martes, 25 de noviembre de 2014

SIERRA DE BONÉS

Día 22 de Noviembre de 2014
Un año más y van..., no recuerdo, los amigos de Esbarre nos regalan una jornada sendero gastronómica, es decir: "poco paso y mucho peso", que traducido viene a decir que andaremos poco, comeremos mucho y pesaremos más.
Es Noviembre, la luz del día, que ya acorta, se nos come parte de la jornada, el paisaje se ha teñido de los tonos pastel propios de la estación... Pero lejos de entristecernos, cuarenta y ocho mozas y mozos salimos a disfrutar de una bonita excursión con jugoso postre.
Punto Kilométrico de la antigua C-136
Bonés se encuentra al norte de Arguis, en las sierras exteriores del Prepirineo oscense. Aquí vinieron los de Huesca en el siglo XVII para buscar agua con que regar sus cultivos. La obtuvieron trasvasando al Isuela caudales que eran del Flumen, guardándolos en el embalse de Arguís. 
Nueva autovía.
Los tiempos cambian. El paisaje, antaño, entonces y ahora, sigue siendo espectacular.

Ya de niño, junto con mis tres hermanos y mis padres, acometíamos las viejas curvas del puerto de Monrepos montados en nuestro flamante "Seat Seiscientos", camino de algún lugar del Pirineo en donde plantar "la canadiense". Cientos de veces más, hemos atravesado esta ruta, hoy convertida en "autovía guadianera"(aparece y desaparece a tramos, víctima de unas interminables obras). Pues bien, no podía imaginar, que los montes de este transitado entorno, podrían esconder tantas sorpresas.
¡A caminar!
Son las siete de la mañana, todavía de noche arranca el autobús de las mismísimas puertas de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza en dirección del acostumbrado Norte.
En poco más de una hora, llegamos a Arguís, el embalse esta medio lleno, no paramos a desayunar, creo que por un par de motivos: ¡no lo hemos ganado y hay que dejar hueco para la comida!. Para otros menesteres, rincones tendrá el camino.
A las 8:30 (record Guiness de Esbarre), arranca el ejército esbarriano, hoy algo más numeroso por eso de que habrá...
Al fondo, embalse de Arguís.
Arguís nos despide con su pantano algo menos lleno que otras veces aunque "no está mal". Unos perros ladran a nuestro paso por una finca, menos mal que está vallada porque los animalitos se las traen.
La senda cruza la antigua carretera que antaño llevaba al mundo y que hoy lo hace a Belsué y Nocito, pueblos que no son "el mundo", pero sí, unos encantadores rincones del planeta.
En el suelo, la planta del erizón se encarga controlar la calidad de las perneras de los pantalones.
El resto de árboles, tiñen el monte de los colores clásicos del otoño, todos ellos derivados del oro.
Luces de Otoño.
Al fondo, asoma el Gratal.
El sendero que asciende entre quejigos y bojes,  pasa junto a unas viejas construcciones denominadas “Tiñas”, vocablo aragonés equivalente más o menos a establo o lugar para recoger el ganado.
No tardamos mucho en alcanzar el acantilado que se abre a nuestra izquierda y en el que la vista se pierde, abajo, en el valle que preside el embalse con el pico Gratal asomando por encima de montes más cercanos, así como el Pico del Águila, Las Calmas, el Peiró…
Los campos del valle comienzan a verdear, fruto del despunte del cereal recién sembrado por los campesinos de estas duras tierras.
Piedad, atacando unas rocas.
Delante de nosotros, ya se adivina el Pico O´Pozo, punto culminante de la cresta y que el grupo se resiste a alcanzar, guiado por el carismático "Juli".
Tras salvar algunas rocas que fuerzan a estirar algunos músculos poco habituados, llegamos a la mencionada cima en la que damos cuenta de alguna chuchería, no muchas pues el día terminará con buena ración.
Giramos, en descenso, hacia el NE para, tras pasar por el Collado de Murallón, volver a ascender por la senda que ahora atraviesa unos muros de piedra que, no hace mucho, delimitaban un corral de ganado.
Esbarre en el Pico O´Pozo.
Hacia el Collado de Murallón.
El tramo que sigue, se vuelve un poco penoso, ha llovido recientemente y la senda se ha convertido en un barrizal. Gracias a la cantidad de erizón, logramos no embarrarnos, utilizando este de verde felpudo.
Alcanzamos un collado que nos permite cambiar a la vertiente norte de la Sierra de Bonés. El sendero desciende ahora en busca de una pista que un poco más abajo discurre paralela al río Flumen, que por cierto nace, para luego labrar la tierra, muy cerca de donde nos encontramos.
Pasamos por un vallado de ganado, que alguien confunde con un tentadero. ¡Como estamos!
Ermita de la Magdalena.
Una vez alcanzada la pista continuamos caminando por prados hasta la cercana Ermita de la Magdalena (S. XVI a XVIII), reconvertida en refugio pastoril. Si entráramos, cosa no recomendable por el estado del techo, nos encontraríamos detalles que delatan el antiguo uso religioso del edificio.
Junto a la edificación, una balsa para el ganado, delata que el Flumen anda por las cercanías del lugar.
Un pequeño descanso del esfuerzo no realizado (hoy no toca cansarse), y las ligeras mochilas retornan a los dorsos de estos cuerpazos.
La umbría.
Nos da la sensación de que se ha producido el milagro de la naturaleza.
Hemos pasado a la cara norte de la Sierra de Bonés y ahora, en la umbría, aparece un bosque mixto de haya y pino silvestre. 
Nuestro pies flotan sobre una alfombra de hojas, a nuestro alrededor, el musgo delata que aquí no entra más luz que la producida por los iluminados que andamos por estos lares.
Entre la vegetación, asoman varias setas que uno, desconocedor del arte de la micología, no se atreve a denominar. En fin, así es esta sierra.
Un rayo de luz.
Maite por la senda.
























Un giro hacia el SO, nos devuelve a la cara sur en la que de nuevo se deja ver la zona de Arguís, con la nueva autovía por la que desfilan algunos bichitos de hierro.
La senda desciende fuertemente, parece comentarnos que la meta se va acercando, que aunque la jornada ha sido poco exigente, no hay camino que no requiera un mínimo esfuerzo.
Y así es, cerca de la población, cerramos el círculo que horas antes hemos abierto y en la misma entrada de Arguís, nos cambiamos de uniforme, mostrando en algunos casos, las vergüenzas de nuestro ser.
Arguís.
Los responsables, creo, del grupo.
El autobús se detiene en un conocido establecimiento que se encuentra junto al embalse. Se trata de agotar la cristalería destinada a servir rica cerveza de la tierra. Aun hay quien no tiene bastante y se desplazan a otro bar aledaño.
A las 15 horas en punto, estamos en Huesca, sentados ante una larga mesa, damos cuenta de unos cuantos kilos de alubias, medio ganado de cordero y algunos dulces de la casa. Todo ello, regado, muy regado con el fruto de la vid.
La "Fiesta de Esbarre", finaliza con las, siempre simpáticas, palabras por parte "del Juli" y sorteo de varios productos de montaña.
Ya en Zaragoza, uno de los de la foto me comenta bromeando: -¿No te ha tocado nada?, ¡a mí tampoco!-. Por no polemizar, no contesto pero siento que sí, que he sido agraciado con formar parte de este grupo en el que, a pesar de todo, existe el buen rollo. 
Hasta pronto.

Si te apetece ver unas fotos, pulsa aquí mismo.

Track de la ruta, pulsa aquí.

Datos técnicos (excluyendo el menú de Huesca):
Mapa del recorrido.

Perfil:  Distancia: 11,5 Km. - Desnivel acumulado de ascenso, 650 m., de descenso 650 m.

martes, 11 de noviembre de 2014

LIZARA - ESTANÉS - SANSANET

Día 8 de Noviembre de 2014
La cámara solitaria.
Se nos va el "veroño" y sobre nuestros seres cae con fuerza y sin compasión "el invieroño". Y es que hemos pasado, en pocos días, así como el que no lo quiere, de caminar por la montaña con modelitos de verano a cubrir nuestras pieles con chaquetas de esas que abrigan. 
En el autobús, observo como José Mari y Belén, andan absortos con sus "esmarfones", divagando sobre varias aplicaciones que "son la leche", dicen. Yo pienso: "comenzaré la entrada de la "Viejamochila" con este tema, añorando aquellos viejos años en los que cantábamos durante los interminables viajes por aquellas viejas carreteras". 
Saliendo de Lizara.
Y mira por donde, recién tomado el café en Puente la Reina, alguien reparte unos papeles entre los pasajeros, en los que figuran un par de letras de canciones. No sé si me habían leído  el pensamiento o es pura casualidad, pero cerca de cuarenta gargantas, entonamos  "La Albada" y la popular "Aqueras Montañas" de Labordeta. No lloverá, pero "aquellas viejas carreteras"... El conductor las ataca con gran maestría. Tras salvar curvas y contracurvas, y dejar atrás Aragüés del Puerto, nos apeamos en el Refugio de Lizara, rehabilitado en 2003 tras sufrir un incendio. Nos calzamos y abrigamos y, tras la foto de grupo, ¡tos p´arriba!
A por blancos puertos.
Echo mis ojos hacia el Bisaurín y nada, que no se ve. El cielo está alicatado, las nubes cubren las cumbres, tan solo adivino a ver el collado de "Lo Foratón".
Hoy vamos con la cuadrilla del Stadium Casablanca.
Comenzamos a caminar por una embarrada senda por la parte posterior del refugio. Félix encabeza la comitiva de unas cuarenta almas y, como no, una vez más se empeña en desviarse del camino. Pero como no hay mal que cuatro gritos no curen, retomamos el "buen sendero".
Además. hoy nos acompañan dos mozalbetes orientales, uno de ellos calza unas bonitas "bambas".
Por la ladera.
Tras pasar por el pequeño refugio de Oldecua, la senda transcurre por una cómoda ladera. 
La vegetación va desapareciendo, algún pino, junto con pequeños bojes, luchan por desarrollarse en una zona hostil de dura roca.
En el cielo, decenas de chorbas vuelan con alegre aleteo  y algunos buitres planean junto a ellos, parece que van a golpearse unos y otros, pero su habilidad voladora lo impide.
Atrás, en la cola del grupo, Pablo comienza a ejercer lo que será su tarea del día, la de "hombre escoba", migrañas de una y bambas de otro, le van a dar trabajo.
Llegando a la Casa de los Forestales.
Casi sin darnos cuenta, ya hemos superado cerca de quinientos metros de subida, la nieve va apareciendo bajo nuestros pies.
Divisamos la Casa de los Forestales a la que llegamos y tomamos como si fuéramos "okupas", o mejor dicho, como "sardinas en lata".
Dentro del refugio, sacamos alguna "chuchería" de las mochilas. Ante la dificultad de moverme en tan estrecho espacio, salgo al exterior, que... ¡mas vale caer de frío que asfixiado!.
Sobre una roca, unos huesos reposan el sueño eterno, creo que no son humanos.

Delante de la Casa de los Forestales, Jesús, Maite, Lola y...
Caprichos del agua solidificada.
Y llegó la nieve.
Retomamos la marcha, comienza a hacer frío, hace viento y el sol anda de fiesta. En la Plana Mistresa, nos detenemos por ver si llegan los de atrás. Parados, nos quedamos fríos y decidimos continuar poco a poco. Cruzamos el agua del arroyo de los Castillones, buscamos la senda que, bajo la nieve, ha desaparecido.
Los hábiles rastreadores y los GPS, nos conducen por el sitio adecuado. Por detrás, "el bambas", que  creía que en la caseta terminábamos la ruta, lleva los "pies frescos", pero dice que en su tierra hace frío y que "va bien". ¡Orgullo oriental!
Con Maite en el Puerto de Bernera.
Salvando obstáculos, metiendo la piernas en la nieve y con toda la precaución que requieren las circunstancias, llegamos al punto más alto de la jornada, se trata del Puerto de Bernera a 2116 m. de altura. El Ibón Viejo, se ha escondido bajo la nieve.
Nos adentramos en uno de los valles más sobrecogedores del Pirineo, el de "Los Sarrios". Ya me sedujo en una ocasión siendo verano, pero verlo así blanco, callado, con techo (las nubes); verlo así ejerce un poder seductor sobre algunos de nosotros. Solo pensar en los que van apurados con Pablo, empaña un poco el espectáculo.
Por el Valle de los Sarrios.
¡Que pequeños somos!
Luis Antonio, encabeza el grupo, ahora lo hace por la ladera izquierda, salvando aguas que aparecen y desaparecen bajo la nieve y la verdad, ¡hoy no toca bañarse!.
Miramos a un lado y otro del valle, los sarrios no se dejan ver, seguro que ellos si que nos están observando, somos ejército.
Abandonamos el Valle de los Sarrios por una estrecha senda que la nieve esconde y hace algo delicada. Las aguas que riegan el valle, ahora caen con fuerza por el barranco que desembocará en el ibón al que pronto llegaremos.

Luis y Lola ante el Ibón de Estanés.
Se trata del de Estanés, al que llegamos, no sin dificultad. La senda zigzaguea entre piedras, hielo y nieve, tenemos que utilizar todos los sentidos para no darnos ningún susto. Además. son unos trescientos metros de descenso que tensionan hasta las cejas.
Al norte, en las Galias, por primera vez en la jornada, se ve el cielo. En este lado hay menos nieve y la temperatura se ha recuperado un poco.
El ibón, está desconocido, nada que ver con el verano en que los franceses acuden en masa con facilidad y nada que ver, tampoco, con el blanco aspecto que lucirá en próximas fechas.
La Zapatilla.
Nos detenemos a disfrutar del entorno, que captamos con nuestras cámaras. Esperamos a que se aproxime el "destacamento migraño-oriental". Una vez contactados por las emisoras y tener certeza de que van bien, retomamos la marcha, desviando nuestros pasos hacia el Este, en busca de la senda que, ya en tierras francesas, nos introducirá en el Bosque de Sansanet.
Aquí en la montaña, las fronteras están cargadas de mucha menos ideología, que los que a uno y otro lado habitan, las nubes no tienen nacionalidad, van de unos cielos a otros sin preguntar aquello de ¡¿se puede?!.
Sarrio (Rebeco)
Por un momento, nos sentimos protagonistas de un western: El quinto de caballería (nosotros) caminamos dándonos cuenta de que en las montañas que nos rodean, nos vigilan los indios (sarrios), faltan las señales de humo.  Y así es, los que no hemos divisado en el valle de su nombre, en este tramo están sobre las rocas, mostrándose quietos y observando nuestro paso.
Alopecia de las hayas.
Del macizo del Aspe, tan solo se deja ver La Zapatilla.


Ya introducidos en el bosque, observamos como el hayedo se encuentra en plena campaña de alfombrado del camino.
Al contrario de lo que ocurría hace dos semanas en Ordesa, aquí aún quedan visibles los colores que adornan el otoño.
Pasamos el desvío de la "Cabane D´Escouret", famosa por los  ricos quesos que su quesero elabora en verano y que alguna vez hemos probado. Maite y yo nos quedamos a avisar de un desvío, cosa que aprovechamos para dar cuenta de la tortilla de patata que hemos cargado en la mochila.
Bosque de Sansanet.
Maite contempla las aguas del barranco D´Aspe.
Adivinamos que ya andan cerca "los d´atras" y seguimos el descenso. Ya se escucha el suave murmullo de las aguas que el Aspe vierte en este bello lugar. Al otro lado del puente, nos espera Mari Carmen, que recién operada de la rodilla, no nos ha podido acompañar, pero tampoco nos ha abandonado.
Una última ojeada a las aguas y llegamos al aparcamiento en el que nos espera el autobús. El personal anda bocadillo en mano. Cuando llegan los orientales, el de las "bambas", se las quita y deja los calcetines en los pies, dice que "para que se sequen". ¡Sin comentarios!.
Piedad, Maite, Maribel y Lola, ¡Mujeres 16"

De vuelta, el autobús solo se detiene en una gasolinera, para que las urgencias sean evacuadas.
Ha sido esta, una travesía algo más complicada de lo que esperábamos, no preveíamos que la nieve y la climatología nos iban a examinar, no obstante, hemos pasado con buena nota y sin ningún incidente, pese a "las bambas".
Pero, para algunas de las mujeres, aquí no termina todo, mañana correrán la "Carrera de la Mujer" en Zaragoza.  Junto con otras 6500 participantes, con sus bellas y solidarias camisetas rosas, van a realizar, una vez más, la carrera contra el cáncer de mama. Nosotros, vuestros compañeros, estamos orgullosos de vosotras y contad con nuestro apoyo.
Hasta pronto.

Si quieres ver algunas fotos, haz click aquí.
Track de la ruta, pulsa aquí.

Mapa y Perfil de la travesía:

martes, 28 de octubre de 2014

TOZAL DEL MALLO

Día 25 de Octubre de 2014
La fecha arriba indicada, no va de broma. Seis de la mañana, paseo a Atos, mi mascota, en manga corta por el bulevar de Sagasta. Un personaje se encuentra sentado en uno de los bancos, con la cabeza apoyada en sus manos, medita hacia sus adentros, concretamente hacia la zona del hígado, que tan castigada ha sido (me lo parece) durante la noche. ¡No tiene frío!. En las redes sociales se ha bautizado a esta estación como "veroño".
Los amigos de Esbarre, nos llevan hacia uno de los valles mas impresionantes de los Pirineos, el de Ordesa. Por sus montes, comenzamos el mes y por ellos, lo acabaremos hoy.
Más de una treintena de esbarristas, posamos las nalgas sobre los asientos del cómodo autobús que nos conduce por la M-N (Mudéjar del Norte). Es de noche, pasado Zuera parece querer amanecer, pero ¡no!, son las luces de la cárcel en la que "son todos los que están (creo), pero no están todos los que son (afirmo)", no los enumero por no gastar más tecla de la que se merecen. Echa un vistazo a la prensa y los reconocerás. 
Island Peak.
Más adelante, el "Gigante Guara" es testigo de nuestro paso y ya se adivina el perfil de su largo cuerpo. Amanece. Estrenamos unos metros más de la eterna obra del puerto de Monrepos, que en su punto más alto nos muestra el Pirineo en toda su majestuosidad. Me viene a la mente, que en este instante, un par de miembros del grupo, andan por tierras, digo montañas, nepalís, recorriendo sus caminos y aclimatando sus cuerpos para ascender el Island Peak de 6189 m.. ¡ánimo zagales!.
Parada en Fiscal para desayunar y demás necesidades mañaneras. Ya en la, muy concurrida, pradera de Ordesa, nos calzamos las botas y, con poca ropa, comenzamos a caminar. Miramos arriba, y allí está, imponente, como si nos vigilara, como si quisiera cobrar peaje a los visitantes del valle, su cara sur, toda una pared, parece querer ejercer de espejo de las paredes y picos del otro lado del valle: Es el "Tozal del Mallo".
Nos encontramos ante una de las cumbres más bellas y emblemáticas del valle de Ordesa. Ese aspecto fiero en forma de colmillo alzándose sobre la pradera, hace que también sea una de las montañas más fotografiadas del valle. De aspecto camaleónico, su cumbre irá cambiando de formas según nos vayamos acercando a ella, perdiendo algo de su atractivo en su parte más alta, donde queda ensombrecida por sus cumbres vecinas, no menos bellas, como pueden ser el pico Mondarruego, Gallinero o Tobacor, los cuales dan forma al valle por el N.
Tozal del Mallo.
Tozal del mallo, desde la pradera.
Este caluroso otoño (¿o veroño?), se hace sentir, incluso, en el paisaje. Los colores que nos regala la estación, parecen no estar muy de acuerdo con las fechas. Al menos, mi vista no capta la belleza de los amarillos y pardos de otros años, lo que si capta es lo imponente de nuestro objetivo y de las paredes que lo sustentan.
En esta ocasión, y hay que darles un notable de media, el "consejo de bosses", por eso de los vértigos y otras carencias, nos plantea dos opciones. Un grupo realizará un recorrido por las fajas de Racón y Canarella y el otro ascenderá el Tozal del Mallo.
Primeros pasos.

Arrancamos motores, bueno: movemos las garras por la carretera en que hemos llegado con el bus. Trescientos metros y tomamos la senda que sube en dirección N. por el barranco de Salarons. Las hayas ya han cubierto el suelo con la caída de las hojas, tan solo el abedul porta en sus ramas el rojo que contrasta con el verde del boj, algún acebo y pinos. En principio, la subida es fresca y cómoda, pero "es subida". En este valle, la práctica totalidad de rutas que de él parten, nos acogen con estos bellos bosques, bien surtidos de setas y con unos coquetos refugios de madera, como el que ahora encontramos.
Tras el acebo.
Hasta el desvío de la faja de Racón, vamos todos juntos, en fila de a uno, clásica formación de este batallón de incansables pateadores de mil y un senderos. Escoltados por los "bosses" Carmen y Fernando, parten, en dirección E., un tercio del grupo, van medir su grado de vértigo por las fajas de estas impresionantes paredes.
El resto, tiramos p´arriba encabezados por Javier (aquel que hace unos años le denominábamos "el niño". Ya no). Atrás, Ricardo hace las funciones de escoba, barriendo los frutos del canguelo, que algunos perdemos. Y como no, rastreador infatigable, "el Juli" se adelanta, investiga, olfatea y ¡regala alguna que otra risa!.
Primera trepada.
¿Risa?, "pues s´acabó el jolgorio", que por verde prado, atacamos la primera de las varias trepadas que tenemos por delante (cinco tramos, he contado). Unos sarrios, nos contemplan.
El boss Javier, vuelve a sacar un buena ración de lucidez y decide que no subiremos por las clavijas de Salaróns, somos muchos y algunos no estamos dotados del tamaño requerido en nuestras extremidades, para alcanzar los clavos. Daremos un rodeo por el paso de "La Fajeta", menos arriesgado pero más expuesto al patio, sobre todo en el descenso.
Una senda aérea, nos sirve de antesala de una bonita ascensión.
Por la Fajeta. (foto de Ricardo)
En las paredes del Circo de Carriata.
El Circo de Carriata, nos enseña algunas de sus paredes, una de ellas, base del pico Gallinero, nos demuestra lo pequeños que somos ante la majestuosidad de estos gigantes.
Finaliza esta estrecha y colgada senda, en una esquina que da paso a una chimenea que el grupo ataca con más o menos soltura en función de la habilidad de cada cual.
Las rocas dejan agarrarse y, uno a uno, vamos salvando los obstáculos.
Como vamos en ascenso, no tenemos la sensación de estar en un andamio, a la bajada, ¡ya veremos!.
Una trepada...
...otra,...

...otra...

...otra...
Ya queda poco. Al fondo el Tozal del mallo.
Un último obstáculo, nos deja en una impresionante pradera. La vista del Tozal del Mallo, ha cambiado por completo. Una vez superada la casi totalidad de la ascensión, aquella especie de gigantesca proa de barco que desde el valle se contempla, ha tornado en un suave accidente geomorfológico. En este prado, el "matameriendas" (azafrán), en compañía de algún cardo y edelweiss, se resiste a pasar a mejor vida y es que ¡estamos en veroño!. Paramos a contemplar el paisaje y  de paso, a relajar, piernas y brazos (y temple). Una caminata, nos deja en la cumbre del Tozal del Mallo de 2254 m.
Flor de nieve (Edelweiss)

En el Tozal del Mallo.
Juli "el musculitos".
Ya en la cima, unos se cambian de camiseta, otros se bajan al balcón a disfrutar de la belleza de un valle que, vayas las veces que vayas, no deja de sorprenderte.
No estamos muy altos pero el paisaje enamora. Delante de nosotros mirando hacia el Sur, Punta Acuta. Al Oeste Tendereña, Otal, Cebollar. Sobre nosotros, al Norte, los ya nombrados Mondarruego y Gallinero parecen sujetar entre sus paredes la Faja de las Flores, en la que divisamos algunos atrevidos.
Aquí, pese a que no hay mucha claridad, las cámaras echan humo. El decorado, es utilizado por alguna o algún modelo para posar ante las diversas lentes.
Destrepando.
Se ven nubes, las previsiones anuncian una pequeña posibilidad de lluvia y destrepar lo trepado con la roca mojada, ¡como que no toca hoy!. Así que tras la consiguiente fotografía del grupo (casi todo), y con las tripas cantando mas que el Bárcenas, decidimos bajar a comedores más seguros.
El descenso lo realizamos con suma prudencia, aunque tengo que confesar, que a algunos no nos parece tan complicado como se decía.
De nuevo, superamos los pasos de subida, incluida la senda aérea, y nos detenemos a comer a la altura del desvío a la Faja de Racón.
Barrera en la senda.
Un grupo de montañeros, luciendo turbantes variados, es aconsejado por nosotros para que no inviten a comer, alguno de nosotros no tiene fondo. Sacamos la artillería gastronómica de las mochilas y pese a echar de menos a Valentín, y su bota, que se ha ido con el otro grupo, damos buena cuenta de bocadillos y demás exquisiteces.
Caen unas gotas y como siempre que me protejo con alguna prenda impermeable, deja de llover.
El tramo de senda por el bosque es agradable, el suelo se encuentra tapizado por las hojas y, pese a esconder bajo ellas alguna piedra traidora, la bajada resulta confortable.
Hidratados.
Múltiples zig-zags, facilitan el caminar. El grupo se ha partido en varios pedazos, es esta una formación también característica, sobre todo cuando un cerveza espera en la meta y quienes padecen de síndrome de abstinencia, aceleran el paso para aplacar sus ansias.
Abajo, nos esperan los componentes del otro grupo, unos y otros cambiamos impresiones contando nuestra experiencia y hidratándonos. Los del síndrome, no han agotado las existencias que el establecimiento de la pradera, nos sirve.
Y, cargados de energía, de birra y de buen humor, montamos en el autobús que nos devuelve a la realidad de un país lastrado por personajes corruptos que copan cargos públicos en nuestras instituciones. Digo yo, "y si les invitamos a subir al Tozal del Mallo, les decimos que se asomen a la balconada y les damos un empujón, ¿que pasaría?".
Nada más, ¡que me caliento!, un abrazo a los del Himalaya, otro a Pepe Navarro y "hasta pronto".
Aquí dejo un enlace para que veas fotos.
El track para GPS, está aquí.

Datos técnicos.
Recorrido.

Perfil:  Distancia, 10,6 Km., desnivel acumulado de ascenso, 985 m., - De descenso, 985 m.