viernes, 8 de julio de 2016

FUENTE DEL PACO E IBÓN DE ESTANÉS

             Ya ha pasado medio siglo desde que, con el moco colgando, me quitaron los pantalones cortos (¿ya eras mayor?) y -"chaval a trabajar"-. No voy a relatar cada uno de los oficios realizados en tan larga etapa de la vida. Pero, como desmemoriado que es uno, la más cercana al jubileo es la que, evidentemente, recuerdas más cercana. Con algún mal trago, como el accidente mortal de mi amigo José Antonio cuando llevábamos poco más de un mes en la casa. Buenos momentos difícil de enumerar, aunque destacaría a esos compañeros reconvertidos a amigos. Otros desagradables cuando te marcaban por defender, creo que honestamente, los derechos de mis compañeros.  Pero por fortuna, aquellos tipejos de la vieja escuela de la administración "ya volaron" y sus puestos son ocupados (con alguna excepción) por otros más preocupados por el buen funcionamiento que por tripear a costa de quien sea.
Mi último día ¿útil?.
      Ruego disculpas por este prólogo, pero me da pie para comenzar el relato de un fin de semana en compañía de quienes, la cercanía de funciones, han dejado poso en este "humilde jubilado".
      Hace tiempo que queríamos dar una vuelta "polmonte", pero las obligaciones personales de cada cual iban retrasando fechas. Por fin, Olga manda un Watshapp -¿quedamos o qué?-  ¡quedamos! y...

Días 2 y 3 de Julio de 2016
           "No estamos todos los que somos, pero somos todos los que estamos".
          Antes de acometer la subida al puerto de Monrepos, nos encontramos los siete expedicionarios: Olga (el hada del hayedo), Carlos (descendiente de Canfranc), David (si sigue así, vencerá a Goliat), Víctor (valiente preadolescente), Amor (paciente delineante), Maite (motor perkins) y un servidor (entrecomílleme como se quiera, me dejo).
Camino de la Fuente del Paco.
              Y sin más preámbulos, nos vamos camino de Villanúa, cuartel general de la escuadrilla. Como entre los asistentes hay quien no suele mover muy frecuentemente las garras, les propongo subir a la Fuente del Paco, es un bonito paseo. "Que ningún Francisco se haga dueño de este manantial, pacos se les llama, en este bendito Aragón, a los lugares umbríos".
Víctor a todo tren.
              Junto al albergue, cerrado por mantenimiento, cubrimos cada uno de nuestros pinreles con sus respectivas botas, nos untamos cremas protectoras hasta no dejar ni un solo poro libre del ungüento y, china chano, nos ponemos en marcha en dirección Este por la pista que sube a Espata y La Trapa.
         Nada más dejar los últimos chalets de la población, cogemos la senda que indica nuestro camino para salvar unos metros y las vías del Canfranero. El abeto es el dueño de este tramo, en una roca la "corona de rey" (saxífraga longifolia) nos enseña, así como con chulería, su hermosa flor. A lo alto, veo algún buitre planeando con elegancia y, a nuestro paso, los pajarillos entonan dulces melodías.
Corona de rey.
             La senda es amable para con esta tropa y los dos chavales corren que se las pelan. Pronto llegamos a la Fuente del Paco y, como he dicho, el entorno es umbrío y de una frescura salvaje. 
En la Fuente del paco.
          Estamos en tierras de güixas (brujas) y como dicen que las de aquí son las más bellas de todas  ellas (aunque hay que reconocer que las nuestras no están nada mal.) miro a uno y otro lado y nada, de momento no se ven, quizás anden por alguna de las muchas cuevas que poseen bajo el macizo de Collarrada.
          Nos detenemos un rato a echar un inmerecido tentempié y seguimos la ruta, lo hacemos por la pista de La Trapa hasta el Dolmen de Letranz, uno de los setenta monumentos funerarios prehistóricos con que cuenta Aragón.
Las ¿güixas? en el Dolmen de Letranz.
              Dejamos la prehistoria para otro momento, sospecho que en este grupo hay quien va hacer historia.
            Nos olvidamos de la pista para descender por la senda que ataja varias curvas. Entre las flores amarillas del erizón, un lirio reivindica un sitio lejos de su hábitat natural.
Lirio solitario.
               Con el calor propio de estas fechas llegamos a Villanúa tras haber realizado un agradable paseo. Comemos en el parque que se encuentra junto a la oficina de turismo y, ya en el hostal, aseo y ¿siesta?. 
Sin palabras.
     Hemos coincidido con el "Motor Show de Villanúa" y justamente ahora, en la hora en que el estómago tira del corazón dejando las mentes carentes de fluido sanguíneo, y los ojos mirando hacia nuestros adentros, se celebra un rally automovilístico por las calles de la población. Los motores rugen a escape libre, chillan las ruedas en cada una de las curvas, los buitres vuelan más altos para no escuchar estas endiabladas máquinas, lástima que no sea época de berrea, así los ciervos competirían contra la gasolina. Arriba, hasta Collarada anda algo asustada de esta, una más, sinrazón del humano (es solo mi opinión).
          Excepto Maite y yo, que ya la conocemos, el resto han ido a visitar la Cueva de las Güixas. Salimos a su encuentro con la dificultad de avanzar por las calles, labor difícil pues los bólidos son dueños de este trozo del Pirineo.
Cueva de las Güixas.
     Los de la cueva salen encantados, han recorrido un buen trozo de la cavidad; nos cuentan Victor y David, que había un agujero en lo alto de una galería y que allí, bajo esa "chimenea", las brujas hacían aquelarres e imploraban al demonio. Se supone que este era un espacio donde encontraban las condiciones perfectas para realizar sus ritos y ver a través de la "chimenea", la luna y las estrellas, elementos imprescindibles en sus ceremonias.
        Aprovechamos que los bólidos se han recogido para sacar los nuestros y acercarnos a la estación de Canfranc. 
Estación Internacional de Canfranc.
             La decadencia de su abandono y lenta rehabilitación no han logrado arrancar a este edificio, ni un ápice de su belleza. En la entrada, un cartel cuenta de la importancia de esta estación, principalmente durante la Guerra Civil. Una fotografía de una familia, los Villanova, se encuentra junto a la explicación, Carlos indica con el dedo que una de las mujeres era su abuela y otra su tía-abuela.
El dedo señala a su familia.
DATOS FUENTE DEL PACO
Recorrido
Perfil:
Distancia, 7 Km.
Desnivel de ascenso, 320 m.
Desnivel descenso, 320 m.
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          Al día siguiente nos vamos camino de las Galias atravesando el túnel del Somport, para aparcar en el bosque de Sansanet.
        Comenzamos a andar, el camino nos introduce pronto entre hayas, algunos ejemplares de abetos, serbales... Pronto cruzamos el puente sobre la Gave d´Aspe para tomar la senda que, en zigzag, se dirige hacia el ibón de Estanés. 
Gave D´Aspe.
         El camino transita por un bello hayedo que aunque Maite y yo ya hemos recorrido en varias ocasiones: en verano, en otoño, en invierno, nunca deja de sorprendernos. 
Bosque de Sansanet.
        Salimos al camino que hemos dejado abajo; la genciana amarilla protagoniza el espectáculo de la pradera que precede al desvío de la cabaña d´Escouret, es época de que su dueño esté fabricando queso artesano, y así es: adquirimos unos buenos trozos de "fromage".
Genciana amarilla.
        Este era un punto en el que pensaba que "la delineante" tiraría la toalla pero -¡si fuera tan montañera como tozuda, habría subido al Everest!-.
Cabaña d´Escouret.
         Pues nada, "todos p´arriba", los dos chavales y su "pai" tiran delante, los demás vamos más tranquilos. Con una inmejorable vista desde la vertiente norte del pico del Aspe, alcanzamos el puerto de Estanés, frontera natural que nos devuelve a las Hispanias. Unas cuantas cuestas más, pulsaciones aceleradas,  y pronto vemos las aguas del ibón. 
En el ibón de Estanés con mis ex-compañeras.
           Como si de un oasis se tratara, David mete los pinreles en el agua. Por no perder tiempo, Amor y yo, nos acercamos hasta el Port de Bernére o pas de L'échelle; en el camino unas vacas observan nuestro paso. Aquí, con el ibón de Estanés frente a nosotros y el vacío a nuestras espaldas, nos reagrupamos todos y hacemos una parada para echar un bocado. Me quedo mirando las aguas del lago, me ha parecido oír algo -no sé-...
Pastor y rebaño.
"Dice una leyenda que en las noches de San Juan unos misteriosos sonidos surgen del interior de sus aguas oscuras: balidos, mugidos, tañido de esquilas y desgarradores gritos humanos pidiendo ayuda. Se trata de los fantasmas de unos pastores y sus rebaños que sufrieron la maldición de un peregrino con el que no quisieron compartir su comida y su bebida, cuando celebraban una aciaga Sanchuanada. Fue esa su última noche en este mundo. A la mañana siguiente, el único pastor que acogió al peregrino, cuando éste desapareció, volvió al lugar donde habían estado pastando los animales. Sólo encontró un enorme y silencioso lago de gélidas aguas. Pastores y rebaños habían desaparecido para siempre. Era el Ibón de Estanés".
De bajada.
       Mientras los miembros del grupo mueven el bigote, desciendo hasta la escalera metálica de la senda que baja hacia Espelunguère, por valorar si volver por donde hemos subido o realizar la ruta de manera circular.            Este es otro punto en el que había pensado poner en un lado de la báscula el sentido común y en el otro "la tozudez ribereña". Pesa más lo último, así que decidimos bajar por la cara norte del puerto, eso sí, con toda la precaución del mundo pues aquí hay algún paso con patio al exterior, siendo la escalera lo más fácil del primer tramo. Si en la subida ha habido algún corazón acelerado, al ver esto, las pulsaciones corren más que los bólidos de Villanúa. De nuevo hemos caído en las Galias. Lo curioso de este Ibón es que, hallándose en Aragón, vierte sus aguas, a través de un tubo, hacia una central hidroeléctrica.
      Poco a poco, el desnivel se va suavizando aunque surge otro obstáculo: el tubo (descubierto en algún tramo) por el que pasa la senda y el barro, elementos indispensables para probar la adherencia de las botas y la calidad del detergente que lavará las prendas montañeras.
     Recordando la etapa laboral, pregunto a una de mis compañeras por el material de la tubería y... "suspende el examen".
     Esta vertiente (Norte) está hermosa, la naturaleza ha experimentado una explosión de colores, con variadas y bellas flores.
        Abajo, unos zagales con los que hemos coincidido varias veces a lo largo del día, han errado el camino bajando hasta el ruisseau (barranco) de Espelunguère, tienen que volver y subir hacia donde vamos nosotros.
Flores entre flores.
       El calor aprieta y agradecemos ir introduciéndonos en otro hayedo. De nuevo se siente la magia de estos lugares, el silencio solo es roto por los cantos de los pájaros y algún que otro -¡mecagüen el barro!-. La luz penetra entre las hojas creando un ambiente de mágica paz. Lo prometo, no tomo ninguna substancia alucinógena, pero -¿serán las hayas?, ¿es verdad que las frecuentan hadas y pléyades?- Junto a una sugerente haya, teñida de verde musgo, un hada sonríe mientras la fotografío.
Hada.
       José Luis, ¡despierta!. Seguimos descendiendo, aunque algún repecho pone a David a prueba (no es el único que va notando el cansancio).
La senda suaviza.
         Este bonito sendero lo recorrí un par de ocasiones, la primera con mis amigos "Estalentaos" cuando comenzábamos la travesía de la "Senda de Camille" y en otra ocasión, con Maite y "el Cebrián", en aquella ocasión realizamos lo mismo de hoy, pero en sentido contrario.
        Algo agotados, vemos la cabaña D´Escouret, es señal de que ya queda poco, hemos cerrado el círculo y volvemos por el mismo camino de la mañana.
Olga y Amor llegando a meta.
            Ya en el aparcamiento de Sansanet, cogemos el material gastronómico que hemos dejado en los coches y preparamos una variada mesa en honor a los "valientes montañeros". Mientras tanto, algunos refrescamos nuestros cuerpos en la Gave D´Aspe.
         Es una excursión muy bonita y sencilla, bueno no tan sencilla para "la moza de la Ribera Alta", que no sé, pero me da a mí, que le ha quedado el cuerpo "algo jotero".
        Café en el Somport y cada mochuelo a su olivo.
        Hasta pronto.

 Si te apetece ver un pase de diapositivas, haz clic aquí.

DATOS DE ESTANÉS
Recorrido

Perfil:
Distancia, 11 Km.
Desnivel de ascenso,  665 m.
Desnivel de descenso, 665 m.

lunes, 4 de julio de 2016

ACUMUER- LARROSA- IGUACEL-CASTIELLO

Día 25 de Junio de 2016
                No se merecen los compañeros de viaje de hoy, semejante retraso en la publicación de esta salida por una ruta eminentemente senderista, pero mientras el día tenga veinticuatro horas, y la semana solo siete días, espero de mis amigos el más grande de los perdones.
            Con un bus de pequeñas dimensiones partimos de las cercanías de la Puerta del Carmen, testigo que lo fue de la resistencia aragonesa durante la guerra de los sitios, incluso, años más tarde, en el 1997, hubo de evitar caer ante la agresión de un autobús que embistió contra ella.
Preparados.
         El nuestro, el bus, se resiste a que paremos a tomar un café en las inmediaciones de Sabiñánigo aunque al final logramos hacerlo. Coincidencia: hoy, las gentes de estas tierras, subirán a Santa Orosia en Romería en la que la danza, el chicotén y la dulzaina, se mezclarán con buenos manjares para pasar un buen día (de esto ya conté algo en esta entrada).
          Pronto enfilamos la carretera en dirección a Acumuer, que da su nombre  a un valle que partiendo desde Sabiñánigo, con el río Aurín de testigo, va hacia el norte a darse de bruces con la Partacua en su cara meridional.

Azul ¿cielo?.
         Pequeño núcleo en el que destaca la iglesia de la Asunción con su torre que divisamos bastante antes de llegar al punto de partida.
          Con las botas colocadas en sus respectivos pinreles, comenzamos a caminar atravesando las calles de este pequeño, pero bonito pueblo. En una casa pintada de un azul agresivo, un letrero dice que es la casa de Santa Columba, San Martín, San Juan y San Pedro.(Para que luego digan que hoy vivimos hacinados).
            Con la misma velocidad que lo hicieron, en el año 920, cuando las tropas del conde Galindo Aznárez vencieron al ejército musulmán incorporando el Valle de Aurín al Condado de Aragón, pasamos por la iglesia de la que me informo que posee un retablo de la "Dormición de la virgen María". ¿Por qué el término “Dormición”?. Para designar la muerte de la virgen los bizantinos emplearon la palabra “koimesis”, mientras que la iglesia latina adoptó el término “dormitio”, que literalmente significa el “sueño de la muerte”. 
Iglesia de la Asunción.
Puente sobre el Aurín.
        Pero lo nuestro es otra historia que la iniciamos cruzando un moderno y curioso puente por el Aurín, para comenzar a ascender por una senda en la que el pino, nada refrescante en estas fechas, va a ser el protagonista de la jornada.
           Estas primeras cuestas ponen a cada cual en su sitio (aunque en las fotos veamos a alguien abrigado hasta el cuello, comienza a hacer calor).
       La llegada a un collado nos alivia la brisa que sopla a favor de nuestra dermis. Ya se sabe, tras el collado llega el descenso, cosa que algunos agradecemos.
          Pronto observamos las ruinas de unas construcciones, se trata de Larrosa. 
Larrosa.
        Una compañera de viaje cuenta que estuvo por aquí en otra ocasión y comenta -¡este pueblo me encanta!-. Pero yo, lejos de encantamientos, me traslado a lo que pudo ser esta aldea que la migraciones de mediados del pasado siglo la dejaron abandonada. Cuando veo los bancos de piedra que escoltan las puertas me imagino a hombres y mujeres tomando la fresca en verano igual que hoy lo hacemos nosotros. Me imagino, también, a lo zagales acudiendo a la escuela en la que impartía clases doña Nieves, su última maestra que terminó en un convento. Pienso en lo penoso que debió ser para el médico, acceder a Larrosa por estos caminos de herradura a lomos de caballerías. 
En San Bartolomé.
         Me imagino la alegría que sentirían las gentes, cuando en 1926, apagaron los candiles para encender sus bombillas. Los domingos por la mañana, con los vestidos de ceremonias, irían sus gentes a misa que el cura celebraría en la iglesia de estilo románico (S. XI) de San Bartolomé. En sus fiestas, vendrían los músicos a "amenizar la función" y no faltarían las rondas por sus calles, y en los primeros días de Julio andarían de romería camino de la ermita de Iguacel. A la compañera "le encanta". Yo solo imagino.


Lo que fue.
Cuatro  de "Estalentaos" ante la ermita de Iguacél.
        Al igual que aquellos hombres y mujeres, nosotros partimos en dirección a la ermita. El camino atraviesa el barranco del Monde, a nuestra izquierda adivinamos el río Iguacél y la pista que asciende por todo el valle de La Garcipollera. El escaramujo se encuentra en plena floración.
         No tardamos en alcanzar la ermita de Santa María de Iguacél, en la que, bajo la sombra de unos buenos ejemplares de fresno, hacemos un descanso y disfrutamos de esta maravillosa construcción que, espero, alguna vez poder ver su interior.
En la puerta occidental.
        Estamos ante una joya del arte románico cuyos más valorados tesoros se encuentran en el Museo de Arte Diocesano de Jaca. 
        Comenzó a construirse entre los años 1040 y 1050. En 1080 fue donada al monasterio de San Juan de la Peña. Entre los siglos XIII y XIV se construyó la torre, adosada al lado norte del templo y en siglos posteriores se añadió la puerta, probablemente gótica, del atrio sur. 
           Se trata de un sobrio edificio de sillarejo, de nave única cubierta con techumbre de madera, un ábside semicircular con bóveda de horno precedido por un pequeño presbiterio con bóveda de cañón. Sancho Galíndez financió una segunda intervención en el año 1072 que afectó a la decoración del interior. Una inscripción en la portada occidental deja constancia del hecho: 
Detalle de un capitel.
"Esta es la puerta del Señor por donde entran los fieles en la casa del Señor, que es iglesia fundada en honor de Santa María. En ella se han hecho obras por mandato de Sancho conde junto con su esposa de nombre Urraca. Ha sido terminada en la era de 1110 (año 1072), reinando el rey Sancho Ramírez en Aragón, el cual ofreció por su alma en honor de Santa María la villa llamada Larrosa para que le dé el Señor la vida eterna amén. El lapidario de estas letras se llama Aznar. El maestro de estas pinturas se llama Galindo Garcés". 


Santa Mª de Iguacél.
Flores que no ves.
       Es una pena abandonar este agradable sitio pero queda camino por andar y además queda el último repecho de subida que, algo enfriados por el descanso, hay a quienes se les atraganta "la cuestecica".
        Pero -¡tranquilos muchachos! que, una vez arriba, solo queda "tirar p´abajo"-.
        Yo, que ando en vanguardia, quiero sentir la experiencia de una duda que me tiene atrapado: Se trata de seguir los pasos de un par de compañeros que, miembros destacados del grupo, los realizan a velocidad de vértigo. Son unos cuatro kilómetros por el barranco de San Juan, que realizo con la testa baja, miro hacia la retaguardia y no se ve ni un alma. El GPS me indica que la velocidad es maratoniana. 
Caminante...
        Voy pensando en la finalidad del asunto, además hace un calor de demonios, creo ver algunas flores. Por fin averiguo el motivo de tal carrera de velocidad, se trata de que hay que parar a esperar al resto, sentados bajo la única sombra que unos matorrales nos ofrece en este día de Julio.
      Poco a poco van llegando los componentes de esta tropa, nos preguntan que si hemos visto la torre de la iglesia del pueblo abandonado de Cenarbe ¡no! (contesto) pero eso sí, hemos visto el suelo pasar a gran velocidad bajo el peso de nuestras botas. He pasado por una experiencia que  no repetiré.
S. Juan de Cenarbe.
      Caminamos por una pista cómoda de andar, a la derecha un curioso edificio alberga la ermita de San Juan de Cenarbe, en su interior se refugia el personal, un murciélago recorre su interior en el que unas toscas pinturas de la vida de algunos santos nos llaman la atención. Pero sin duda alguna lo más interesante de este lugar es su historia, puesto que se conoce que aquí estuvo emplazado un poblado medieval llamado Uxuel, topónimo que finalmente acabó derivando en Izuel y que, como consecuencia de una fuerte crisis demográfica en el siglo XIV, se convirtió en "pardina", como les pasó a muchos otros despoblados medievales de la Jacetania.
Viaducto de Cenarbe.
        Salimos de la sombra ermitaña y pronto sorprende otra construcción, esta es de 1916. Se trata del popularmente llamado "viaducto de Cenarbe", una de las obras arquitectónicas más relevantes que fue necesario construir para la Línea Internacional de Ferrocarril Pau-Canfranc-Zaragoza. Está situado en el término municipal de Villanúa, a medio camino entre esta localidad y Castiello de Jaca. La calidad de su construcción, su elegancia arquitectónica y su estratégica funcionalidad le hicieron una pieza determinante en el complejo trayecto que hubo que trazar para superar la abrupta orografía del valle. Mide 357 metros de largo y 20 de alto, tiene 28 arcos. El perfil de S que dibuja su trazado sugiere la forma de un caracol, que es el nombre por el que se conoce popularmente este tramo. El viaducto se sitúa después de un túnel helicoidal construido para ganar altura antes de encarar el tramo más complejo del trayecto.
          El viaducto nos indica que ya estamos próximos a nuestro destino final, Castiello de Jaca, en el que, aunque sea hora de merienda y tras asearnos lo que las circunstancias permite, sacamos la comida y en un establecimiento hostelero, damos buena cuenta de ella y del barril de cerveza.
         Larga excursión que nos ha enseñado una pequeña parte de la historia de unos pueblos que merecen se le tenga en cuenta, no repitamos el pasado.
        Hasta pronto, muy pronto.

LOS CLICS DE HOY:





DATOS TECNICOS:
Recorrido

Perfil:
Distancia, 19,9 Km.
Desnivel acumulado de ascenso, 858 m.
Desnivel acumulado de descenso, 1022 m.

miércoles, 15 de junio de 2016

IBONES DE LLAUSET, BOTORNÁS Y ANGLIÓS.

Día 11 de Junio de 2016
          ¡Esto se va animando!, "os mozos d´Esbarre" se superan, una a una, en esas escapadas por lugares dignos del más puro amante de la libertad. Además, si te llevan en un autobús conducido, con gran destreza, por "Miguelón", el placer es absoluto. Es una manera más de huir de esa eterna campaña electoral que nos tiene absolutamente machacados a los ciudadanos de a pié.
Puente de Montañana.
      En las mismas puertas de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza somos veinticinco los que partimos. En Huesca recogemos un par más, o sea , que ya estamos todos, al menos eso creo porque un servidor, auricular bien encasquetado, aria tras aria, sueño tras sueño, no despierta hasta la misma Ribagorza, al paso por las curvas de Benabarre.
        Paramos en Puente de Montañana a desayunar, desalojar... y estirar las piernas; es un viaje más largo de lo habitual.         Con estómagos, vejigas y garras agradecidos, continuamos viaje en dirección a Aneto. Llamo a Pilar de Casa Moliné, el domingo pasado me dijeron que nos dirían como estaba el acceso hasta el embalse de Llauset, me dice que está bien y que "Miguelón" no se preocupe, que mientras nosotros hacemos la travesía, "cuidarán de él".
Por el embalse de Llauset.
          Y así es, tras cruzar Aneto, la pista, curva tras curva, parece ascender al mismo cielo, Miguel sortea los baches con gran destreza, abajo vemos la carretera por la que hemos pasado hace unos minutos. Un túnel, que más parece una mina, nos deja en la presa del embalse a más de 2100 m. de altura.
       El cielo está cubierto, las nubes tapan y destapan la lámina de agua y las montañas que nos rodean, de manera caprichosa.
        Tras cuatro horas y media de viaje comenzamos a caminar por la cara norte del embalse, senda (GR-11) que lo recorre de cabo a rabo. El personal va animado, la temperatura es agradable y, poco a poco, la niebla va quedando abajo.
Cruzando el ¿puente?.
       Alguien me comentó, hace seis días, que el paso por el puente que se encuentra en la cabecera, estaba imposible de cruzar, el agua saltaba por encima de él sin contemplaciones, pero ¡hay suerte!, el caudal es algo inferior y, con cuidado, uno a uno, lo salvamos sin dificultad.
        Frente a nosotros, hacia el Oeste, contemplamos las paredes que jalonan el Pico Llauset (2904 m.) enfrentado al Ballivierna (3060 m.) y este último separado de la Tuca de Culebras (3051 m.) por el famoso "Paso de Caballo".
       Pero nosotros tiramos hacia el Norte, vamos ganando altura por un pastizal agradecido para con nosotros en estos comienzos, a la derecha dejamos la cabaña de Botornás y en pocos minutos alcanzamos el Ibón (2360 m.) del mismo nombre.
Ibón de Botornás.
      Sin más sonido que el de algunas marmotas, las cámaras fotográficas recogen este espectacular lago con su lámina de agua cubierta por un hielo que nos anuncia una blanca jornada.
      El Ibón de Botornás va quedando a nuestra izquierda, la senda aparece y desaparece caprichosamente entre la nieve. Intentamos no perder el Norte, que es hacia donde vamos, y unas veces por roca y otras por nieve vamos ganando altura. Empero hay que hacer el camino fácil para que los veintisiete pares de botas, sigan siéndolo los mismos hasta el final, para lo que hay que abrir huella y ¡eso duele!. El Juli, pese a poseer espigadas garras, lo hace con la medida justa para que los que le seguimos, paticortos algunos, pisemos en seguro.
Formación "Esbarre"
Refugio Cap de Llauset.
    Allí arriba, brillante, inmaculado, todavía virgen, vemos el nuevo refugio de Cap de Llauset (2450 m.) al que, a nuestro parecer, solo le quedan pequeños retoques para ser inaugurado y dar cobijo a los amantes de estas impresionantes montañas, Macizo de las Maladetas, que albergan los picos más altos del Pirineo. En su exterior, nos tomamos un descanso y un tentempié, pues "queda mucho tomate que guisar".
       Corta parada, hay que continuar, además un poco más arriba, tenemos otro acto de esta maravillosa obra de la naturaleza: un giro hacia el S.E. y ¡zas!,  el Ibón de Cap de Llauset (2460 m.) que entre roca y nieve, recorremos su orilla lo más seguro que podemos.
          Atrás dejamos el lago y enseguida llegamos al punto más alto de la jornada, la Collada de Angliós (2540 m.), Delante de nosotros, muy abajo, miramos el camino que nos queda por recorrer, bueno mejor dicho, nos lo imaginamos porque la senda queda en algún lugar, bajo la nieve.
Ibones de Angliós desde la Collada.

Descenso.

       Mientras estudiamos el camino más seguro a seguir, una marmota observa la torpeza de estos molestos seres de dos patas. Abajo nos esperan una serie de ibones, los de Angliós, blanca estampa en una mañana primaveral.
         El tramo entre la collada y el ibón Cap de Angliós, algunos lo descendemos rápidamente por la nieve, otros lo hacen con menos destreza midiendo cada uno de sus pasos. Una vez abajo, reagrupados, salvamos el lago por la orilla derecha, muy próximos a su orilla, pero con la suficiente distancia para no darnos un baño en caso de que el hielo ceda. Los siguientes ibones, Mig y Angliós, los salvamos pasando entre ambos.
Bordeando el Ibón de Cap de Angliós.
         El paisaje que nos rodea, atrae con su mágico magnetismo; nos encontramos en un estuche entre montañas, acompañados de aguas frías, limpias y puras, de un azul cristalino, convertidas en espejos en los que las nubes se miran muy de cerca.
        Las aguas no son lo único limpio de la jornada, los estómagos también lo están, así que ya va siendo hora de llenar el buche, cosa que hacemos en el refugio-cabaña de Angliós. Cada cual saca su artillería gastronómica, tan solo echamos de menos "la bota de Valentín".
        Las nubes amenazan, o sea, que no hay siesta que valga; levantamos el campamento y p´abajo. Aún nos quedan cerca de mil metros que descenso.
Ibón de Grau.
       Un nuevo lago aparece ante nosotros, el Ibón de Grau, que en este caso ha perdido la vergüenza, mostrándonos su inmaculada superficie de agua en las que las únicas gotas de lluvia del día dibujan miles de pequeñas ondas circulares.
       Poco a poco, van apareciendo algunos árboles; frente a nosotros, en la otra vertiente del Valle de Barrabés, aparecen, de entre las nubes, los Picos de Besiberri. La senda, cada vez más, desciende con poca amabilidad para con las tabas de quienes transitamos por estos parajes.


Descenso entre hayas.
       Casi sin darnos cuenta, estamos en un bosque en el que las hayas y abetos protagonizan el centro de un bonito cuadro, dejando en un segundo plano algunos serbales. El rododendro comienza a florecer, la genciana amarilla habrá de esperar, no así la acaule que abre su campana hacia el cielo acompañada de abundante violas. En fin, un placer para los sentidos.
          Descendemos por el Barranco Riueño, frente a nosotros, el de Salenques, deja caer con ímpetu sus aguas en la Cascada del Pi, creando un espectacular salto.
            Las hojas del pasado Otoño, alfombran el fuerte e incómodo descenso, escondiendo bajo ellas húmedas raíces y piedras a modo de trampas que hay que evitar.
Barranco de Salenques.
       Seguimos bajando, se escuchan las aguas del Barranco Salenques, pero tardamos en alcanzar su orilla.
       Algunos miembros del "batallón esbarriano" comienzan a sentir el castigo de tan larga bajada, pero son mozos y mozas con atributos suficientes como para no reblar en el camino.
      El último tramo es más cómodo, yo lo recorro con mi mochila y la de un compañero que anda justito de fuerzas.
         Los primeros en llegar al bus de Miguelón lo hacen en siete horas de dura jornada, los últimos invierten una más, pero hemos llegado todos, y lo que es más importante: ¡enteros!.
¿Un óleo?
De vuelta.
        Queda un largo viaje hasta volver a casa por lo que no habrá parada, tan solo compramos bebidas en una gasolinera y convertimos el autobús en un improvisado y coqueto bar.
       Dicen que para que el sueño venga, se recomienda cerrar los ojos, contar ovejas, oír el canto de las estrellas, comer manzana con mejorana y tomar agua de toronjil; pero hay otra forma y se trata de apuntarte con los d´Esbarre, realizar un duro y recompensado esfuerzo, sentarte en un asiento del bus de Miguelón y, no lo dudes, el recorrido por la carretera que bordea el Noguera Ribagorzana, atraerá el sueño al más despabilado que se precie.
       Una jornada de dieciocho horas, viaje incluido, por lugares insospechadamente mágicos en los que el agua, la nieve y el hielo han protagonizado un tríptico compuesto de un panel de belleza, otro de buen humor y el tercero..., el tercero ha dejado su pintura en casa. Pero ya se restablecerá y su imagen cubrirá muchos cuadros.
       
Hasta pronto.

LOS CLICS DE MI RATÓN








Datos técnicos:
Recorrido
Perfil:
Distancia, 11,8 Km.
Desnivel de ascenso acumulado, 522 m.
Desnivel de descenso acumulado, 1208 m.