domingo, 16 de marzo de 2014

POR LAS PEÑAS DE HERRERA Y EL CERRO MORRÓN

A mis fieles seguidores, pido mil disculpas por este tiempo de reposo que las botas, el cuerpo y el espíritu, han utilizado para otros menesteres.
Con Yaiza y Noah.
Por un lado, los nietos Noah y Yaiza bien merecían una excursión por los blancos montes de nuestra tierra para lo que los llevamos al Somport a que disfrutaran de la nieve, a la velocidad que su trineo alcanzaba por esas pendientes galas. Esa misma tarde, la Cueva de las Güixas de Villanua, les trasladó a un mundo subterráneo en los que la imaginación de las profundidades y el sueño de los murciélagos, los dejó entusiasmados. 
Otro motivo más de este silencio, fue un largo fin de semana en Donostia con nuestros amigos Mª Ángeles y Alfredo. Pero como de caminar se trata, no solo realizamos la ascensión (sin oxígeno) al monte Urgull (120 m.) y al Igueldo (413 m.), aunque a decir verdad, este último pico no lo coronamos, se nos echó la noche encima y los vehículos que transitaban por esas estrechas carreteras, no eran fáciles de sortear.
Puerto de Donostia.
En el Urgull, nos llamó la atención el Castillo de la Mota, cuya antigüedad se remonta al siglo XII, cuando hacia 1150 Sancho el Mayor de Navarra, mandó construir una atalaya de defensa y levantó alrededor del pueblo la primitiva muralla. Sancho el Fuerte de Navarra lo reconstruyó y fortificó y más tarde, Alfonso VIII de Castilla realizó diferentes mejoras. Con el paso del tiempo, sucesivos monarcas impulsaron otras modificaciones con el fin de dotarle de una mayor funcionalidad militar.
Otro desnivel que tuvimos que superar, fue la consecuencia de una visita que realizamos a una sidrería de Astigarraga, terminamos con el estómago y el alma, a reventar. He descrito los desniveles superados, pero no los kilómetros recorridos en pos de unos buenos pintxos. ¡Pa´qué!.
Bueno, como este tipo de relatos es más propio de gentes como Pilar, la de Viajar a Ratos, yo voy a lo mío...

Día 15 de Marzo de 2014
Llega a Zaragoza nuestro autobús, con dos distinguidos pasajeros que han montado en Huesca a los que nos sumamos veinte y ocho más. Los del Stadium andan de rally raquetero por los montes del Pirineo, hoy toca Esbarre, que por cierto estrena nueva página web.
Peñas de Herrera
Partimos en dirección a los tres protagonistas de la jornada: Las Peñas de Herrera, el Cerro Morrón y "el cierzo".
La carretera, hoy nos conduce en dirección distinta a las de recientes ocasiones. El sol no sale por nuestra izquierda, lo hace a traición, por la espalda. La ribera del Ebro está exultante, la cercana primavera y los riegos, ya arrancan de las huertas el verde intenso de los productos que alimentarán nuestros sanos estómagos.
Cuando giramos por la de Soria, la  carretera se dirige en dirección al que tantas veces nos guía: el Moncayo. A una soriana que sentada va a mi derecha, se le ensancha el alma, cada vez que de una u otra manera, algo le recuerda sus raíces en tierras de Machado.
Castillo de Talamantes.
Tras una inmerecida, pero breve parada en Borja, nos trasladamos a nuestro punto de inicio, Talamantes. Dominado por los los restos del castillo atalaya, vestigio del dominio Sanjuanista y al pie del mismo, se agrupa esta pintoresca villa con calles empinadas y edificios que se corresponden con la tradición popular. Dentro del mismo, se encuentra la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, un monumento del siglo XVI. Al otro lado del barranco,  la ermita románica de San Miguel, se encuentra enclavada en un bello paraje, es un edificio del siglo XIII de una sola nave con ábside semicircular.

Por las calles de Talamantes.
El autobús, nos deposita en un aparcamiento en las afueras del pueblo, junto a unos troncos humeantes, que nos recuerda el incendio de Agosto del 2012 que en estas latitudes arrasó el monte.
Calzadas las botas y algo abrigados, partimos por las calles de Talamantes. A la salida, un edificio de esos que arrancan pasiones (negativas o positivas), es comentado por unos y otros.
Los primeros pasos, lo andamos por la orilla de las aguas del barranco de Valdeherrera, aunque en este punto el viento es flojo, se adivina que allá arriba va a soplar con ganas.

Los almendros en flor.
Salimos a un agradable camino, en el que la protección vegetal se limita a algún que otro almendro, que ya nos muestra su traje de gala primaveral. 
Conforme ganamos altura, el cierzo sopla cada vez con más intensidad y el personal, vamos cambiando nuestros modelitos de lindas camisetas y forros, por los prácticos cortavientos. A pesar de todo, el día es espectacular, luce un sol radiante y tan solo se echa en falta algunas ausencias como por ejemplo la de Maite, que una afección estomacal, la ha dejado en casa. 
El paso, es firme y cómodo, por lo que pronto divisamos, el primer objetivo: "Las Peñas de Herrera".
Peñas de Herrera: Picarrón, El Camino, Enmedio y La Gotera.
Las torres de Esbarre.
Pero una cosa es verlas y otra llegar a tocarlas. Me voy fijando en la vegetación. La composición de especies de muchas zonas de esta sierra es única. No es difícil ver una ladera rocosa expuesta al sol y a una altitud por encima de los 1.200 m. encontrar el Acebo. La sierra del Moncayo es como una esponja ya que esta especie requiere un sustancial aporte de agua para crecer.











Hacia Las Peñas.
Además está zona presenta la cicatriz del incendio que ya he nombrado. Encinas, romero, lavanda, tomillo, renacen en medio de una repoblación forestal que le está costando arrancar.
Poco a poco, el camino se empina y el viento sopla con más intensidad que la amenaza fiscal de Montoro (ministro de nuestros caudales). A Manoli, la gorra se le despega de la testa y realiza un recorrido por los limpios aires de la zona.
Lazada marca Esbarre.
Ya tenemos al alcance de nuestra mano, La Peñas de Herrera, pero un último repecho hemos de salvar. Lo hacemos en cómodas lazadas que las "torres de Esbarre", Jesús y Celso encabezan con poca compasión hacia piernas de menor longitud.
Ya próximos a alcanzar el primero de los destinos, buscamos un abrigo para reagruparnos y tomar un tentempié.
Con Luis Casao.
Lo hacemos al pié de la Peña Enmedio, junto al punto en el que cruzaremos a la otra cara de los conglomerados. Me hacen una foto (la de al lado) con Luis, próximo a integrar el grupo de los que ya somos abuelos. El retrato se lo "güasapeamos" a Maite para que se sienta, aunque sea de esta manera, con nosotros.
Retomamos el camino, por la cara opuesta y si en una pegaba el cierzo, en esta otra...¡leches!.
Al fondo, el Moncayo.
El paisaje también cambia en esta orientación. El Moncayo nos muestra su blanca cabellera, abajo vemos Alcalá de Moncayo y Litago. Es una pena, la bruma nos impide la panorámica de los Pirineos desde esta magnífica atalaya.
De frente, aun algo lejos, ya divisamos el segundo de nuestros objetivos: el Pico o Cerro Morrón (1730 m.).


El Cerro Morrón
Andamos por una bonita ladera que poco a poco nos va acercando a una pista que en el Collado de la Neveras (o del aire), en un cruce de caminos, tomamos el de la derecha que nos desciende hasta que un mojón de piedras nos indica que nos atemos los machos y que aquí comienza la ascensión al Morrón. Lo hacemos al paso que estas circunstancias indican: "paso lento, respiración profunda".
En la cima del Pico Morrón.
Tras pasar junto a unos pequeños neveros que todavía resisten, una suave loma nos coloca en la cima. Difícil se torna mantener la verticalidad requerida para las acostumbradas fotos, aquí el cierzo bate todos los récords de la jornada. Una bolsa vuela en forma de cometa, realizando preciosas acrobacias ante nuestros ojos. Imposible cazarla, lo sentimos.

La cara oculta de las Peñas de Herrera.
Pese a la bruma, el paisaje es bonito, divisamos la Peñas desde su cara más desconocida, La Muela de Horcajuelo, el pico de Lobera, a lo lejos las sierras de Algairén y Vicor, incluso Piedad hace verdaderos esfuerzos en dirigir sus ojos más allá todavía, hacia su Soria querida, pero la visibilidad hoy, es algo limitada. Tranquila, pronto la veremos, y de cerca.

Barranco Valdepino, Peña Los Moros, Albas...
Realizamos el descenso, por el mismo camino de subida hasta el Collado de la Era, y ahora ya por pista, poco a poco, vamos perdiendo metros. Lo que no perdemos es las ganas de comer, nuestras tripas llaman a fajina, pero aún queda un buen trecho hasta llegar al lugar que los "boss" han decidido para tal menester.
A nuestra derecha, el paisaje nos recuerda la excursión que realizamos el año pasado por  el barranco de Valdepino y que los que hoy participamos en la presente, comentamos. "-mira, la Peña de los Moros, la Plana de los Ascones, la ermita de San Cristobal, las Peñas Albas..."

Margas veteadas.
Seguimos el curso de la interminable pista forestal, a nuestra izquierda dejamos el cabezo de los Frailes y metros, digo kilómetros, más adelante un paisaje, nos transporta a un lugar más acorde con la Luna que con nuestro planeta. Unas margas de fajas coloridas que van desde el verde al rojo, pasando por diferentes ocres y amarillos, sacan humo a nuestras cámaras. Se trata de margas veteadas que se encuentran por estos lugares, producto de sedimentos depositados durante muchas eras.
Pinar.
Por fin, en el Collado de Campo, al abrigo de unos pinos, decidimos detenernos a cumplir con nuestros interiores y dar cuenta de  los variados productos de la tierra (y del animal).
Ya despojados de las prendas cortavientos, iniciamos los últimos metros de descenso por el barranco de Valdetreviño.
Como todos los barrancos del Moncayo, este disfruta, de rincones con encanto.
Las hiedras trepando.
Cruzamos pequeños cauces de limpias aguas, descubrimos fuentes escondidas como la del Boticario, hiedras que se afanan en trepar por los troncos del pino, viejas edificaciones que no han resistido el cambio de hábitos del hombre. Escuchamos el fluir del agua en el fondo del barranco, algún pájaro que no se de cual se trata y que al no encontrar en mi cercanía a Pedro Rovira, lo dejo en eso, "un pájaro".
Por tan embriagador sendero, caminan una treintena de almas con el deseo de arribar a las calles de la villa de Talamantes y descubrir entre sus empinadas calles, la más apropiada para embarcar en la nave de la recuperación, "el bar del pueblo", y tomar unos quintos de buena cerveza en tan insigne lugar.
El regreso a Zaragoza es placentero y corto, aunque a los distinguidos de Huesca, les queda un poco más. ¡Buen viaje!.
Hasta pronto.

Para ver mis fotos haz click aquí.
DATOS TÉCNICOS:
Recorrido.

Perfil.- Distancia: 19,5 Km.  Desnivel acumulado p´arriba: 1095 m.  P´abajo, pues lo mismo.

viernes, 28 de febrero de 2014

NANGA PARBAT EN INVIERNO

Nanga Parbat (8.126 m)
El Nanga Parbat (montaña desnuda  en hindi) es una montaña situada en la región de los Gilgit-Baltistán, en Pakistán, al sur del Río Indo. Es la novena montaña más alta del mundo y la segunda del Pakistán, famosa, sobre todo, por su peligrosidad. La expedición que conquistó por primera vez sus 8.125 metros, en 1953, la bautizó como “la montaña asesina”.
Vía Rupal.
Su peligrosidad reside, precisamente, en su aislamiento. La altura con respecto al resto del terreno local alcanza los 7.000 metros en tan solo 25 kilómetros de distancia a su alrededor. En la cara sur se encuentra la pared más grande del planeta, la cara Rupal, que se eleva 4.600 metros desde su base. Una pared imperial constituida principalmente de granito y de gneis recubierta de hielo. Es la vía más directa de ascenso a la cima y la más difícil. Tiene otras dos caras, la Diamir (al oeste) y la Rakhiot (norte), siendo la primera la ruta más habitual.
Muchos, fueron los intentos de alcanzar la cima, pero el clima, la altura y la segunda guerra mundial, impidieron que hasta 1953, no se alcanzara la cima.



Simone Moro.
Desde Diciembre pasado, Simone Moro y David Göttler, junto con un grupo de polacos: Mackiewiez, Dunaj y Teler, se encuentran en una empresa agresiva, como es la ascensión a este pico en invierno. Dicen que es la primera vez que se hace en esta estación. En el programa "El Larguero"  que cada lunes está conectando con el alpinista italiano y que mi ligero dormir facilita que lo escuche, su director, aun se atreve a reiterar que es la primera vez que se intenta un ocho mil en invierno.



Fernando Garrido.
Me consta que no es del todo cierto, ya que en 1988, el español (del que en otra ocasión hablaremos) Fernando Garrido alcanzó la cima del Cho Oyu (8201) en pleno mes de Febrero y en solitario. Eso sí, quizás la dificultad no es la misma, pero !26 años atrás y en solitario!...
Me informo de que a fecha de hoy, 27 de Febrero, el tercer ataque a cumbre al Nanga Parbat (8.126 m) se ha visto ralentizado por la persistencia de unas duras condiciones meteorológicas. La ventana de buen tiempo se ha retrasado y los alpinistas que pretenden la primera invernal de la montaña por la ruta Schell han tenido que sobreponerse al intenso frío y a los fuertes vientos que azotan la vertiente Rupal.
David Göttler
El plan del ataque a cumbre era que los cinco alpinistas  se reunirían durante la jornada de hoy en el campo 3 (a unos 6.800 m) para cruzar mañana la arista Mazeno hacia la vertiente Diamir e intentar llegar a la cumbre el sábado. Pero sólo Mackiewicz ha llegado al  C3. Lo hizo ayer por la tarde, después de cinco días en la montaña y tras haber pasado la noche anterior en el campo intermedio entre C2 y C3 (a unos 6.500 m).
Desde el C3, Mackiewicz informaba al resto de vientos muy fuertes y visibilidad cero en aquella cota. Ha pasado todo el día en el interior de una tienda constantemente batida por las ráfagas de viento.
Más abajo, Dunaj pasaba la noche en el C2 (6.100 m). A la vista del mal tiempo, tuvo el propósito de alcanzar al menos el campo intermedio, pero las condiciones no le permitieron abandonar el refugio de la cueva de hielo que ocupa ese campamento en todo el día.
Jacek Teler
Mientras tanto, en el campo 1 (5.100 m), Simone Moro y David Göttlertenían previsto realizar una larga jornada para llegar hasta el C3 del tirón. A ellos se les unía también Jacek Teler, que ayer abortaba su intento de subir al C2 por el intenso frío. La niebla ha retrasado la salida de los tres alpinistas hasta las siete de la mañana, aunque a lo largo de la jornada han ido llegando al C2. Simone Moro y Jacek Teler se han instalado en él a pasar la noche, mientras David Göttler continuaba ascendiendo hasta el campo intermedio entre C2 y C3. Por la tarde, informaba que se encontraba en el interior de la tienda instalada por los polacos.
En resumen, Tomasz Mackiewicz se encuentra en C3 (6.800 m); David Göttler se halla en el campo intermedio entre C2 y C3 (6.500 m); Simone Moro, Pawel Dunaj y Jacek Teler descansan en C2 (6.100 m). Emilio Previtali apuntaba a última hora del día que "el tiempo mejora, ahora ya no nieva y el viento ha amainado. Las previsiones para mañana son iguales a las de hoy. Hasta mañana por la mañana no se mueve nadie, están todos envueltos en sus sacos de dormir".
Yo seguiré pendiente, se lo merecen. Además, aquí en el Pirineo, el fin de semana augura borrasca, por lo que el calor del hogar, enriquecido con el de los tuyos, incluyendo a los nietos, está más que asegurado.
Hasta pronto.

Última hora (28/2/2014- 10 h.)
Siguiente noticia que llegan a intervalos de pocos minutos
  • David continúa acercándose, se siente bien. Se encuentra cerca del lugar donde tiene la intención de establecer un campamento IV. Thomas lo sigue.
  • Simone está en el campamento II, se siente bien, pero tiene la intención de bajar a la base.
  • David se encuentra en 7000 empiezo a cavar en la plataforma de tienda de campaña. Tom está a 100 metros más bajo y sube. No hay viento, sólo una ligera niebla.
Parece que Simone Moro ha renunciado a atacar la cumbre y en el campo de ataque solo quedan el equipo polaco-alemán Göttler-Mackiewicz. Sin embargo, parece que el establecimiento del campamento a una altitud de 7.000 m no augura muchas posibilidades de llegar a la cumbre el  próximo sábado.

Día 1 de Marzo de 2014 (12 h.)

Las condiciones climáticas, abortan el intento a cima en el Nanga Parbat tras alcanzar 7.200m. 


A las 8:45am hora local aún se encontraban en la tienda. El intenso viento, superior a 70 km/h según Mackiewicz, y el frío les habían impedido salir. Era evidente que no podían alcanzar la cumbre y descender hasta el campo 4 durante la jornada de hoy, y menos con esas inesperadas condiciones tan diferentes de las previstas por los meteorólogos. Tras pensarlo mucho, han decidido probar, subir con la tienda, e intentar instalarla a una altura aproximada de 7.500m, y si mañana las condiciones acompañaban, atacar cima.
Finalmente han partido, pero al llegar a los 7.200m el viento arreciaba, y además el terreno era muy peligroso para las condiciones reinantes. Por si fuera poco, el cielo se empezaba a cubrir. Así que han decidido comenzar el descenso. No se sabe aún si han llegado a cruzar a Diamir.
Han llegado juntos hasta donde instalaron ayer la tienda del campo 4. “Cold and icy” han sido sus palabras para definir lo vivido, y han empezado a bajar hasta el 3, en donde les esperaba Pawel Dunaj.
Según Emilio Previtali, están recogiendo las tiendas y el material en el descenso; casi con toda seguridad este ha sido el último intento de cima. Marzo es un mes cercano meteorológicamente a la primavera, y eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja es que es posible, según el mes avanza, encontrar menos frío. La desventaja es que esto hace que sea más húmedo, y la montaña se carga con gran cantidad de nieve. 
Las últimas noticias sitúan a Göttler ya en el campo 2, en donde esperaba Jacel Teler.

No han hecho cima, pero han tomado la decisión correcta y es que, como decía Previtali el 9 de Enero: Da un placer especial estar aquí en invierno –con una montaña o, más bien, un planeta entero para nosotros. Es un tremendo privilegio, ¿no crees?


Fuente de información: facebook Emilio Previtali

miércoles, 19 de febrero de 2014

POR EL BARRANCO DE LA BALSA. (María de Huerva)


A uno, que otras obligaciones le han impedido compartir con los del Stadium una jornada como esta, le causa envidia, aún es más, le corroe hasta lo más profundo de sus entrañas no haber participado en esta aventurilla.. Y no vale aquella recurrente, pero poco real, frase de "la envidia es sana", ¡la envidia es envidiosa!. Y, además, como estos "jóvenes", son tan buenos chicos, van y me cuentan por varios medios, por activa y por pasiva, lo espectacular de la jornada. ¡P´a matalos!.
Mira tu, que estas caras me suenan.
Dentro de una de las actividades de la sección de montaña, "Descubriendo Nuestro Entorno" (el de Zaragoza), el domingo 16 de Febrero -me cuentan-, se fueron a descubrir el Barranco de la Balsa, en las proximidades de María de Huerva. Quienes no conocían el lugar, quedaron sorprendidos de que, tan cerca de casa, hubiera un lugar tan sobrecogedor (exceptuando las motos de trial que recorren y destrozan los caminos). Vamos, que disfrutaron más, que mi perro en el Pº Sagasta.


Petroglifo
Varios petroglifos, aparecen en este bonito recorrido que asciende a la Plana de María, espectacular balcón de Zaragoza y su entorno sur.
La Plana de María de Huerva o Zaragoza,   conjuga una singular red agreste de barrancos excavados en yeso y una amplia superficie cubierta por el pinar, bosque natural instalado en ladera.
Los agrestes barrancos y vales descienden hasta el río Huerva, con la típica vegetación de tomillo y otras plantas amantes del yeso.
Las laderas más escarpadas y umbrías están pobladas en su tramo superior por pinares carrascos salpicados de encina, coscoja, sabina y romero, con una rica avifauna forestal y algunas de las rapaces más emblemáticas, como el búho y el águila real.
La zona era frecuentada cada invierno por rebaños trashumantes del Pirineo, concretamente del valle de Ordesa, al amparo de viejas parideras y aljibes funcionales.
Además este ambiente es idóneo para las nutridas poblaciones de calandrias, cogujadas, terreras, pardillos, gangas, ortegas, rocines y aguiluchos cenizos, aunque la reciente instalación de cientos de aerogeneradores ha transformado para siempre la fisonomía y tranquilidad de este paraje. Lugar que , me cuentan, los del Stadium aprovechan para realizar un merecido descanso y echarse al cuerpo el inevitable bocado.
Los gigantes de la Plana de María
Admiran, cuales Quijotes, los gigantes molinos del progreso: "En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza".
El Bisonte y...
Tras el descanso, bajan por una arista, camino de nuevo, hacia el barranco de la balsa, para volver a María de Huerva. Me cuentan que en próximas jornadas, volverán por la zona a recorrer otros barrancos como el de Las Almunias, La Sal, etc. Esperemos poder acompañarles y no volver a ser presa de ¡la envidia!.

Hasta pronto.

lunes, 10 de febrero de 2014

DEL CASTILLO DE LOARRE A ANIÉS (CAMINO NATURAL DE LA HOYA DE HUESCA)



Día 8 de Febrero de 2014
Amenaza pluviométrica.
        Hacia levante, el cielo nublado se muestra, hacia poniente negro que te negro.
           Llueve. Y el agua cae sin relieve sobre las piedras, ávidas de lluvia. Aquí en mi corazón, cómo remueve; aquí en mi corazón, cómo diluvia. Y aquí, camino del infranqueable Castillo de Loarre, llueve.
       Mis auriculares escupen "Fiesta" de Serrat y de fondo escucho el murmullo de los compañeros de viaje, que mirando a través de las ventanillas del autobús, dicen: -llueve-


Castillo de Loarre
          La estufa del cobertizo de Plasencia, nos acoge para, tras tomar un café, seguir camino hacia ambientes más húmedos y menos acogedores. De nuevo en el bus, el centro de la conversación es el mismo, llueve. Aún hay quien comenta y propone quedarse a caballo del vehículo, propuesta que no tiene ningún éxito. Como decía La Bullonera: Hemos venido aquí para... llueve.
        Pronto estamos a los mismísimos pies del colosal Castillo de Loarre, exactamente en el mismo lugar en que terminamos la anterior etapa de esta actividad. Llueve. Sacamos de las mochilas, capas, anoraks, goretéx, polainas, paraguas y todo aquello que nos proteja del agua.
Félix, el buen pastor.
       ¿Que sería de una excursión del Stadium, sin un prematuro pero controlado despiste?. Pues por eso de ser consecuente con los principios, por un momento tomamos el camino equivocado, no hay problema, la tecnología nos indica unas escaleras construidas con troncos traidores, que bajamos. Llueve.
          En la senda, unas boñigas equinas,  nos anuncian que en la zona hay caballos y, efectivamente, a nuestra derecha pacen o beben, no se, la hierba está mojada. Me viene a la mente la duda de si se los habrían olvidado los de la película "El reino de los cielos", de Ridley Scott.
Ermita de San Juan.
Cruzamos un pequeño riachuelo al paso por el barranco de Moriñano. Andamos paralelos a la cota mil y... llueve.
            Pronto y, ya un poco calados, llegamos a una construcción, es la ermita de San Juan, una construcción muy sencilla, del siglo XVII, de planta rectangular, compuesta por una sola nave y cabecera recta. Está elevada en mampostería, que se muestra enlucida y, todavía hoy, pese a estar sin tejado, se aprecian los restos de los murales. La puerta se encuentra en la parte central del lado de la epístola. Al interior, cabecera y nave componen un espacio unitario, que parece haber estado cubierto directamente por el forjado de madera y cañizo. Parece que se encuentre en proceso de restauración.
Fuente de Petrolanga.
      La senda continúa bien marcada y de unos desniveles casi nulos (de momento), a nuestra derecha, bajo la borrasca, se adivina La Hoya de Huesca, por un momento vemos el embalse de Las Navas y poco más.
       Volvemos a cruzar otro barranco, este con un poco más de agua, es el de Las Valellas. Poco más adelante y como aquel que hubiere andando por estepas lejanas, un oasis en la lluvia, aparece escondido entre juncos y gabardas. Es la Fuente de Petrolanga, punto de descanso que tan solo dura unos pocos minutos. Y es que llueve. El menda lerenda, que como algunos compañeros de aventuras, porta un buen paraguas adquirido en Nepal,  va notando las caricias del agua, recorriendo el interior de las botas y siendo absorbidas por los calcetines. Los pies mojado, eso sí, la cabeza seca.
Llueve.
             Reiniciamos la marcha más húmedos que la boca de los actores de las series americanas. Siempre en dirección este, ahora cruzamos el barranco Lecinito que aguas arriba, nos muestra una inusual, pero espectacular cascada, claro, es que llueve.
          Nos adentramos en un bosque de carrasca, adornado por unas pasos de roca mojada que dificulta el paso, principalmente de los no duchos en andar por semejantes andurriales. Algunas zarzas, se encargan de acabar con la vida que fue, de varias capas protectoras del fenómeno atmosférico protagonista de la jornada. Llueve.
Pinar.
          Poco a poco, el camino se va empinando, no mucho pero suficiente para sacar la lengua a más de uno. Ahora el bosque, torna en pino de repoblación.
        La cabeza del pelotón, se detiene para proceder a la reagrupación, casi imposible, de esta fila multicolor.
      Pese a la calada de medio cuerpo y del otro medio, casi también, algunos componentes de la escuadra como el joven Manuel, auguran que esto de salir al monte,  tiene cierto futuro. Y más vale así, la mayoría de los que andamos por estos caminos, se nos ve, ya entrados en años.
Gabarda bajo la lluvia.
Tejado de la ermita de la Virgen de la Peña.
        Las paredes de conglomerados calcáreos, nos anuncian que vamos llegando a uno de los puntos más espectaculares de la jornada: la ermita o santuario de la Virgen de la Peña. Desde una roca, que la joven Sara se encarga de medir, descubrimos el tejado de la construcción.
             En primer lugar y tras atravesar una cascada que cae sin piedad a nuestro paso, nos refugiamos por unos instantes en las dependencias construidas al uso.
            Dejamos las mochilas y nos dirigimos a la puerta de la ermita en la que nos espera Roberto, guía del castillo que nos va a enseñar el que, insiste en llamar, Santuario de la Virgen de la Peña.
Pintura sobre la puerta.
          Varias son las leyendas que los rincones de nuestra geografía recogen y, la Virgen de la Peña, no se podía quedar sin una.
Cuenta el Padre Faci que:
       ”Habiendo un caballero militar de los que guarnecían el vecino castillo de Loarre, salido a caza por aquellos montes y sierras con un halcón, soltólo contra una perdiz distante. La cual huyendo de su cruel enemigo, se arrojó dentro de la mencionada hondura a donde en seguimiento de la perdiz prosiguió su vuelo el halcón.
          Hizo éste allí tan larga mansión sin volver a las manos de su dueño, que temeroso de perderlo este, comenzó a hacer las diligencias para recobrarlo. Quiso bajar a aquella hondura, mas siendo por entonces imposible, dispuso que bajase un criado atado a una larga soga. 
La eremita Maite.
          Llegó este a lo profundo y allí como misterioso, sobre maravilloso retablo compuesto de una pomposa zarza, en cuyo lado derecho estaba la imagen de Nuestra Señora y en el siniestro la perdiz viva, como bajo el sagrado de aquella Reina Soberana; y así, aunque ladeada del halcón, libre de su crueldad, pues éste, como olvidado de su sangriento instinto parecía estar como suspenso y admirado de ver en tan oculto sitio un tan hermoso espectáculo: pero más lo admiró el devoto cristiano, viendo allí unidas la sombra y la luz, a María Santísima y la zarza, para desempeñar en término de Aniés la gran misión de Moisés en el monte Oreb”.
Nave y retablo.
        El templo se erigió sobre la roca, con altos muros de buena piedra sillar que permiten solventar el problema del desnivel del terreno. La actual ermita es al interior obra barroca y recargada en todos los sentidos. Su datación puede acercarse a los siglos XVII o XVIII. Muchos son los elementos formales que atestiguan su origen románico. Además, quedan piezas escultóricas reutilizadas en diversas partes del lugar.
Pintura.
            Quizá el más sobresaliente, sea el tímpano que se halla empotrado en el muro sur de la casa del santero, bajo un ventanal y a la izquierda del refuerzo que sujeta esa fachada.
          El segundo sábado del mes de Mayo se celebra en Aniés la romería a la ermita santuario de Nuestra Señora de la Peña, en la que participan los vecinos de la comarca, localidades como; Bolea, Loarre, Lierta, Quinzano, Puibolea, Esquedas, Ayerbe y Loarre, así como gran número personas venidas de otros lugares. Es una fiesta simpática en donde la camaradería entre los asistentes, es la nota dominante.
           La ermita se encuentra enclavada en una oquedad de la pared rocosa. A ésta, se accede por un camino colgado de dicha pared, que hace el recorrido más emocionante. Una vez llegados a la ermita, cuando está despejado (no es el caso de hoy), se puede divisar una panorámica impresionante de toda la Hoya de Huesca.
vamos bajando.
         Un profundo cambio se produce al salir del santuario. No se si ha sido un milagro o el cumplimiento de las predicciones, pero ¡no llueve!.
        Recogemos los bártulos y comenzamos un fuerte descenso, atacado por algunos con mucha prudencia, el suelo se encuentra mojado.
        Arriba, vemos unos cuantos buitres revolotear, entre los que destaca un quebrantahuesos.
Por la senda que ataja una y otra vez a la pista que conduce a la ermita, llegamos en un santiamén a Aniés. Maite y yo, que vamos en el grupo adelantado, nos tomamos unas cañas en el bar de la población.
El castillo entre tinieblas.
           Nuestro destino de la marcha es Bolea, pero la organización del evento, ha decidido dar por concluida la andada en este punto, hay que proceder al secado de nuestros húmedos cuerpos.
         El autobús, nos traslada a Bolea. Asaltamos un bar en el que, ya es la hora, nos metemos entre pecho y espalda los mil y un productos comestibles que llevamos en las mochilas. Lógicamente, adquirimos en el establecimiento, las bebidas que nos mojan, esta vez, nuestras entrañas. Tras la comida, está programada la visita a la Colegiata de santa María la Mayor. Algunos que ya la hemos visitado en otras ocasiones, nos quedamos en el bar y montamos una partida de guiñote (para foranos, juego de naipes típico de tierras aragonesas), que Victor y yo, tenemos a bien ganar a la pareja formada por Armando y Carlos.
Bolea.
            Este soberbio edificio se encuentra en perfecto estado de conservación tanto exterior como interior. De su castillo árabe quedan restos en el torreón, en su basamento y en sus murallas y conserva la cimentación original del anterior templo románico del siglo XII.
         Construido entre 1535 y 1556 por el arquitecto Baltasar de Barazábal, el templo está enmarcado en el tránsito del Gótico al Renacimiento. Consta de planta de salón con tres naves de la misma altura. Hay arcos de medio punto en nave central; y apuntados en las naves laterales. 
Colegiata de Bolea.
         La belleza de su Retablo Mayor impresiona por su excepcional colorido, de estilo gótico y totalmente original, destacando la amplia gama de tonos rojos, verdes y azules. Restaurado no hace mucho tiempo, constituye una espléndida combinación de 20 pinturas al temple sobre tabla, labor de mazonería y 57 esculturas de madera policromada.
         La Colegiata conserva el coro, realizado en madera de nogal y dos retablos que no se pudieron policromar por falta de dinero y en los que se aprecia perfectamente su construcción en madera.
             Como no estuve en la visita y mi memoria va siendo víctima de la edad, más detalle se puede consultar en este enlace.
             Los que nos hemos quedado en el bar, visitamos una tienda-taller de ropa deportiva y poco a poco, nos vamos reagrupando para volver al bus, que tras varias maniobras que a mas de uno se los pone de corbata, conseguimos tomar rumbo hacia nuestro punto de destino, la inmortal ciudad de Zaragonia en la que ¡Llueve!
              Hasta pronto.

Datos técnicos.
Recorrido.

Perfil de la etapa: Distancia, 10,3 Km. - Ascenso acumulado, 332 m. - Descenso acumulado, 658 m.

martes, 4 de febrero de 2014

POR EL VALLE DE ARAN CON RAQUETAS

Como si de una acto ceremonioso se tratare, un año más para estas fechas, los amigos del Stadium Casablanca, nos llevan de fin de semana a tierras aranesas, un valle en el que todo parece ser distinto, su paisaje, su cultura, sus gentes, su lengua...
Ya, en otras ocasiones (como por ejemplo, el año pasado), he comentado las particularidades de estas tierras. Y no hace mucho, el pasado verano, éramos una veintena de "estalentaos", los que recorrimos sus caminos, sendas, valles, collados y también, sus destrozados parajes que a fecha de hoy, el empeño de sus pobladores (y nuestros presupuestos), han dejado como si nada hubiere pasado.

Día 1 de Febrero de 2014
Pla de Beret.
Se celebra, un nueva edición, la 35º, de la Marxa de esquí de fondo de Beret y el autobús carga con algunos participantes, otros van a practicar el alpino y el resto cargamos las tripas del vehículo con nuestras raquetas y demás equipaje.
Arranca el autobús con más de veinte minutos de retraso, alguien ha preferido apurar cama, ¿estaría soñando con el resto de una cincuentena de viajeros?. Por fin aparece el susodicho y en pocos minutos, camino de los Pirineos, una centena de ojos deciden mirarse para sus adentros, el viaje es largo y la noche ha sido corta.

Vielha.
Ya ha amanecido y la parada en Arén, despierta a estos angelicales seres, deseosos de un momento de gloria, bueno, y de un feliz desayuno. Esta vez, son un grupo de jóvenes, los que olvidan que el autobús es compartido, o sea que ha montado más gente y tiene que continuar. Arrancamos, la carretera discurre por la margen derecha del Noguera Ribagorzana. Pasamos los trece túneles de Les Escales y casi sin darnos cuenta, tenemos bajo nuestros pies la capital del valle de Arán, Vielha.
Cae un ligero aguanieve, la temperatura no es muy baja, aunque las predicciones dicen que esto cambiará.
Comienza el paseo.
Múltiples curvas y contracurvas nos van elevando hacia los cielos de este paraíso del esquí. Incluso la monarquía dispone, al igual que el presidiario Bárcenas, de "una chabolita" para descansar entre rotura y rotura de huesos.
Los nuestros (los huesos), los ponemos a prueba en el Pla de Beret, calzándonos las raquetas bajo una suave nevada. Aquí, el personal nos dividimos, unos a deslizar sus tablas por las laderas, otros a prepararse para la competición del día siguiente en la modalidad de fondo, otros a mover las piernas con las raquetas como herramienta de trabajo. ¡Ah!, y algunos a probar las maravillas que ofrecen en sus barras, las típicas cafeterías de estación de esquí. Estos últimos, creo que terminaron la jornada sin más lesión que la producida en sus bolsillos.
Caminando.
La mayoría del personal, nos apuntamos al ya clásico paseo de ida y vuelta al santuario-refugio de Montgarrí.
La ida, la hacemos por el camino de la margen derecha del recién nacido Noguera Pallaresa, que junto con el Garona, como buenos amigos, se reparten una y otra ladera del Pla de Beret.
Arrecia la nevada, pero este ejercito del Stadium avanza con firmeza por el blanco suelo, dejando tras de sí, la huella de sus poderosos artilugios.
Pronto nos adentramos en un espectacular bosque de coníferas, que adornadas por la nieve, le dan un ambiente cuasi navideño.

...más cae la nieve y...
El citado refugio, dispone para sus clientes de un cómodo servicio de transporte, unas motos de nieve que a su paso, dejan el aire mas contaminado que el panorama institucional y financiero del país. En este caso, es el dióxido de carbono que no solo nosotros, sino también la flora y fauna del lugar, tienen a bien respirar, ¡a donde vamos a llegar!.
Es lo único que desentona en este maravilloso lugar.
Victor, que dirige el grupo, advierte de un paso en el que hay que tomar las debidas precauciones, ya que el peligro de aludes es alto. Uno a uno y guardando la debida distancia pasamos el barranco de la discordia.
En el santuario de Montgarrí.
La nieve ha cubierto algunas de las huellas y conquistamos Montgarri, por diferentes frentes.
No se si tiene algo que ver mi crítica de hace un año o es casualidad, pero parece que el establecimiento hostelero del lugar ha mejorado algo. La persona que nos sirve, de acento galo, lo hace con suma amabilidad e incluso, el cobertizo en el que malamente nos refugiamos, ahora lo han cerrado y al calor de una estufa, disfrutamos de las cervezas, caldo y sidra que acompañan a nuestra artillería gastronómica extraída de las mochilas.


El Noguera Pallaresa a su paso por Montgarri.
Ya, de vuelta.
Unos cuantos, decidimos volver al Pla, por la otra margen, que aunque algo más larga y pesada de andar, nos ofrece una panorámica diferente.
La nubes, no nos dejan ver los picos que nos rodean, pero si los valles y barrancos que los cauces van esculpiendo en la tierra.
La cabaña de Cabau, nos indica que vamos a cruzar por el puente en el que bajo sus pies, se abrazan el "arriu deth Horcalh" y la Noguera Pallaresa.
Aunque alguno se va quedando retrasado, llegamos al encuentro del resto de personal, casi al unísono.

Salardú.
Cada vez nieva más y ya montados en el autobús, nos vamos a Salardú, cuartel general de la expedición. Tomamos posesión de las habitaciones, una ducha y como de costumbre, nos vamos a ver la iglesia románico-tardía del siglo XII, de la que di cuenta en el relato del pasado año. Esta vez, se encuentra abierta y en el interior,  podemos contemplar sus pinturas del siglo XVI y la impresionante talla del Crist de Salardú, obra maestra del siglo XII y atribuida al taller d'Erill-la Vall, al que se le atribuye también la ejecución del Cristo de Mijaran. La talla muestra la imagen de un Cristo sufriendo, con la sección triangular de las piernas y los rasgos característicos de la iconografía religiosa románica. La escasa iluminación del interior causa una profunda impresión, que se verá culminada con el típico vino caliente que nos sirven en la pensió Montanha. Entonamos unas canciones de nuestra tierra, lamentablemente interpretadas (¿será el vino?) y nos recogemos a cenar en el albergue. Afuera, sigue nevando, la noche es... y

Día 2 de Febrero de 2014
Amanece en Salardú.
... la mañana,  fría y blanca. Los termómetros marcan -6º C., desayunamos copiosamente en el buffet del albergue, los esquiadores, toman el bus y se van para Beret. El resto de personal nos dividimos en dos grupos de raquetistas. Unos deciden dirigirse hacia Bagergue y Santa Margalida y otros, nos vamos hacia Baños de Tredos.
Se nota el frío en las calles, el suelo está helado y hay que recorrerlas durante un tramo en rampa (al contrario que a la infanta, a nosotros no nos dan a elegir si andando o en coche). Poco más de las nueve de la mañana, somos trece los que cruzamos el puente sobre el río Garona, siguiendo lo que en verano es una pista asfaltada.
El joven Luis en cabeza.
La nevada ha teñido este camino de un blanco inmaculado, el personal comenta que se podría comparar con algún rincón de la lejana Canadá.
A nuestra izquierda, vemos el serpentear de la carretera que el día anterior hemos transitado con el autobús, más abajo la que lleva hacia el puerto de la Bonaigua y más abajo todavía, adivinamos el río Garona a su paso con la bella población de Tredos, que tan castigada fue el verano pasado por la fuerte riada. Llegamos a la altura del Barratge (embalse) de Aiguamós, pero no paramos, tenemos el tiempo condicionado al horario de la comida.
Barratge de Aiguamós
Brasería
Pasamos por una antigua borda, convertida hoy en brasería. Se encuentra cerrada y ahora en pleno invierno, es el lugar en que los clientes del balneario de Tredos, cambian el todoterreno por las motos que les trasladan al centro termal.
Conforme vamos ganando altura, el paisaje se va grabando en nuestro "pendrive humano" a través del "usb" de las retinas.
El río Aiguamós, realiza un bonito baile entre la nieve, dibujando sobre ella una línea azul sobre fondo blanco.
Pese a la temperatura, comenzamos a sudar, nuestros cuerpos son así de caprichosos.
Sin comentarios.
Vaya abeto.
Ahora nieva más ligeramente, incluso en algún que otro instante, las nubes dejan unos pequeños huecos para que los rayos del sol alumbren más este impresionante entorno que, aunque ya lo hemos recorrido en otras ocasiones, no deja de sorprender.
El bosque se va cerrando, el camino comienza a serpentear, nos anuncia que no muy tarde, alcanzaremos nuestro destino a la vez que objetivo: nos tomamos unas cervezas para celebrarlo pero...¡faltan cuatro miembros de la expedición! ¿donde estarán?...



Bañós de Tredos.
...nada, que han seguido huellas equivocadas y se han desviado por un instante, pero listos y expertos que son, han corregido sus paso y llegado a los baños. Los primeros hemos acabado, pero estos últimos se toman un café y sin perder tiempo, iniciamos el regreso.
Ya ha pasado el mediodía y tenemos que comer, tras mudarnos, a las 15h. por lo que la bajada la realizamos a "tumba abierta". Atajamos por la senda que ya, en Tredos, nos lleva por la mismísima orilla del Garona. Impresiona solo pensar que estas limpias aguas, las traslada hasta el océano Atlántico.
Ya de vuelta, los que han subido hacia Sta. Margalida, nos cuentan que han tenido una buena jornada y que han saludado en Bagergue a Carmen, posadera que fue de "Os Estalentaos" por un día en el pasado mes de Julio, un abrazo para ella.
Con gran cariño, el autobús, acoge nuestros cansados cuerpos para el largo viaje de regreso. No hemos llegado a Vielha, que un servidor, ya se ha sumido en un profundo sueño del que no se despierta hasta que el "Guasap"suena. Mi hija, me envía unas fotos que acaba de realizar a nuestros nietos Noah y Yaiza. Con sus caras aquí, dentro de uno, y el cansancio, vuelvo a soñar hasta las curvas del Congosto de Olvena. Paramos antes de Barbastro a deshidratarnos y otra vez a caballo, terminamos el viaje en la inmortal Zaragoza.
Un año más en el que la nieve y las raquetas han sido indiscutibles protagonistas, pero el auténtico protagonismo lo transmiten los compañeros de batalla.
Hasta pronto

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DATOS TÉCNICOS DE SALARDÚ A BAÑOS DE TREDOS, IDA Y VUELTA.

Recorrido de ida y vuelta.
Perfil de la etapa:  Distancia, 16,1 Km.    Desnivel de ascenso, 572 m. y de descenso, lo mismo.