido en un año, pues sacan el primero de los bocadillos. En el mostrador, toda su superficie nos muestra "las Tomasinas", unas magdalenas tan cargadas de energía que serían capaces de acabar con un ejército. Vamos, todo un museo dedicado a "la lorza de cintura". Además tienen historia:
Tomasinas
   "A comienzos del siglo pasado, la familia Lacal, que vivía bajo las faldas moncaínas en su vertiente soriana, ofrecía a los viajeros sus alimentos.
           El bajo control de natalidad de la época, les premió con gran descendencia y cuentan, también, que el cierzo arrastró a estas tierras a Alicia.
        Los comienzos en estas nobles tierras aragonesas no fueron fáciles, aunque los ingredientes que formaban la pasta ya estaban mezclados, tan solo quedaba esperar; La mezcla era de calidad: Austeridad, trabajo incansable y tradición familiar soriana. Nobleza, testarudez y materia prima de calidad aragonesas. Todo esto reposado y horneado se ha convertido en la maravillosa gama de repostería artesana".
Iglesia de S. Mamés.
      A lo nuestro: Con las tareas matinales cumplidas, nos dirigimos hacia Santalorieta (Santa Eulalia de la Peña) por una serpenteante carretera que atraviesa Sabayés y que el conductor la acomete con gran destreza y el mejor de los humores.
         Una vez en Santalorieta, que se encuentra en la ladera sur del Monte Tiacuto (o Piacuto), nos disfrazamos de montañeros a los pies de la Iglesia dedicada a San Mamés, del siglo XVIII construida en sillería y de una sola nave que se cubre con bóveda de lunetos. 
       Partimos por una senda que sale desde el mismo templo en dirección Norte, frente a nosotros observamos una pared rocosa que alberga algunas buitreras. A estas horas los bichos andan recogidos, hace frío.
Gratal.
         Pronto desembocamos en una pista que, conforme va ganando altura, nos deja disfrutar del paisaje que se nos abre hacia el Sur, un mar de nubes del que, a lo lejos, asoma el Moncayo con su testa teñida de blanco.
        En un cruce ubicado en la Colladeta de Piacuto, bajo la atenta mirada del Gratal, giramos hacia el Oeste, pues vamos a rodear el Piacuto, en el sentido de las agujas del reloj.
       Dejamos la pista para caminar por una agradable senda en la que la vegetación predominante se compone de pequeños pinos, sabinas, enebros, carrasca, tomillo y el invasor erizón.
Ante la cabaña de piedra seca.
       Las "huestes esbarrianas", con paso firme, vamos tragando millas.       Pronto llegamos a la ermita de Ordás, pero ahora no toca quedarse, seguimos por un sendero que nos lleva hasta una cabaña abovedada construida de piedra seca. Aprovechando que la excursión de hoy es "pa chicos", nos quedamos un rato admirando la maestría conque, piedra tras piedra, iban cerrando esta joya constructiva tradicional.
          Regresamos por nuestros pasos hasta la ermita pero, de nuevo, no nos quedamos, seguimos por un sendero que "al Richi", pese a haberlo reconocido días antes, no le es familiar; pero el ojeador no se equivoca...nos lleva por el buen camino que nos acerca hasta el Castillo de Ordás.
Castillo de Ordás
          Esta fortaleza se encuentra situada en un impresionante y estratégico enclave, cerca de Huesca y controlando la entrada al puerto de Monrepós. Era un recinto de planta triangular con el vértice dando al río y dos de sus lados protegidos por las peñas, que formaban murallas naturales. El único lado accesible está protegido por un muro de mampostería. En la mitad del muro se encuentra la puerta de acceso, adintelada y protegida por tres saeteras. 
       Por esta puerta, uno a uno, vamos accediendo a este trozo de historia. Quienes no padecemos de vértigo, nos asomamos a la pared norte y, efectivamente, el castillo es infranqueable. Abajo, junto al castigado río Isuela, una procesión de modernos carros de hierro transitan por la autopista Mudéjar camino de las pistas de esquí.
Las mozas y mozos de Esbarre.
Ermita Virgen de Ordás
        Por fin volvemos a la ermita de la Virgen de Ordás, adosada a otras dependencias complementarias. 
         En el exterior observamos su construcción de sillares, de una nave en cuatro tramos y capilla mayor, cubiertos aquéllos con bóveda de cañón apuntada sobre arcos fajones.
    Afortunadamente, cosa de agradecer, se encuentra abierta y tenemos la suerte de contemplar su bóveda de cañón de medio punto que cubre las capillas que hacen de brazos del crucero y la capilla mayor. Esta, de cabecera plana, tiene la bóveda ornamentada con trabajos de yesería a base de figuras geométricas en las que hay unas salientes pirámides.
Detalle del techo de la capilla mayor.
        Algunos subimos al coro desde el que se divisa toda la nave. Bajo él se conserva la pila bautismal de piedra toscamente labrada. 
        En el exterior, aprovechando este espléndido día, nos tomamos un descanso y algunas "chuches" y, poco a poco, vamos dejando estas edificaciones que no están ubicadas aquí por casualidad, pues son la huella de lo que fue la población de Ordás, ya citada en el siglo XII, y es posible que su castillo estuviera en funcionamiento por aquellas fechas. La extinción de Ordás como pueblo, dada su complicada situación a mucha altitud, parece ser del siglo XII o XIII, fecha última en la que se documenta su templo como perteneciente a la prepositura oscense. 
Pinos.
          Volvemos por el sendero de ida hasta un cruce de caminos para tomar el que se dirige hacia el NO.           Sobre nosotros asoma el Pico del Águila, cada vez más poblado de antenas. Es el precio que tenemos que pagar para poder comunicarnos a través de las modernas tecnologías.
     Tras ascender por una agradecida senda salpicada de grandes ejemplares de pinos, alcanzamos un pequeño collado, punto en el que giramos fuertemente hacia el Sur.
       A esta parte del camino la llamaría "el largo mirador". Y es que su recorrido nos va mostrando lugares y grandes montañas. Hacia el Norte, como siempre que se mira desde esta Sierra de Guara, asoman los picos más admirados del Pirineo. 
Panorámica de los Pirineos.
Tozal de Guara.
        Bajo nosotros adivinamos el curso de las aguas del río Flumen que en su larga vida ha labrado un impresionante cañón en el que destacan las paredes de Cienfuens.        Al otro lado del profundo valle, tras el Matapaños asoma, como con vergüenza, el Tozal de Guara con su pared Norte nevada.
       Más adelante, se adivina el profundo corte del Salto del Roldán, emblemático lugar de Huesca que cuenta con su leyenda.
       "China chana", alcanzamos un cruce que ya hemos transitado a primera hora. Ahora nos dirigimos a visitar uno de esos pozos de hielo que se conservan en esta sierra. Se encuentra ubicado en un "paco" que como he dicho en otras ocasiones, se trata de uno de esos lugares umbríos en los que nunca penetra el sol.
Pozo Paco Lapinosa.
       El corto sendero que nos acerca hasta el pozo, se encuentra con el entorno más congelado que mi pensión y la temperatura es totalmente opuesta a la disfrutada hasta ahora,
    Se trata de Pozo Paco Lapinosa donde antiguamente se almacenaba la nieve invernal para transformarla en hielo. Desde el siglo XVI, el comercio del hielo fue de gran actividad, se usaba en tratamientos terapéuticos, como conservante de alimentos y para la producción de helados y bebidas. Llegó a ser uno de los arriendos más beneficiosos para los ayuntamientos.


Puesta de la Mantis Religiosa.
        Tenemos la suerte de contar con la compañía de Pedro Rovira, amante de bichos y plantas (y gentes). Nos enseña una puesta de Mantis Religiosa, cosa que no había visto en mi larga vida. Este insecto, cuyas hembras, en algunas ocasiones, se comen al macho, en otoño pone sus huevos en montoncitos espumosos. La espuma se endurece pronto y protege los huevos hasta que se abren. Cada saco puede albergar entre 200 y 300 huevos, pero sólo unos pocos sobreviven ya que entre ellos impera el canibalismo juvenil, perecen los que tardan en escapar de sus hermanos, disminuyendo la tasa de supervivencia.
Pintura rupestre.
          Abandonamos este frío lugar para acercarnos al Covacho de la Raja, abrigo que alberga algunas pinturas rupestres de origen levantino. La más reconocible es la figura de un bóvido que mira hacia la izquierda.
       Ya solo queda volver a Santalorieta, cosa que hacemos descendiendo por un sendero poco frecuentado, pues la vegetación lo hace muy estrecho e incluso algunas zarzas dejan huella en más de un lindo brazo.
         El Salto del Roldán, con sus gigantes peñas de S. Miguel y Amán testifican la habilidad del conductor en el descenso hasta el mismo establecimiento de la mañana. "Las Tomasinas" no tienen la exclusividad del exceso de lorzas del personal son, también, las variadas viandas que cada cual ha traído. "Tocan las trompetas los ángeles anunciadores de los excesos de las próximas fechas".
            Camino de Zaragoza, con "boira pachanguera", damos por terminado el calendario de Esbarre al que deseamos un próximo año cargado de buen rollo montañero y salud para todos sus socios y amigos.
        Los mismos deseos los hago extensivos a los que seguís los pasos de esta "Viejamochila". ¡Y una petición!:
        Entre comida y comida, brindis y brindis, cotillones, reuniones familiares, etc. no olvidemos que hay gentes, como las de Alepo, que no van a tener más celebraciones que las de poder escapar de la masacre de que están siendo víctimas. ¡Alguien tendrá que responder por esto!.
Para ellos...¿es Navidad?


Nos vemos en 2017
El ratón de Viejamochila.










Datos técnicos
Recorrido
Perfil.
Distancia: 11,2 Km.
Desnivel acumulado +: 652 m.
Desnivel acumulado -: 652 m.

lunes, 12 de diciembre de 2016

BARRANCO DE VALDORIA, RINCÓN DEL GORGO Y CUEVAS (Huerto y Negra)

Día 8 de Diciembre de 2016
"Una brigada de plata 
forma en el anochecer: 
silenciosos sus olivos, 
y los tambores también. 
En cuanto rompan la hora,
¡ a galopar!....¡y a Teruel!...
La niebla de mi valle.
       Emulemos al pie de la letra esta estrofa de la Ronda de Boltaña. Es de "noche" todavía, la "boira" sigue cubriendo el Valle de mi río, en Belchite "el olivo" ya ha sido vareado y en Lécera, pueblo que en sus calles vio corretear a la niña Maite, hoy más crecidita, que junto con Piedad, Toño y un servidor paramos a tomar un café en un bar abarrotado de cazadores. Nos vamos a "galopar" por barrancos, cuevas, paredes y senderos del norte turolense.
Circunvalamos Albalate del Arzobispo, capital cultural del Bajo Martín.
Cogemos la carretera que va camino de Andorra durante cinco kilómetros y entramos en una pista muy bien señalizada que indica "Barranco de Valdoría y Cueva Negra".
Primeros pasos.
Toño sortea con gran habilidad algún que otro bache hasta que llegamos al final del camino y, aparcado su bólido, nos colocamos las botas para comenzar a caminar por uno de esos insólitos lugares que esta provincia nos suele sorprender
El sendero es cómodo, transita entre una espesa vegetación poblada de pinos, sabinas, cornicabras, aladiernos, lentiscos, regaliz, espantalobos, cucharilla de pastor, enebros, poleo, higueras, pinos, encinas y una especie forastera; se trata del Ciprés de Arizona originario del sur de Estados Unidos y norte de Méjico. Se caracteriza por sus hojas azuladas y piñas muy juntas.
Rincón del Gorgo.
Seguimos la senda hasta un desvío que indica dirección "Rincón del Gorgo", lugar al  que accedemos por un sendero que cambia por completo, ahora sube y nos facilita alcanzar un lugar espectacular. Las paredes de conglomerado han ido cayendo formando formas caprichosas. Nos da la sensación de que por los alrededores debe haber un gigante que mueve estas masa rocosas. -¡Qué pequeños somos! cuando atravesamos las cavidades que dejan estas moles, apoyadas unas contra otras. 
Descendemos por un pinar que nos devuelve, metros más arriba, a la senda del fondo del barranco que habíamos tomado al principio.
¡Somos pequeños!
Sujetando las paredes.
Hacia los depósitos.
Enseguida comenzamos a observar algunos tubos que nos indican la importancia que este silencioso rincón tuvo para el abastecimiento de agua de Albalate. Pero esto es solo el principio, más arriba accedemos mediante unas grapas a los depósitos de agua de Valdoria. El agua se almacenaba en los dos aljibes del abrigo que todavía permanecen, y de allí iban a parar a los depósitos del castillo para distribuirla por las dos fuentes del pueblo, el abrevadero y los lavaderos.
Su construcción data de 1913 y su ubicación, entre grandes paredes, sirvió en tiempos de la edad de bronce para cobijo de aquellos pobladores.
El agua mana...
Seguimos subiendo por el barranco y las paredes van cerrando el cañón, unas varillas y alguna otra ayuda, pese a que hay árboles que nos lo obstaculizan, nos facilitan el avance y alcance de un bello y sobrecogedor rincón. El agua mana por las paredes, peina el cabello de la roca, se deja caer en la cueva y, una vez en ella, refleja en su brillante lecho la luz que, tímidamente, penetra en este trozo de paraíso.
Al otro lado, una escalera metálica nos indica que hay que alcanzarla, pero habrá que agachar el lomo, pues el único paso transcurre por un pasaje de techo bajo.

¿El paraíso?
¡Vaya techo más bajo!
Es momento de colocarnos los arneses, no vaya a ser que no encontremos mejor lugar que este para hacerlo. No es una ruta que entrañe ningún riesgo pero más adelante tendremos una ferrata que habrá que salvar y, aunque no ofrece dificultad, no está de más tener precaución.
Pues nada, agacharse toca y certifico que, pese a lo gastadas que están, las bisagras (articulaciones) responden a las expectativas y pronto alcanzamos la mencionada escalera. 
Pero antes de abandonar el lugar echamos un vistazo para que en nuestra memoria quede grabado este lugar.
A por la escalera.
La presa.
La escalera nos deja al pie de una presa  de unos 15 metros de altura que habrá que salvar. Unas grapas nos facilitan la maniobra, unos con más destreza que otros, nos plantamos en su coronación y...¡de nuevo agua!. El agua, verdadera protagonista del recorrido, que mana de la fuente de Valdoria se almacena aquí. De nuevo nos quedamos un rato para disfrutar de este entorno natural embellecido por la mano del hombre. 
"Agua sabia que te crees clara, agua en la que el cielo se mira, agua en la que los sueños se hacen grandes y nosotros empequeñecemos, agua que apaciguas nuestra sed,
¡que poco te cuidamos"

Por la vía ferrata.

Ya queda poco.
Habrá que continuar el recorrido, ¿por donde?. Aquí comenzamos la vía ferrata a la que hacía referencia, no es nada complicada pero tomamos nuestras precauciones, además las suela andan algo mojadas y no es cosa de... Así que asegurando los disipadores en el cable que acompaña las grapas vamos superando la pared y, una vez arriba, nos quitamos los equipos, hacemos un descanso y nos metemos un pequeño tentempié en el cuerpo.
Un cartel nos ofrece dos opciones, a la derecha hacia Cueva Negra y a la izquierda, Cueva del Huerto. Nos acercamos a la última por un sendero que, por primera vez, nos muestra que el sol, como Teruel ¡también existe!. La niebla ha desaparecido y estamos en campo abierto, caminamos por una senda que discurre por encima del barranco, el fondo no se ve, los árboles crecen y captan la luz aquí arriba abunda a raudales.
Cueva del Huerto.
De nuevo, una escalera metálica nos desciende hasta las mismas entrañas del barranco de Valdoria, concretamente a la Cueva del Huerto, una especie de oasis con el suelo alfombrado de hiedra.
Aquí mana el agua de la que hemos disfrutado en el recorrido que nos ha traído hasta este verde rincón. Latoneros e higueras, ambos abrazados por la enredadera, son los ejemplares más característicos.
Bajo la roca se encuentra la surgencia del agua que origino la construcción del embalse y depósitos de aguas abajo.


Surgencia de las aguas de la Val de Oria.

Esta cueva, de la que han fantaseado las gentes del lugar, fue excavada a principios del siglo pasado, dicen que tiene más de dos kilómetros de longitud. Ya el cura de Albalate del Arzobispo, Vicente Bardaviú, contaba en 1941:
“En el Barranco de Val de Oria se encuentra un huerto con árboles muy hermosos, una cueva inmensa, guarida de los ladrones, que tantos crímenes habían cometido impunemente en la Cuesta de la Calzada; un subterráneo labrado a pico, que comunicaba nada menos que con la Cueva Negra, por debajo del corazón de la Sierra de Arcos. Todas estas y otras maravillosas e inverosímiles cosas acumulaba la fantasía popular sobre la cueva misteriosa del Huerto.” 
En el mirador de la Silleta.
Pese al magnetismo que ofrece el lugar, debemos proseguir la ruta, cosa que hacemos desandando lo andado hasta  el cruce del que ya he comentado. No vamos en dirección a la Cueva Negra.
La senda va subiendo hasta alcanzar una pista que nos lleva hasta el mirador de la Silleta desde el que se contempla buena parte del barranco y en la otra margen, el Rincón del Gorgo por el que ya hemos pasado hace un buen rato. A lo lejos, de la niebla emergen dos columnas de vapor de la central de Andorra.
Por fin vemos que no estamos solos, un par de mozas albalatinas y su perra Negra, nos cuentan que han llegado hasta aquí por la otra vertiente de la Sierra de la Silleta, a la que se accede con vehículo por una pista.
¡Explosión!
Hacia la Cueva Negra.
Nos despedimos y continuamos por una larga senda que recorre la ladera de la montaña. En esta parte crecen el pino, enebro, sabina, tomillo, romero....
Un hito de buenas dimensiones nos indica que hemos de tomar la senda de la izquierda, la derecha la tomaremos al regreso.
Poco a poco nos vamos acercando a una inmensa pared de conglomerado. Un "árbol caído" obstaculiza el avance por la senda, todos "menos una" lo salvamos rodeándolo por el lado que sus raíces dejaron libre.
En las entrañas de esta cueva, bajo esta inmensa mole, recordamos lo pequeños que somos. ¿Sentirán lo mismo las hormigas?. Es una sensación, algo así, como de tener el mundo encima de nosotros.
En la Cueva Negra.
¿Quién se esconde...?
Estamos en un impresionante abrigo rocoso cargado de historia y leyenda, ya que sirvió de refugio a nuestros congéneres en las épocas y circunstancias de lo más diversas, desde el remoto Neolítico hasta los casi contemporáneos “maquis".
Desandamos de nuevo el camino para, una vez en el hito, tomar el sendero que, tras dejarnos caer como auténticas cabras por un barranco y recorrer algunas pistas, llegar al punto de inicio. 
Es buena hora para acercarnos a comer a algún garito de Albalate del Arzobispo pero... ¡alguien ha extraviado algo importante en el camino!. Tras un gran trabajo de investigación, estudiando las fotografías de la jornada, concluimos que "el árbol de la Cueva Negra" es el culpable de tal hurto.
Atrás queda...
Tras muchos intentos, conseguimos emular a las albalatinas y nos acercamos con el coche hasta un aparcamiento cercano.
Recuperada la prenda, en un establecimiento del pueblo, nos tomamos cuatro pares de "güenos güevos" con acompañamiento que, hoy sí, hoy nos lo hemos ganado con creces.
Hay que bajar esos huevos, así que damos una vuelta por las calles de Albalate del Arzobispo. Desembocamos en su plaza Mayor de la que emerge la iglesia de la Asunción construida sobre otra anterior de la que se conserva su esbelta torre mudéjar, cuyo eje queda en sesgo respecto al de la nave. Consta de cinco cuerpos y remate, siendo el primero de planta cuadrada y los restantes octogonales, respondiendo a diversas etapas constructivas.
Antes de abandonar la localidad, recomendados por Pili Giner (amiga de Piedad) visitamos una almazara de aceite, del que nos llevamos algunos litros a casa.
De vuelta a casa, entre una densa boira, de esas que se pueden cortar con cuchillo, Lecera nos atrapa con sus desiertas calles en las que emerge la torre de su iglesia e iluminada, la casa en la que habitó Maite y su familia, allá por los años cincuenta.
Y de nuevo nos introducimos en la niebla...


"Amiga, güei tornaba en o tuya casa.
Y a boira, como filorchos de fumo,
chugarriaba por os sembraus umedos,
se desfeba bailando
dimpués por os camins.
Amiga, güei ritorno
a os tuyos güellos y a o tuyo sol,
a o corazón d'o tuyo zielo puro".
Hasta pronto

MIS CLICS










DATOS TÉCNICOS

Recorrido

Perfil.
Distancia: 12,3 Km.
Desnivel positivo: 550 m
Desnivel negativo: 550 m.