lunes, 13 de noviembre de 2023

POR LOS CAMINOS DE TURIETO (y borina d´Esbarre)

 Día 11 de noviembre de 2023
        Hoy nos dirigimos al majestuoso Valle de Ordesa, donde nos espera un sendero que, en épocas pasadas, constituía la única conexión entre Torla, y las exuberantes praderas de Ordesa. Ascenderemos por el Turieto Bajo, una auténtica joya que nos brindará la oportunidad de apartarnos, al menos por un día, de las noticias de los desoladores acontecimientos que ensombrecen regiones como Palestina, Ucrania, Yemen, Magreb, Birmania, Congo, Sudán...
Ordesa, todo un regalo
        Al descender por el Turieto Alto, las vistas darán paso un entorno boscoso que podría rivalizar con las descripciones que Tolkien plasmó en sus relatos sobre la Tierra Media.
        Para principiar esta emocionante jornada, nos reunimos en las puertas de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza, un grupo de 49 entusiastas, listos para abordar el autobús que nos llevará a Torla. En el camino, hacemos una parada obligatoria en Huesca para recoger al que fuera "comandante de esta tropa" y su dama, quienes se unen a nuestra expedición.
Ricardo y su "gran angular"
        Como es costumbre, aprovechamos la parada para estirar las piernas, disfrutar de un reconfortante café y, si es necesario, hacer una visita a una más que concurrida "toilette". En la cafetería, no en el "excusado", nos encontramos con viejos amigos del Stadium Casablanca. Al igual que nosotros, han decidido ignorar las predicciones de lluvia y disfrutar de una agradable mañana en la montaña.
        De vuelta al autobús, continuamos nuestro trayecto hacia Torla. Mientras pasamos por Broto, nos maravillamos con la impresionante cascada del Sorrosal. 
        La emoción y la anticipación crecen a medida que nos acercamos a nuestro destino, listos para vivir una jornada inolvidable en la naturaleza que nos brinda el Pirineo, paisaje que el otoño ha pintado de verde y oro.
Unas pinceladas
        Pasado Torla nos apeamos en el parking de San Antón, esto reduce en algunos metros el recorrido habitual, cosa necesaria para estar en buena hora de vuelta, porque, amigos, hoy acabaremos con ¡jarana! Foto del grupo, con el bello fondo del Mondarruego, ávido de esconderse bajo las nubes, lo que no impide mostrar su bella estampa.
Ni las nubes esconden lo bello
        No tardamos en descender hasta el puente que salva el río Ara, sus aguas bajan bravas como caballos desbocados; saltan y brincan, escribiendo en las piedras su propia melodía.
Río Ara
            En la otra orilla, la senda se introduce en un bosque, bajo el que se dibuja el "Camino de Turieto".
        Nuestros pasos se dirigen a la Fuente de la Canaleta,  lugar en el que el Ara recibe las aguas del Arazas, río que en sus últimos metros se abre paso entre unas rocas que, él mismo, se ha encargado de esculpir. Ni que decir tiene la lucha de unos y otras por tomar este hermoso escenario e inmortalizar su paso por la unión de los dos bravos ríos.
Últimos pasos del Arazas
        Pero hay que seguir, así que retomamos el camino para dirigirnos al desvío de los dos "caminos", el Turieto Alto y el Turieto Bajo. Por el primero volveremos, así que tomamos el segundo, que no tarda en mostrarnos la belleza de este valle, que en el reposo susurra, momentos en los que las hayas, robles, arces, avellanos, abedules... cambian su verde traje por las galas doradas del otoño  y, así, regalarnos una hermosa estampa.
Por el Turieto Bajo
        Aunque no llueve, ni lloverá, el terreno se encuentra mojado; bajo nuestros pies, una alfombra de hojarasca hace del camino que, poco a poco, va ascendiendo, un agradable paseo, máxime cuando alcanzamos las vistas sobre la Cascada Molinero (o Molinero), obra maestra acuática, antesala de otros saltos que aún han de llegar.
Cascada  Molinero (o Molinero)
        Seguimos caminando por el bosque, la luz penetra lo justo para alumbrar el paisaje; un pequeño refugio de madera, bien podría guardar secretos de hadas y duendes que... (despierta José Luis)
        El sereno fluir del Arazas persiste ininterrumpidamente, elevando su melodía a nuevos niveles al llegar a la majestuosa Cascada de Tamborrotera. Si la anterior revelaba sus encantos con gracia, esta despliega su poder con un fuerte rugido.
Cascada Tamborrotera
        El sendero continúa su ascenso gradual mientras, a la izquierda y al otro lado del valle, emerge majestuoso el Tozal del Mallo, esa imponente montaña que vela silenciosamente sobre aquellos que acceden a uno de los valles más hermosos de los Pirineos. En su falda danzan las nubes, añadiendo un toque etéreo a la escena de este pintoresco escenario pirenaico.
Tozal del Mallo
        Como si del juego de la oca se tratara: "de cascada a cascada" y tiro... Algunos descendemos hasta la proximidad del salto para participar de esta hermosa obra que se desarrolla en la "Cascada de Abetos", alojada bajo esos imponentes árboles que se alzan como guardianes silenciosos. A nosotros no nos queda más que disfrutar de estos serenos momentos que la naturaleza nos regala.
Cascada de Abetos
        Más adelante, el monumento dedicado al pirineísta francés Lucien Briet, nos anuncia que el Turieto Bajo está a punto de finalizar. Podríamos seguir hasta la Pradera de Ordesa, pero, como ya he dicho, nos esperan otros "quehaceres".
Memorial
Un descanso
        Así es, tras una reconstituyente parada, tomamos el camino de "Turieto Alto". Este camino carece de las vistas que nos ha regalado, el de subida, pero tiene otros encantos. Bosque en el que aún parece sentirse la presencia del último bucardo que anduvo por estos parajes. 
Tomando el Turieto Alto
        Abetos, hayas y arces, acogen con gracia el verde que el musgo les ha pintado con el pincel mágico de la naturaleza. 
Una mano de verde
        Poco a poco nos vamos acercando al punto en el que, subiendo, nos hemos desviado, no sin antes descender por un terreno en el que hojas, raíces y piedras húmedas, ejercen de improvisado tobogán.
Alfombra
Mirando al cielo
        Ya se escucha el rumor del Arazas primero y Ara después, el camino nos traslada hacia el final de la ruta, no así al de la jornada, eso será cuando nos apliquemos el lavado del gato, cambiemos nuestros vestidos montañeros por los más elegantes modelos de "baja costura" y, a lomos del autobús, viajemos hasta Fiscal.
        Poco a poco, cerveza en mano, los comensales vamos tomando asiento para dar cuenta de las viandas que cada cual ha elegido, viandas bien regadas por un buen Somontano.
Preparados
        Postre dulce, café y otras bebidas espirituosas, son la antesala de las palabras que el "Boss Julián" nos dedica un año más.
Discurso del "boss"
        La "borina" queda rematada con el sorteo de un morral provisto de esos ricos productos que los animales de la tierra, tienen a bien regalarnos.
        Otra salida al monte que en esta ocasión nos ha transportado al valle más hermoso del Pirineo, una experiencia en la que la naturaleza misma nos ha obsequiado con una estampa idílica, donde los verdes exuberantes y los tonos dorados se entrelazan en una paleta de colores que solo la madre naturaleza puede crear. Este escenario, sin duda, se ha enriquecido aún más con la grata compañía de amigos y el talento innato de los responsables de Esbarre.
        Hasta pronto



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Datos técnicos:
Recorrido
Perfil:
Distancia, 10,1 Km.
Desnivel positivo, 461 m.
Desnivel negativo, 461 m.

viernes, 3 de noviembre de 2023

PANIZA-SANTUARIO NTRA. SRA. DEL ÁGUILA (circular por al fuente del Hontanar)


        Es martes, último día de octubre. Como todos los días, mientras desayuno pongo las noticias de la tele, me gusta estar informado (o mal informado).
        Terminada la primera de mis actividades, con el alba asomada a mi ventana, enciendo el ordenador y doy un repaso a la prensa digital. Por esta vez, las noticias de portada coinciden: "Leonor va a jurar"; esta noche es halloween, noche de terror; Leonor se vestirá...; más de 8000 muertos en Gaza; a Leonor le acompañarán...; 3500 eran niños; el abuelo de Leonor...; los hospitales de Gaza bombardeados; Leonor calzará...; por Ucrania también andan de verbena; Leonor... ¡Uf, qué suplicio!
––Maite, como "no" decía Mafalda, mañana nos bajamos del mundo
––Sí, JL, pero los de AEMET dan chaparrones
__ ¡Va!, pero suelen equivocarse
__ ¿A dónde vamos?
––No iremos muy lejos, pues tenemos compromiso en la comida
––Tú dirás
––Hace mucho tiempo que tengo en la mente, subir al santuario que, tantas veces he visto en los viajes al sur, en lo alto del puerto de Paniza
––Pues me parece muy bien, hoy apagamos la tele y mañana madrugamos
––Vale

Día 1 de noviembre de 2023
        Con las primeras luces del día, el buga arranca a la primera y en pocos minutos, ya estamos rodando, camino del sur, por la Autopista Mudéjar. 
        En el vasto cielo, las nubes vagan sin rumbo, pero el viento fagüeño, diligente guardián, las desplaza antes de que derramen su carga, llevándolas a tierras lejanas. Tanto es su poder que, incluso antes de alcanzar Cariñena, se revela ante nuestros ojos la majestuosa silueta de la sierra de Algairén, con el pico Pelao erguido en su máxima altura. En la distancia, a la izquierda, un cálido rayo de sol ilumina con gracia las inmaculadas paredes del santuario de Nuestra Señora del Águila, como si nos estuviera guiando hacia ese destino que aguarda nuestra visita con una "promesa divina".
Iglesia
          Las vides ya han dado su fruto, las hojas comienzan a cambiar su color, pronto vestirán de oro.
    No tardamos en llegar a Paniza, aparcamos junto a la ermita de San Gregorio.     
  No hace mucho que estuvimos en este pueblo, visitando la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, que data del siglo XVI, templo que se erige imponente sobre todo el municipio. En las cercanías de la pintoresca Calle Mayor y la animada Plaza de España, se encuentran una serie de elegantes palacetes y casonas renacentistas, todas ellas construidas entre los siglos XVI y XVIII.  Además, como testimonio de su pasado fortificado, el Arco de Montserrat aún se conserva, remanente de las antiguas murallas que rodeaban la población. Junto a la Glorieta de María Moliner, famosa bibliotecaria, archivera, filóloga y lexicógrafa, autora del Diccionario de Uso Español, nacida en esta localidad, se encuentra el salón del cine "Mariano Laín", recientemente reacondicionado en el que, sentados en las butacas del antiguo cine Eliseos de Zaragoza, los paniceros disfrutan de teatro, cine, conferencias, etc.
En el hall del Salón del Cine
Entre viñas
        A lo nuestro: La temperatura no está demasiado baja, pero Eolo, el dios del viento, parece estar especialmente activo hoy, lo que nos anima a cuidar de nuestros jóvenes cuerpos y prepararnos para comenzar nuestra ruta con precaución.
        Desde la misma ermita, un peirón (y el mapa) nos señala el camino que sale, en dirección SW, hacia el barranco de Carradaroca, que se abre paso entre los viñedos, ya cultivados, cuyos frutos finalizarán su vida en las mesas de los que nos gusta probar los ricos caldos de Cariñena. 
        El camino, durante los primeros kilómetros, lo han provisto de carteles indicativos de información botánica, en los que descubrir las diferentes plantas y los usos medicinales que de ellas se extraían,
Por el Hontanar
        Por el momento caminamos por una cómoda pista que discurre paralela a la antigua carretera de Teruel, hasta que, tras un par de kilómetros, nos desviamos por una tupida senda para pasar por la fuente de Hontanar, una zona de ocio y recreo amueblada con bancos, mesas, etc. (hontanar se refiere a lugar en el que nacen manantiales)
        El sendero, en uno de sus tramos más bonitos, desciende hasta el barranco, para posteriormente, ir ascendiendo entre carrascas deseosas de abrazar nuestro camino que, sin ser asfixiante, sube hacia las ruinas de la Paridera de las Navas.
        Hacemos un breve descanso en este solitario lugar, tan solo acompañados por el cercano rumor de los modernos carros motorizados, de hierro, que transitan por la cercana autovía, sumidos por las prisas del siglo XXI
Paridera de las Navas
Desde el puerto
        Un "empentón" más y alcanzamos el Puerto de Paniza, una especie de división, entre la Sierra del Águila y su espina dorsal, la Sierra de Algairén. Desde este punto ya se puede disfrutar del amplio paisaje que se abre hacia el norte, en el que los llanos de Cariñena ocupan un lugar destacado
        El santuario ya se ve, tan solo un par de kilómetros, por vía asfaltada, y ¡zas!, ya estamos en lo más alto de la sierra. Antes hemos observado la destreza de un par de ciclistas descendiendo fuertemente por una senda que, poco a poco, se va convirtiendo en una cicatriz de esas, que la montaña no agradece en absoluto (más tarde los hemos visto subir con sus monturas eléctricas, a las que denomino "Cáritas", pues cuando se necesita ayuda, la dan).
Santuario Ntra. Sra. del Águila
Frente al santuario
        Otro peirón, con la imagen de San José, nos anuncia que ya hemos alcanzado el Santuario de la Virgen del Águila. Aquí arriba, el viento sopla con más fuerza que en la subida; no importa, pues el paisaje que, a pesar de las nubes, se divisa, compensa el regalo de Eolo. No logramos ver el Pirineo, no así las cercanas sierras ibéricas. Entre grandes extensiones tupidos carrascales, se alzan algunos picos como el de San Bartolomé de Villadoz, o el de la Virgen de Herrera. Seguro que en un día despejado, este es un balcón en el que dar faena a las retinas oculares y a las cámaras fotográficas. 
        Del santuario, no mucho más que contar que de su cierto parecido a un cortijo andaluz, tanto por su forma como por su encalado. Del interior, poco se puede decir, pues permanece cerrado a cal y canto, aunque, en sus bajos, sí que se encuentra abierta un pequeña dependencia que, como refugio, acoge a quienes andamos por estos lugares.
Paniza, desde el santuario
Hay que bajar
            Como el tiempo no acompaña, nos despedimos de un grupo de jóvenes que, provistos de material con el que freír unos huevos,  se han refugiado en el garito y... ¡p´abajo!
        Los primeros metros, los desandamos hasta tomar una pista que llaman "Camino de la Virgen", por el que nosotros bajamos, pero que es recorrido, en romería,  el día de San José (¿?).
       En este tramo del recorrido, el carrascal se presenta en su máximo esplendor, mostrando una madurez imponente. Algunos ejemplares destacan por encima de los demás, como la impresionante "Carrasca de la Virgen", reconocida como un árbol monumental y singular de Aragón.
        Su nombre viene de una de las muchas historias que la religión tiene a bien concedernos, que cuenta que en el siglo XVI, la sequía fue de órdago. Lógicamente, como suele ocurrir en esas duras etapas de climatología adversa, la miseria dio origen a la leyenda que cuenta que la Virgen María, apareciéndose en un nido que águilas de esta carrasca, pidió a los lugareños de Paniza levantar un recinto sagrado en lo alto de la sierra, para devolver el agua a las tierras agostadas. ¿Y llovió?, ¡vaya usted a saber!
Bajo la carrasca milagrosa
De nuevo, las vides
        Esto es la leyenda, pero la historia cuenta que antes del siglo XVI, ya se realizaban cultos religiosos en estas montañas e, incluso, ritos paganos que la religión dominante, como de costumbre, se afanó en sofocar.
        El resto del camino, lo recorremos, entre viñas, por la misma pista, hasta alcanzar la carretera que lleva a Aladrén, para alcanzar, en pocos metros, la ermita de San Gregorio, lugar en el que hemos comenzado esta agradable ruta circular, realizada, esta vez, sin más compañía que algún milano y alguna águila que, desde luego no tiene ubicado su nido en la famosa carrasca.
        Volvemos a casa, Leonor ya habrá cumplido con el protocolo, haloween habrá dejado su huella en las calles de Zaragoza, pero en Gaza, en Ucrania, en Libia, Irán, Yemen, Etiopia... la muerte seguirá campando a sus anchas. Pero Leonor ya es mayor.

Nota.- Ruego a quienes os apetezca poner comentarios en este blog, os identifiquéis de alguna manera, pues me gustaría poder contestar a vuestras gratas palabras.


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lunes, 23 de octubre de 2023

LUESIA - PUY MONÉ (circular)

 Día 21 de octubre de 2023
Mapa de las Cinco Villas
        No es la primera vez, tampoco la segunda, en que nos encaramamos, entre otros, a este alto de Puy Moné*, que se alza en lo más alto de la comarca zaragozana de las Cinco Villas, entrañables tierras de la que mi genealogía se alimenta de viejos recuerdos de infancia, de aquellos veranos en que los "mocés" nos divertíamos con la paja, el espliego y el trillo del abuelo. Tierra, también, con un gran legado en su techo de historia, bajo el que se asientan, desde los musulmanes hasta los reyes de Pamplona, desde el bronce al "tic-toc", desde los restos arqueológicos hasta los emoticonos...
        Fue Alfonso I el Batallador quien otorgó su nombre, recogiendo así a las villas de Tauste, Sádaba, Uncastillo, Ejea y Sos (en la actualidad son 31, los municipios de la comarca).
        Hoy, a lomos de un moderno autobús, conducido magistralmente por el bonachón Miguel, nos vamos a Luesia, a dar un garbeo por su sierra. En el camino hacemos una inmerecida, pero reglamentaria parada, para estirar las piernas que, a estas tempranas horas, conservan el calor de las sábanas de blanco satén.
Allá vamos
Luesia
        Llegados a la villa, nos consta que nos espera aquel que fuera "comandante de este ejército" y su abnegada compañera (Jesús y Elena), pero han confundido campo de fútbol (donde comenzaremos a caminar) por cementerio (los años no perdonan),
        Será al final de la jornada cuando tengamos una vista, casi aérea, de la Villa; pero ahora ya, la torre defensiva de su castillo, alzado sobre un espolón rocoso, corrobora una buena parte de esa historia a la que me refería. No menos gallardas, se dejan cortejar las iglesias de San Salvador, San Esteban y la ermita de la Virgen de Puyal, monumentos, todos ellos, construidos con la piedra arenisca, tan presente en estas tierras.
San Salvador y castillo
Remontando el barranco de Aragües
        Como decía, Miguel nos descabalga junto al campo de fútbol, ubicado en la pista que, paralela al barranco de Val (o Bal), lleva hacia la Fuente de l´Artica e, incluso, hasta la misma cima de Puy Moné.
        La mañana es fresca, un frío que, tras tantos meses de intenso calor, teníamos infinitas ganas de sentir en nuestros cuerpos; cuerpos que, en número de dos docenas más tres, comienzan a caminar por una agradable senda que no tarda en tomar camino hacia cotas más altas, siempre remontando el barranco de Aragües.
En la loma de Balsiruela
        Es lo que tienen las cuestas que tiran "p´arriba", que las carnes dejan de sentir el frío, tienen, asimismo, que el satén de las sábanas quedó atrás, tienen que bajo forros polares hay otras capas más fresquitas y tienen, también, que las pulsaciones llevan otro ritmo.
        El sol ya nos ilumina, cuando alcanzamos la loma de Balsiruela, cuyo cordal nos acerca a la collada del mismo nombre. 
        Allá arriba, por encima de un ganado de vacas, delatada por la caseta antiincendios, divisamos la cima del Puy Moné.
Por el cordal
        Por aquello de no caminar mucho por pista, tomamos un sendero que la lluvia de estos pasados días, se ha encargado de embarrar y dificultar el paso del personal (me consta que ningún trasero fue víctima de fango alguno).
        La senda, que hasta ahora discurría entre boj, carrasca, robles, pinos y algún arce, se abre mostrando un verde matorral con ejemplares de rusco y tomillo, así como abundancia de flores del género crocus, llamadas quitameriendas.

Crocus
En el Puy Moné
    
    Chino, chano, con permiso de las escopetas que andan por los aledaños, alcanzamos la cima del Puy Moné (1303 m.), una fresca loma en la que dar cuenta de algún tentempié y disfrutar del paisaje que nos regala este inmejorable mirador, con unas vistas presididas por las paredes de las Peñas de Santo Domingo; más allá está el Pirineo, pero hoy no toca, las nubes del norte esconden las altas cimas que ya han comenzado a teñirse de blanco. Entre "val y val", se adivinan algunos lugares conocidos para los unos y las otras, como son las torres de Sibirana, que se elevan desde hace mil años, presenciando la historia de la frontera entre Aragón y Navarra. También, entre nubes, se aprecia el Moncayo, presidiendo toda la Sierra Ibérica; la sierra de Guara duerme entre los algodones de su vergüenza.
El grupo (foto de P. Rovira)
Peñas de Santo Domingo
Puy Fonguera
        Foto de grupo, con el fondo de las peñas de Santo Domingo, y, ¡hale!, dejamos el lugar para bajar y luego subir el cordal que nos acerca a la Punta el Cabo Bal (1312 m.), volver a bajar y, posteriormente, subir al Puy Fongera (1307 m.).
        El "paseo" por la trocha finaliza en el collado Palomeros, desde el que vemos la villa de Biel, de la que ya di cuenta en otra de las ocasiones en las que hemos pateado estas tierras.
        Poco a poco vamos descendiendo; a la izquierda veo el llamado "Mal Paso", un cordal que se sube, si se sale de Biel, pero nosotros seguimos hasta alcanzar las impresionantes "Ripas Altas", unas obras maestras que el cincel, formón y gubia de la naturaleza han esculpido, a lo largo de los años, en el frágil conglomerado que la vegetación no ha podido proteger.
Las Ripas Altas
Por el bosque
        Aunque suavemente, es patente que seguimos descendiendo. La senda se introduce en el maravilloso hayedo de la Val del Avellanar, presto a cambiar los colores de su vestido: del verde al amarillo. 
        Los hongos, producto de la humedad reinante, han asomado para vernos pasar, principalmente cuando lo hacemos ante una cavera, o carbonera, signo de otras formas de vida que me niego a olvidar.
        No tardamos en alcanzar el fondo del barranco de Val, por el que discurre la pista que hemos dejado al comienzo de la mañana, pero evitamos ir por ella tomando un sendero que transita paralelo, hasta alcanzar el popular espacio de recreo "Fuente de l´Artica".
Fayar de Gozopaño
        Por la pista iríamos al final de la ruta en un plisplás, pero no disfrutaríamos del sendero que tomamos, introduciéndonos en el "Fayar (hayedo) de Gozopaño", camino obligado para quien fuera a Biel por el collado del Correo.
        Denso bosque en el que, no solo se esconden las criaturas del bosque, también alberga una leyenda:
  "Cuentan que un sastre de Luesia fue requerido para  ir presto, no se sabe porqué, a Biel en plena noche. Habiendo alcanzado el collado del Correo notó la presencia de un bandolero en su retaguardia, ya que sentía que algo  tocaba su espalda continuamente, entonces le grito varias veces sin volver la cara, ¡déjame en paz que voy a Biel! ¡Ay, amigos!, pero el bandolero no le hacía caso, así, que, harto de que le diera la tabarra, decidió girarse con sus tijeras abiertas dispuesto a herir al bandolero. Fue entonces cuando se dio cuenta de que en realidad no había tal bandolero, se había enganchado con una zarza y entonces le dijo muy serio a la zarza, pero a la vez todavía atemorizado: ––lo mismo me hubiera dado que hubieras sido un hombre” 
        (Releyendo esta leyenda, no sé si es mi imaginación, pero me ha trasladado a horribles acontecimientos que se están produciendo aquí y ahora, a la vuelta de la esquina de la calle del espanto)
Coqueteando
            Leyendas aparte, la senda que se adentra en el fayar, al paco del monte Bal es, no solo agradable, sino que, de entre las ramas de la "fayas", se siente la presencia de la magia. El camino sube y baja, se retuerce entre impresionantes ejemplares acompañados por los acebos machos y sus coquetas hembras que hoy lucen sus rojos adornos.
        Poco a poco, el haya va dando paso al pino hasta que el bosque se abre ante la Fuent´Iscar (Fuentisicar).
        Tras una ligera parada, salvamos una alambrada por una puerta y ¡p´abajo!, que la meta ya está cerca, que Miguel ya nos tiene el bus abierto, que el bar de Luesia ya nos espera para que demos cuenta de su barril, contenedor de ese bendito líquido reconstituyente, cuyo color ámbar me recuerda al del oro con que pronto se pintará la Sierra de Luesia.
Acercándonos al final
        Como decía en la introducción, no ha sido la primera, tampoco la segunda vez que nuestros pasos han caminado por esta sierra, pero por cien veces que la recorra no dejará de sorprenderme, así como aquella mañana en la que quedé boquiabierto al descubrir que bosques como estos, no solo se encuentran en las grandes cordilleras, aquí en pleno Paisaje Protegido de la Sierra de Santo Domingo, vayas en compañía de  unos u otros, aquí, amigos, también existe la magia.


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Enlaces a otras entradas de la zona:


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*Puy procede del galicismo colina