lunes, 25 de enero de 2016

DE NAVAL A ESCANILLA POR ABIZANDA

     Comienzo estas líneas, solicitando disculpas por este lapsus, aunque, seguro, algunos habréis agradecido. Pero tranquilos y tranquilas, aquí estamos dispuestos a seguir dándote el "cognazo" e invitándote a subir a los lomos de esta "viejamochila", para acompañarnos por esos caminos que recorreremos hasta que el cuerpo aguante.

Desde el monte hasta la playa...desde la playa hasta el monte... 

          Estos versos de la canción de Nicolás Guillén, con el más grande de los respetos, lo atrapo por un momento para comenzar este relato.
     Sí, tras unos días de asueto, despidiendo un año y recibiendo este, por las tierras de la Val D´Echo, pues que, ¡mira tú!, Maite y yo cogimos "el bólido" y nos fuimos unos día a tierras de Huelva (desde el monte hasta la playa, dice la canción). El paisaje difiere mucho del que estamos acostumbrados a ver los del norte: Las Marismas de Isla Cristina, paraíso de las aves, con sus salinas; los sorprendentes y blancos pueblos de la Sierra de Aracena; las puestas de sol a orillas de la playa; y, como no, la gastronomía del reino del "pata negra" y de "la gamba". ¡Pa qué!, ¡releches, con las calorías!. 
Aunque con pocos desniveles superados, han sido unos días gratificantes de los que tan solo dejo muestra en un pequeño reportaje que se puede ver, haciendo clic aquí.

Día 23 de Enero de 2016
Cruce de senderos...
    Primera toma de contacto: el miércoles 20, en compañía de Chema, de nuevo subo a San Caprasio, el zagal quería conocer el lugar para alguno de sus múltiples proyectos.
          Hoy, con las gentes del Stadium Casablanca, nos vamos hacia el Sobrarbe para realizar una etapa (más o menos) del Sendero Histórico del GR-1, que desde Girona a Finisterre recorre más de mil kilómetros por bajos valles, altas montañas, pequeñas aldeas, campos y rocas, ríos y lagos, camino que no conoce de más disputas que las de la historia, y que, a su paso por Aragón, soportará el caminar de nuestras botas, amantes de su tierra.
...que pisamos.
       Este sendero, mira hacia arriba a su hermano mayor, el GR-11, bajo sus pies observa un Valle del Ebro brumoso y lejano, y se viste de baturro a su paso entre Puente de Montañana y Sos del Rey Católico.
         Son 500 Km recorriendo las sierras del prepirineo; atravesando la Ribagorza, el viejo Sobrarbe, el Somontano de Barbastro, la Sierra de Guara, La Hoya de Huesca, la Val de Ayerbe y las Cinco Villas.
       Un sendero que ha intentado rescatar la antigua línea de fortificaciones medievales musulmanas y cristianas de la Alta Edad Media.

      Pues allá vamos: En las mismas puertas del Museo Pablo Serrano, gran escultor crivillense, el autobús espera ser ocupado por una buena cuadrilla de aguerridos zagales y zagalas. A la hora en punto, la jefa Caco, ordena la salida y algunos, como la mañana sigue durmiendo, nos solidarizamos con ella hasta las primeras curvas del Estrecho de Quinto, que el conductor toma con "suave destreza".
Salinas de Naval.
       Los primeros rayos de sol, alumbran, a nuestra izquierda, las más altas cimas pirenaicas; a la derecha, la verde mies nos pinta un bonito lienzo en los campos de cultivo.
       Paramos en El Grado, en el cruce de varios caminos, a tomar un ligero desayuno y dejar un recuerdo de nuestra biología.
   Para agitar bien el café, enseguida estamos salvando las curvas de una histórica carretera que algunos, los más viejos, recordamos haber transitado de camino hacia el Alto Cinca, antes de que se construyera la variante de Abizanda.
Balsas de evaporación.
          Tras haber contemplado, desde el vehículo, sus salinas, nos apeamos en Naval, asentada sobre las laderas de una colina que vierte sus aguas sobre el barranco de Guibano, afluente del río Cinca.
    Conocida, esta villa, principalmente por sus célebres salinas y por su artesanía cerámica, no lo es, sin embargo, por su interesante patrimonio artístico. La historia de Naval ha estado unida a la de sus salinas milenarias, que han conservado su sistema de producción hasta la actualidad. A nuestro paso observamos algunas de sus instalaciones: balsas, eras, pozancas, pocillos, casetas y aperos que hacen posible reproducir las formas de trabajo de hace mil años.
Entre nabos.
        El sendero atraviesa un campo sembrado de nabos, ya bien maduros, que tenemos que sortear para no pisarlos. Pronto tenemos que caminar unos metros sobre la carretera A-2210 (sí, aquella vieja vía), pero, afortunadamente, pronto la dejamos tomando una senda a la derecha que sube algo más de cien metros para dejarnos en el Collado de Casas de la Sierra.
      A partir de este punto, abandonamos la "vía oficial" de esta GR, y nos introducimos en un paisaje mágicamente sorprendente. A nuestra derecha el Barranco de Mayo hunde sus aguas en lo más profundo de la tierra, de la que emergen robustos pinos, como queriendo alcanzar un despejado cielo en este "cálido invierno".
Iglesia de La Muela.
          No tardamos en alcanzar las ruinas de un poblado, se trata del núcleo La Muela, perteneciente a Naval, que debe su nombre al molino de aceite, cuyas muelas movían las aguas del barranco. Su iglesia aún conserva en pié, parte de su torre con los ejes que, en sus buenos tiempos, moverían las campanas, haciéndolas oír en todo el valle. Atravesamos las ruinas por la que debió ser su calle mayor, hacia un agradable camino en el que se encuentra un pozo que, seguro, habría dado de beber, en otros tiempos, a los lugareños de La Muela. Unos metros más adelante, el barranco esculpe la roca para introducirse en una impresionante garganta que cruzamos por un puente de piedra en forma de arco. A nuestro paso es víctima de las poses fotográficas más variadas.
Ruinas de La Muela.
Puente sobre el barranco.
     Poco más adelante, los alrededores de Casa La Paul, perteneciente a La Muela, reconstruida, según reza en una baldosa, en 1999, sirven para reagrupar al batallón y hacer un pequeño descanso, por otro lado merecido, el ritmo marcado por "la cabeza" del grupo está siendo más que alegre, y aún nos queda "un porrón de camino", ¿será para poner a prueba a las jóvenes debutantes que se han incorporado a estas faenas? ¡no sé, no sé!.
        Sin perder el norte, seguimos caminando, en ligera subida, por un bonito sendero que tras cruzar un barranco y una cadena, nos muestra la figura de la Peña Robles, con sus paredes amuralladas, refugio de buitres y de bella estampa, que rodeamos por su derecha para encontrar su alma gemela: la Peña Mollón.
Peña.
          La cuesta la hemos ascendido con el ritmo descrito anteriormente, algunos grupos han quedado rezagados y habrá que esperarlos ¿o no?, ¡sí!. Esta faena nos da un respiro, no solo la subida, también la temperatura de este verano de Enero nos invita a hidratar las células y despojarnos de alguna que otra capa de ropa. Poco a poco va apareciendo el verde fosforito de las camisetas conmemorativas de la pasada temporada por el Camino del Somontano.
       Además, aquí tenemos la primera vista de las cumbres pirenaicas, desde las Sorores hasta el Turbón con la blanca pirámide del Cotiella presidiendo la estampa.
A la derecha, el Turbón (2492 m).
Ermita de S. Salvador.
           Siempre en dirección Norte, el camino es un sube y baja marcado por los varios barrancos que atravesamos: La Gorgas, Constencos, Cigüela, Macarazos y Focatiecho...; hasta que en un pequeña subida nos detenemos para que, quienes lo deseemos, nos acerquemos hasta la cercana ermita de San Salvador (s. XVII-XVIII), perteneciente a Abizanda. De nuevo nos asomamos a la ventana, nuestras vistas se dirigen hacia el norte, hacia las cumbres del Pirineo, y no será intención nuestra encaminarnos en  otra dirección, bajo nuestros pies se encuentra la población que es centro de magias, creencias, religión y títeres: Abizanda.
Algunos "ermitaños"
Abizanda.
         Sobre la cota más alta de Abizanda se levanta el edificio eclesial de estilo gótico tardío y un elevado torreón cuadrangular, es lo que queda del magnífico recinto del castillo románico.
          Dice la historia, y alguien del grupo lo corrobora, que el castillo se construyó tras la toma a los musulmanes por Sancho III el mayor. Se conoce la fecha de su construcción en 1023. Forma parte de la línea defensiva que extendió este rey en todas las sierras prepirenaicas desde el condado de Aragón, pasando por el de Sobrarbe hasta el de Ribagorza, y en este caso concreto debía defender el las incursiones por el valle del Cinca.

Casas y torre de Abizanda.
            Pero lo más llamativo, es la torre. Al exterior destaca su escasa decoración al tratarse de un edificio con una finalidad defensiva, del cual importaba su aspecto de fortaleza inexpugnable más que su belleza. Tan solo dos ventanales geminados con arcos de medio punto y la puerta de entrada son las únicas licencias artísticas. La visión más llamativa al exterior es la del cadalso perimetral de madera en la parte superior, con el remate en un tejado a cuatro aguas.
         La torre tiene una altura considerable, debida a la división en cinco plantas. La puerta de entrada es en altura mediante un vano rematado en un arco de medio punto con un tímpano. La entrada da al segundo piso y bajo éste, existe uno inferior que tenía la función de almacén. La planta noble es la tercera, por su decoración interior, en donde destaca el espacio del arco geminado ciego, que tuvo funciones de capilla.
Pozo árabe.
         En la actualidad la torre se usa como espacio que acoge exposiciones temporales.
     A la salida de Abizanda observamos un pozo árabe, de singular estructura, cuyas aguas reposan tras de una reja, es uno de tantos de los que existen en las tierras del Sobrarbe.
          Destacar, también, algunas casas ejemplo de lo que fue esta tierra.
        La magia, las creencias y los títeres no logran apaciguar el ritmo y, tras cruzar el barranco del Río y la carretera (variante de Abizanda), retomamos la ruta.


Horno de Arbués.
        El calor, la pendiente y la distancia acumulada, va haciendo mella en algunos miembros de la "armada casablanquista", los cuerpos comienzan a sufrir el castigo del ritmo y para la mayoría pasa desapercibido el Horno de cal de Arbués, que funcionó hasta los años cincuenta del siglo pasado y que fue víctima de la mecanización industrial. Hoy forma parte del patrimonio etnográfico de estas tierras, de su funcionamiento tenemos bastante documentación (dejo un pequeño reportaje del amigo Eugenio Monesma en este enlace).


Castillo de Escanilla.
        El camino sigue ascendiendo hasta un acogedor rincón con sus mesas y bancos en donde comer sería un buen regalo, pero, dicen, -aquí no toca-. Sí que toca admirar un par de edificaciones que se asientan en este lugar, los restos del Castillo de Escanilla de los que tan solo queda en pie su torre que, parece ser, era uno de los enlaces entre los castillos de Samitier y Abizanda en el siglo XI. Enfrente de la torre se encuentra la ermita de San Juan Bautista (s.XI) con modificaciones posteriores en los siglos XVI y XVII.
        A partir de aquí, la senda discurre en zigzag por un fuerte descenso, que entre robles y carrasca, nos deja en lo más profundo del barranco de Escanilla, cuyas aguas refresca las nalgas de alguien que mi prudencia me impide nombrar.
S. Saturnino.
          Solo queda cruzar, de nuevo, la carretera para ascender a Escanilla en cuya plaza, presidida por una cruz, se encuentra la iglesia de San Saturnino del siglo XVIII. Junto a esta, se hallan varias casas fuertes de gran interés, entre las que destaca la fachada de la Casa Mora de los siglos XVI y XVII. Caco saca su chuleta y, ejerciendo de guía cultural cuenta:
"Se trata de un gran edificio, de tres pisos de altura y obra de mampostería, sillarejo y sillares en las esquinas. Posee una torre ligeramente saliente en la esquina Sureste y el cuerpo semicircular de un horno de pan sobresaliendo en la fachada Norte. 
Casa Mora.
Su planta es rectangular y en su fachada principal se abre la puerta en arco de medio punto con dovelas de piedra. Presenta también ventanas y balcones con molduras y un matacán bien conservado en el último piso para la defensa de la puerta. El alero está sostenido por ménsulas de piedra. El interior se distribuye en una planta baja y dos pisos superiores, siendo la torre el cuarto, con acceso a los dos primeros desde el zaguán y a los restantes desde los pisos correspondientes. El piso inferior es abovedado y el resto tienen cubierta plana. En las dos plantas inferiores de la torre se conservan los primitivos vanos aspillerados, y en la segunda hay uno adintelado, con dos sitiales a cada lado construidos en el espesor del muro".
         En la entrada de la población nos espera el autobús, que el personal ataca con ansias. No solo el cansancio, la hora del cocido ya ha pasado y en el interior de las zonas abdominales, los jugos gástricos interpretan sinfonías en tiempo de "allegro vivace".
       Con el bus, nos acercamos al mismo establecimiento del desayuno, los jefes de la manada han negociado la posibilidad de meterle caña a los bocatas en el garito. Los postres corren a cargo de Paula, cumple años, no muchos (hoy solo...) y nos obsequia con unas porciones de dulces ensaimadas.
         La vuelta al valle, al mundo real, alumbrado por una impresionante luna llena, nos devuelve a la crudeza de tiempos complicados en los que el ciudadano de a pie sufre las consecuencias de los caprichos de quienes gobiernan el planeta. Si estas gentes subieran a la montaña más a menudo, supongo que serían más sensibles con los pueblos, además si nos los encontráramos...existen los barrancos (metafóricamente hablando).
         Hasta pronto.
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Track para GPS, aquí.
Datos técnicos:
Recorrido

Perfil:
Distancia: 17,5 Km.
Desnivel positivo: 843 m
Desnivel negativo: 926 m.

martes, 29 de diciembre de 2015

SAN CAPRASIO

Día 27 de Diciembre de 2015
Felicitación
    Días, estos, en que nos encontramos, de felicitaciones por doquier. Felicidades por mail, whatsaap, facebook, twitter, instagram, youtube, google+, linkedin, badoo, blogs (incluida Viejamochila) y que se yo cuantas redes más. Echo en falta aquella época en que bajabas al buzón (material) ubicado en el patio de la comunidad y te llegaban esas postales, algunas de ellas pintadas con los pies (yo, al menos, así lo creía), subías a casa y las depositabas encima de un mueble, junto al árbol o belén, colaborando (las postales) a la decoración navideña de tu hogar. Este año, lo prometo, no he recibido ni una, ni tan siquiera del "corte británico".

El rey en la despensa.
     Son, también, días de solidarizarse con el rey Salomón (consumía cada día seis toneladas y media de flor de harina, unas trece toneladas de harina común, diez bueyes cebados, veinte bueyes de pasto y cien carneros, sin contar los ciervos, gacelas, antílopes y aves cebadas), y de rendir culto a Dionisio (Dios griego del vino y de la vid, del entusiasmo y del éxtasis).
      Y cuando te ves en el espejo, exclamas ¡señorrrr! ¿que ha pasado?. 
    Maite y un servidor, que no queremos parecernos ni a Salomón ni a Dionisio, cogemos las de "Villadiego" y nos vamos a gastar alguna caloría; por esta vez las mochilas no cargarán más que una pieza de fruta y alguna sobra de...
Inicio.
      Finalmente, son días (bastantes ya) en los que en la siempre inmortal ciudad de Zaragoza, el sol ha desaparecido por completo, la espesa niebla que cubre el valle nos tiene con la testa destrozada.
       Tres motivos, los comentados, para escapar a algún lugar en que la postal no sea virtual, de castigar a Salomón y Dionisio y comprobar si es verdad que el Sol, como Teruel, también existe.
    Nos vamos, Maite y un servidor, en dirección a la estepa monegrina en la que algunos de sus rincones sorprenden por su alto valor ecológico despreciado por unos y admirado por otros. Además, el astro rey, es monegrino, lo pude comprobar en mis últimos veinticinco años laborales por estas tierras.
Ermita de la Sabina (en otro día despejado)
    En poco más de media hora, llegamos a Farlete. Si no fuera porque conozco la zona, quizás me hubiera pasado de largo, la boira es tan espesa que no se ve ni un p...
   Cruzamos por el centro del pueblo para coger un camino que pasa por la ermita-santuario de la Virgen de la Sabina, que dicen es originaria del siglo XIII, que se levantó a las afueras del pueblo, allí donde la Virgen supuestamente se le apareció a un pastor, elevada sobre la copa de una sabina, el árbol de Los Monegros por antonomasia. Posteriormente, hacia el siglo XVII el edificio se amplió, dotándolo no obstante de una estructura arquitectónica de volúmenes y formas voluptuosas y equilibrados, que incrementaron su belleza gracias a la estética barroca adoptada.
Primeros pasos.
    Seguimos unos metros más, para dejar el coche en un cruce de caminos, en el que un cartel indica hacia las cuevas de San Caprasio y La Torraza.
     Con el termómetro marcando en negativo, comenzamos a caminar a buen ritmo, por eso de entrar en calor. El GPS nos va indicando el camino a seguir, la niebla nos impide adivinar la ruta.
      Caminamos en dirección Norte, a la izquierda, el barranco de San Caprasio, a la derecha el de La Torraza. En ambos se adivina el paso de los años: las margas yesíferas se descomponen dejando al aire las diferentes vetas de piedra caliza y yeso pulido lavado por el agua que, esporádicamente, esculpe este frágil terreno.
Barranco de La Torraza.
En sus riberas, crece variada y sorprendente vegetación como las pistacias, madroños, endrinos, gabardas. Aparecen también comunidades ligadas a afloramientos yesíferos, como garbancillo de conejo, jaboneras, tamariz, etc.
     La pista se encuentra en buen estado, pero somos más de senda y, afortunadamente, el navegador nos desvía hacia la derecha, para lo que hay que cruzar el barranco. 
   Conforme vamos ganando altura, la niebla va dejando de ser espesa y se adivinan algunas colinas, incluso la forma de una torre. Hacia ella nos dirigimos por..., ni pista, ni senda, ¡está allá arriba! y, "to tiesos" "hacia ella tiramos" por una pendiente que nos saca de vueltas.
Se adivina La Torraza.
   La "torrecica", cada vez la vemos más grande lo que nos lleva a concluir el porqué la llaman "La Torraza". Es una sólida obra de buena sillería. Debió de tener cuatro plantas, conservando la inferior, de poca altura; se cubre bajo bóveda de cañón apuntado, y la puerta, situada en alto y que conserva su bóveda de medio cañón inclinado, alojado en la pared. Parece ser que su antigüedad data, al menos, del siglo XIII. Además...¡luce el Sol!.
    Un pequeño alto en La Torraza y seguimos la ruta. Ahora ya se contempla, hacia el Norte, la sierra de Alcubierre, jalonada por un montón de antenas en el pico de San Caprasio. Al sur...la nada.
Llegando al Castillo de La Torraza.
En los límtes.
        Pero aún queda tajo por andar, así que cogemos las mochilas y le damos la espalda a la torrecica esta, llevando nuestros pasos por un camino que no quisiéramos coger en la dirección opuesta, baja como para no llevar frenos.
      De nuevo aparecemos en el camino que hemos dejado antes, el de Lanaja lo llaman, para volver a abandonarlo enseguida.
      Una pequeña, pero poco amable subida, nos coloca en un cordal que seguimos durante unos metros. A partir de aquí, ni señales, ni mojones, tan solo el instinto y el GPS, nos van a conducir por una senda que, guardando las distancias, se parece a alguna de aquellas fajas del Pirineo, solo que aquí el terreno es menos estable y en algunos pasos se puede comprobar la teoría evolutiva de Darwin, la forma en que la naturaleza cambia su entorno de manera vertiginosa.
¿Selva monegrina?
Por una de las fajas.
       A nuestra derecha, el monte de La Contienda, a la izquierda, uno tras otro, nacen, en este circo monegrino, varios barrancos que la erosión ha labrado y en los que tan solo las lajas calizas sustentan el sendero por el que caminamos.
       Una roca de curiosa forma, nos indica el desvío por el que descenderemos, pero de momento seguimos por esta senda, no recomendada para grupos numerosos, tiene un buen patio.
    Divisamos, al fondo, las cuevas de San Caprasio que alcanzamos tras recorrer un buen trecho de faja y acceder por donde podemos, algún eremita ha debido de tomar esto como basurero.
Interior de la ermita de San Caprasio.
     Entramos en la ermita, está como la recordamos en aquella excursión (primera con Esbarre), un 15 de Febrero de 2003.
      Estamos a 834 m. de altitud, punto más alto de la sierra de Alcubierre en la frontera monegrina entre Huesca y Zaragoza.
        Hay muchas leyendas sobre San Caprasio, pero la más popular es que San Caprasio cuidaba ganado en la Sierra de Guara (muchos dicen que de cabras por su nombre) hasta que un día decidió hacerse monje, cogió su cayado y lo lanzó tan lejos como pudo, yendo a parar a la Sierra de Alcubierre. En el sitio donde cayó el bastón surgió una fuente y en las inmediaciones se puso la ermita, lugar muy saludable por sus plantas medicinales, aguas de lluvia, abundancia de selenita (cristales de yeso), aire puro en plena estepa, apaciguando y sanando el espíritu por su calma y retiro personal.
Cuevas
     Punto estratégico durante la Guerra Civil española, sus montes están llenos de trincheras.
      Esta cueva también fue utilizada por el famoso bandido de la zona, Mariano Gavín, el Bandido Cucaracha (1840), para sus correrías "robinhoodienses".
   Hay otras dos cuevas medianas abiertas, una de ellas con una sala de reunión redonda y otras dos más pequeñas como despensa y con unos bancos para poder dormir. La hermandad de Jesús posee otras dependencias destinadas al refugio de caminantes y al retiro espiritual.
La Torraza sobre la niebla.
Guara
       Y lo más importante, las vistas que desde poco más arriba, bajo un bosque de antenas, se contempla: Por encima del mar de nubes, asoman varias colinas, todas ellas vestidas con la alta costura del sabinar. Más a lo lejos, aferrándose a este mar y como queriendo alcanzar el cielo, el Moncayo enseñándonos sus bellas curvas. Hacia el Norte, las cumbres pirenaicas testifican la ausencia de nieve en sus picos y laderas. Es de esas pocas veces que miras la montaña con tristeza.
Un poco más cerca, el gigante Guara sigue durmiendo (¿o yace?). Y bajo nuestros pies, los barrancos típicos de tierras monegrinas.
Paisaje inhóspito.
De vuelta.
     Es un paisaje austero, un reino en el desierto, un escenario duro, inhóspito, desolador e inmensamente bello. Como he dicho, posee un suelo estratificado por capas de yeso, margas y bancos calizos que dejan al descubierto las entrañas de tales superposiciones en los cortados labrados por antiguos cauces. (Dejo testificación gráfica aquí)
      A lo largo de la subida nos hemos ido despojando de prenda tras prenda y aquí, en manga corta, en lo más alto de la sierra, Maite y yo, nos sentamos a rendir culto al sol, oculto en el valle y poderoso en el monte.
     El descenso lo hacemos en principio por el mismo sendero de subida, solo que, en bajada, algún paso nos enseña el patio que tenemos, ahora a la derecha.
Maite, entre pinos y sabinas.
         Alcanzar aquella erguida roca de la subida, nos produce cierto placer, aquí dejamos la faja y, a partir de aquí, caminaremos un buen tramo por cordales y crestas, en las que la sabina se ve acompañada por olorosas plantas como el tomillo y romero y otras como la aliaga, cuyas púas son capaces de traspasar la pernera de mis pantalones.
        Tan solo un problema: plantas, árboles caídos, niebla y lo poco transitado de la senda, hacen que esta desaparezca y aparezca, como si del Guadiana se tratara. Un consejo, si te apetece recorrer esta ruta, cárgate con el GPS o acompañado de quien ya la conozca, máxime si la boira se encuentra en las condiciones de hoy.
Terreno árido.
Yeso bajo nuestros pies.
      En un corto, aunque fuerte descenso por un paraje llamado "Las Lavaneras",  abandonamos el cordal para descender por unos terrenos que debieron ser bancales en el pasado, ahora cubiertos de una hierba mojada, cuyo tamaño alcanza nuestras rodillas. De nuevo, metidos en plena niebla, el frío nos obliga a ir tapándonos,
    El navegador nos indica que debemos cruzar el Barranco de San Caprasio, hemos que buscar el lugar más accesible para tal fin. Posteriormente, me he enterado que hasta hace poco, se cruzaba por un puente natural que ya es historia.
      Yo que no soy muy amigo de caminar por pistas, agradezco cuando tomamos una de ellas, la que discurre por la margen derecha del barranco y que tras una buena y rápida caminata, nos deja en el punto de inicio.

     Pues esto es todo, aquí a los pies de la Sierra de Alcubierre con la niebla por paisaje en la que, posiblemente, pudiera estar escondido el Bandido Cucaracha esperando robar a un rico para dar el botín a los pobres; aquí en esta dura tierra que tras tantos años he visto transformarse, damos por concluido un año en que hemos sabido de muchos bandidos y han hecho lo contrario del "Cucaracha", ¡robar a los pobres para quedarse con el botín!.

Y recuerda, el 2016 no nos cambiará, tendremos que hacerlo nosotros.

Hasta pronto


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El track, aquí.
Datos técnicos:
Recorrido

Distancia: 12, 3 Km.
Desnivel acumulado positivo: 601 m.
Desnivel acumulado negativo: 601 m.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

PICO GABARDIELLA (en invierno)

Día 12 de Diciembre de 2015
    Lo suyo sería remitirnos al relato que describía, hace algo más de un año y medio, la misma ruta, circular para más señas, solo que en esta ocasión, los amigos de Esbarre han preferido ser fieles al movimiento de las saetas del reloj.
   Salimos de Zaragoza bien temprano, la mañana es fría, niebla alta en el cielo. Cerca de Huesca, no es la niebla que ha bajado, somos el resto que hemos subido lo suficiente como para adentrarnos en lo más profundo de la boira.
      En los auriculares, Diana Krall acompaña mi dulce sueño viajero, momento en que el autobús se detiene en la capital de La Hoya. De entre la niebla, se adivinan dos cuerpos humanos que se nos acercan. -No teman, son amigos- Elena y Jesús se suben al carro de la alegría.
     La subida por el puerto de Monrepós, nos descubre que sí, que el cielo existe, empero todo no es luz, el embalse de Arguís presenta un aspecto desolador, la lluvia, este Otoño, se hace de rogar.
Lúsera desde el puente.
     La vieja carretera que antaño nos llevaba camino del Norte, la salvamos sin contratiempos. Allá abajo, en la nueva autovía, un bus como el nuestro, y una caravana de carros de hierro, se dirige hacia las pistas de esquí del Pirineo, en donde sus ocupantes intentarán deslizarse por la escasa nieve que cubren las montañas.
      Nos desviamos por la carretera de Nocito, da la sensación de que el autobús ocupa el noventa por ciento de ella, salvo en las cerradas curvas de Belsué, que lo hace en un ciento veinte por ciento.
Cruzando por el Puente de Lúsera.
   
 Nos detenemos a la altura del desvío hacia Lúsera, junto a su puente. Ciento treinta metros más arriba, este pueblo está  edificado sobre un rellano de la ladera, orientado al sur, de manera que en invierno queda más expuesto a los rayos solares y menos a las nieblas del fondo del valle. Su iglesia, a medio rehabilitar, está dedicada a S. Miguel. 
   Nos abrigamos, hace frío y, además, la primera parte del ascenso, transcurrirá por cara norte, el sol lo veremos, lo veremos como ilumina Lúsera.
      Poco más de las nueve de la mañana, una veintena de hombres y cinco valientes mujeres, estamos cruzando el puente sobre el barranco, bravo en otras ocasiones, que tan solo unos charcos helados descansan sobre su lecho. Recorremos su margen izquierda por un suave sendero, hace frío de verdad, hay quien se queja de las manos, otros se tapan hasta el pensamiento. Jesús, que encabeza el batallón, comenta:-¡pronto se les pasará el frío!-.
Escarcha de la mañana.
      Y así sucede, en un giro perpendicular hacia la derecha, abandonamos la ribera, y la senda comienza a ponerse más en cuesta que algunas economías en estas fechas. 
          Y es que nos encontramos en las puertas de las fiestas de fin de año y la naturaleza, que es sabia, adorna nuestro paso como si de una de esas "gran vías" de las ciudades se tratara: Escaramujos, boj, erizón y resto de plantas, se han cubierto con una bellísima capa  de escarcha. Arriba, en el cielo, Venus se resiste a esconderse para guiarnos hacia... Corto que estoy desvariando el tema, pero hay que estar allí para entender estas sensaciones.
Nos vamos calentando.
           Bajo nuestros pies, el suelo se encuentra helado y algunas piedras ponen a prueba el agarre de las suelas todoterreno. El sendero zigzaguea, lo que hace agradable el ascenso, atrás parece que alguien anda algo afectado. Se trata del "Juli", lo que nos lleva a pensar que hasta las montañas más altas pueden caer y este mozo es monte de fino porte, es un gran tipo. Se da media vuelta, el Gabardiella no se moverá, le acompaña Carmen que, seguro, le cuidará como a un hijo.
        El resto seguimos ascendiendo esta cuesta de más de setecientos metros, nos despojamos de alguna capa de ropa, la subida va calentando al personal.
          La vegetación de bosque bajo, va dando paso al prado, arriba ya se divisa el collado en el que, una vez alcanzado, hacemos un descanso. Lo merecemos.
Por la cresta.
        Una ligera brisa, nos recuerda que estamos en Diciembre. Hacia el Este, divisamos nuestro camino: un cordal que poco a poco, va tornándose en crestas y al fondo, nuestro objetivo.
      Se escuchan ladridos de perros, varios disparos y en la cresta, apostados, observamos algunos cazadores, fusil en mano, por si algún jabalí consigue escapar del cerco que han montado en el Barranco Fondo el resto de los fusileros. Le preguntamos a uno de los de arriba, y nos contesta que no corremos peligro, ¡menos mal!.
  Con mochilas y bastones, como únicas armas, proseguimos la ruta por la cresta que tras salvar un cima cuyo nombre desconozco, alcanzamos la cumbre del Pico Gabardiella (1696 m.).
En la cima.
Nuestras guerreras.
      Una vez arriba, el personal calienta las cámaras fotográficas, estas no disparan balas, pero cada uno de sus ¡clic!, captan, no solo esos felices semblantes de quienes han alcanzado la cima, sino el panorama que se nos abre a uno y otro lado. El Norte nos muestra las grandes montañas de la cadena pirenaica, desde el Bisaurín hasta las Madaletas. Hacia el Sur, asoman por encima de la niebla que cubre los valles, el Pico Borón, el Huevo de S. Cosme, los mallos que escoltan el embalse de Vadiello. Y al Este, casi al alcance de la mano, el Fragineto y Tozal de Guara nos recuerdan alguna que otra sudada. Entre estos y nosotros, allá abajo entre ladridos y disparos de fondo, el río Guatizalema va esculpiendo en la tierra, uno de los valles más admirables de la Sierra de Guara.
Buena vista.
Por la cresta del Pico de la Luna. Al fondo, el Gratal.
       Una fotos más, y nos volvemos sobre nuestros pasos. Abajo sigue la desigual batalla del hombre contra el animal.
     En el collado, retomamos la ruta circular. Un bonito cresterío nos va subiendo, poco a poco, hasta el Pico de la Luna (1636 m.). La estrecha cresta del lugar, no permite pararse por mucho tiempo, eso sí, lo suficiente como contemplar, delante de nosotros otros montes como el Gratal, atrás hemos dejado a su amada Gabardiella, aquella pareja de montes a los que el amor los dejó en su sitio, que ya conté en otra ocasión y que a petición de algún compañero de estas aventuras, reproduzco:
   "Cuenta la leyenda que Gabardón tenía dos hijas, Gabarda y Gabardiella. Los tres eran felices y Gabardón estaba muy orgulloso de ellas. Gabarda era la hija mayor y siempre pensaba en ir a recorrer las tierras bajas para poder ver de lejos el horizonte limpio sin montes por medio, así que se casó en las llanuras de los Monegros y allí vivió feliz.
Gratal.
      La hija pequeña, Gabardiella, era más revoltosa y a ella le gustaban los montes, los ríos, lagos y bosques. Un buen día conoció a Gratal y se enamoró perdidamente de él. El tiempo pasaba y Gabardiella no podía dejar de pensar en Gratal, suspiraba por él. Un día Gabardón le preguntó- ¿Qué te pasa hija mía?, -hace días que te noto ausente y entristecida,
- Padre, no puedo dejar de pensar en Gratal, estoy enamorada.
- ¿En Gratal? ¡Eso es una locura! Es el pico más pobre que existe, no tiene vegetación fresca, tan solo matorrales y pedruscos. ¡No lo consentiré!
       A pesar de los esfuerzos por parte de Gabardiella para convencer a su padre de la unión con Gratal, no hubo nada que hacer. Gabardiella se quedó triste y desolada, y Gratal, que no podía controlar sus sentimientos, hizo todo lo posible por que Gabardón aceptara su unión, sin conseguirlo.
Cara E. de Gabardiella.
     Así que juntos decidieron huir en una tarde de tormenta mientras las montañas se dedicaban a fabricar sus truenos. Atravesaron riadas y dificultades pero la fuerza del amor era más fuerte.
      Gabardón, como ya era viejo, pidió ayuda a su amigo Guara que era un gran gigante, y tales fueron las voces que dio llamando a los amantes, que los montes del Pirineo miraban compungidos, sin atreverse a decir nada. Cuando los encontró les pegó un fuerte manotazo haciendo que se cayeran por tierra, cogió un tajo de su clava y partió la montaña en dos, dando lugar al Flumen que empezó a correr.
      A partir de ese momento Gabardiella y Gratal quedaron separados para siempre, hundiendo sus corazones en un mar de dolor.
       Gratal, que aunque no muy grande, si era decidido y tenía dignidad, decidió vengar su dolor y una noche cuando el gran gigantón de Guara descansaba, le dio un golpe mortal. Los terribles gritos de Guara no suscitaron ningún efecto, ya que murió y quedó tumbado para siempre".
El sueño eterno del gigante.
Collado de la Luna del Pueyo.
    El "descenso de La Luna" es bastante fuerte, aunque más fuertes son estos mozos y mozas.     Pronto llegamos a un pronunciado collado, el de la Luna del Pueyo (1460 m.), al que le sigue una subida por las ladera del Pico de Los Paules (1540 m.). 
   Alguien ha contactado con Julián y Carmen, vienen en dirección contraria a nuestro encuentro. cosa que ocurre cuando estamos llegando al Collado de Los Paules (1326 m.). 
       El lugar, un pastizal en el que el vacuno dejó su huella en el verano, nos parece un buen sitio para comer, además el sol nos mantiene algo calentitos. Cada cual saca de su mochila la intendencia necesaria para estos fines, algunos han tenido la buena idea de subir la bota con un excelente vino.
Descendiendo
       No tardamos mucho en levantar el campamento, el frío se va apoderando de tan agradable comedor y pronto estamos descendiendo por el Barranco de Los Paules. En los primeros metros, bajo nuestros pies, es el prado el que nos ve pasar; poco a poco, va apareciendo el boj, su sombra ha mantenido durante, todo el día, el hielo en el suelo, Doña Prudencia nos visita. Ya, más abajo, el bosque de pino apacigua el frío y, una vez más, cambiamos el modelito montañero.
          No sé si es que andamos algo tocados del coco o lo es del cuerpo, pero en pocos minutos nos encontramos sobre el embalse de Cienfuens. Digo embalse porque en otras ocasiones lo hemos visto con agua, hoy, su vaso está más seco que los orejones que me comeré pronto.
Embalse Sta. Mª de Belsué 2014
Embalse Sta. Mª de Belsué 2015.
Dique.
     Con la esperanza de que el siguiente, el de Santa María de Belsué, se encuentre más húmedo, seguimos la marcha por la margen izquierda del Flumen (río).
      Alcanzamos el dique y el panorama es desolador, tan solo un hilito de agua que serpentea por el lecho de un embalse completamente seco. En este Otoño, la naturaleza se está portando con nosotros, casi tan cruel, como lo hacemos nosotros con ella.
       Pero esto no empaña, una jornada que está a punto de concluir. Tan solo un paseo bajo un agradable bosque, nos separan del Puente de Lúsera, aquel que nos ha visto partir esta mañana y que ahora nos recibe en esta última de las salidas programadas d´Esbarre en este año que se nos va.
           En Arguís, una cerveza premia a unos y otras con su espuma refrescante, premio que, ¡caray!, nos lo hemos ganado.
           Y este humilde "golpeateclas", que intenta plasmar en "Viejamochila" lo que sus ojos admiran, así como los sentimientos que le provocan las pateadas por esos senderos, desea que los amigos de Esbarre, del Stadium Casablanca, de Mayencos, Os Estalentaos, y tú que tienes la paciencia de leer hasta estas últimas líneas, paséis unas fiestas sin necesidad de usar protectores gástricos y que el año próximo, recorramos juntos nuevos caminos.
          No quiero olvidar a todos los que, en el pasado Abril, dejaron sus vidas en Nepal y a los que allí siguen, intentando levantar el país que nos acogió con alegría a los que tuvimos la suerte de recorrer sus montañas, collados y valles.



Datos técnicos:
Recorrido.
Perfil.
Distancia: 17,6 Km.
Desnivel acumulado positivo: 1060 m.
Desnivel acumulado negativo: 1060 m.